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Prohibido crear empleos

Por José Ignacio del Castillo

Sí, han leído bien el título. Volkswagen recibió la negativa a su propuesta de crear varios miles de puestos de trabajo para ampliar su producción en Alemania. ¿Y quién sea ha opuesto a que varios miles de trabajadores puedan ganarse la vida?, ¿quién está negándole el pan a millares de familias?, se preguntarán ustedes. Pues no, no han sido los “asquerosos capitalistas que desean disponer de un ejercito de reserva de trabajadores para pagar salarios de hambre”, sino el sindicato de trabajadores IG Metal, el más poderoso de Alemania. ¡Ah! Entonces, seguro que lo habrán hecho por las inaceptables condiciones draconianas ofrecidas. Juzguen ustedes. Los varios miles de puestos de trabajo ofrecidos, iban a ser remunerados con sueldos brutos de 5.000 marcos mensuales (unas 425.000 pesetas) por operario especializado. ¿Las condiciones inaceptables? Una jornada semanal de, ¡horror!, 42 horas y media.

Curiosamente fue un convenio de VW hace cerca de diez años el que abrió la infame discusión sobre “el reparto del trabajo que escasea merced a la industrialización”. Por entonces VW, que había ampliado en exceso sus instalaciones durante un boom precedente, entendió más aconsejable ofrecer la reducción de jornada a sus trabajadores con una rebaja del sueldo, que despedir a algunos. Con ello, VW mantenía a todos sus trabajadores cualificados en plantilla, a la vez que conseguía reducir sus costes laborales. Todo ello tenía sentido ante una menor demanda que hacía aconsejable reducir la producción, a efectos de no consumir los factores que eran más demandados en otras partes de la economía. Ese es precisamente el significado de que el precio de la producción no cubra sus costes.

Lo que era válido en un momento y para una empresa, precisamente por qué convenía liberar recursos escasos hacia los usos más urgentemente demandados por los consumidores, fue interpretado por políticos, sindicalistas e ignorantes de los procesos económicos de todo cuño, como la panacea para curar el desempleo. Apareció así la propuesta de reducción de la jornada laboral, un eufemismo para designar la prohibición en toda regla de trabajar más de 35 horas a la semana... y además ¡sin rebaja de sueldo. Se alegaba como se ha dicho, que no hay trabajo para todos en una economía cada vez más industrializada. Por tanto, la solución consistía en “repartir el trabajo disponible”.

De nuevo los socialistas demostraban sus cortas luces al confundir trabajo y sueldo. El primero nunca falta (es imposible que falte, mientras sea posible mejorar las condiciones materiales de vida, es decir mientras el hombre sea hombre y no Dios). Son los buenos sueldos los que pueden escasear en relación con el número de trabajadores que quieren obtenerlos. La solución al desempleo pasa por tanto siempre por ajustar las retribuciones o por incrementar la productividad de los trabajadores. La segunda opción que sin duda es la mejor, se consigue mejorando su calificación (¡qué no lo hagan los sindicatos, por favor!) o acumulando equipo capital. Resulta que las máquinas crean empleo, señores míos y por eso en Alemania pagan mejores sueldos que en el Perú.

La actual propuesta rechazada de VW, igual que el pleno empleo del que han disfrutado unos EE.UU. en donde se trabaja más y no menos que en Europa, constituyen la ilustración empírica de lo que la teoría económica ya nos avanza. Y es que prohibir trabajar para que haya más sueldos, es como prohibir estudiar para que haya más sabios. Desgraciadamente, el próximo 1 de mayo volveremos a ver desfilar a los sindicatos... contra el desempleo.

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