Una introducción al razonamiento económicoPor David Gordon
1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 Capítulo 6: Controles de precios¿Qué tiene de bueno la economía?Desde hace tiempo, probablemente nos hayamos preguntado: ¿por qué preocuparse por la economía? En realidad, algunos puede que hayan dejado este libro. Si es así, recuperémoslo: veremos en este capítulo cómo la teoría económica nos ayuda a analizar asuntos políticos.
Interferencias en el mercado“Los precios de las gasolina son escandalosos: ¿por qué no obligan a las petroleras a vender más barato? Después de todo, obtienen mucho dinero en beneficios: no vamos a mandar a sus accionistas a la miseria si recortamos sus ganancias”. ¿Qué ocurriría si, pongamos, los precios de la gasolina bajan de 1,30$ por galón (el precio de mercado) a 1,00$ por galón? Al precio de mercado, cada comprador puede encontrar un vendedor y cada vendedor un comprador. ¿Podemos entender de los capítulos anteriores por qué esto es cierto? Una manera de mostrarlo utiliza un tipo de argumentación especial llamada reducción al absurdo. En una argumentación reducción al absurdo asumimos que lo contrario de lo que queremos probar es cierto. Después mostramos que esta hipótesis nos lleva a una contradicción. Si es así, lo opuesto a nuestra hipótesis original es cierto. ¿Confundidos? Deberíamos estarlo. Echemos otra mirada:
¿Qué pasa si no coinciden los compradores y vendedores?Podemos utilizar una prueba de reducción al absurdo para demostrar que al precio de mercado, cada comprador encuentra un vendedor y cada vendedor un comprador. Supongamos que al precio de mercado de la gasolina, 1,30$ por galón, hay más compradores que vendedores (no –p). Más gente querrá comprar gasolina a ese precio que la que puede suministrarse. ¿Qué ocurrirá? Obviamente, los compradores pelearán para intentar obtener la gasolina. Esta es la razón por la que cuando hay “guerras de precios” entre las estaciones de servicio tenemos que esperar en largas colas. No nos sorprenderá saber que hay gente a la que no le gusta hacer cola. Por tanto, algunos compradores ofrecerán un precio superior. ¿Qué pasa con la nueva oferta? Unos pocos compradores querrán gasolina al precio superior, pero también habrá más vendedores deseando ofrecer gasolina a la venta. En un momento dado, la oferta y la demanda se equilibrarán.
Una norma básica de economíaTenemos buenas noticias. Si hemos encontrado demasiado confusa la explicación acerca de la reducción al absurdo, seguimos pudiendo comprender los principios fundamentales de economía sin hacer referencia explícita a ella. Tod lo que debemos recordar es esto: si hay más compradores que vendedores a un precio dado, el precio subirá; si hay más vendedores que compradores a un precio dado, el precio bajará. El mercado tiende a equilibrar compradores y vendedores. Compradores y vendedores marginalesDe acuerdo: si hay más compradores que vendedores, los compradores ofertarán un precio más alto (para no perdernos, tengamos en cuenta que la proposición análoga es cierta cuando hay más vendedores que compradores). ¿Pero cómo harán esto los compradores? Evidentemente, la teoría económica no puede identificar los compradores específicos que lo harán: no nos informa de que John Jones o John Elway ofertarán precios superiores.
Compradores y vendedores marginales, continuaciónSin embargo, la teoría económica puede decirnos algunas cosas acerca de qué compradores ofertarán precios superiores. Supongamos que el precio de la gasolina es de 1,00$ por galón y que, a este precio, existen más compradores que vendedores. Algunos compradores, al precio de 1,00$ por galón no desean comprar a precios superiores. 1,00$ por galón es su límite. A estos se denomina compradores marginales. Los compradores que ofertan mayor precios serán aquéllos que estén dispuestos a pagar más de 1,00$ por galón para obtener gasolina. A medida que suben los precios, los compradores marginales salen del mercado. Como podríamos esperar, un fenómeno bastante parecido ocurrirá con la oferta. Supongamos que a un precio de 1,00$ por galón hay más vendedores que compradores: hay más gente dispuesta a vender a ese precio que gente dispuesta a comprar. ¿Qué ocurrirá? (Antes leer el siguiente párrafo, tratemos de realizar el análisis por nosotros mismos). Al precio de 1,00$ por galón, suponemos, algunos vendedores no encontrarán compradores. Algunos vendedores estarán dispuestos a vender a un precio inferior: prefieren distribuir gasolina a menos de 1,00$ por galón, a no ser capaces de vender gasolina a un precio superior. Otros, los vendedores marginales, saldrán del mercado. Si no pueden obtener al menos 1,00$ por galón, no estarán dispuestos a vender gasolina. De nuevo, el mercado ajusta compradores y vendedores. Al nuevo, y más bajo, precio, digamos 80c por galón (¿por qué no? es nuestro ejemplo y somos libres de poner las cifras que queramos) no hay vendedores ni compradores que no puedan comerciar como desean.
Aparece el villanoPor desgracia, el estado a veces se niega a dejarnos suficientemente solos. Supongamos que el estado decide que el precio de la gasolina es “demasiado alto”. Impone un precio máximo de 1,00$ por galón. Resulta ilegal cobrar más por la gasolina. El precio de mercado, supongamos, sería de 1,30$ por galón. ¿Qué pasará? Al precio de 1,00$ por galón, habrá más compradores que vendedores. No todos los que quieran comprar gasolina lo podría hacer. El resultado sería una escasez de gasolina. Si se dejara operar al libre mercado, el precio subiría hasta que se alcanzara el precio de mercado. A 1,30$ por galón, el número de compradores y vendedores sería igual.
Precios máximos y escasez, continuaciónAunque resulte extraño, la respuesta a la pregunta que acabamos de hacer es sí. Supongamos que el precio máximo es superior al precio de mercado. Por ejemplo, que el precio de mercado sea de 1,30$ por galón de gasolina y el gobierno marque un precio máximo de 1,60$ por galón. ¿Cuál será el resultado? Exacto, ninguno. El precio máximo no detendrá a compradores y vendedores para alcanzar el precio de mercado. por tanto, podemos afirmar que un precio máximo o resultará inútil o causará escasez.
Todavía otra complicaciónComo ya habremos descubierto hace tiempo, nos gustan las complicaciones. No es siempre verdad que un precio máximo por encima del precio de mercado no tenga ningún efecto. ¿Podemos ver por qué no? Los compradores y vendedores no se preocupan sólo acerca de los precios actuales, sino también por sus estimaciones de cambios de precio futuros. Supongamos que pensamos que el precio de mercado de la gasolina, sin contar con la interferencia gubernamental, subirá del presente 1,30$ a 1,60$. Nuestras expectativas acerca del cambio de precios pueden influir en nuestra actuación actual. Si pienso que la subida esperada se verá bloqueada por el precio máximo, mis actuaciones serán diferentes. Por fortuna, no tenemos que preocuparnos acerca de esto en la introducción a la economía. Y otra complicaciónHay otro caso en el que el precio máximo no causaría escasez. Supongamos, como antes, que el gobierno impone un precio máximo de 1,00$, cuando el precio de mercado es de 1,30$. Una posible situación sería que las preferencias cambiaran, de forma que el número de compradores y vendedores se ajusten a 1,00$ en lugar de a 1,30$. En otras palabras, el máximo induce cambios en las preferencias que lo “justifican”. Pero sólo tenemos que mencionarlo para ver lo improbable que es que esto suceda. ¿Por qué tendría este efecto la acción del gobierno? De nuevo, debemos mantener el punto de vista principal en mente (aunque sin ignorar las complicaciones). Un precio máximo o bien será inútil o bien causará escasez.
La parte éticaLos precios máximos producen escasez, por lo tanto, el gobierno no debe establecerlos. ¿Qué puede ser más evidente? Bien, la premisa es verdadera; la conclusión (en opinión del autor) también lo es. Pero la conclusión no se deduce de la premisa.
Ética, continuaciónPero, un momento. ¿La conclusión no se deduce de las premisas? Sin duda, la escasez es mala; y si un programa de gobierno ocasiona una mala situación, es malo. Por tanto, los precios máximos son malos y el gobierno debería evitarlos.
Todavía más éticaLa respuesta debería ser obvia. La nueva argumentación no demuestra que la conclusión, el gobierno no debería imponer controles de precios, se deduzca de las premisas originales, porque hemos añadido un premisa nueva. ¿Cuál es? “La escasez es mala”. Es esta afirmación la que nos permite ir de las premisas a la conclusión. En general, necesitamos un deber-ser en las premisas para justificar un deber-ser en la conclusión. Un juicio de valor puede también ser suficiente.
¿Mucho ruido para tan poca cosa?¿No hemos montado un lío excesivo acerca de un punto muy menor? Después de todo, ¿quién duda de que la escasez es mala? Quizá algún misántropo disfrute privando a otros de los bienes que estos quieren, pero, quitando casos excepcionales cómo éste, ¿no estamos en terreno seguro? Además, ¿no tenemos aquí una solución parcial a la llamada brecha entre hechos y valores? Sólo añadimos un juicio de valor que es evidentemente cierto. Comparemos lo siguiente:
La premisa (1) es un juicio de valor, pero eso no empeora el razonamiento. Por qué no estamos en terreno seguroDesafortunadamente, no hemos conseguido todavía una buena argumentación contra el control de precios. ¿Vemos el problema? De “la escasez es mala” y “el control de precios causa escasez” no deducimos que el control de precios no pueda establecerse. ¿Por qué no? Consideremos un razonamiento similar:
Evidentemente, algo ha ido mal. Incluso cuando algo tenga ciertos resultados malos, puede aún merecer la pena hacerlo. Sus consecuencias buenas pueden superar las malas. Por eso, pocos de los partidarios de controles de precios darán la bienvenida a la escasez. Pero pueden pensar que los problemas de la escasez se contraponen favorablemente a los buenos efectos de los precios más bajos. O pueden tratar de actuar sobre la escasez por otros medios. Un ejemplo de esta estrategia aparece en las justificaciones del racionamiento. En tiempo de guerra, los bienes de consumo tienen dificultades de suministro. Hay gente que opina que es “injusto” permitir que los precios suban y para prevenir la escasez, el gobierno emite libretas de racionamiento. Debemos tener una tarjeta de racionamiento, además del dinero exigido, para comprar lo que necesitamos.
¿Nos hemos metido en un callejón sin salida?Como ya haremos vislumbrado desde hace rato, apoyamos el libre mercado y, por lo tanto, nos oponemos a los controles de precios. ¿Pero qué podemos hacer ahora? Parece que nuestra posición contra los controles de precios –que llevan a escasez- no es suficiente por sí misma. ¿Debe la oposición a los controles de precios ser clasificada simplemente como un juicio de valor arbitrario? Podríamos responder elaborando una filosofía política que demuestre que el juicio no es arbitrario. Por suerte, no tenemos que seguir este camino tan complicado aquí.
Ludwig von Mises al rescateLudwig von Mises descubrió una manera de salir del callejón. Como apuntó, aquéllos que se quejan de que los precios son “demasiado altos” no piensan que la escasez es un “precio” aceptable para precios más bajos. Esperan que los precios puedan bajarse sin escasez. Y aquí la teoría económica demuestra que están equivocados. Por tanto, podemos decir que los controles de precios, desde el punto de vista que quienes los apoyan, no consiguen alcanzar sus objetivos. Por tanto, esta posición resulta ser irracional.
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