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Nuevo papel del Estado en sectores regulados: telecomunicaciones en banda ancha

Gaspar Ariño, Juan Miguel de la Cuétara y Raquel Noriega
Deusto, Barcelona, 2005
289 páginas

Cómo regular las telecomunicaciones

Por Daniel Rodríguez Herrera

Crear un monopolio público es muy sencillo; basta con expropiar las empresas privadas del sector y poner a un amigo del poder al cargo. Gestionarla de modo que funcione con eficiencia, es decir, haciendo un buen servicio al ciudadano al precio más bajo, es en cambio lo más parecido a pedirle peras al olmo. Por eso, los gobiernos han decidido liberalizar los sectores que antes monopolizaban ellos mismos. Y ahí es cuando nos encontramos, en muchos casos, con un problema bastante más complicado de lo que parece. Si únicamente se privatiza, las leyes impedirán al recién estrenado operador privado recibir competencia y la situación puede ser incluso peor que antes, como ha sucedido en muchas ventas de empresas públicas a empresarios amigos del poder. En muchos casos, las empresas son tan grandes y las barreras de entrada a la competencia tan altas que, aún sin leyes a su favor, el monopolio antes público puede impedir con éxito que aparezcan competidores aún sin mejorar el servicio a sus clientes.

Así pues, hay que privatizar el monopolio y cambiar la regulación para favorecer una competencia que favorezca al consumidor. ¿Y eso como se hace? Lo cierto es que no hay respuesta a esa pregunta. O, mejor dicho, hay respuestas diversas, todas ellas equivocadas por completo y, quizá, acertadas en parte. Es en esa confusión donde hay que situar este libro, que viene a tratar las liberalizaciones ocurridas durante la última década en España y, con especial interés, la de las telecomunicaciones.

El libro parece estar dirigido más a quienes ya saben de la materia que se aborda en él. Por ejemplo, hay muchas referencias al mecanismo de regulación de precios llamado price cap, pero nunca una definición del mismo. Sin embargo, al mismo tiempo explica como reiteración algunos conceptos bastante sencillos, hasta un grado excesivo incluso para un libro de divulgación. Posiblemente, al tratarse de un trabajo de muchos años, no se han podido evitar repeticiones innecesarias. Sin embargo, quizá su mayor problema es el lugar al que se quieren dirigir los sectores privatizados, que no es una competencia libre, sino una regulada para prevenir un montón de males que, a su parecer, serían inevitables en una economía libre.

Es, por tanto, un libro principalmente dirigido a tecnócratas que no quieren que desaparezca su misión y, por tanto, sus empleos. Justifica la regulación en ámbitos muy extensos, y no sólo como garantía de que funcione la competencia durante un periodo más o menos limitado en que la ley amamante a las empresas entrantes, sino también para evitar que desaparezcan regalías como el servicio universal, que básicamente consiste en que todos paguemos lo mismo por recibir un acceso mínimo a las telecomunicaciones, sin importar lo que pueda costar dicho acceso ni la injusticia que supone que facilitar la vida a unos a costa de otros. Pero no deja de ser una lectura interesante para ver donde está situada a estas alturas de la película la liberalización de los servicios públicos y qué es lo que se discute en los despachos públicos sobre ella.

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