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Necedades económicas

Por Walter Williams
Traducido por John Leo Keenan

Distinguido profesor de economía en George Mason University y autor de muchos libros, el Dr. Williams es un frecuente invitado en programas de radio y televisión de EE.UU.

Cuando quiera que hay una reunión de la Organización Mundial del Comercio, del Fondo Monetario o del Banco Mundial, montones de idealistas, tontos útiles, aparecen para desmandarse y protestar contra lo que ellos llaman la globalización y explotación capitalista de la gente pobre del Tercer Mundo. Ellos acusan a las corporaciones multinacionales occidentales de explotar a los pobres mediante salarios "de esclavitud" y el trabajo infantil. Examinemos este sinsentido.

De acuerdo a la revista The Economist, las corporaciones multinacionales típicamente pagan sueldos que son el doble de los sueldos locales en países del Tercer Mundo, pero muy por debajo de los que pagan en países más ricos. Eso, para los manifestantes, es evidencia de la explotación de los pobres - ¿pero es así?

Para fines de discusión, supongamos que sin la presencia de una corporación multinacional, el mejor trabajo que puede conseguir alguien pobre y sin educación en Uganda, paga 2 dólares por día. Una corporación multinacional construye una fábrica y contrata a ese ugandés por 4 dólares al día, un sueldo muy por debajo de lo que paga a trabajadores en los Estados Unidos. El mero sentido común indica que el ugandés ha sido beneficiado por la presencia de la corporación multinacional y que sería perjudicado si la corporación multinacional fuese presionada políticamente para irse. ¿Cuanto sentido tiene caracterizar como explotación a una acción que hace a ese ugandés más próspero?

Tú dices, "OK, Williams, nosotros comprendemos eso, ¿pero por qué llamaste a los manifestantes tontos útiles?" Los sindicatos de trabajadores en países ricos, y algunas compañías, se beneficiarían si se pudieran imponer mayores costos y restricciones legales sobre las multinacionales. Significaría que se irían al extranjero menos trabajos, permitiendo así a los trabajadores sindicados exigir sueldos más altos. Una cantidad menor de bienes de consumo baratos, permitiría que algunas compañías cobren precios más altos por bienes producidos domésticamente. Los manifestantes idealistas, mal informados, son instrumentos útiles para conseguir tales objetivos de sueldos y ganancias.

Hablando de trabajos, el Presidente Bush está siendo criticado por la debilidad de la economía; no está creando suficientes trabajos. Tal crítica no puede ser más ridícula. Los políticos no pueden crear trabajos. O, más precisamente expuesto: sólo pueden crear un trabajo mediante la destrucción de otro.

Piensa en ello. Supón que el Congreso y el presidente gastan un millón de dólares por un "paquete de estímulo." ¿Será el Hada de los Dientes, Santa Claus o el Conejito de Pascua quien les da el dinero? Obviamente, el dinero debe venir de algún lugar en la economía.

Ya que eso es verdad, debemos preguntar: ¿en qué iba a ser utilizado ese dinero si el Congreso no lo hubiese cobrado por medio de impuestos para un "paquete de estímulo"? La gente hubiera gastado el dinero comprando bienes que hubieran creado o sostenido el empleo. Si el Congreso se prestó para financiar el paquete de estímulo, ¿qué actividades tuvieron que ser recortadas debido a tasas más altas de interés, causadas por los prestamos gubernamentales?

A propósito, si estás en desacuerdo conmigo e insistes que el Congreso y el presidente sí tienen poderes de crear trabajos, entonces Williams tiene idénticos poderes de creación de trabajos. Yo puedo crear muchos trabajos simplemente comprando centenares de palancas, distribuyéndolas a mis estudiantes de George Mason University e instruyéndoles a ellos que vayan a romper parabrisas de automóviles.

Piensa en todos los trabajos que serían creados en talleres de reparación de autos. Pero esos trabajos vendrían a expensas de otros trabajos, porque la gente que tendría que gastar unos doscientos dólares para reemplazar sus parabrisas, no tendría los mismos dólares para llevar a sus niños a Disneylandia, de esa manera se reducirían trabajos en Disneylandia.

En general, presidentes y congresistas tienen un poder muy limitado de hacer un bien a la economía y tremendo poder para hacer el mal. Lo mejor que los políticos pueden hacer por la economía es dejar de hacer el mal. En parte, esto puede ser logrado a través de la reducción de los impuestos y de la regulación económica, y manteniéndose fuera de nuestras vidas.

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