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Sesenta semanas en el trópico Resea
Sesenta semanas en el trópico

Antonio Escohotado
Anagrama, Barcelona, 2003
377 páginas

Hayek y los cuatro budas

Por Antonio Nogueira

El último libro de Antonio Escohotado es una aventura de conocimientos acerca de Extremo Oriente, un interesante anticipo de su próximo ensayo sobre anarquismo y capitalismo, y una singular reflexión sobre la posmodernidad. Durante un año el autor residió en Tailandia, recorrió Vietnam, Birmania y Singapur, vivió placeres y adversidades, y pensó, en compañía de Hayek y otros padres del liberalismo, la tierra que habitamos.

Escohotado descubre cuatro naciones budistas peculiares; cuatro budas dispares e idénticos a la vez. En su opinión, Tailandia es una Babia impregnada de indolencia. A los thai – “el país de los libres” – no les gustan las preguntas; son un pueblo poco acuciado por la necesidad: aflojan la cartera del turista para que caigan algunos billetes. El sablazo es el código mercantil y los pícaros su articulado. Rodeados de una santa (y perezosa) pobreza, apuestan por un breve décimo de lotería que les salve por unos días. Pero los tailandeses aman por encima de todo a los niños, velan por ellos, y quizá por eso alcancen la gloria.

A Vietnam, buda rojo, los jesuitas del XVII le hicieron el gran favor de la grafía romana. Aparte su tortuosa historia, hoy los vietnamitas se espabilan. El saigonés también abusa, aunque despliega mayor industriosidad que el vecino thai. Allí parecen entreabrirse los candados.

Birmania es el buda kitch: la nación que vende baratijas encima de una mina de rubíes. La mordida institucional, en este país del furgón de cola del retraso, genera sempiternas batallas godas entre las distintas facciones de la nomenclatura socialista.

Por fortuna, Singapur se ha transformado en apenas cuarenta años en el buen buda de la excepción. El autor cuenta la ejemplar historia de Thomas Stamford Raffles y Lee Yuan Kew, padres fundadores de aquella isla. Singapur prefiere el idioma inglés al mandarín. Es un granero de diligencia y óptimos recursos humanos. En Singapur han aprendido la clara lección de que la mera productividad no te salva. Al contrario que Japón, los singaporeños prefieren la sociedad abierta de la colaboración y el intercambio.

Características comunes a estos cuatro pueblos son el pesimismo que odia cualquier riesgo, un concepto regresivo del tiempo y la presencia de una naturaleza fermentada e imposible. Escohotado observa que la cosmovisión budista evita matar una mosca, aunque se deleita contemplando la ejecución de narcotraficantes por televisión.

“Sesenta semanas en el trópico”, además, abunda en honesta ciencia política. Reconoce el autor que los amigos de la libertad siempre fueron pocos. Considera que el socialismo es un proyecto marcado por una mentalidad de pequeño déspota infantil y que en una sociedad sin ricos, los pobres no sobrevivirían. Porciones de ambas clases, afortunada o menesterosa, “prefieren ilusionarse con cierta redención sectaria a vivir libres y acomodados, porque de puertas adentro no se soportan”. Hay en la obra incluso un breve manifiesto liberal dirigido a los jóvenes, porque “a diferencia de adultos y viejos, que fingen con mayor o menor amabilidad escuchar, el joven escucha. Le va la vida en ello, porque ignora a menudo hacia dónde ir”.

Antonio Escohotado interpreta sagazmente nuestra época y habla de casi todo: el matrimonio, los regalos, el dinero, la cortesía, las raves multitudinarias. Y se despide con los relatos de un Buenos Aires tragicómico y un deslumbrante viaje colectivo de ayahuasca en Manaus, Brasil. Por supuesto, la experiencia alucinógena brasileña sobrepasa a cualquier tramposa ficción actual.

Acaso las bellas páginas del libro dedicadas a la vida virtuosa puedan resumir su esencia. El autor cuenta que David Hume mitigó su crepúsculo leyendo mucho y reflexionando sobre ello, sustituyendo la vanidad “por una apasionada atención a todo lo demás del mundo. Pocas veces encontraremos una prueba más categórica de lo sano que resulta cultivar el conocimiento.” De sabiduría, precisamente, conversa este texto.

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