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Entrevista a la periodista kenyata June Arunga

Por Juan Ramón Rallo Julián

June Arunga es periodista y estudiante de derecho en la Universidad de Buckingham. Es autora y presentadora del documental de la BBC sobre la pobreza en África The Devil's Footpath y autora de las bitácoras Uhuru Ni Haki y African Bullets & Honey.

Occidente se está centrando últimamente en el problema de la pobreza en África. No sólo los conciertos del Live 8, sino también los ocho países más poderosos del mundo (G8) han prometido ayuda masiva para África. ¿Por qué crees que nuestros políticos occidentales y también gran parte de los ciudadanos occidentales están tan preocupados por África?

Básicamente las economías occidentales crecen y sus ciudadanos tienen cuanto quieren. Y al mismo tiempo, son bombardeados diariamente en TV con imágenes de gente sufriendo y niños muriéndose de hambre. Por ello, en tanto son seres humanos, tienen que sentir compasión necesariamente. Éste es probablemente el primer motivo: las imágenes que les remiten las ONGs que están realizando trabajo humanitario en África y necesitan dinero para sus proyectos.

Sin embargo, si bien es cierto que estas ocurren en algunas partes de África, estas organizaciones nunca mostrarán a la gente que está trabajando duramente en África, esto no son buenas noticias. Sólo interesan las imágenes angustiosas para conseguir que se done dinero. Al mismo tiempo que exponen una imagen de sufrimiento te dirán: “Por dos dólares al día puedes salvar a esta persona durante este período de tiempo”.

Así pues, no crees que la imagen que los occidentales tenemos de África sea una imagen acertada de toda África.

No, no lo es. Hay muchos países en África de los que no recibes noticias porque son noticias “aburridas”. Las imágenes de gente trabajando y prosperando no interesan; sólo las de pobreza y guerra en África. No niego que esas imágenes de sufrimiento sean ciertas, pero son solamente una pequeña parte de toda la historia.

Paradójicamente, pues, el movimiento antiglobalización utiliza campañas de marketing y ofrece al público las imágenes que quieren ver como un buen empresario.

Y les gustan los aviones capitalistas para viajar a esos países a ayudar a la gente pobre. Y llevan los zapatos capitalistas y usan las tarjetas de crédito capitalistas y, en definitiva, quieren el dinero capitalista para reducir la pobreza.

Volviendo al tema de la ayuda externa, ¿crees que se trata de un buen sistema para eliminar la pobreza de África?

No, no lo creo. No hay ni una sola evidencia histórica en la que la ayuda externa haya servido para desarrollar un país. El ejemplo que suele darse es el del Plan Marshall. Sin embargo diversos estudios realizados por el Cato Institute han demostrado que su influencia en el desarrollo de Europa fue mínimo. Los países europeos crecieron y se desarrollaron por la liberalización del mercado; de hecho, en algunos países la recuperación económica comenzó antes de que recibieran las ayudas del Plan Marshall. El Plan Marshall representaba menos del 5% del PIB y en algunos casos como Francia u Holanda el dinero recibido fue utilizado para financiar la ocupación militar de otros países.

La ayuda que ha recibido África durante demasiado tiempo representa más del 50% de su PIB. No ha habido una correlación positiva entre la ayuda externa y el desarrollo. La mayoría de los países que han recibido esta ayuda no han experimentado ningún tipo de crecimiento o incluso han padecido una reducción de su PIB. La gente que defiende este tipo de ayuda es similar a un individuo que quiera entrar en un espejo. Después de chocar contra el mismo, cree que sólo tiene que retroceder un poco más para coger carrerilla y entrar en el espejo; y cuando vuelve a golpearse sigue convencido de que no ha cogido suficiente impulso. No se da cuenta de que el espejo es infranqueable y permanece ahí. Esta gente simplemente está negando la realidad.

Aseguras, pues, que la ayuda externa es inútil para desarrollar África. Pero, aparte de inútil, ¿podría ser dañina?

Ciertamente, puede ser muy dañina. Uganda ha recibido ayuda durante mucho tiempo porque el presidente se convirtió en la niña de los ojos de Occidente después de que afirmara que ningún gobernante africano debería ocupar su puesto por más de 10 años. Veinte años después todavía retiene el poder y ha recibido prácticamente la mitad de su presupuesto a través de la ayuda externa. Veinte años después, no sólo tiene más poder que hace 10 años, sino que además intenta sacar adelante un referéndum para eliminar el límite de legislaturas que puede estar en el poder.

Estamos hablando de un señor que tomó el poder de un tirano que mató a cientos de miles de personas y que ahora intenta eliminar el límite de mandatos. ¿Qué pasaría si muriera y otro tirano similar al anterior obtuviera el poder? Desde luego no está pensando en eso. Pero sigue recibiendo ayuda externa.

En todo este período ha incrementado el gasto militar en un 20% -y desde luego no gracias a la recaudación de impuestos. Además ha utilizado este dinero para eliminar la disidencia política de su país.

África es un continente habituado a tener líderes despóticos. Darles a estos países dinero público es como darle a un niño malcriado las llaves de tu coche esperando que sea responsable. Toda esta ayuda externa socava el poder que la sociedad civil de estos países tiene para volver responsable al gobierno.

Sin embargo parece contraintuitivo pensar que la “ayuda” puede dañar al país que lo recibe. Pero, obviamente, sí ese dinero es entregado a gente como los políticos cuyo objetivo es someter a la población entonces...

No solamente el dinero que se entrega a los políticos; también los recursos procedentes de organizaciones como la FAO o ONGs son dañinos. Tenemos el típico ejemplo de gente que acude a nuestros pueblos con jeeps a proporcionar comida a sus habitantes a través de campañas de concienciación. Buscan continuamente proyectos que emprender, aun cuando en buena medida no son empresarios, ingenieros o profesionales de algún tipo; pero tienen todo el dinero que los occidentales les han dado para “hacer algo”.

Y si te das una vuelta por África verás que está repleta de proyectos a medio acabar. Por ejemplo, tienes planes para construir congeladores de pescado en pueblos que han sido durante cientos de años granjeros y que no saben pescar, no les gusta pescar, no quieren aprender a pescar y no quieren cambiar su modo de vida. En Kenya existen cientos de esas factorías que se están oxidando porque nadie las usa.

Cuando regalas comida estás distorsionando la vida de la gente. Por ejemplo, las ONGs van a países como Somalia a dar comida gratis y se lo entregan a una de las milicias que está combatiendo en la guerra civil, con lo que les sirve para continuar la guerra y seguir matando a gente.

Podemos encontrar muchos ejemplos como estos. Pero la conclusión final es que intentar desarrollar a otros seres humanos es una pretensión que difícilmente puede funcionar. Las únicas personas que saben lo que realmente está pasando en África son los propios africanos y el regalarles cosas sólo distorsiona su modo de vida.

Has atribuido buena parte de la responsabilidad del subdesarrollo de África a sus gobiernos, ¿cuál es el proceso a través del cual los gobiernos africanos destruyen el crecimiento económico?

Antes que nada, podemos hablar de las leyes que fueron impuestas durante el colonialismo en aras de una centralización gubernamental que permitiera controlar a la ciudadanía, como por ejemplo que un agricultor tuviera que vender toda su producción al gobierno. Además tenías controles de movimientos; no podías viajar sin una tarjeta de identificación, ya que la policía podía detenerte arbitrariamente, en cualquier momento, para pedirte la tarjeta.

La Corona también nacionalizó todas las tierras con lo que la gente vivía por voluntad de la Reina. También teníamos monopolios públicos, como los ferrocarriles o telecomunicaciones donde sólo el Estado podía invertir. Pero además, en las industrias no monopolizadas se necesitaba de una licencia que, en la práctica, era imposible de obtener.

Así, cuando los países africanos se independizaron se difundió la ideología de que los occidentales representaban el demonio por haberlos colonizado, mientras que la URSS, al no haber colonizado a nadie, eran los salvadores. La URSS entregaba enormes sumas de dinero a los políticos africanos al momento que les decía que si imitaban su sistema económico el país se industrializaría.

Con la independencia, los políticos africanos no sólo heredaron toda la maquinaria de expoliación colonial, sino que se acercaron a la Unión Soviética. Muchas de las restricciones coloniales todavía existen hoy en día: por ejemplo, los controles fronterizos entre países africanos son intensísimos y conseguir un pasaporte en su país de origen constituye una tarea imposible para el africano medio.

Tampoco tenemos libertad comercial, ni siquiera entre los países africanos. Si el comercio intraafricano se liberalizara, nuestra riqueza experimentaría un fuerte incremento. El agricultor de Kenya puede no tener suficiente dinero para enviar su producción a los mercados occidentales, pero sin lugar a dudas lo tiene para vender sus productos en Uganda.

La industria de los transportes también está fuertemente regulada. Hasta hace bien poco, para volar de Kenya a Nigeria tenías que pasar por Londres, ya que aún perduraban las rutas aéreas de la época colonial. De la misma manera, para volar desde Kenya a un país francófono como Senegal tenías que pasar por París. Incluso en las llamadas telefónicas tenías que llamar antes a Londres para poderte comunicar con Nigeria.

Por otro lado, la compulsión para cumplir los contratos no funciona correctamente en muchas partes de África ya que los tribunales están totalmente corrompidos. Puedes imaginar qué sucede cuando tienes un mercado floreciente donde necesitas hacer uso de los contratos pero los tribunales no pueden asegurarte que finalmente vayan a cumplirse.

Finalmente, la política monetaria de todos estos países es tremendamente inflacionaria. Cuando el gobierno quiere realizar alguna obra faraónica, simplemente imprime dinero. Así mismo, el gasto público está fuera de control, con lo cual el gobierno, al acaparar el ahorro nacional, eleva los tipos de interés de la gente corriente que se ve incapaz de emprender sus propios proyectos.

Y la lista de injerencias políticas continúa y continúa y continúa...

Entonces, podemos resumir todas estos ataques contra la economía en una mala definición de los derechos de propiedad: tanto para crear un negocio, para hacer cumplir los contratos o para poder usar libremente el dinero que deseen sin que el Banco Central envilezca su moneda.

El problema de hablar de derecho de propiedad en muchas partes de África es que, ya de entrada, la gente no sabe qué es el derecho de propiedad.

La propiedad privada incluye muchas y diversas cosas tal y como has señalado: significa que el gobierno no puede inflar el valor de la moneda; significa que si llego a un acuerdo con otra persona y finalmente ésta no lo cumple, debo poder ir a los tribunales para que lo hagan cumplir; significa que si soy propietaria de una tierra tengo que poder acreditar que lo soy, de manera que pueda disponer sobre mi tierra sin que los políticos se inmiscuyan (por ejemplo, expulsándome de mi casa, expropiándome la tierra y vendiéndola en pública subasta).

El derecho de propiedad implica todas estas cosas, incluyendo que si cultivo cualquier producto en mis tierras he de poder venderlo a quien quiera, sin necesidad de pasar por los departamentos gubernamentales.

Y, probablemente, uno de los casos paradigmáticos de este ataque a la propiedad privada sea Etiopía.

Efectivamente, Etiopía es un buen ejemplo; incluso hoy el gobierno no reconoce la propiedad privada. La gente no tiene nada que dejar en herencia a sus hijos, es todo propiedad del gobierno, quien nacionalizó todas las tierras en su período comunista.

El problema es que al Primer Ministro de Etiopía, Meles Zenawi, los periodistas len han preguntado reiteradamente por esta situación y su respuesta siempre ha sido que “no reconocerá los derechos de propiedad hasta que su partido esté muerto y enterrado”.

Hemos visto durante 20 años a gente morirse de hambre en Etiopía. La gente sólo se muere de hambre cuando no puede cultivar suficiente comida para alimentarse, y no puede cultivar suficiente comida sólo cuando no puede planificar su futuro; de manera que no puedan almacenar la comida, alquilar un tractor, o administrar su propiedad. Y la razón por la que todo esto no puede hacerse en Etiopía es porque la gente no sabe durante cuánto tiempo van a poseer sus granjas. El 50% de la tierra tiene una gran fertilidad; Etiopía debería ser el granero de la región. Pero la gente no tiene derechos de propiedad.

Por ello, uno esperaría que la prioridad de Meles Zenawi fuera emprender una reforma de la tierra que diera títulos de propiedad a sus usuarios. Pero no, su objetivo sigue siendo pedir más ayuda a Occidente.

Entonces, ¿piensas que muchos gobiernos africanos podrían no reformar deliberadamente la tierra para continuar percibiendo ayudas y mantenerse en el poder? Al fin y al cabo, el surgimiento de una clase empresarial significaría, como ocurrió en Europa, una firme oposición a su poder absoluto.

Me parece que la segunda causa es mucho más razonable que la primera. No creo que el dinero de la ayuda externa es un incentivo suficiente para mantener a la población en la pobreza. De hecho, otra poderosa fuente de ingresos de los tiranos son los impuestos y los Bancos Centrales.

Ahora bien, la cuestión del poder sí es el gran incentivo. Cuando tienes gente al borde de la subsistencia puedes organizarla y dirigirla de la manera que tu desees, puedes hacer incluso que te besen los pies. El perder todo eso poder les horroriza. Por tanto, el reto para quienes quieran ver florecer la libertad y la riqueza en África sería encontrar incentivos para que los tiranos se pudieran beneficiar en cierto modo de las reformas. Es decir, hacer que las pérdidas que sufrirían los tiranos al reformar sean de alguna manera compensadas. En caso contrario, seguirán matando a todo aquel que se oponga a su poder.

La alternativa tampoco puede ser emprender una guerra; ya ha habido demasiadas guerras en África y la gente está agotada. Hemos de pensar en una estrategia más inteligente.

Hemos hablado hasta ahora de los ataques del gobierno a la libertad y, por tanto, a la prosperidad. Ahora bien, ¿crees que son los únicos responsables? ¿Tienen los africanos algún tipo de responsabilidad en su pobreza?

Creo que tienen una gran responsabilidad. La economía no funciona. Es como tener un coche que se estropea continuamente. Es tu deber saber cómo funciona un coche y cuáles son sus problemas; es tu coche. No puedes confiar todo el tiempo en que el vecino de lo vaya a arreglar.

Es responsabilidad de los africanos preguntarse por qué la economía no marcha; no pueden estar todo el tiempo llorando a los vecinos para que les arreglen sus problemas.

Carece de sentido acusar a los demás por haberte propuesto ideas que finalmente no han funcionado. Los sádicos siempre te estarán proponiendo ideas ruines, pero ¿las aplicarías para tu propia vida? Si alguien te dice que te tires desde la azotea de un edificio, ¿lo harías? No. Es tu responsabilidad valorar qué redundará en tu propio interés y negarte a aceptar la basura de fuera.

Sólo los africanos saben en qué posición se encuentran ahora; sólo ellos saben que pasa en sus sociedades, cuál es el estado mental de la gente... Pero tienen que entender y aprender cómo se gana el dinero. Lo que África necesita son más millonarios; la gente tiene que ganar dinero y no pedir a gobiernos extranjeros que atraquen a sus ciudadanos para que les envíen su dinero en forma de ayuda.

Es vergonzoso y parece una broma. Si tu no quieres ser colonizado o esclavizado, ¿por qué pides a gobiernos extranjeros que fuercen a sus ciudadanos a entregarte su dinero? Sería mucho más sencillo decirles a los Estados occidentales: vuelvan a colonizarnos, esclavícennos, no podemos prosperar y cuidarnos por nosotros mismos.

En otras palabras, podemos decir que, en cierto modo, los africanos son víctimas de la situación actual generada por sus gobiernos, pero también responsables de ella.

Los africanos son víctimas del gobierno, pero el gobierno lo dirigen africanos. Por lo tanto, los africanos son víctimas de sí mismos. Lo único que tienen que hacer es enriquecerse o morir en el intento.

Y si los africanos son responsables, ¿no será que no tienen espíritu empresarial? Hemos dicho hasta ahora que con propiedad privada se solventarían los problemas, pero sin espíritu empresarial, ¿quién generará riqueza utilizando la propiedad privada?

Hay empresarios por todas partes. Si vas a cualquier ciudad africana podrás ver distintos negocios por las calles. Vendiendo y comprando ropa; intentarán encontrarte un comprador para tu reloj, para tu teléfono móvil, para tu coche averiado... No faltan empresarios, falta el marco jurídico que necesita el empresario. Esto es cuanto los africanos necesitan hacer.

Me gusta que hayas dicho “los africanos” y no “los gobiernos africanos”. Precisamente en África tenemos el caso peculiar de Somalia, un país que se está desarrollando sin un gobierno. En este sentido, se ve que el gobierno no es realmente necesario para “fabricar” ese marco jurídico.

No soy una especialista en Somalia, pero lo que he leído y oído de amigos cercanos es que la población sobrevive gracias a las remesas que envían los familiares. Dentro de Somalia hay 12 millones de somalíes, fuera 3 millones.

Lo que me cuentan mis amigos somalíes es que parte del país está efervescente. Sus experiencias de cómo toman el avión y aterrizan son increíbles pues lo que todo el mundo esperaría es que estas cosas no ocurrieran en anarquía, sin un Estado que las regulara. Pero, en cambio, hay numerosos vuelos a muchas ciudades del mundo.

Desde hace cuatro años, la industria aérea esta totalmente desregulada. Si tienes el dinero, compras un avión, empiezas con un avión. Si proporcionas un buen servicio creces, si tu avión se estrella pierdes toda la inversión y a los clientes. No necesitas, por tanto, que el gobierno venga a revisar el avión, existen incentivos suficientes para que lo hagan los propios empresarios.

Se trata de un negocio que está creciendo mucho; hay más compañías aéreas propiedad de somalíes que en cualquier otro país africano. Ni Nigeria, ni Kenya ni nadie; en estos países el proceso burocrático para montar una empresa es demasiado largo como para emprenderlo.

En cuanto a las telecomunicaciones se ha constatado que los somalíes tienen el mayor número de teléfonos móviles per capita de toda África. Y esto se debe, nuevamente, a que es muy sencillo crear una compañía telefónica.

El uso de Internet también está creciendo más que en ninguna otra parte de África; de nuevo por la falta de regulación. En Kenya, por ejemplo, el gobierno se ha opuesto a la proliferación de Internet porque va en contra de la “seguridad nacional”. Los empresarios tienen que seguir implorando al gobierno para empezar a ofrecer servicios de Internet.

Me parece que el único reto en Somalia está en la seguridad. Tienes que invertir, literalmente, en un ejército privado para proteger tu inversión. No conozco el resultado de todo esto, pero sería interesante estudiarlo y comprobar si puede triunfar ya que quizá, al fin y al cabo, no necesitemos Estado después de todo.

Hemos dicho antes que la ayuda externa puede ser dañina para los países. ¿Podría el altruismo de Occidente alterar las prioridades productivas de los africanos?

No es ni siquiera altruismo. En mi opinión, los macroproyectos de caridad son el lujo de los ricos. Sólo una vez que has ganado mucho dinero, entonces puedes decir a tus niños y tu familia: sed caritativos.

Pero lo que consigue son efectos perversos. La gente pobre se ha gastado todos sus ahorros para educar a sus hijos y, en cambio, una vez la ayuda externa comienza a llegar, estos no producen nada. Se especializan en pedir dinero del exterior al extranjero.

Muchos africanos prefieren especializarse en solicitar este tipo de ayuda. En lugar de estudiar economía, dirección de empresas, derecho o algún tipo de ingeniería, prefieren especializarse en Cooperación Internacional o Economía del Desarrollo, ya que ello les permite seguir percibiendo fondos. Y es, desde luego, una decisión racional teniendo en cuenta las circunstancias; empezar un negocio es complicado y arriesgado.

Pero la diferencia entre formar parte de una organización que busca el beneficio (ONG) y una que sí lo busca (empresa) es enorme. Te lo voy a describir rápidamente.

Imagina que tienes que ocuparte de 100 personas. Una ONG mira a esas cien personas y dice: “Hay cien persona hambrientas, vamos a pedir pan al gobierno americano para alimentarlas”. Y todo ello cuesta un millón de dólares; para la ONG es un gran éxito porque entre sus datos aparece que se han gastado un millón de dólares para alimentar a cien personas hambrientas. Nadie pregunta nunca: ¿podrías haberte gastado menos para alimentarlas? No, porque la medida del éxito de la operación es el tamaño del gasto.

Es más, el siguiente paso de la ONG será decir que su presupuesto es demasiado pequeño para emprender nuevos proyectos, con lo cual pedirá más fondos.

En el caso de una empresa, cuando ve a 100 personas hambrientas tienen que pensar: ¿qué vamos a hacer ahora? ¿de cuánto dinero disponemos? Los empresarios africanos que intenten producir alimentos para estas cien personas tendrán que utilizar menos dinero del que van a obtener con su venta, pues los empresarios también tienen que alimentar a sus hijos.

De esta manera, el empresario tendrá que darse cuenta de que, por ejemplo, existe un excedente de pan en esa parte de la ciudad y tendrá que comprar el pan más barato. No intentará pedir que traigan el pan desde Europa, sino que buscará la manera más barata de obtenerlo. Cuando haya descubierto el pan en esta zona de la ciudad, buscará un transportista local que esté dispuesto a traérselo al menor precio.

Al final del proceso, el pan se venderá al precio que las 100 personas hambrientas puedan pagar, minimizando los costes.

Con los empresarios, todo se haría eficiente en todas partes; es más, todo el mundo aprendería algo nuevo acerca de cómo solucionar el problema del hambre. El transportista, por ejemplo, sabe que tiene una nueva tarea, que tiene que respetar el contrato, que tiene que transportar el pan al menor precio posible para mantener el trabajo, etc.

En otras palabras, si el empresario quiere seguir en el negocio de vender pan, tendrá que producir a menor coste que el precio que las cien personas hambrientas están dispuestas a pagar.

Todo el mundo mejora y los hambrientos obtienen pan al precio reducido que ellos pueden pagar. La riqueza crece. Comparado con la ONG, estamos ante un paradigma muy distinto de enfrentarse al problema de la pobreza.

Cuando miro a África y veo todos los problemas, estoy viendo oportunidades empresariales. En Occidente tenéis a gente joven con ideas que intenta convencer a los capitalistas para que le presten dinero de manera que pueda incrementarlo. En África, la respuesta a los problemas es: “necesitamos que Occidente nos alimente”. Los africanos deberían salir de las escuelas y buscar oportunidades de negocio, no maneras de pedir dinero a los gobiernos extranjeros.

Acabas de mencionar, precisamente, un tema interesante: la educación. Mucha gente justifica la ayuda externa porque piensa que los africanos son gente analfabeta y que, por tanto, sin un sistema educativo, será imposible que algún día prospere. ¿Crees realmente que la única manera de que los africanos obtengan una educación es a través de la ayuda externa?

Soy consciente de que muchos occidentales creen la educación es la panacea. Pero si yo voy a EEUU sin educación me puedo convertir en millonaria. Todo lo que necesitas son tus ojos, tus orejas, tu cerebro y mantener tus promesas. Si vives en una economía libre, donde todo el mundo trabaja lo mejor que puede para sobrevivir, conseguirás sobrevivir.

Alguna de la gente más rica de Kenya, a la que conozco personalmente, nunca ha ido a la escuela. Conozco a un hombre que es propietario de la mayor cadena de tiendas en Nairobi, la capital de Kenya, que nunca fue a la escuela, pasó toda su infancia en la calle. Sus padres eran demasiado pobres para pagarle la educación.

Empezó a recolectar plásticos para reciclar y así pudo comenzar su negocio. Primero compró una tienda, luego otra y al final toda una cadena. Incluso en esta economía primitiva, tienes gente que nunca ha ido a la escuela y que gana mucho dinero. No necesitas realmente tener una educación; es más, hay países donde la gente está muy bien educada pero siguen siendo muy pobres. Rusia es un buen ejemplo.

En Europa tenemos la visión de que si el Estado no provee la educación, sólo las clases más pudientes serían capaz de pagarla. ¿Hay empresas en África que oferten educación a precios muy reducidos para los pobres? Es decir, ¿la gente más pobre de los países pobres tienen acceso a la educación privada?

Existen por todo el mundo, también en África. Mi organización en Kenya ha colaborado con James Tooley, de la Universidad de Newcastle, en un estudio sobre la educación en el mundo para la gente pobre (en países como China, India, Nigeria, Kenya...). Ha descubierto que, cada vez más, incluso en países con educación pública, la gente más pobre –esto es, estamos hablando de la gente más pobre de los países pobres- y que quiere un nivel más elevado de educación o que, por ausencia de plazas no puede acceder a la educación pública tiene acceso a educación privada.

Así, muchos han creado escuelas privadas dentro de sus hogares, de manera que al final puedan examinarse en la Prueba Nacional. Y el gran problema que tienen es el gobierno: rechaza licenciarlos y reconocer su educación a pesar de aprobar el examen.

Todas las escuelas privadas, incluso las más poderosas, han empezado de una pequeña idea que ha ido aumentando su rango de clientes al mejorar sus servicios. Este es un fenómeno interesante.

Precisamente, creo que en zonas donde existe una auténtica necesidad el gran error consiste en creer que sólo el gobierno debe proveer esos servicios.

Es una lección que no solamente tienen que aprender los europeos para el caso de África, sino los europeos para el caso de Europa. Cambiando ligeramente de tema; tradicionalmente los liberales han pensado que la causa principal de la pobreza en África son los aranceles occidentales. ¿Qué hay de correcto y de incorrecto en esta afirmación?

Lo que hay de correcto es que siempre que la gente que quiera vender sus productos a un cierto mercado y alguien insiste en que tienen que pagar una gran cantidad de dinero para que sus productos crucen la frontera, simplemente desisten. El precio aumenta y los clientes dejan de estar interesados.

Durante mucho tiempo, los europeos han impuestos aranceles a los productos agrícolas en los que los africanos teníamos una ventaja comparativa. Además, estos aranceles se colocaban de manera escalonada, de menor a mayor elaboración: cuando introduces materias primas los aranceles son escasos pero conforme vas añadiendo valor, el arancel aumenta. Por ejemplo, si tu vendes a la Unión Europea granos de café, el arancel es pequeño, pero cuando tostas esos granos, el arancel se incrementa en mucho. Por tanto, el incentivo es el de enviar a la Unión Europea las materias primas. En este sentido, por ejemplo, si algún empresario americano tenía pensado establecer una fábrica de café en Kenya, lo sensato es montarla en EEUU y comprar a Kenya los granos de café en su forma más primaria.

Otro problema son los subsidios que los gobiernos occidentales han dado a sus agricultores para cultivar grandes cantidades de productos agrarios y luego enviar el excedente a África, normalmente a un precio por debajo del de mercado. Esto tiene el problema de distorsionar el mercado.

Así, si eres un agricultor de Kenya y cultivas trigo, por ejemplo, y los agricultores de EEUU se les paga para sobreproducir, hasta el punto de que su gobierno envía a Kenya el excedente de trigo, los agricultores de Kenya cosechan el trigo y lo ofrecen a los consumidores, pero todos se inclinarán por comprar el trigo barato de EEUU.

Y el próximo año, nuestros agricultores, anticipan esta situación, y cultivan menos trigo. Sin embargo, por razones políticas –como que el gobierno de Kenya se porte mal- no se manda trigo suficiente de EEUU y tenemos una carestía.

Durante mucho tiempo la gente se ha quejado de toda esta situación. Sin embargo, las últimos acontecimientos e investigaciones nos muestran que esta no es, en realidad, la principal causa de la pobreza.

Primero, EEUU ha firmado hace poco un acuerdo comercial con muchos países africanos denominado Africa Growth and Opportunity Act (AGOA) y este acuerdo establece que los textiles de siete países en África pueden venderse en EEUU sin ningún tipo de arancel. De esta manera, a cada país se le dio una cuota para llenar. Muchos de esos países ni siquiera llenaron la cuota.

AGOA tenía sus problemas, pues tenía fecha de caducidad. Así, en términos de inversión, sabe que tiene que rentabilizarla en ocho años. Pero aun así, como africana, pienso que no es el problema esencial, ya que las instituciones necesarias para que se produzca el crecimiento siguen estando ausentes en África.

Ya no se trata solamente de los inversores extranjeros que no llegarán a entrar, sino de los propios africanos que no se convertirán en empresarios por la ausencia de estas instituciones. África debería ser el sitio del mundo más rentable para invertir. Pero es un sitio muy inestable donde invertir.

Piensa en Zimbawe. Si tu compañía anuncia que va a invertir en Zimbawe, el valor de sus acciones caerá inmediatamente. Los accionistas se pondrán nerviosos; no importan las enormes oportunidades de beneficio, la incertidumbre es aún mayor. O Sudán, donde el gobierno envía arbitrariamente al ejército contra cualquier individuo.

Incluso en un sitio como Kenya donde ha habido cierta estabilidad últimamente, hay una gran cantidad de políticas arbitrarias. Teníamos una Comisión independiente para liberalizar las telecomunicaciones que había funcionado bastante bien; pero recientemente uno de nuestros ministros, yendo más allá de sus funciones, simplemente despidió a toda la comisión y colocó a sus amigos. Esto son señales de un país inestable.

Los occidentales también suelen decir que otra prioridad para solucionar los problemas de África es condonar la deuda externa, ¿cuál es tu opinión sobre el tema?

Es una mala idea. Es mala porque acarrea el mito de que los africanos tienen un derecho sobre el resto del mundo. Lo que diría a la gente que tiene buenas intenciones proponiendo estas cosas es que, como africana, queremos hacer negocios y tener relaciones con vosotros; pero al final de la transacción quiero quedarme con mi dignidad.

Quiero daros algo a cambio de mi dinero, no quiero que seas el único que da. No quiero que seas el Señor y yo una especie de niño tonto. Si yo tomo algo tuyo tengo que repararlo. Si los europeos han dado dinero para algún proyecto y algún loco africano se queda todo el dinero, hagamos que lo devuelva. Es la única manera de empezar con buen pie. Tenemos que someter a los gobiernos africanos a lo mismos patrones que cualquier otro gobierno del mundo; no necesitan reglas especiales. Las reglas especiales se convierten en absurdas y se pierde el control.

La gente que opina que Occidente le debe algo a África quizá tenga algún tipo de razón en el fondo, no lo sé. Pero sí sé que no es lo mejor para África que continúe pensando así. Y cuanto antes se sobrepongan y la gente empiece a tener respeto por el prójimo, más pronto prosperará África.

Ellos no son especiales, si pidieron dinero prestado tienen que devolverlo. El país aún necesita pedir prestado dinero, no se trata de cancelar la deuda de una vez por todas. La gente tiene que ser responsable del dinero prestado.

Pasemos a las dos últimas preguntas, sobre política nacional. Nuestro Presidente Zapatero ha relacionado en numerosas ocasiones pobreza con terrorismo. Esto puede tener dos interpretaciones, la primera es que los pobres se convierten en terroristas.

Conozco mucha gente pobre y honesta. Ser pobre no es una excusa para convertirse en un ladrón o en un asesino. No lo es. La pobreza puede conducirte a robar pan o quitarle el dinero a una viuda si te estás muriendo, pero no es una excusa para matar a gente. Osama Bin Laden es muy rico, viene de la realeza saudí, pero ha decidido ser un terrorista.

La segunda interpretación de su afirmación es que los ricos idealistas viendo la pobreza en África deciden inmolarse en un acto de protesta.

¿Quién se ha suicidado a causa de la pobreza? Se han inmolado por sus creencias políticas o religiosas. No están diciendo: “Oh, la gente es pobre, voy a hacerme volar por los aires”. Ningún terrorista ha dicho nada de eso. Perdóname pero vuestro presidente es un ingenuo. No puedo decir otra cosa.

Para terminar. Nuestro “ingenuo” presidente ha propuesto en la ONU un proyecto denominado “Alianza de Civilizaciones” para solucionar el terrorismo. Una especie de hermandad entre las distintas civilizaciones... [completa mirada de asombro y estupefacción], sí, estoy hablando seriamente. Un proyecto muy típico de la ONU como los “Objetivos del Milenio”. ¿Crees que todos estos megraproyectos burocráticos tienen alguna utilidad?

(Silencio con cara de sorpresa y extrañeza)

Creo que todos los seres humanos son potenciales empresarios. Si les dejas vivir, empezarán a comerciar, trabajar y crear riqueza. No sé que tiene todo esto que ver con los Objetivos del Milenio.

Sobre el terrorismo, no soy una especialista en él. No entiendo cómo la gente puede suicidarse, pero por lo que observado no me parece que el diálogo sea algo en lo que estén interesados. No lo sé, quizá sí, pero no me lo parece. La mejor manera de pacificar el mundo no es a través de los políticos, sino dejando a las gentes que se conozcan.

Implantar la libertad de movimientos de personas o de mercancías haría mucho más para terminar con el terrorismo. Cuando los chinos hace unos años descubrieron un avión espía de EEUU en su territorio tuvieron que pensárselo dos veces antes de bombardear EEUU, y EEUU tuvo que pensárselo dos veces antes de bombardear China, ya que ambos países tienen enormes inversiones en el otro.

La mejor manera de pacificar a alguien es hacerlo interdependiente, tener lazos económicos con él. Esto hace que los extranjeros se preocupen por ti; no porque les gustes, sino porque te necesitan para alcanzar lo que quieren.

Y es que no todos los musulmanes, ni mucho menos, son terroristas. Tengo amigos musulmanes horrorizados por el uso que se está haciendo de su religión. Depende de ellos evitar que estos actos malvados se reproduzcan; están mejor situados para frenar a quienes los perpetran.

Los grandes proyectos, como la Alianza de Civilizaciones, de forzar que la gente se entienda y se quiera no sirven para nada. Es mucho menos efectivo que la interacción espontánea y voluntaria de los individuos. La gente cruza las fronteras, se enamora y se casa. Una japonés vive en Nueva York y está desarrollando ideas de cómo satisfacer a un francés. Soy muy escéptica sobre la planificación central en cualquier proyecto, incluida la interacción social.

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