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Tributo póstumo a un disidente

Por Paul Craig Roberts

Cortesía de La Ilustración Liberal

Paul Craig Roberts es columnista del Washington Times, fue subsecretario del Tesoro y es coautor de "Chile: dos visiones: La era Allende-Pinochet" (Universidad Andrés Bello, 2000).

Una escalofriante realidad acerca del siglo XX es lo mal que fueron tratados los campeones de la libertad. Raramente recibieron honores y pocas veces fueron celebrados por los académicos y por los medios de comunicación.

Uno de los grandes economistas del siglo XX, Ludwig von Mises, se refugió de Hitler en Estados Unidos, pero allí no podía conseguir empleo como profesor universitario. Mises insistía que el gobierno es el problema y no la solución, lo cual molestaba a académicos progresistas defensores del Estado de Bienestar. Hayek y Friedman fueron despreciados por mucho tiempo por sus advertencias en contra del gobierno grande.

En los años 60, la Universidad de Virginia contaba con una de las más innovadoras cátedras de Economía en el mundo. Sus académicos crearon dos nuevos campos: el de elección pública y el de análisis económico del Derecho. En ambos casos, los innovadores terminaron ganando premios Nobel, pero ambos habían sido antes expulsados de esa universidad por atreverse a ser asesores del candidato presidencial Barry Goldwater.

Lo mismo sucedió con Adam Smith en Inglaterra; si no me cree, trate de encontrar su tumba o alguna otra señal de su existencia.

No ha habido premios para aquellos cuya labor hace progresar la libertad, como tampoco subvenciones de las fundaciones más ricas como la Rockefeller, Ford, Carnegie o MacArthur. El prejuicio progresista ha rechazado la idea misma de que alguien que haga avanzar la libertad pueda ser un genio, mientras que el establishment izquierdista se ha encargado de callar esas voces.

Observando ese vacío, un empresario exitoso que prefiere el anonimato le propuso a Ed Crane, presidente del Cato Institute, establecer el Premio Milton Friedman para el Avance de la Libertad, el cual se otorgaría cada dos años, acompañado de un cheque por 500 mil dólares.

Un distinguido jurado escogió a Peter Bauer como primer galardonado. Todos los adjetivos que hacen fascinante y encantadora a una persona se aplican al profesor Bauer, quien llegó a Inglaterra procedente de Hungría en los años 30. Su competencia lo condujo a ser profesor de Cambridge y miembro de la Cámara de los Lores. Sin lugar a dudas, ha sido el más distinguido de los economistas del desarrollo.

Durante varias décadas, Bauer fue el único en expresar su desacuerdo con que la planificación combinada con la ayuda extranjera lograrían el desarrollo económico de las naciones pobres. Él fue testigo de cómo las agencias gubernamentales encargadas de fomentar la agricultura destruían a los campesinos prósperos. Se suponía que esas agencias estabilizarían los precios, pero siempre terminaban confiscando las ganancias de los agricultores.

Bauer sostenía que el principal resultado de la planificación gubernamental es destruir la iniciativa individual, la cual es el factor más importante en la producción. Su disconformidad con los asesores económicos se basaba en su conocimiento de la importancia del comercio para salir del subdesarrollo. Pero el comercio era siempre víctima de regulaciones y de la planificación gubernamental.

La planificación y la ayuda externa produjeron pobreza y guerras. El acceso a la ayuda exterior hizo que apoderarse del gobierno fuese una cuestión de vida o muerte, causando guerras genocidas entre diferentes tribus. Bauer veía que el colectivismo agrario disparaba las hambrunas de los países más pobres, y que ni siquiera Inglaterra se podía dar el lujo de ser socialista.

De los libros sobre el desarrollo económico, sólo los de Bauer valen la pena leerse. El resto son muestras de esa decepción patológica que ha destrozado millones de vidas inocentes en el Tercer Mundo.

Lord Bauer murió en su casa de Londres el 2 de mayo, justo cuando se preparaba para viajar a Estados Unidos donde iba a recibir el premio Milton Friedman. En el 25 aniversario del Cato Institute celebramos la vida de uno de los mejores amigos de la libertad y una de las víctimas de la planificación económica. Su labor perdurará en beneficio de la Humanidad.

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