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El misterio del capital Idea
El misterio del capital

Hernando de Soto
Diana, México, 2002
287 páginas

El mundo de la propiedad

Por Eduardo García Gaspar

Cortesía de ContraPeso.

Piense usted en ser propietario de un inmueble, el que sea, y no estar en posibilidad de usarlo para otra cosa que vivir en él. No lo puede vender porque usted no es el dueño legalmente reconocido. Más aún, si trata de legalizar esa propiedad, eso le tomará unos ocho años y mucho dinero, más del que usted gana.

Ahora imagine que todos sus vecinos están en las mismas condiciones que usted. ¿Será sencillo conseguir una hipoteca para hacer mejoras en la casa o para abrir un negocio? ¿Querrá alguien invertir en colocar teléfonos en esa zona? No es un problema de propiedades físicas, sino de derechos reconocidos de propiedad, legales y formales.

Las posibilidades de desarrollo económico son mayores para quienes tienen derechos de propiedad legales y formales. Ellos pueden ser fácilmente identificados por sus acreedores y deudores, pueden comprar y vender sus propiedades, inspiran confianza en los demás. Pero el que a pesar de ser propietario no tienen sus derechos reconocidos no tiene tantas probabilidades de mejorar.

Este resumen de Ama-Yi® está tomado de la obra de Hernando de Soto, El Misterio del Capital, ¿porqué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo?, Diana, 2001, pp 65-92.


La reveladora obra del autor da en el inicio dos piezas de información clave. Primero, sus cálculos acerca del valor de los activos que actualmente están en una situación extralegal de propiedad, típicamente en manos de los "pobres". Según de Soto, de manera conservadora esos bienes tiene un valor de 9.3 billones de dólares (sí, millones de millones) y ese valor se encuentra en los países pobres.

Esa cantidad, para ser puesta en perspectiva, es comparada con otras mediciones. Tome usted el valor de las bolsas de valores de los 20 países más desarrollados y esa cantidad es un poco menos de lo que tienen los países pobres. Es 46 veces mayor a todos los préstamos dados por el Banco Mundial en las tres últimas décadas. Es 93 veces más que toda la ayuda dada por los países industrializados a esas mismas naciones en el mismo período.

Visto de otra manera, el problema principal de los países pobres no parece ser el de carecer de recursos. Ellos tienen más de nueve millones de millones de dólares en propiedades que no están incluidas dentro de su marco legal.

Segundo, otro dato revelador, o mejor dicho una serie de ellos. Para crear una empresa pequeña, un taller de costura en Perú, de hacerlo legalmente ello toma 289 días, con seis horas diarias, y más de mil dólares, o sea, 31 veces el salario mínimo local. Otro caso, para obtener autorización legal y construir una casa en una propiedad estatal en ese país, toma casi siete años y 207 pasos administrativos. La titulación legal requiere 728 pasos.

En Egipto, para comprar e inscribir legalmente un lote desértico de propiedad estatal, se requieren 77 pasos burocráticos en 31 oficinas públicas y privadas, lo que toma entre 5 y 14 años. No es sorpresa que casi cinco millones de familias egipcias hayan optado por la construcción ilegal.

Entonces, puede verse en panorama general. Existe una enorme cantidad de bienes no registrados en las naciones no desarrolladas y esa carencia de registro legal se debe a un embrollado, tardado y caro sistema de legalización de la propiedad.

Sumando esos dos datos, sencillamente se ve que existen 9.3 millones de millones de dólares en los países subdesarrollados de propiedades que no son formales, ni están reconocidas por la ley. Sí, son ciertas las imágenes de pobreza que estamos acostumbrados a ver, la del niño africano muriendo de hambre y la del mendigo en la India.

Pero esas imágenes no representan la realidad de las propiedades con valor de millones de millones de dólares que hay en esos países. Más representativo de esa pobreza es la del hombre y la mujer que con gran esfuerzo han construido con sus ahorros una casa y que están trabajando en una empresa que quizá esté dentro de su propia casa.

El gran punto del autor es ése. Existe en esos países una enorme cantidad de recursos, bienes y propiedades, pero que ellos están allí, desaprovechados por no ser parte de la propiedad legal.

Si esos millones de millones de propiedades y patrimonios pudieran ser legales, otra sería la historia de los países en desarrollo. De Soto hace mucho énfasis en distinguir entre la casa y el título de la propiedad de esa misma casa. La casa está en un mundo físico y tangible, pero el título de su propiedad está en un mundo conceptual. El potencial económico no está en el mundo físico, sino en el mundo conceptual.

Dentro de los países desarrollados ese mundo conceptual de propiedades actúa como un seguro de los intereses de las partes que interactúan entre sí. Además crean seguridad y confianza con la información que contienen. Por ejemplo, el uso de inmuebles como garantía de préstamos, para comprar y vender, para servir como domicilio y recibir notificaciones y cuentas.

Es decir, la propiedad física existe, allí está sin que nadie lo pueda dudar. Pero sucede que por no ser parte de un registro formal de propiedad, esa propiedad física es un bien desaprovechado. Más o menos como tener dinero pero no poder usarlo.

Ese mundo conceptual de la propiedad está integrado en su solo sistema conocido por todos en los países desarrollados. Es decir, en esas naciones existe un sistema de registro de propiedad, el que no tiene mucho tiempo, pues el más viejo data de hace unos 200 años. Los países desarrollados, por tanto, se enfrentaron al mismo problema de hoy en los países pobres.

Esta es una estandarización de la información que unieron a miles de distintos sistemas de registros de propiedad que antes existían. La propiedad formal, legal y reconocida en un sistema único, dice de Soto, crea individuos donde antes sólo había masas. La propiedad, en ese mundo conceptual, permite que la persona se individualice y ligue a sus propiedades sin depender de nadie. Las propiedades de la persona son distinguibles de las de los demás, al igual que sus negocios.

La persona sale del anonimato de la masa y puede ya ser responsable usando sus propiedades. Si comete algún delito, si deja de pagar impuestos, sus propiedades son fácilmente identificadas, lo que crea en las personas un sentido de responsabilidad.

Más aún, cuando se es un propietario legalmente reconocido, la propiedad tiene valor por el simple hecho de poder ser vendida a otros. Una propiedad extralegal no tiene ese valor. Y no sólo eso, las propiedades en ese mundo conceptual, permiten que los activos que ellas representan sean capaces de acomodarse a diferentes situaciones.

Un negocio no tiene que tener un solo dueño a pesar de estar en una sola propiedad, pues su propiedad puede dividirse entre los inversionistas. La propiedad rural que un padre hereda a sus hijos no tiene por qué dividirse en partes cada vez más pequeñas, pues si ellas pueden venderse adquieren valor para el que las compra y el que las vende.

Las consecuencias de la propiedad formal entran, además, en una especie de círculo virtuoso formando redes que se autoalimentan positivamente, liberando el potencial económico de las propiedades físicas. Con propiedad formal se incentiva la creación de abastecimiento de electricidad, lo que permite acceso a energía que, por ejemplo, hace más seguras las calles, lo que reduce costos y permite identificar individualmente el cobro de servicios, lo que añade valor a la propiedad y facilita préstamos, lo que abre oportunidades de inversión.

¿Puede ser sujeto de crédito alguien que no puede ser identificado con sus propiedades? Aunque de hecho tenga posesiones, la realidad de no ser propiedades reconocidas formalmente le impide aprovechar sus propiedades como pudiera.

Lo que la propiedad formal hace es extraer de los inmuebles su potencial de uso y aprovechamiento. Esa propiedad en el mundo conceptual da a las propiedades usos que van más allá de su utilización como refugio y protección personal. Y no se trata de tener sistemas de titulación de propiedad, sino de un sistema de redes de propiedad que las personas usan de acuerdo a sus intereses.

Porque hay una diferencia vital en esto, que es la distinción entre la protección a la propiedad y la protección a la transacción. Un ejemplo, para vender unas vacas en un país no desarrollado la persona se ve obligada a llevar sus vacas al mercado y mostrarlas, cuando en los países industrializados no es necesario hacerlo pues los sistemas de propiedad tienen información necesaria para la transacción y los títulos de propiedad de las vacas bastan para venderlas, por ejemplo en la bolsas de valores y commodities.

Lo que de Soto hace, al final, es mostrar que los países subdesarrollados no tienen carencias de recursos como principal problema. Allí está ese cálculo de más de nueve millones de millones de dólares en propiedades y que es conservador, pero que se encuentra enterrado en sistemas de propiedad informal, extralegal, lo que impide que esos recursos sean aprovechados como capital para el desarrollo.

Sin reconocimientos legales de propiedad, sin sistemas de información sobre las propiedades, sin protección a las transacciones de propiedades, todos esos recursos son desaprovechados, cuando ellos contienen la clave para la solución de los problemas de miseria que sufren tantas naciones.

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