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Chomsky el tramposo

Por Johan Norberg
Traducido por Daniel Rodríguez Herrera

Se lo crea usted o no, el lingüista y teórico de la conspiración Noam Chomsky es el comentarista de política exterior americana más leído por los europeos. Es triste. Su crítica, en ocasiones relevante, se pierde en su grotesco punto de vista según el cual Estados Unidos e Israel tienen la culpa de todo lo que va mal en el mundo. Si hacen algo mal es siempre porque son malvados, neoliberales e imperialistas. Si otros hacen algo mal es debido a una reacción legítima a la maldad de Estados Unidos e Israel.
 
También es triste porque Chomsky no tiene en mucha consideración a la verdad. Muchos se impresionan ante la larga lista de notas a pie de página y fuentes en sus libros y artículos, pero pocos se toman la molestia de investigar cómo los usa. Hoy mismo, Gellert Tamas presta atención a la defensa que Chomsky hace de Diana Johnstone, quien niega los crímenes masivos serbios en Bosnia. Para mostrar que comentaristas suecos críticos están equivocados, Chomsky escribe que su libro "ha sido muy favorablemente reseñado, por ejemplo, por la importante publicación británica International Affairs, revista de la Academia Real". Pero Tamas leyó la reseña y no era tan favorable. De hecho, explica que el libro está lleno de errores, es selectivo en su uso de los hechos y trata de pintar un cuadro revisionista de Milosevic como si éste fuera un multiculturalista. Chomsky se equivoca incluso en el nombre del autor de la reseña.
 
Chomsky hace esto mucho – invocar la autoridad de alguna publicación prestigiosa que nadie comprobará. Por ejemplo, en 1977 Chomsky negó el genocidio de Pol Pot en Camboya (niega muchos asesinatos masivos también), explicando que "publicaciones como el Far Eastern Economic Review, el London Economist, el Melbourne Journal of Politics y otras han publicado análisis realizados por especialistas cualificados que han estudiado todas las evidencias disponibles, llegando a la conclusión de que las ejecuciones llegaron como mucho a los miles".
 
Aquellos que se tomaron la molestia de mirar a esas publicaciones se encontraron con que esto era una completa distorsión. El Economist escribió precisamente lo contrario a lo que describe Chomsky, siendo a lo que él se refiere una carta al director protestando por la postura de la revista – lo que convierte en una mentira el invocar la credibilidad de la misma contra la evidencia de las masacres. En cuanto al Far Eastern Economic Review, el autor simplemente escribe que no encontró evidencias de masacres y que dudaba de algunas de las historias, pero no presentaba prueba alguna contra ellas y concluía que "el número de los asesinados es imposible de calcular " – no que "llegaran como mucho a los miles".

Por supuesto que hay ocasiones en que los Estados Unidos se comportan mal y en que los informes sobre masacres son falsos, pero nunca jamás hay que fiarse de lo que Chomsky diga sobre ello.

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