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Una vida de lucha política

Por Daniel Rodríguez Herrera

Esta entrevista aquí transcrita fue realizada el 13 de marzo de 2002 en los estudios de la COPE, aprovechando el descanso que los partidos de la Liga de Campeones ofrecían y ofrecen a los que trabajan en el programa La Linterna.

Usted nace en 1951, en Orihuela del Tremedal, y va a estudiar el Bachillerato a Teruel, donde enseñaban profesores como Labordeta y Sanchis Sinisterra. ¿Cómo era entonces la educación?

Pues era muy dura y muy buena. Mi madre era maestra y yo me crié ya en una ambiente de escuela, la escuela pública y rural. A los diez años recién cumplidos hice el examen de ingreso y el examen de matrícula de honor de ingreso y el examen de beca rural, que es lo que había que hacer entonces. A partir de entonces conservabas la beca si sacabas una media de un siete o más, pero en un centro oficial. El Colegio al que fui, el San Pablo, era un colegio autogestionado, que es una cosa rarísima, una novedad y más en Teruel. Los que veníamos de los pueblos estudiábamos o bien por libre o a partir de los años sesenta y algo con las becas rurales. Yo fui de la primera generación que pudo estudiar interno. Era una enseñanza exigente pero, para mí, menos que la escuela. Allí ya casi me lo sabía todo, porque tenía una buena base. En parte porque los maestros eran buenos y en parte porque mi madre, como es natural, se había preocupado de que aprendiera.

Para mí, además, era un placer salir del pueblo y estar ahí con doscientos chavales. Esa cosa que se dice hoy: “fuera de la familia”… ¡yo estaba encantado! Luego el último año fui jefe de estudios; tenía dieciséis años. Es decir, salvo el director y las cocineras, los que llevábamos el colegio éramos todos alumnos de sexto y de Preu. Y además hacíamos teatro y teníamos una página en el periódico “Lucha” de Teruel, hasta que casi nos echan de la provincia porque yo publiqué una cosa diciendo que éramos monárquicos, pero monárquicos de don Jaime de Mora y Aragón con Dalí como primer ministro. Eso lo entendieron los del Opus como un ataque al nombramiento de Juan Carlos I, cosa que no entendíamos, porque era un chiste idiota.

Después empieza los estudios universitarios, primero en Zaragoza y más tarde en Barcelona.

Entonces la filología sólo se impartía en España en Madrid y en Barcelona. La mayoría de los profesores en Barcelona eran aragoneses y ahí íbamos siguiendo a los profesores, que es el rastro normal en la universidad.

En aquella época, estaba usted ligado al marxismo, al PCE. ¿Era por antifranquismo, por comunismo, o por los dos?

En esa época yo creo que eran las dos cosas. Tanto Labordeta como Sanchis eran marxistas, pro-PCE y los que empezábamos en la política, como siempre pasa, seguimos lo que nos marcaban. Los jóvenes creemos que lo inventamos todo y en realidad lo que hacemos es seguir lo que nos marcan. Yo, recién cumplidos los dieciocho años, enseguida me capta una chica del PCE porque estaba leyendo, en clase, un libro de Arnold Hauser, que es un clásico del marxismo sobre Historia del Arte. Y claro, un niño de dieciocho años que parecía que tenía doce, que era yo, leyendo un libro que sólo leían los marxistas muy bragados, pues vino hacía mí, me saludó y esa misma tarde me ficharon. Es que yo ya iba con el marxismo aprendido.

¿Cómo fue su caída del caballo, que le hizo cambiar de ideas?

Yo estuvo ligado al PCE de alguna manera hasta la legalización, porque también entablas unas relaciones personales que, sobre todo en las detenciones, crean un vínculo muy profundo en la clandestinidad. Por ejemplo, a la chica que me fichó a mí, que era una mujer encantadora, la pillaron poco después y la metieron cuatro años de cárcel. Se establece una solidaridad personal que va más allá de lo ideológico. Aparte de que a mí la dictadura siempre me pareció un horror y un error. Entonces te jugabas, como mínimo, que te echaran de la universidad y yo me escapé por un pelín en mi primer año.

Así que siempre estuve ligado a ellos. Ahora, al marxismo no. Más o menos a los veinte años, básicamente a partir de la lectura de los disidentes rusos (Solschenizyn, Sajarov) y de los dirigentes españoles del POUM en el exilio, que eran de izquierda pero antiestalinistas, me fui haciendo primero antiestalinista y luego anticomunista, porque no se pueden separar ambas cosas. Aunque en aquella época, como pasa siempre que estás en la clandestinidad, hay demasiados sobreentendidos, no dices todo lo que piensas, no te atreves a pensar todo lo que sientes y, por lo tanto, todo se congela y es un poquito más lento. Pero vamos, yo cuando viajé a China, que es lo que siempre he contado, es cuando me hice a mí mismo la promesa de ser un anticomunista fervoroso el resto de mi vida. Estuvimos en un campo de concentración, de reeducación que llaman allí. Para entonces ya era anticomunista, aunque seguía ligado al partido para todo lo que fuera propaganda antifranquista, pero era ya una relación más personal que ideológica.

A partir de ahí, ¿cómo llega al pensamiento liberal?

Pues por eliminación. Lo que yo había aprendido del marxismo es que el capitalismo era malo porque venía del liberalismo, y el liberalismo económico traía el político, y ambos la democracia, y ambos eran instituciones burguesas detestables. Si lo que decían era malo y era falso, pues había que acercarse al otro lado, como es natural. Bien es verdad que entonces era mucho más difícil estudiar a los clásicos del liberalismo y de la democracia que a los clásicos del antiliberalismo y la antidemocracia. Todavía ahora es difícil encontrar accesibles estos textos, aunque algunos medios ya empezamos a hacer propaganda basándonos en textos en español, pero la verdad es que en aquellos años era dificilísimo. Leíamos la literatura política de los disidentes, algo de los liberales del exilio como Albornoz o Madariaga, y, poco a poco, íbamos entrando en la Escuela Austriaca.

Pero era muy difícil y tenías que llegar por eliminación, tanteo. Así, por ejemplo, llegué yo al acercamiento a Azaña, que luego me ha parecido un personaje terrible, pero como es un gran escritor y no era comunista… Empezabas por los republicanos, siempre dentro de la izquierda, y de ahí llegabas a los liberales, que por desgracia eran pocos.

Siempre lo han sido…
 
Poquísimos. 

Luego, ya en el 78, recibe el premio de ensayo de “El Vejo Topo” por un ensayo sobre el nacionalismo.

Sí, está en el libro “Lo que queda de España”. Es uno de los capítulos. Se llamaba “La cultura española y el nacionalismo”. 

Pero el libro, la misma editorial se niega a publicarlo.

Se niegan a publicarlo. En el libro había un par de capítulos que se metían con algunos de los intocables de la izquierda catalana de aquel entonces como, por ejemplo, Vázquez Montalbán y otros canallas del género. Les espantó; se asustaron. Se asustaron porque eran antiestalinistas pero, hombre, un respeto por el partido y esas cosas. Bueno, eso y que Barcelona desde entonces sigue en la transición. Cataluña aún no ha hecho la transición a la democracia. La misma progresía del año 70, que eran los del PSUC de entonces, siguen siendo los mismos que mandan ahora. Es decir, que ahí, como pasa en el País Vasco, no se ha hecho la transición. 

¿Fue por esto lo del manifiesto de los 2.300?

No, eso fue muy posterior. Yo ahí tenía claro que había una alianza nefasta entre el comunismo, o la izquierda más clásica, y el nacionalismo. Eso se ve en el PSUC, que era el laboratorio, y de ahí se extiende a toda España. Lo que se ve ahora en el PSE lo hemos vivido todos los que estuvimos en la izquierda antifranquista en Cataluña y eso lo cuento yo en “Lo que queda de España” en el año 78. Lo que pasa es que, si bien en el País Vasco no han triunfado en la represión, en Cataluña sí. 

En Cataluña, que es donde hubo un primer movimiento, el de ese manifiesto promovido por gente del PSOE, básicamente. El alcalde de Santa Coloma, algunos compañeros nuestros como Santiago Tarancón, etc., fueron los que hicieron el manifiesto y nos propusieron firmar a Amando de Miguel, a mí, etc.. Era gente que estaba horrorizada por la entrega del PSOE al nacionalismo. Aquello lo firmaron 2.400, en el País Vasco nunca ha habido 2.400 firmantes en contra del nacionalismo, y menos en el año 81. Pero bueno, ahí vinieron los atentados, las amenazas, la limpieza… lo que ahora se hace con Edurne Uriarte se hizo antes con Amando, conmigo y con toda la gente del manifiesto. Exactamente igual.

¿El exilio posterior fue a raíz de los atentados?

No, el atentado contra mi es de mayo del 81, pero entonces yo ya había pedido y tenía concedido el traslado a Madrid. Yo ya estaba harto de Barcelona porque una de dos: o te dedicabas a la política o lo dejabas estar. Yo lo pensé y decidí no dedicarme a la política. Hicimos un conato, cuando se presentó el PSA en las elecciones en Cataluña pero para eso tienes que valer y dedicarte profesionalmente a ella y no quería. Entonces decidí venirme a Madrid y hubiera venido incluso sin el atentado.

¿Notó usted enseguida la diferencia de ambiente entre Madrid y Barcelona?

Lo noté mucho, sí. En aquel entonces, Madrid era una ciudad mucho menos abierta que Barcelona, más castiza, más de izquierdas, pero era también mucho más sana, como ahora. En Madrid, cuando uno llega, se organiza su círculo, ahí vive y nadie te pregunta nada. Nadie te pide la matrícula, ni donde has nacido ni el RH ideológico ni esas cosas. En cambio, en esa época Madrid no era tan bonita ni tan movida, pero en todo caso era un sitio donde había libertad. Y luego se produce el fichaje, nada más llegar. Yo había colaborado con El País y había empezado a colaborar en “Disidencias”de Dragó, suplemento del Diario 16 de Pedro J, y éste me invita a ser el jefe de opinión del periódico. Le digo que no tres veces, pero finalmente me convence y así llego al periodismo.

Luego llega la ley de incompatibilidades de Maragall, y me resulta muy difícil compaginar el periodismo y las clases. Yo era profesor de literatura aquí en el Lope de Vega de Madrid, que era un instituto femenino entonces. Todas las mañanas entraban entonces 3.200 chicas de entre 14 y 18 años. Un espectáculo extraordinario. Sólo por eso valía la pena dar clase allí. Yo fui de los últimos que vio el instituto sólo femenino.

Una década después, ya instalado aquí como periodista, principalmente, surge la iniciativa de las Jornadas Liberales Iberoamericanas, que ya van por la novena edición. ¿Cómo surgió?

La historia empieza porque aquí en Madrid había una serie de liberales que habíamos sido liberales de rebote pero no teníamos una gran formación liberal, que nos prestábamos libros y nos fuimos juntando en torno a estas cosas políticas. De ahí conozco a Lorenzo Bernaldo de Quirós, Enrique de Diego, Javier Rubio, Guillermo Cortázar o Pilar del Castillo. Aquí vamos conociendo a gente que viene de la izquierda y se han hecho liberales. Eso en Francia es más común; la generación de los nuevos filósofos, que se habían formando en una universidad maoísta, pero como no eran promoscovitas, sino más bien eran básicamente gilipollas que decían que China estaba muy bien porque no era Moscú, cuando vieron que China era peor todavía que Moscú se hicieron liberales. Y así como en Francia había una tradición de liberales en la Universidad, como Raymond Aron, y en el periodismo, como es el caso de Jean-François Revel, aquí empieza a formarse esa tradición sobre todo a través de los economistas. Gente como Termes, Lucas Beltrán, Antonio Fontán, que luego estuvieron con Aznar. Con gente que era liberal, algunos del Opus y otros anticlericales, se va forjando un magma que en un momento dado y con hispanoamericanos, que ya conocíamos, como Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza, Ghersi, nos juntamos en Benidorm.

En aquel entonces Zaplana era alcalde y patrocinaba cualquier cosa que oliese a liberal y diese un poco de lustre a Benidorm, para que no fuese sólo la capital de la Tercera Edad. Y luego, cuando conseguí que nos patrocinara Ibercaja, nos trasladamos a Albarracín y conseguimos que fuera sin público, que era el problema que teníamos. Había que hacerlas con público, para que los políticos se hicieran la foto y, claro, así no se podía debatir. Vienen los Vargas Llosa, padre e hijo, Revel, etc., y se fue formando un núcleo del que saldría La Ilustración Liberal primero y, más tarde, Libertad Digital.

Hablando de La Ilustración Liberal, ¿cree que hay sitio en España para una revista de pensamiento político?

 Sitio no hay, pero te lo buscas. El problema es que tienes que hacer una revista que no te cueste más que lo que cueste el material, porque además están subvencionadas; el papel está subvencionado. Lo que no puedes hacer es pagar los artículos y, entonces, lo más difícil es encontrar dedicación. De todas maneras, me acaba de llamar Javier Rubio para decirme que en este ejercicio hemos ganado dinero. La revista se vende bien, tiramos mil o dos mil ejemplares. Y ya está bien, es lo normal en el pensamiento, como la Revista de Occidente. Pero como no tenemos gastos de pagar los originales, porque los manda la gente que quiere y ahora metemos material de Libertad Digital, más que nada para quien quiera coleccionarlo en papel lo tenga, pues ganamos dinero. 

Hemos pensado en hacer ahora una promoción de libros de clásicos liberales a precio de coste a través de Internet, de Unión Editorial. Pero por eso, porque me acaba de decir que tenemos un superávit de dos millones… pero no me jodas, Javier… ¿No creías en el mercado? Pues resulta que el mercado da dinero.

Pero con subvenciones…

Sí, pero menos de lo que hemos ganado. Lo cierto es que todas las revistas de este tipo tienen una subvención, no mucho, pero si no tienes gastos con eso tiras. Ahora, quien quiera vivir de eso, va dado. Pero sí que hay sitio, aunque la gente no quiere revistas de este tipo y es normal, porque los periódicos ya tienen un nivel muy alto. Así que hay que hacer ya una revista tipo libro, que es lo que hacemos ahora.

¿Cómo tiene usted tiempo para tantas cosas?

Pierdo muchísimo el tiempo. Yo holgazaneo mucho, si trabajara haría mucho más. Lo que pasa es que no tengo horario, excepto el de la radio. Eso de trabajar por tu cuenta tiene una ventaja, que no haces nada pero cuando lo haces estás descansado y vas más rápido. Aparte de que tengo bastante facilidad para escribir, no me cuesta. Y es hacer lo que te gusta, porque si haces lo que te gusta todo el tiempo es poco. En cambio, si no haces lo que te gusta todo es un horror y, por suerte, he podido elegir lo que hago. Pero no, voy a hacer más cosas porque estoy muy vago últimamente. Tengo dos o tres libros que a ver si los termino porque, excepto el libro de poesía, llevo dos años sin sacar ninguno; eso no puede ser.

¿Cuáles cree que son las líneas básicas del pensamiento liberal?

Básicamente la defensa de la libertad individual, del fuero del individuo, de la libertad de pensamiento y la libertad de opinión, de asociación. En fin, las libertades básicas que parece mentira que haya que recordar pero hay que recordar. Y luego también, absolutamente ligado a eso, las libertades económicas. Es decir, la propiedad, la defensa de la propiedad, la protección legal de la propiedad y, por tanto, el Estado de Derecho y, a partir de ahí, organizar la sociedad de acuerdo a esos principios. En realidad, si la persona es sagrada y la propiedad es sagrada, vas tirando de ahí y, al final, te sale el Estado de Derecho, incluyendo el libre mercado, que es una extensión del derecho de propiedad.

Ahora estaba leyendo un artículo muy curioso que Martín Krause ha mandado desde Argentina, y que cuenta cómo allí ha vuelto la economía del trueque. Ya hay más de cincuenta centros de trueque sólo en Buenos Aires. Básicamente los han formado la gente despedida. Como no hay dinero, físicamente no hay dinero, pues al despedir las empresas dan existencias de sus productos. Citaba un caso concreto, una señora que tiene cincuenta blusas. Pues se va con ellas a un centro de trueque, donde le dan unos bonos a cambio y, con ellos, compra un kilo de azúcar, unos zapatos, una televisión… en fin, lo que den de sí las cincuenta blusas. Son mercados, en el estado de las cavernas, creados por la propia necesidad de la gente de hacer una economía eficiente. Por eso digo que, al final, la cuestión de la propiedad es la clave. Ahí está el origen también del socialismo, que va a cargarse la propiedad.

¿Qué es el neoliberalismo?

Pues es como llaman los antiliberales al liberalismo. Neoliberalismo es la fórmula que utilizan los comunistas para atacar a lo que siempre habían llamado capitalismo o liberalismo. Le ponen neo no sé muy bien porqué. Viene de Nicaragua, de Chiapas… lo peor de ambos mundos.

¿Qué piensa de la globalización?

Lo peor de la globalización es que no existe. Estamos mucho peor que en el siglo XIX. Juan Valera lo cuenta, salía de su casa en Córdoba, se montaba en el tren y se iba a San Petersburgo. Tenía una bolsita de monedas de oro y allí compraba una casa de alquiler y una doméstica y una amante mientras durara el oro. El mundo estaba mucho más globalizado en el XIX, el XX es el gran siglo de las aduanas. Todos los estados hacen fronteras y, por lo tanto, todo es mucho más caro. Y hay muchas más guerras, como es natural, porque toda frontera invita a moverla.

Básicamente, el problema ahora es que tenemos los medios objetivos para una globalización en el sentido de mundialización, de compartir experiencias, propiedades, conocimientos como nunca, básicamente a través de Internet. Pero al mismo tiempo, la estructura política que tenemos es la del siglo XX con estados cerrados. Aduanas que cobran por moverse. La globalización estaría muy bien y provocaría otros efectos, algunos negativos y muchos positivos, que no produce, si existiera. Pero todos los líderes que se reúnen en Barcelona mantienen una serie de aduanas rigidísimas. Por ejemplo, toda la energía está controlada, compartimentada. La gente no es libre de vender o establecer una empresa de gas, de electricidad en Europa, incluso dentro de Europa. Ahora que Inglaterra, Italia y España presentan una moción para liberalizar un poquito la energía, ya ha salido Francia diciendo que ni hablar, porque EDF es una empresa estatal y mantiene unos presupuestos, aunque sólo sea para sobornar gente, gigantescos. Entonces no se renuncia al sector público porque es un mecanismo de poder, es dinero para los políticos. 

El problema de la globalización es que no existe. Para los países pobres, sería ideal poder vender su mercancía sin aranceles. Pero no, no les dejamos entrar y luego les damos dinero para que se calme el hambre. En lugar de dar dinero a África, deja que África venda sus productos en Europa, ¿no? Pues no, porque hay que subvencionar el voto del agricultor alemán o español. Entonces, por un lado decimos que estamos explotando a los países del Tercer Mundo, pues a ver si de verdad los explotamos, dejándoles competir.

Lo de la globalización parece la conjura de los necios, porque hay unos gobernantes que se niegan a globalizar y unos imbéciles, la mitad de ellos terroristas, que están en contra de cualquier libertad, económica o política. Es una cosa de idiotas, si son antiglobalización tanto los que están arriba como los que están abajo, no sé muy bien por qué se pelean.

Entonces no es como decía Cabanillas, que los socialistas hacen cosas distintas según donde estén. Todos hacen lo mismo…

Lo mismo. La diferencia está entre quienes han ganado las elecciones y los que esperan ganarlas. Maragall está abajo y Schroeder arriba.

¿Cree que hemos aprendido algo del 11 de septiembre?

Nosotros, los españoles, ya sabíamos más del terrorismo porque teníamos la experiencia, por desgracia, de muchos años. En Estados Unidos es la primera vez. No habían tenido, no ya terrorismo, sino siquiera una agresión militar seria en su propio territorio. Un país virgen, que no había tenido una guerra en su territorio desde la civil, la guerra de secesión. Un país que no había tenido ningún enemigo real en el exterior. Para ellos ha sido muy sorprendente y para cualquiera, porque el espectáculo fue terrorífico. Y ahora lo que hay es una generación que estará marcada para siempre por esa experiencia. Pero la han vivido ellos. Nosotros, los europeos, como somos muy finos, y ya nos da igual que nos maten, pues nos dejamos matar. Ellos no se dejan. Y eso me parece muy sano y espero que mantengan así y persigan a los que los quieren matar hasta que acaben con el último.

Pero vamos, aquí no colaboramos mucho con eso y es una pena. Pienso que Europa, políticamente, es una mierda, y lo ha demostrado también después del 11 de septiembre. España es de los países que mejor se han portado y más cosas han sacado también para luchar contra su propio terrorismo. Quizá Gran Bretaña y España sean un poco la excepción con respecto al comportamiento europeo. Pero la UE como tal no ha existido. No puede decir que haya estado con EEUU, en palabra sí, pero en la práctica en absoluto.

El otro día oí al embajador de Alemania una cosa muy inteligente. Decía que debemos colaborar con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo islámico que nos vendrá, más tarde o más temprano, a todos los países que tenemos un núcleo musulmán ya metido. En España lo estamos teniendo ahora como si fuera una bendición, pero en Alemania a través de los turcos y los kurdos también, son ya millones de personas totalmente cerradas, como pasa siempre con los grupos islámicos. Tenemos que discutir con EEUU sobre Egipto. Arabia Saudí pone el dinero, pero los militantes del integrismo viene de las universidades de Egipto. Y Egipto es el principal aliado de Estados Unidos en Oriente Medio, y no Israel. Y tenemos que decirles que no se puede ser aliado de Egipto, pues de ahí van a venir los problemas para Europa. Pues eso, que es lo que tendríamos que discutir: “yo te ayudo contra Irak, tú nos ayudas contra Egipto”, ni se ha empezado a discutir. Y me chocó, pues es el primer alemán que veo sensato en este tema, puesto que el 11-S también va a venir a Europa, sin ninguna duda. Somos tontos, pero hasta que no nos den en la cresta… y aún entonces… aquí en España tenemos mil muertos y aún hay quien no se quiere enterar.

Para terminar un poco como empezamos, ¿qué piensa del estado de la enseñanza, de la Ley de Calidad, de la LOU?

Pues, por desgracia, que falla la enseñanza pero fallan los profesores, que muchos no se creen o no les dejan creer su papel. Yo creo que para que haya enseñanza lo primero que tiene que haber es un profesor que se crea que enseña algo. Y luego que hay unos alumnos que se crean que aprenden algo. Si no existe esa convención básica, ni se enseña ni se aprende. 

Se ha degradado mucho la imagen del profesor, a lo que han contribuido mucho ellos mismos, pero sobre todo los padres, que no reconocen la autoridad del profesor, que antes era sagrada. Antes los padres llevaban al niño al colegio para que el profesor les enseñara. Ese contrato fundamental que no había que firmar, que todo el mundo daba por supuesto, se ha roto. Ahora las APAs, las “hampas”, como las llaman los profesores, es meter el enemigo en casa. Los padres tienen que estar, siempre lo he dicho, a 20 o 30 kilómetros de distancia del centro. Un padre es, en general, un individuo que quiere que aprueben a su hijo aunque no haya ninguna razón para aprobarlo. Y todo lo demás le da igual. Que se hunda el instituto, lo que sea. Con tal de que no le fastidien las vacaciones de verano, que se hunda el sistema escolar. Porque para él es más importante que el niño veranee con él; que no que se tenga que quedar en Madrid con un profesor, o quedarse alguien con el niño o tomarle la lección. Por eso los padres son un peligro terrorífico para la enseñanza. Les han dado un poder monstruoso para acabar con los profesores y han acabado con ellos. Ahora la enseñanza tiene que restaurar su principio básico, que es que el profesor sabe unas cosas y las transmite. Y si el alumno las aprende, sigue estudiando, y si no, no sigue. Eso que es tan sencillo, pues eso se ha roto y hay que volver a eso.

Yo, no sé, ves tantos padres tarados y tantos alumnos idiotas que aparecen en televisión que, claro, te preguntas si se darán cuenta de lo que están haciendo. Acabo de oír unas declaraciones de Zapatero que es que no puede ser ya más tonto, diciendo que con la LOU y la reválida, los hijos de los obreros, de los trabajadores, no van a poder entrar en la Universidad o no tanto como ahora. Hace falta ser imbécil, cuando precisamente una enseñanza de poca calidad a los que favorece es a los ricos. A los pobres, si tú les quitas la exigencia, los títulos no valen nada, y a cambio de eso pues master, enchufes… siempre privados. Si tu degradas el nivel de la enseñanza pública al que perjudicas es al pobre listo, y al que favoreces es al rico tonto. Eso es tan sencillo que cualquiera lo entiende. Menos Zapatero.

Yo no lo entiendo, porque además ha sido la izquierda, por ideología, la que se ha cargado la enseñanza. Esa progresía del 68, con esas ideas idiotas contra la pedagogíca. Bueno, la pedagogía contra la educación, en realidad. Hay quien dice que el gran enemigo de la educación es la pedagogía. Pero por seguir unas bases ideológicas, se han cargado su base social, que era básicamente la enseñanza pública. Los maestros, los catedráticos, los profesores... Mi abuelo Emeterio, que era maestro, era de Marcelino Domingo, que defendía la enseñanza pública por encima de la privada porque eran pobres. Y le parecía muy mal que se tuviera que pagar por la enseñanza, sobre todo en una época en la que los particulares no tenían dinero para eso. Pues eso, que era la base del PSOE, que tiene en su escudo un libro abierto y una pluma, se lo han cargado. Es una cosa suicida, pero de toda la izquierda europea, no sólo de los socialistas en España. Y lo malo es que aquí, como la derecha es siempre “Doña Complejos”, pues ha aceptado esa liquidación de la exigencia en la enseñanza pública española, que es la garantía de los pobres. Lo único que te permite promoción social es que el tío que se esfuerza, que trabaja, que es espabilado y que se sacrifica reciba su recompensa en forma de un título, un sueldo, etc.. Aquí no. Aquí, como no nazcas rico, estás jodido. No puedes ir a Estados Unidos a estudiar, no tienes un master; tienes un título como todo el mundo y, por tanto, es como si no lo tuvieras.

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