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Mercado energético (I): Comercialización de energía verde

Por Alberto Illán Oviedo

No hace mucho tiempo se ha empezado a comercializar en España la llamada “energía verde”, generada por fuentes energéticas renovables o cariñosamente conocidas como limpias. Por un pequeño incremento del precio habitual, particulares y entidades pueden estar seguros de que la energía que están utilizando es totalmente ecológica y que de esta manera protegen el medio ambiente de los daños producidos por un desarrollo económico desequilibrado y egoísta. Las empresas hacen una clara apuesta por este tipo de energías ayudando al desarrollo sostenible y para más alegría de la ciudadanía, los compromisos que el Gobierno ha adquirido con la ciudadanía en materia energética están más cerca. En definitiva, todos contentos. Todos menos yo y un puñado más que resistimos en una aldea, como los galos a los romanos.
 
¿Por qué tengo la sensación de que las empresas generadoras nos tratan a los consumidores como si fuéramos tontos? Que estratégicamente se han apuntado al carro del desarrollo sostenible y que tienen que lavar la imagen de organizaciones contaminantes del medio ambiente, agresoras con la salud de los ciudadanos, imagen que diversos grupos sociales se han encargado de propagar por todos los medios posibles. ¿O hay motivos más profundos?
 
En España son, de momento, tres las empresas pioneras en la venta de energía verde: Electra Norte, pequeña eléctrica de Asturias, Endesa e Iberdrola. Es de esperar que Unión Fenosa se apunte en breve. Estas tres empresas se han comprometido con los clientes de este mercado, a que toda la energía consumida provenga de fuentes renovables a cambio una pequeña cantidad que no será superior a 24 o de 3 a 6 euros al año, dependiendo de la empresa suministradora y siempre para particulares. Por si no fuera poco, el dinero recaudado en tan solidaria y sostenible labor, se dedicará a la financiación de proyectos de instalaciones de ciclo combinado y en general, todos los proyectos de energías renovables, dentro de los planes estratégicos de la empresa. Además, Endesa y Electra plantarán un árbol por cada cliente que tengan.
 
Todo esto sería muy bonito si no fuera porque presenta algunos aspectos algo oscuros tanto en la forma como en el fondo. Permita el lector que sea un poco quisquilloso con todo este asunto y comparta mis sospechas.
 
 
¿Compramos energía verde?
 
Simplemente, no. Este es un hecho sin discusión. Las centrales generadoras de cualquier tipo producen una corriente eléctrica, es decir, un movimiento de electrones por el material conductor que es el elemento que va a distribuir a cada uno de los abonados la energía que necesita. Cuando un electrón es movido y entra en el flujo es imposible saber de dónde viene. Sólo si la red que lo distribuye está separada de la red general que abastece a toda España, se podría tener la certeza de que estamos comprando la energía verde que publicitan. Esto es fácil de comprender cuando nos percatamos de que en realidad no sabemos siquiera si la energía que recibimos fue generada en una central de la compañía que nos factura. En la práctica, toda la red de alta tensión es propiedad de Red Eléctrica de España (REE), empresa que es la que controla todo el cotarro de la distribución en la mayoría del territorio nacional. Cuando todos vierten su energía en esta red, se mezcla si es que este concepto tiene algún sentido en esta parte de la física. No hay energía nuclear, ni eólica, ni térmica, ni solar, solo hay una diferencia de potencial que es a la que nosotros enchufamos el frigorífico, la tostadora o el secador.
 
Entonces la pregunta es ¿qué venden? Bueno, en este caso es la ‘certeza’ de que la parte de energía atribuible a las energías verdes es la que se comercializa como tal. Y aunque esto no es del todo cierto como veremos unos párrafos más adelante, plantea algunas cuestiones. Actualmente el 21,5% de la energía que produce Iberdrola es energía verde, 10,2% en el caso de Endesa y 13,4% para Unión Fenosa. Para ello dos auditoras, una de carácter interno y otra de carácter externo, certifican que el porcentaje de energía verde producido será siempre superior o igual a la energía consumida por estos clientes ‘verdes’. De momento todo es muy bonito e incluso se sumarán energías generadas por otras fuentes que algunas empresas aún no comercializan como verdes, pero cuando la potencia contratada o consumida sea superior a la generada, ¿se dejará de comercializar? Éticamente debería ser así; ya veremos lo que pasa.
 
 
¿Por qué venden energía verde las empresas?
 
Esto es más difícil de explicar, pero antes recalquemos algunos hechos. En primer lugar la energía que están vendiendo como verde tiene varios orígenes. Tanto la energía eólica como la fotovoltaica están englobadas en lo que habitualmente se conoce como renovable, pero la mayoría de la energía comercializada es de origen hidráulico. Concretamente, el 100% de la energía de Endesa e Iberdrola tiene esta génesis, además de la minihidráulica que también usa Electra. ¿No es un poco timo que nos estén vendiendo como verde algo tan destructor como es un pantano? ¿Acaso la inundación de un valle no destroza multitud de ecosistemas? O lo que es más extraño aún ¿es posible que Don Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios, fuera el primer dirigente español comprometido con el desarrollo sostenible en su política energética? Y para los más jóvenes, recuerdo la prodigalidad de este personaje en la inauguración a diestra y siniestra de pantanos, algunos en los lugares más insospechados y otros con resultados muy trágicos. ¿Por qué nos venden como verde algo que nunca ha sido considerado así?
 
En segundo lugar, la energía que se vende como verde es una energía que de cualquier manera ya se iba a comercializar, porque no se ha hecho ninguna nueva infraestructura con este fin además de las que ya estaban programadas o comprometidas con el Gobierno dentro del plan energético. Luego podemos deducir que la comercialización de la energía verde es un sistema para que las empresas energéticas obtengan mayor margen de ese porcentaje de energía. Teniendo en cuenta, además, que este ingreso extra se va a destinar a la construcción de ciclos combinados y otras energías renovables, ¿no es una manera de financiar parte de las infraestructuras que ya deberían estar construyendo? Además, con la sensación por parte del cliente de que está luchando por un medio ambiente mejor. ¿Ética empresarial? ¿Ingeniería financiera?
 
La tercera cuestión planteada es más peliaguda. Las empresas eléctricas reciben por parte del Estado lo que se conoce como déficit tarifario. Este déficit tarifario son las pérdidas provocadas cuando el coste de generación de la electricidad es superior a los precios regulados a los que se vende. Actualmente el Gobierno ha aumentado la banda de fluctuación en los que las eléctricas pueden mover estos precios pero siguen siendo establecidos por el Ministerio. Y las fuentes renovables son altamente deficitarias debido a lo costoso de la tecnología. Por otra parte, algunas de las fuentes de energía están en el llamado Régimen Especial como son las que usan carbón nacional y, como no, las renovables que reciben una subvención. Es decir, que las energías usadas en esta comercialización reciben directa o indirectamente dinero de tres fuentes. Vía déficit, vía subvención y vía comercialización. Dos, vía impuestos, una, vía cliente. Estupendo. Y todo por no liberalizar el mercado energético, y todo porque uno no pague la electricidad al precio al que se genera realmente.
 
La cuarta se refiere a la captación de clientes. Como ya veremos en el siguiente artículo, el mercado de la energía está muy regionalizado, cada compañía domina una determinada región y apenas tiene competencia de las otras. La venta de energía verde a la que puede acceder todo ciudadano español sería, por tanto, una nueva manera que tienen las empresas de introducirse poco a poco en territorios que en los que antes era imposible entrar. ¿Venta de energía verde o ingeniería comercial?
 
 
Conclusión
 
Recientemente, el Gobierno de España se ha comprometido que para el 2010 el 16% de la generación de energía será de fuentes renovables. Esta decisión explicaría esta maniobra empresarial. Pero mi pregunta es ¿qué pasaría si las empresas, dentro de la libertad de empresa que se supone que hay en España, deciden no construir estas centrales generadoras renovables? ¿Este compromiso supone que se va a cobrar los precios de generación o que se van a seguir cobrando precios intervenidos y se recibirán más subvenciones? Claro que también puedo estar equivocado y esta iniciativa es el primer paso para que las eléctricas empiecen a cobrar la energía verde al precio de generación y vayamos hacia una verdadera liberalización del sector. Que bonito es pensar en Papa Noel, ¿no?

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