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El señor de los anillos Resea
El señor de los anillos

J.R.R. Tolkien
Círculo de lectores, Barcelona, 1995
1101 páginas

El Anillo único del poder

Por Daniel Rodríguez Herrera

Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos. Un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.

Ahora que se estrena la segunda parte de la excelente versión cinematográfica de "El Señor de los Anillos", es un buen momento para acercarse una vez más a la fabulosa mitología creada por Tolkien. Una obra admirada por miles de lectores, que ha sido alzada por el voto popular a la categoría de mejor novela del siglo pasado.

Mucho se ha hablado y escrito sobre eso que muchos odiamos, sobre "el mensaje" que se esconde detrás de la fantasía épica. Muchos grupos lo han usado como apoyo a sus tesis. Los ecologistas indican que Tolkien demuestra un amor enorme a la naturaleza, sintetizado en la Comarca donde viven los hobbits, frente al mal sintetizado en las tierras oscuras y sin vida de Mordor, la patria del Señor Oscuro Sauron. Los enemigos de la industrialización han visto en la lucha del malvado Saruman contra los ents, benévolos árboles que piensan y se mueven, el triunfo de la naturaleza salvaje contra las máquinas que construye el traidor de Orthanc.

Es evidente que Tolkien toma muchos elementos de la cultura cristiana. Frodo, una persona corriente, lleva en sus hombros la más pesada carga y, con su sacrificio, logra salvar a todos. Es la Historia del Redentor. En un camino de tentación, Frodo se convierte en alguien mucho más importante que cualquier rey de los hombres, alguien cuyas hazañas serán recordadas por siempre.

El problema del racismo se puede contemplar en el odio que se profesan las razas de los elfos y los enanos, un racismo superado cuando Legolas, el elfo, y Gimli, el enano, se conocen y admiran mutuamente, dando lugar a una amistad que está por encima de las desavenencias entre los suyos. Incluso los que aborrecemos de la pena de muerte podemos encontrar apoyo en uno de los pasajes más hermosos del libro. Cuando Frodo se muestra convencido de que Gollum merece la muerte, Gandalf le responde:

La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.

En fin, que si todos quieren ver en esta obra el reflejo de sus ideas, los liberales no podíamos ser menos. Y reclamamos el núcleo argumental de la trama, el perverso mal que guarda el Anillo Único. Una pequeña joya que guarda un poder tal, que nadie puede usarlo sin convertirse en un malvado, en un nuevo Señor Oscuro. Cuando Frodo, el ser insignificante que, como es natural, procura quitarse de encima el muerto que le ha caído, ofrece el Anillo a la hermosa reina elfa Galadriel, ésta se niega. El compañero de Frodo, Sam, le insiste:

- [...] Yo desearía que tomara usted el anillo. Pondría usted las cosas en su lugar. Impediría que molestasen a mi padre y que lo echaran a la calle. Haría pagar por los sucios trabajos en que han estado metidos.
- Sí. Así sería al principio. Pero luego sobrevendrían otras cosas, lamentablemente. [...]


No sé por qué, ese destino que profetiza la Dama me recuerda a los avatares de este gobierno nuestro, cada vez menos liberal, y cada vez más cegado por el poder que detenta. El mismo Gandalf, el poderoso mago, cuando Frodo le ofrece a su vez el Anillo, le dice:

¡No, no! Mi poder sería entonces demasiado grande y terrible. Conmigo el anillo adquiriría un poder todavía mayor y más mortal. ¡No me tientes! Pues no quiero convertirme en algo parecido al Señor Oscuro. […] No me atrevo a tomarlo, ni siquiera para esconderlo y que nadie lo use. La tentación de recurrir al Anillo sería para mí demasiado fuerte.

En pocas ocasiones, la famosa frase de Lord Acton - el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente - ha sido reflejada con más claridad. El mismo Tolkien, explica esta idea en sus cartas:

Se puede contemplar el Anillo como una alegoría de nuestro propio tiempo, si se quiere. Una alegoría del inevitable destino que aguarda a aquel que desea combatir con poder al poder del mal.

No obstante, cuando este fin de semana me siente en la butaca, con mi entrada adquirida con semanas de antelación, seguramente procure ver en el Anillo sólo eso: un Anillo. Porque, como con otras grandes epopeyas, "El Señor de los Anillos" puede y debe disfrutarse como una fantasía heroica, como una aventura inigualable.

Cortesía de La Revista de Libertad Digital

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