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Entrevista al opositor bielorruso Jaroslav Romanchuk

Por Juan Ramón Rallo Julián

Los europeos generalmente piensan que el comunismo cayó hace alrededor de 15 años, ¿estás de acuerdo con semejante afirmación?
 
Esta afirmación no es del todo exacta, dado que los comunistas son muy inteligentes; cambian sus nombres y sus etiquetas pero mantienen la esencia de su sistema. Básicamente, si queremos contestar a esta cuestión simplemente tenemos que observar qué porción del dinero de la gente gastan los burócratas y los oficiales del gobierno. Así, si el nivel del gasto público sobrepasa el 50% o está muy próximo a él, si el gobierno es propietario de una gran cantidad de activos, si su regulación estrangula a las empresas, si no tolera ningún tipo de iniciativa empresarial, entonces podemos decir que el socialismo todavía está vivo.
 
Por ello es muy peligroso el pensamiento de muchos politólogos occidentales que creen que el comunismo cayó hace 15 años y que ello dio lugar al fin de la historia (como en el caso de Fukuyama) Esencialmente esto forma parte de la estrategia de los comunistas e intelectuales en Europa para no verificar la validez de sus premisas; y sus premisas deben ser revisadas en primer lugar porque están intentando imponerlas sobre un conjunto de países que ha sufrido el comunismo o distintas formas de estatismo durante más de 70.
 
Por ello, cuanto antes los occidentales se den cuenta de esto, más libre y próspero será el futuro de Europa.
 
En otras palabras, el comunismo se ha camuflado en otras tendencias como el desarrollo sostenible o la defensa del Estado de Bienestar. Pero, ¿realmente crees que tales ideologías son tan peligrosas para nuestra libertad como lo fue el comunismo?
 
Es sólo cuestión de tiempo hasta que tales ideologías adquieran la forma de un intervencionismo más peligroso y liberticida; estamos ante una cuestión de grado, no de principios.
 
Así, el desarrollo sostenible incurre en una curiosa contradicción. ¿Cuál es el mejor modo de sostenernos? ¡El desarrollo! Europa ha sido esquilmada por el Estado de Bienestar mientras que el libre mercado convirtió a Hong Kong, Singapur y muchos otros países en sociedades desarrollados en una sola generación.
 
Por ello, si las Naciones Unidades publica un informe de 500 paginas acerca del desarrollo sostenible sin mencionar en una ocasión la propiedad privada, esto significa que estos tipos no han entendido nada acerca de cómo se genera la riqueza.
 
Así, la redistribución, la creación de un gobierno, impuestos y burocracias mundiales, da lugar a más destrucción de trabajos en los países pobres, mayor número de personas que mueren de enfermedades curables como la malaria, más gente que emigra desde Biolorrusia o Ucrania hacia otros países.
 
En otras palabras, estas ideologías postcomunistas puedan dar lugar a la quiebra de Europa. Es una predicción un tanto catastrófica, pero los países europeos deberían tener presente el ejemplo de Nueva Zelanda en 1984. Desde luego, puede costarle más a un país como España o Alemania alcanzar el colapso, pero hoy por hoy ese colapso es inexorable.

Y la solución a todo esto no pasa por imponer a las empresas una especie de responsabilidad social corporativa, sino por soluciones muy simples que fueron desarrolladas y explicadas desde hace bastante tiempo por gente como Adam Smith, Mises, Rothbard, Kirzner o muchos otros significativos economistas que han sido excomulgados por las universidades... y por el gobierno.
 
La cuestión es sencilla: una cosa es gastar tu propio dinero, pero el deseo irrefrenable de gastar el dinero de otra gente, como en el caso de los gobiernos, da lugar a la pobreza, las detenciones políticas y nacionalismo.
 
Pero en cualquier caso, el comunismo tradicional definido como la propiedad pública de los medios de producción se colapsó hace 15 años. En perspectiva, ¿cómo valorarías este proceso de transición hacia sociedades supuestamente libres?
 
Bueno, para empezar, hay un país que no se ha movido hacia ninguna parte: Bielorrusia, la última dictadura de Europa. Tenemos un gobierno que no tolera ningún valor o principio en los que se basa Occidente.
 
Por otra parte, Rusia o Ucrania tienen estados deficientes, tienen que cambiar todos sus sistemas administrativos. El problema, sin embargo, es que son países que padecieron revoluciones antigubernamentales que fracasaron.
 
A principios de los 90 estos países tenían que moverse desde el comunismo al capitalismo, desde la esclavitud a la libertad, y esto lo hicieron de muy mala manera, pues buscaron una guía intelectual en Occidente. Esta guía vino de Jeffrey Sachs, Galbraith o gente que acababa de destruir África con su teoría económica. Todos estos economistas llegaron a la misma conclusión: “copiadnos a nosotros, somos los mejores, somos ricos y vosotros seréis ricos si nos copiáis”
 
De esta manera, los intelectuales de nuestros países que tomaron acríticamente las ideas occidentales, empezaron a copiar las instituciones del Estado de Bienestar.
 
Y, como hemos dicho, el Estado de Bienestar provoca numerosos errores como consecuencia de la expansión del poder político. Estos errores han dado lugar a desagradables consecuencias. Impuestos, enormes impuestos, muchos impuestos, esto es, el paraíso de los políticos; redistribución de la renta a través de la inflación, devaluación, distintos tipos de cambio para diferente tipos gente, préstamos baratos para los políticos y préstamos caros para los empresarios.
 
También ingentes regulaciones que pretenden salvar a los ciudadanos de los empresarios explotadores occidentales y que reducen la inversión extranjera, provocando una crisis de la familia. Simplemente imagina que muchas personas pierden sus trabajos y que a muchos padres de familia les resulta imposible vencer todo el complejo de regulaciones para encontrar un trabajo o ser autónomo. Por ello, los ricos oligarcas están contentísimos con este sistema empresarial donde los pobres son los supuestamente protegidos por el Estado mediante las regulaciones.
 
Por todo ello la gente se levanta en armas y emprende una revolución contra el Estado. Estas revueltas pueden ser positivas si no son sangrientas, pero en muchos casos sí corre finalmente la sangre.
 
Sin embargo, desde Occidente observamos que estos regímenes oligárquicos, como el de Kuchma en Ucrania, en muchas ocasiones han terminado con esas revoluciones pacíficas que afirmas haber fracasado. En este sentido, ¿qué opinión te merecen las famosas “Revoluciones Naranja”?
 
Bueno, la razón por la que he dicho que estas revoluciones están a punto de fracasar o ya han fracasado, como en el caso de Ucrania, es porque las revoluciones no han proporcionado aquello que los revolucionarios prometieron, no han estado a la altura de las expectativas. Por ejemplo, ¿qué clase de revolución es aquella que establece precios máximos? ¿Qué clase de revolución es aquella en la que el gobierno empieza a regular la venta de combustibles? Hemos tenido nacionalizaciones, reprivatizaciones e incrementos del gasto público.
 
En Ucrania se despidió a 80000 burócratas para sustituirlos por 80000 nuevos funcionaros -en muchos casos con una menor educación y menores conocimientos- nombrados para ocupar exactamente las mismas funciones, en el mismo marco administrativo. Ésta es la mejor manera para crear más burocracia, más corrupción, más oligarquía; el Estado no se redujo en ningún sentido para acercarse a la gente. El poder oligárquico-económico sigue estando allí.
 
Ucrania, pues, es un buen ejemplo de este fracaso; un engaño para la gente que estuvo en la plaza durante más de un mes. Los políticos siguen hablando de la necesidad de ganar las siguientes elecciones parlamentarias y luego pedirán ganar las elecciones locales; es sólo una excusa para mantenerse en su posición de control. En el fondo, desconfían enormemente de la gente corriente, pues piensan que es incapaz de distinguir entre el bien y el mal.
 
Se trata de la típica arrogancia de los ungidos; los políticos creen que de alguna manera ellos tienen una mejor educación para dirigir al pueblo. Un fenómeno cuya raíz podemos encontrar probablemente en la Edad Media, cuando los caballeros y la nobleza se apiadaban de la gente pobre a la que consideraban incapaz de cuidarse por sí misma.
 
No hace falta analizar esto desde una perspectiva económica, podemos hacerlo desde una perspectiva humana. Es muy triste que la gente sea castigada por su creatividad y por su dedicado trabajo; esto va en contra del cristianismo, del libre mercado, del objetivismo y de cualquier otra estructura de valores. Y todo esto es lo que han traído las Revoluciones Naranja.
 
Así pues, deberíamos ser muy cuidadosos en no confundir las Revoluciones Naranja con revoluciones liberales o revoluciones capitalistas.
 
Completamente de acuerdo. Después de 15 años podemos afirmar sin lugar a dudas que no ha habido ni una sola revolución capitalista en Europa central y del Este. El caso más que más se aproximaba era Estonia, pero ahora Estonia ha sido corrompida por la legislación de la Unión Europea, por el acervo comunitario; ha reintroducido 11000 aranceles y numerosas regulaciones y ahora está siendo presionado para volver a implantar el impuesto sobre sociedades. Por lo tanto, Estonia es un típico ejemplo de Estado burocrático.
 
Y estoy seguro de que la gente joven de Estonia empezará a tener problemas para encontrar trabajo, de manera que se verá forzada a emigrar a otros países. Por tanto, lo que el mundo entero no necesita es más marxismo o sus derivados ideológicos; estás ideologías han dominado el mundo durante todo el siglo XX.
 
Lo que necesitamos, básicamente, es oponernos al Consenso de Washington ya que sus errores son patentes: ha creado Estados oligarquías, proteccionismo y pobreza. En Rusia o Bielorrusia casi el 40% de la población vive en la pobreza. ¿Ello es así por el capitalismo o porque se ha pretendido aprovechar el Estado para redistribuir la riqueza desde la población a la Nomenclatura? Obviamente se trata de ésta última posibilidad; nosotros no hemos tenido una revolución capitalista.
 
Cuando Corea del Sur, Japón, Hong Kong o Singapur iniciaron sus reformas capitalistas, el gasto público en estos países estaba por debajo del 15%. ¡15%! Ahora en Europa del Este estamos por encima del 50%. Por tanto, es imposible que se produzcan resultados sociales positivos, por no hablar de los resultados económicos.
 
Entonces, lo que puede haber ocurrido es que los ciudadanos de los países de Europa del Este estén profundamente confundidos acerca del significado de las palabras “libertad” y “capitalismo”
 
No, no saben qué significan realmente esas palabras. Para ellos el capitalismo está asociado con la corrupción, el nepotismo y las enormes desigualdades. No lo identifican con el cumplimiento de los contratos, sino con el poder del rico: los ricos cortan el balacao, compran los tribunales y la policía.
 
Por tanto, hemos tenido unas reformas que se han llamado liberales y capitalistas y que no lo han sido en absoluto. De ahí que después de 15 años no deberíamos extrañarnos de que la gente de Europa del Este odie el nombre de capitalismo, cuando en realidad deberían odiar el estatalismo. La gente quería libertad política y económica, pero los políticos nacionales e internacionales no fueron capaz de proporcionársela.
 
Por ello creo que Europa central y del Este tendrán que emprender las auténticas revoluciones capitalistas, sin asociarse con fracasados Estados de Bienestar como Alemania, Francia o Italia.
 
Por tanto, no confías en que la Unión Europea podría estimular esas revoluciones capitalistas.
 
De entrada, la Unión Europea está sumergida en una crisis profunda de tal calibre que nadie sabe qué aspecto tendrá dentro de 10 o 15 años.
 
Pero obviamente la Unión Europea no tiene credibilidad alguna para dar ningún tipo de consejo a nadie. Sólo observando el fracaso de los compromisos de Lisboa podemos darnos cuenta de que no ha sido capaz de realizar aquello que prometió. Estamos en la peor tradición de los planes quinquenales de la URSS.
 
En lugar de crear cultura empresarial y de abrir las puertas a libertad individual, en la Unión Europea es el gobierno quien domina la economía. Es realmente estúpido, por ejemplo, que la Unión Europea pida a Irlanda o Estonia el incremento de los impuestos cuando su reducción ha generado un espectacular crecimiento económico y prosperidad social.
 
Por eso creo que el movimiento liberal mundial, más que la Unión Europa, debe proporcionar la base necesaria para emprender las reformas capitalistas en Europa del Este.
 
El movimiento liberal tiene una oportunidad única para presentar su propia agenda para cambiar el estatismo mundial. Tenemos que hablar de cosas muy simples: cómo combatir la pobreza, las hambrunas, las enfermedades y cómo alcanzar la prosperidad.
 
Tenemos que dejar claro que la única teoría económica que no han experimentado los países en vías de desarrollo y por los países ricos ha sido la teoría austriaca, la teoría liberal. ¿Por qué no se da una oportunidad a estas ideas? Después de 30 años lidiando con “terceras vías” creo que ahora tenemos una oportunidad para implementar el capitalismo y debemos estar preparados para ello.
 
Ahora, yendo un poco más a la situación de tu país, ¿cuál es la situación de Bielorrusia?
 
La Unión Soviética no se colapsó, sino que se trasladó a nuestra república. Si quieres comprobar de primera mano cómo el funciona el socialismo, ven a Bielorrusia. Es una gran ocasión para investigadores y estudiantes para ver cuál es el aspecto de un moderno estado totalitario.
 
Los occidentales pueden disfrutar con su visita: calles limpias, gente hospitalaria y mujeres hermosas. Si no participas en política, si no intentas montar un negocio, si no te dedicas a la educación, entonces estás a salvo. Pero si quieres realizar cualquiera de esas actividades tendrás enormes problemas.

Tenemos prisioneros políticos y disidentes que han sido asesinados o deportados por el gobierno, pues suponen una amenaza para el hermoso “modelo socialista de Bielorrusia”.
 
No hemos tenido elecciones libres por más de 10 años; los diputados han sido nombrados a dedo por Mr. Lukashenko y su clan. Por su parte, la industria petrolera ayuda a mantener un cierto nivel de vida en Bielorrusia que es ligeramente mejor que Ucrania y mucho mejor que Moldavia.
 
Pero si observas las raíces del crecimiento bielorruso comprobarás que se trata de factores fuera del control de las políticas del gobierno de Bielorrusia. Políticas que, sin embargo, provocan que los oligarcas se vuelvan cada vez más ricos y la gente corriente cada vez más pobre. En una encuesta realizada hace unos pocos meses, el 75% de los estudiantes querían abandonar el país al no alumbrar ninguna esperanza de cambio.
 
Cuando Rusia deje de subvencionar a Bielorrusia habrá un gran desastre económico. Éste es el motivo por el que no nos creemos las increíbles cifras de desempleo de Bielorrusia, que está por debajo del 2%. Y es que, si estamos viviendo un milagro económico, ¿por qué nadie viene a Bielorrusia a establecerse?
 
¿Podríamos esperar una revolución naranja para Bielorrusia como las que previamente has descrito?
 
Vamos a tener elecciones presidenciales en unos 10 meses. La oposición democrática bielorrusa está trabajando muy duramente previendo el escenario de que la gente salga a la calle después de las elecciones. No hay ninguna posibilidad de que las elecciones sean libres, por lo que estamos ocupándonos del día siguiente a las elecciones. Y en esta situación nadie sabe si las autoridades bielorrusas empezarán a disparar a la gente o no.
 
La oposición bielorrusa está unida y mucho mejor organizada que cualquier otro partido político. Ahora mismo estamos eligiendo quién nos representará en las elecciones. Pero estamos mucho peor que la gente en Yugoslavia bajo Milosevic o en Ucrania bajo Kuchma.
 
Tú eres uno de los líderes de la oposición y también el presidente de uno de los think tanks liberales en Bielorrusia. Si llegarais al gobierno, ¿qué cambios políticos y económicos introduciríais en Bielorrusia?
 
Bueno, recientemente he publicado un libro titulado “El camino de Bielorrusia hacia el futuro”, el punto de referencia del programa político liberal de la oposición. No contiene teoremas, sino propuestas muy concretas de reforma.
 
Políticamente, la democracia parlamentaria es el mejor sistema para un país como Bielorrusia. Por supuesto, hemos de disponer de derechos humanos, entre ellos, libertad de expresión y de reunión. En este sentido, resulta prioritario privatizar la radiotelevisión pública, una reforma que ni un solo país centroeuropeo realizó, ya que todos los gobiernos quisieron conservar el control sobre los medios de comunicación. Pero debe haber libertad de entrada y competencia en este sector.
 
Reduciremos el número de ministerios de 25 a 5 y separaremos radicalmente los poderes.
 
Económicamente, queremos introducir la libre competencia entre monedas, permitiendo a los bancos crear su propia dinero respaldándola por mercancías, como el patrón oro. De hecho, haría un llamamiento a todos los bancos mundiales para que comenzaran a imprimir billetes y a acuñar monedas en Bielorrusia. Todo esto es algo que muchos teóricos monetarios están demandando; recientemente incluso el Premio Nobel Robert Mundell ha dicho que éste es el sistema del futuro.
 
En lugar de 38 impuestos propongo sólo cinco, que serían básicos y de tipo único; así, por ejemplo, un 10% en el impuesto sobre la renta y no tendríamos ni impuesto de sociedades ni IVA, fuente de corrupción continua en Bielorrusia y en su lugar tendríamos un impuesto sobre ventas al por menor. Los beneficios de este impuesto son enormes ya que los exportadores no se verían sometidos a él. En cuanto a aranceles tendríamos un tipo único de 3 o 4%, sin discriminar por bienes según su valor. Sería un sistema claro y transparente.
 
Estoy seguro de que sería el mejor sistema fiscal del mundo.
 
Tenemos una estrategia muy clara para saber cómo privatizarlo todo. No vamos a establecer exigencias a los inversores sobre creación mínima de puestos de trabajo o construcción de guarderías. Tendrán que ser subastas muy abiertas y transparentes, anunciadas en televisión, que no discriminen a nadie bajo ningún principio. El Estado no tiene ni por qué ser propietario de los edificios donde está instalado.
 
Ahora bien, sí tendremos una reducida Seguridad Social pues el Estado debe cumplir sus obligaciones con los pensionistas, evitando que la gente quede desamparada y sin pensión al privatizar el sistema.
 
Esto son prioridades de un Estado que funciona, no de uno que fracasa.
 
En otras palabras, no sólo cambiarías muchas cosas en Bielorrusia, sino también en Europa.
 
Bueno, si todo ello ocurriera estoy seguro de que habría una gran entrada de capital en Bielorrusia y ello presionaría enormemente a la Unión Europea. Por ello, aunque no queramos entrar en la Unión Europa, estoy seguro de que si todas estas reformas se llevaran a cabo, se nos invitaría a unirnos a la Unión Europa y a aceptar el acervo comunitario.
 
Con todo, espero que la presión de Bielorrusia presione a los países europeos a adoptar buena parte de nuestras reformas.
 
Hemos dicho que eres uno de los líderes de la oposición bielorrusa, pero también presidente del Mises Center, un importante think tank. En ese sentido, dado que Europa y España necesitan de reformas como las que quieres emprender en Bielorrusia, ¿qué lecturas recomendarías al movimiento liberal español para que gane la batalla de ideas contra el socialismo?
 
Si no tienes ningún conocimiento económico y tienes una mente abierta capaz de pensar por sí misma, empieza por Economía en una Lección de Henry Hazlitt, un libro muy bueno y fácil de entender. Luego, por supuesto, La Ley de Bastiat, otro excelente y simple libro.
 
Si realmente quieres entender la inmoralidad y la naturaleza inhumana del socialismo y el estatalismo, lee a Rand, que ayuda a desarrollar una filosofía de gente libre.
 
Aunque, por supuesto, el mejor libro, mi favorito, que me ayudó a entender el comportamiento humano, es La Acción Humana de Ludwig von Mises. Si bien también es recomendable leer la Teoría del Dinero y el Crédito y Socialismo, escrito en 1920 mucho antes de que nadie hubiera pensado sobre los fallos del comunismo.
 
Hay muchos grandes libros de Kirzner, Rothbard o Buchanan. Grandes escritores que han sido despreciados pero que son ciertamente impresionantes. Estoy seguro de que, así mismo, en España tenéis profesores que aprecian estos libros y que contribuyen a la causa liberal al enriquecer, modernizar y divulgar la teoría.
 
Y es que debemos superar al marxismo y al keynesianismo, creando una auténtica alternativa en el pensamiento científico. Está es la razón por la que los estatistas y muchas universidades que afirman estar a favor del pluralismo, están horrorizados por tener que combatir y discutir con la alternativa real: la Escuela Austriaca y la filosofía randiana, el liberalismo en general.
 
Muchas gracias por tu tiempo.

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