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Mercado energético (II): Apagones y otros problemas eléctricos

Por Alberto Illán Oviedo

Durante este verano y parte del otoño, se ha venido repitiendo un curioso fenómeno en todo el mundo occidental: que nos hemos quedado a oscuras en los lugares más insospechados. Desde Nueva York a Roma pasando por Londres, Suecia, Dinamarca, y como no, nuestras queridas Islas Baleares o la maravillosa Andalucía y multitud de pequeños y grandes municipios españoles han padecido cortes de luz sin importar si estos afectaban a ricos o pobres, hombres o mujeres, negros o blancos, listos y tontos, funcionarios o autónomos. Seguramente ha sido la desgracia más democrática que nos ha afectado en décadas.
 
Falta de generación, problemas de distribución, liberalización de mercados, mercados demasiado intervenidos, problemas transfronterizos, problemas internos, poca apuesta por energías renovables, demasiada apuesta por energías renovables, las razones apuntadas para explicar este ‘tercermundista’ comportamiento de nuestra (occidental) red eléctrica han sido como se puede ver demasiados. Así que voy a echar más leña al fuego y voy a aportar mi visión del problema.
 
 
Sociedad del futuro
 
Cuando estamos en casa con la lavadora enchufada, el frigorífico funcionando, las luces encendidas, el televisor a todo trapo o como yo en estos momentos usando el ordenador, no somos conscientes del proceso económico y tecnológico del que surge esa electricidad que ya consideramos como un derecho irrenunciable. Como en invierno hace frío se enciende la calefacción que por supuesto tira del fluido eléctrico. Lo mismo que el aire acondicionado del verano. La tecnología crea cada vez nuevas formas de ocio que usan la electricidad como fuente de energía: el ordenador, el vídeo, el DVD, el CD hace unas pocas décadas ni siquiera existían y ahora es raro el hogar que no tiene uno de cada. El mismo ordenador puede estar enchufado todo el día si está contratada una línea ADSL. En definitiva, nuestra vida orbita en torno a la electricidad. Entonces, ¿por qué nosotros, como clientes, no somos conscientes de la importancia del sector energético? ¿Por qué sólo nos acordamos de él cuando falla?
 
Quiero empezar de esta manera, recalcando el papel del consumidor, pues ninguno de los artículos o responsables de empresas a los que he leído o escuchado han hecho hincapié en él, pasando de puntillas por miedo a herir sensibilidades. La responsabilidad del individuo es esencial en este y otros asuntos pero siempre se diluye, siempre la diluimos en la masa social. La culpa es siempre del otro, del vecino que tiene un frigorífico mayor o más antiguo. ¿Por qué voy a quitar el aire acondicionado si el del sexto lo tiene puesto? ¿Voy a ser el único tonto que pase calor? Pues en ese caso, aguantemos las consecuencias. Siempre queremos los beneficios de todo pero no sus perjuicios. Nos escondemos en nuestra ignorancia cuando no la alentamos.
 
En España ha habido en los últimos años una demanda creciente en electricidad. El turismo, cada vez mayor, busca sitios nuevos que explorar sin renunciar a su necesidad de tecnología. Andalucía, Baleares y Canarias, entre otros, han aumentado su demanda energética. Un ejemplo, este año 2003 la demanda durante el mes de agosto en las Islas Baleares creció en un 24,8% respecto a la de agosto de 2002. A escala nacional, la demanda ha crecido a un ritmo del 6% anual durante los últimos cinco años. En todo este crecimiento no podemos los usuarios volver la cabeza y echar la culpa únicamente a las distribuidoras y las generadoras.
 
Alentados por movimientos ecologistas y ambientalistas, muchos vecinos han mantenido un enfrentamiento, en algunos casos hasta violento, con las empresas que quieren instalar nuevas plantas generadoras o redes de distribución. Los ayuntamientos y autoridades más centradas en cuestiones electorales que en cuestiones energéticas han apoyado, incluso estimulado, dichos movimientos. Quizá uno de los hechos más significativos haya sido el tendido de Vilaflor en la isla de Tenerife en un paraje protegido y de gran belleza paisajística. Este tendido era necesario para reforzar las crecientes necesidades energéticas del sur de la Isla asolada por continuos cortes. La presión de gran parte de las fuerzas sociales ha hecho que el proyecto quede aparcado. Un gran éxito del desarrollo sostenible. Una derrota para las necesidades económicas y sociales de la Isla.
 
La necesidad de nuevas centrales generadoras a las que los grupos ecologistas se oponen sistemáticamente ha llevado a una situación de carencia en algunas zonas. La obligación de importar energía de Francia es un sin sentido al que nos han conducido estos grupos. Además, paradójicamente, el 85% de la energía francesa es de origen nuclear. Con repetir que se deben apoyar las energías renovables ya han cumplido con su misión de Pepito Grillo de la sociedad. Un Pepito Grillo un tanto sesgado, todo hay que decirlo.
 
En definitiva, si queremos energía debemos saber de donde viene y aceptar también lo negativo. Con el tiempo y el desarrollo de las tecnologías ya se irán solucionando los problemas. Pero no todo es culpa del cliente. Ahora analicemos a las empresas.
 
 
Generación y distribución del pasado
 
En España hay tres empresas importantes en el panorama nacional, Endesa, Iberdrola y Unión Fenosa. De una manera u otra, están presentes en diferentes Comunidades Autónomas. Además, hay dos de carácter regional pero con cierta importancia nacional, Hidrocantábrico y Viesgo, la primera con capital portugués y la segunda controlada por la italiana Enel, y ambas en la cornisa cantábrica. Además de éstas hay multitud de pequeñas hidroeléctricas que funcionan en el ámbito local como puede ser Electra Norte o Eléctrica de Cádiz. Por último, está Red Eléctrica de España (REE) que se dedica a transportar la electricidad de alta tensión por una red que ocupa todo el territorio nacional.
 
Lo que primero salta a la vista es que no estamos en un mercado liberalizado por varias razones y por mucho que se empeñen algunos medios en achacar cortes y otros males a la liberalización:
  • Estamos ante un oligopolio en el que un puñado de empresas se reparten la mayoría del mercado. Pero si tenemos en cuenta que cada una tiene un ámbito territorial concreto y que es raro el sitio donde conviven dos de ellas, podemos hablar de monopolio territorial. Las medidas que el Gobierno ha tomado para evitar esta situación se me antojan escasas.
  • Los precios son establecidos por el Gobierno manteniendo un máximo y un mínimo en el cual las compañías pueden hacer fluctuar sus precios. Lo que la eléctrica deja de ganar o las pérdidas que se producen cuando los costes son superiores a los ingresos por energía producida, se les retribuye en forma de Déficit Tarifario del dinero de los Presupuestos del Estado. Este déficit suele ser peleado todos los años entre el Ministerio y las empresas.
  • El Gobierno, en función de objetivos políticos, compromete con las eléctricas la realización de ciertas infraestructuras de forma que estos objetivos se vean cubiertos. Recordamos que para el 2010 se pretende que el 16% de la energía generada tenga su origen en fuentes renovables.
Esta situación lleva a situaciones nada deseables para el sector:
  • Las empresas, al no tener una rentabilidad real en la producción de energía eléctrica en vez de invertir en su sector desvían parte de los beneficios y subvenciones del estado en sectores más rentables, reales o ficticios. Endesa y Unión Fenosa son dos empresas que forman parte del accionariado de Auna, empresa de telecomunicaciones que salvo su filial de telefonía móvil presenta importantes pérdidas. La apuesta por las telecomunicaciones de hace unos años le ha salido mal a estas empresas. Además, tienen que hacer frente a estas pérdidas y malos pronósticos.
  • Salvo ciertos proyectos de renovación de tendidos o construcción de nuevas instalaciones de generación, generalmente muy condicionados a los planes políticos nacionales y regionales, las infraestructuras están bastante abandonadas. Esto es especialmente sangrante en el ámbito rural donde la necesidad de electricidad hasta hace unas décadas era escasa. Desgraciadamente, el éxodo rural relegó a los últimos puestos la necesidad de cambiar estas infraestructuras. La llegada del turismo a zonas donde hace poco era impensable como zonas rurales o de montaña, además de las ya tradicionales playas, ha puesto en evidencia esta carencia.
  • Las empresas deben hacer frente a las necesidades de sus clientes y a la presión de las autoridades locales y nacionales a la vez que deben bregar contra grupos de ambientalistas que se niegan a que se produzca este desarrollo, por considerarlo dañino con el medio ambiente. Alentados por ellos, grupos de vecinos cercanos a las infraestructuras no dudan en quejarse y movilizarse pero sin renunciar ni a un kilovatio de la electricidad que consumen alegremente.
  • Los gobiernos locales y el gobierno central entran en conflictos legales cuando es necesario realizar alguna gran infraestructura. Mientras dirimen sus diferencias, muchas de ellas políticas, las empresas no pueden hacer nada y reciben palos por parte de la población que les cree culpables, aunque en bastantes casos también lo sean.
  • La Moratoria Nuclear, que es cobrada a todos los consumidores en los recibos que llegan a su casa todos los meses y la apuesta por las energías renovables ha supuesto que estas eléctricas no puedan generar electricidad a precios competitivos que supongan una situación adecuada para una liberalización verdadera del sector. Tarde o temprano esta apuesta descabellada la pagaremos todos, no sólo el que quiera energías renovables.
Y en todo este panorama ocurren los apagones. Lo que me extraña es que no se produzcan más de los que ocurren cada año. Las eléctricas han aprendido y cada vez aparecen más noticias en las que se hecha la culpa de los cortes a excavadoras, fuegos, ventiscas, tormentas, temporales o accidentes varios. Evidentemente los que nos interesan son los producidos por alguna causa no natural o accidental y cuando estos colean en la prensa la razón suele atribuirse a alguna causa que tiene su origen en alguna de las situaciones expuestas con anterioridad: intervencionismo público, falta de generación, importación fallida de energía, consumo puntualmente elevado, falta de redes de distribución.
 
 
Conclusión
 
El tema es complejo, mucho más complejo de lo que creemos. En él están implicados generadores de electricidad, distribuidores, consumidores, nosotros, y reguladores. Las visiones mesiánicas en las que una determinada energía de origen más o menos limpio solucionaría todo, sólo enturbian la situación. Quizá la mejor manera fuera que todos empezáramos a pagar lo que realmente vale el kilovatio. Yo estoy dispuesto a pagar lo que realmente vale, pero no estoy dispuesto a pagar con mis impuestos ni el derroche de uno ni la aventura tecnológico-fantasiosa de otro. Devolución de ese impuesto, ya. Si de esta manera somos capaces de darnos cuenta la importancia de este bien llamado energía, los problemas empezarían a resolverse. Eso sí, poco a poco, que nadie tenga prisa.

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