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Las cuitas del camarada Shostakovich

Por Francisco Moreno

"El arte pertenece al pueblo", Lenin

Hay muchas cosas que no pueden ser controladas por los poderes políticos, entre ellas el arte. Boris Pasternak lo expresó claramente cuando afirmó que el arte es inconcebible sin una libertad y una audacia imaginativas, que siempre es una sorpresa, que no se puede prever lo imprevisible ni gobernar lo ingobernable. El escritor ruso vivió en la URSS y tuvo la valentía de decir casi siempre lo que pensaba. Mucha gente había muerto por decir mucho menos, especialmente durante la época del terror de los años treinta. Se salvó porque la tiranía estalinista era caprichosa y no vio más que a un soñador inofensivo encerrado en sí mismo.

El joven revolucionario: primeras sinfonías y La nariz

Dmitri Dimítrievich Shostakovich (1906, San Petersburgo – 1975, Moscú) fue un hijo de la revolución comunista. Nació después de los sucesos la revolución rusa de 1905 en San Petersburgo, ciudad cultural por excelencia de Rusia.

El joven Dmitri apoyó la Revolución de Octubre capitaneada por Lenin como tantos otros hombres y mujeres de buena voluntad que desaprobaban la tiranía de los gobiernos de los sucesivos zares. Tenía apenas once años. Luego vinieron las evidencias: el sistema soviético fue un experimento social que acabó en rotundo fracaso económico y moral y que mostró tan solo eficacia para convertirse en una máquina de hacer picadillo a los seres humanos y a sus ideas.

En la década de los años veinte existía en la URSS, empero, una cierta sintonía de las autoridades políticas con las manifestaciones artísticas. La vanguardia era tenida por una aliada para socavar el arte y la mentalidad burgueses. El comisario popular para la Educación, Anatoli Lunacharski, dejó expresarse libremente a los artistas. Fue un periodo único e irrepetible (también para la Europa occidental en general).

Existieron dos asociaciones musicales en la URSS en los años veinte: la Asociación de la Música Contemporánea (creada en 1923), abierta a las corrientes vanguardistas europeas del momento, y la Asociación Rusa de Músicos Proletarios (la RAPM), homóloga de la de escritores (RAPP) y caracterizada por un ciego fanatismo marxista que intentaba reventar cualquier iniciativa que no estuviese dirigida a promover el socialismo científico entre las masas.

En su época de estudiante Shostakovich trabajó como pianista en salas de cine cuando las películas eran aún mudas. Asimismo compuso bastante música para películas a lo largo de su carrera. Sin duda se benefició de la apertura de la Asociación de la Música Contemporánea, que acogía con naturalidad las representaciones de los compositores contemporáneos que escribían lo más rabiosamente moderno de aquellos momentos (Prokofiev, Schönberg, Berg, Bartók, Falla o Hindemith). Allí conoció en 1927 a Iván Sollertinski, director de orquesta, musicólogo y filólogo, que le dio a conocer la obra de Mahler y la de otros músicos de vanguardia.

La Sinfonía nº 1 de Shostakovich, escrita en 1925 a los 19 años, se estrenó en la antigua Petrogrado . Pese a las influencias de sus mayores (Prokofiev y Stranvinski) que se aprecian en ella, era ya una sinfonía personal y redonda. Tuvo enseguida un reconocimiento internacional. No pudo tener mejor comienzo como compositor de sinfonías. Ese mismo año Serguei Eisenstein realizó también su memorable película El acorazado Potemkim.

Como buen hijo de la revolución comunista, compuso Dmitri seguidamente sus Sinfonías nº 2 y 3, ambas con coros finales de escritos de inspiración marxistas sobre Octubre y el primero de Mayo, verdaderos panfletos políticos.

Con la ópera La nariz (basada en un cuento de Nicolai Gogol) Shostakovich iniciaba (1929) una prometedora carrera también en las artes escénicas. El argumento surrealista (una nariz que se desprende del rostro de un funcionario negándose a volver a su sitio) sirve para expresar una música experimental e irónica. Por entonces el joven Shostakovich parecía que iba a comerse el mundo (artístico). No contaba con los salvajes ataques de los rapmovski –los miembros de la RAPM– que hicieron lo imposible por que dicha ópera no continuara en cartel al no ser de interés para la clase proletaria por tratar de temas modernistas; se le acusó, por tanto, de ser puro ejercicio de escapismo antisoviético (no se reestrenaría hasta pasados 44 años).

Tengamos en cuenta que para los cachorros de la RAPM prácticamente toda la música anterior a la Revolución era sospechosa. Bach era "un hombre de iglesia", Schumann "un antisocial y ultraindividualista", Tchaikovski era "un espíritu degenerado, parásito de la aristocracia rusa" y Rachmaninov "un bandido de la guardia blanca". Rebosaban, como se ve, de cultura proletaria musical.

Stalin se hace dueño de un poder omnímodo

Una vez consolidada la sucesión de Lenin en manos de Stalin, decretó este último el final de la NEP, puso en práctica el primer Plan Quinquenal (1928), derrotó a sus últimos opositores en el Politburó (1929), colectivizó brutalmente todo el campo soviético y realizó las consabidas purgas tras el asesinato de Sergei Kirov (diciembre de 1934) justo cuando Stalin empezó a preocuparse por el poder cada vez mayor que Kirov adquiría. Llenó de prisioneros y esclavos los gulags a lo largo y ancho del país. El "papa Stalin" causó no menos de quince millones de muertes antes del estallido de la segunda guerra mundial.

Las artes no escaparían tampoco a su mirada. Con la excusa de que los enfrentamientos entre la RAPM y la Asociación de la Música Contemporánea iban a más, el Partido Comunista decidió abolir en 1932 todas las asociaciones privadas o semi-oficiales y creó un sindicato unificado de músicos, la Unión de Compositores Soviéticos, que dependería directamente de las paternalistas directrices del Partido encargado de dar la "adecuada" orientación ideológica en el terreno musical a través de la revista oficial Música Soviética. Asunto resuelto. Lo mismo sucedió con el gremio de los escritores, cineastas (a los que Lenin dio mucha importancia), arquitectos o periodistas. Todo iba cayendo en manos del control público.

Lady Macbeth y primera amonestación pública en la época de terror estalinista

El mayor escollo que tuvo Shostakovich no fue agradar al público, lo que consiguió desde el inicio de su carrera, sino agradar al Partido Comunista y sus burócratas. Esa fue su cruz a lo largo de toda su vida.

El estreno de la ópera de Shostakovich Lady Macbeth del distrito de Mtsensk en 1934 supuso un éxito considerable tanto en Leningrado como en Moscú. Tras numerosas representaciones en ambas ciudades, Stalin decidió acudir a una de ellas a finales de enero de 1936. Quedó horrorizado.

Pasados dos días, el periódico oficial (Pravda) publicaba una dura crítica contra dicha obra operística en un artículo en que acusaba a Shostakovich de componer caos y no música y de alejarse de los cánones del realismo socialista. La Unión de Compositores Soviéticos se reunió de manera urgente para dar su apoyo a la línea oficial marcada por el Pravda. Shostakovich fue criticado y amonestado públicamente por crear música burguesa y formalista; se le declaró enemigo del pueblo. Fue degradado moral y económicamente. Sólo unos pocos amigos, entre ellos Sollertinski, salieron en favor suyo.

El Estado ha sido (y sigue siendo) un referente moral para todo colectivista. En aquellos tiempos no sólo se limitaba a señalar qué producción y qué lecturas eran las más convenientes, sino que decidía también qué tipo de música debía componerse (por increíble que esto nos parezca ahora). Tal vez en el futuro también sorprendan otras decisiones tomadas por el actual Estado social y que afectan a la vida privada de las personas.

A ojos de Stalin el argumento de la ópera de Lady Macbeth del distrito de Mtsensk era una degradación: una mujer (Katerina Ismailova) mata a su marido y a su suegro (por cierto, a este último con unas setas aderezadas convenientemente con matarratas) para casarse con su criado-amante. Al ser descubiertos son deportados a Siberia. Allí el mancebo semental corteja a otra prisionera que es también asesinada por la protagonista, tirándose y ahogándose con ella en el río helado.

Se sabe que Stalin no comía nada a no ser que sus asesores más cercanos, incluyendo a Malenkov y Nikita Khrushchev, hubiesen probado primero delante de él la comida (Khrushchev dio probablemente los bocados más grandes para hacer méritos). Además de la música, a Stalin seguramente no le hiciera ni pizca de gracia la escena de las setas envenenadas de la ópera de Shostakovich. La obra fue fulminantemente retirada de los carteles. Sólo se volvería a representar muchos años después en la época del deshielo con el nombre de Katerina Ismailova y con el argumento cambiado por los censores.

A los pocos días del incidente con su Lady Macbeth le cayó otra reprimenda desde la prensa gubernamental al criticar su ballet El arroyo claro pues un asunto tan serio como la vida en los koljós soviéticos era tratado de forma indecorosamente frívola (esto era imperdonable para los burócratas planificadores). Estaba claro que iban a por él.

Para ahorrarse estas críticas oficiales, Shostakovich optó por abandonar en lo sucesivo las composiciones de ópera y ballet. Sólo al final de su vida hizo dos pequeñas aportaciones a dichos géneros, que quedaron privados de las creaciones de un genio musical.

Por aquellas mismas fechas estaba ultimando su Sinfonía nº 4, composición gigantesca de inspiración mahleriana; una de sus sinfonías más importantes, aunque difícil por sus numerosos sesgos vanguardistas. Ante la reprimenda pública recibida de los burócratas de un régimen asesino a principios de 1936, finalizó apresuradamente su composición y la retiró prudentemente de los ensayos. Pero a diferencia de la ópera y el ballet, no abandonó nunca la creación sinfónica a lo largo de su vida compositiva.

Entre 1936 y 1938, se sucedieron las purgas estalinistas más criminales de todo su historial criminal. Ser acusado de enemigo del pueblo o de antisocial, no era ninguna broma. Muchos artistas fueron ejecutados por aquellas fechas, tales como Isaak Babel, Osip Mandelstam o Vsevolod Meyerhold (este último, director de teatro, colaboró con Dmitri en varias ocasiones).

El caso del mariscal Tujachevski

Frente a las humillantes (y peligrosas) admoniciones públicas Shostakovich buscó la protección de su buen amigo el mariscal Mijaíl Tujachevski, melómano y persona cercana al compositor que había estado varias veces en su domicilio. Su apoyo decidido fue psicológicamente importante pues varios parientes cercanos a Shostakovich serían detenidos o deportados por los efectos de las purgas (hermana y cuñado).

El 13 de junio de 1937, el mariscal Tujachevski fue fusilado por el NKVD junto a otros militares por ser sospechosos de uno de los muchos complots que bullían por la cabeza de Stalin. Asimismo fueron arrestados todos aquellos que hubiesen tenido alguna relación con los ajusticiados. Shostakovich fue inmediatamente llamado a declarar para que confesase todo lo que sabía de la supuesta trama. El comisario que llevaba su caso le volvió a citar a los dos días para someterle a un interrogatorio de tercer grado pero, al presentarse, su comisario ya no estaba (¡había sido también fusilado por orden del NKVD!). Su amigo Shiliaiev, conocido también del mariscal, no tuvo tanta suerte, pues perdió la vida en uno de aquellos interrogatorios. Podemos imaginar perfectamente la angustia que le produjo todo aquello a Shostakovich.

A raíz de estos sucesos, el "peligroso" músico, que tan sólo tenía por armas su lápiz y su papel pautado, tuvo por costumbre a finales de los años treinta dormir vestido y tener preparada una maleta de mudas por si era llamado en mitad de la noche por los agentes del NKVD. Los ticks nerviosos y su afición a la bebida ya no le abandonarían el resto de su vida.

Sinfonía nº 5: respuesta musical a una crítica injusta

Para redimirse ante sus censores musicales y políticos del poder central tenía que demostrar que era un compositor de valía y que, además, cumplía puntualmente con los presupuestos de la música socialista. El resultado fue... una obra maestra, su Sinfonía nº 5 en re menor, Op. 47(escrita entre abril y julio 1937). A pesar de que su estilo dejó de ser excesivamente disonante o vanguardista, la calidad musical no decayó en ni un solo compás de dicha sinfonía en contra de lo que cabría esperar. Baste recordar su penetrante movimiento inicial (I,II) o su soberbio adagio (I, II).

El éxito de su quinta fue considerable y se ganó de nuevo el favor de los críticos y del partido. En mitad de aquella mediocridad insufrible impuesta por una elite política sectaria, Shostakovich salvó su cuello pero sin traicionar su quehacer artístico, aquello por lo que le merecía la pena estar vivo.

Fue una época de enorme tensión interna. Es difícil imaginar el grado de opresión psicológica que sufrió toda la población rusa durante la tiranía de Stalin (sólo amortiguada parcialmente en el interludio de la guerra contra los nazis).

Volcado hacia la intimidad de la música de cámara

La lucha por tener que agradar a los dirigentes políticos fue un verdadero tormento para este honesto compositor. Este dilema lo resolvió con dos tipos de composiciones: por un lado, con las sinfonías pretendió la aprobación política (o, al menos, su no condena) sin caer en la complacencia y, por otro, buscó su expresión más individual y adusta con la música camerística o de pequeña orquesta. Probablemente, la música de cámara fue para él un campo de experimentación y expresión de ideas que le hubieran sido censuradas en sus piezas sinfónicas más populares.

A partir de 1938 (tras la recriminación pública de su ópera Lady Macbeth y de su ballet El arroyo claro) nuestro protagonista empezó a desviar su vocación de compositor hacia la música de cámara, especialmente para la formación clásica del cuarteto de cuerdas. La crítica es unánime hoy al considerar los cuartetos de Shostakovich (segundo tercio del siglo XX) como la cima de la música cuartetística del pasado siglo XX junto con los de Bela Bartók (primer tercio del siglo XX).

De esta época es también la Suite para orquesta de jazz nº 2(1938) que venía a completar la primera realizada en 1934. Shostakovich manifestó siempre una admiración por la música de jazz (si bien tuvo pocas oportunidades de escucharla). Esta inclinación era del todo inconveniente, pero en sus "pequeñas obras" como estas suites para orquesta le rindió tributo. Además, en la segunda Suite compuso uno de los valses más famosos y melancólicos desde que la saga de los Strauss dejara de componerlos. En dicho vals el saxofón lleva la voz cantante. Shostakovich era incorregible.

Dentro del ámbito camerístico son imprescindibles su Quinteto de cuerda y pianoen sol menor Op. 57 de 1940, de poderosas y hondas melodías y su Trio nº 2 en mi menor Op. 67 estrenado en la liberada Leningrado de 1944. Dicho Trío fue compuesto en memoria de su íntimo amigo judío Ivan Sollertinski, muerto ese mismo año. Tal vez lo considerase su mejor amigo. El movimiento allegreto del Trío nº 2 está basado en una melodía popular judía que subyugaba a Shostakovich y que reutilizó posteriormente en otras obras. Recibió sendos premios Stalin por estas dos piezas camerísticas. Por una vez los burócratas acertaron (eran tiempos de guerra). Es destacable también su sonata para violoncelo Op. 40.

Uno de sus primeros cuartetos, el 3en fa menor Op.73 (especialmente el penetrante 3er. movimiento), prefigura ya todo su empeño por establecer un lenguaje único y personal. Por descontado fue condenado por las autoridades soviéticas desde su estreno en 1946.

Sinfonías de guerra (asedio a Leningrado)

En junio de 1941 remitió bruscamente la época de terror estalinista. Paradójicamente mejoró la situación de acoso y persecución a la población civil. Era preciso en aquellos momentos contar con la solidaridad del pueblo para impedir el avance nazi desde que las fuerzas blindadas de la Wehrmacht penetraron en territorio ruso.

Shostakovich se encontraba en Leningrado en ese momento y compuso febrilmente durante el asedio nazi a la ciudad; fruto de ello fue su Sinfonía nº 7 (1942) denominada precisamente Leningrado. Su repercusión exterior fue desaforada. Ninguna sinfonía en la historia de la música había suscitado tantas adhesiones. Es curioso cómo llegó la partitura microfilmada a los EEUU: desde Moscú vía Teherán, El Cairo y Canarias en un barco militar hasta la costa atlántica americana. Su estreno se hizo por radio bajo la dirección de Arturo Toscanini con la NBC Symphony Orchestra. Se ejecutó muchas veces más; fueron millones quienes la escucharon en América, Europa y Australia. Acabó siendo todo un símbolo de resistencia frente a los nazis (tanto para soviéticos como para los aliados).

A pesar del enorme éxito que tuvo la séptima, hoy es reconocida por los críticos la mayor calidad de la desolada y sombría Sinfonía nº 8 (1943) que compuso una vez fue evacuado de Leningrado. Representa uno de los más escalofriantes testimonios musicales del sufrimiento en tiempos de guerra. Su tercer movimiento (allegro) es un verdadero gemido sinfónico que penetra hasta la médula.

Es curioso saber que la composición de su octava fue realizada en un gallinero de la granja estatal avícola nº 69 de la localidad de Górino (cerca de Ivánovo). Las autoridades soviéticas habían acondicionado dichas instalaciones convertidas en la Casa de Creación y Descanso de los Compositores para que músicos e intérpretes traídos de diferentes partes de la URSS fueran alojados allí y pudieran tener el mejor de los rendimientos posibles. Dichos artistas fueron clasificados por la jerarquía cultural en tres categorías como los pollos; a Shostakovich le correspondió situarse en la primera, que acarreaba privilegios como recibir más alimento basado en huevos (!). Allí estuvieron también hospedados, entre otros, Prokofiev, Jachaturian y Rostropovich.

En dicha granja avícola acondicionada para los músicos compuso también su trío nº 2 y su Sinfonía nº 9 que escribiría una vez finalizada la guerra. Se esperaba que fuese un canto de victoria soviético sobre el nazismo, pero resultó ser una composición desconcertante e irónica. Stalin se molestó al escucharla pues esperaba una música apoteósica, coros grandiosos y cosas así. Acabó siendo una sinfonietta. Dmitri pudo mostrarse dócil con los poderosos, pero no fue nunca previsible musicalmente (era el único arma que tenía frente a las pistolas y la prisión). Después de su novena, Shostakovich no volvería a componer una nueva sinfonía hasta pasados 8 años, una vez muerto Stalin.

Segunda amonestación pública de 1948

Con el final de la segunda guerra mundial la represión política y la vigilancia de los súbditos soviéticos volvió a incrementarse. En 1948 el Comité Central del Partido Comunista, siguiendo la doctrina del fanático burócrata Andrei Zdhánov, emitió un decreto por el que se acusaba públicamente a Shostakovich, Prokofiev, Jachaturian, Muradeli y otros compositores de componer "perversiones y fechorías formalistas" (así, sin anestesia).

Toda esta música fue atacada de nuevo por razones políticas y volvió Shostakovich, junto a los demás encausados, a prometer públicamente que reformaría su estilo desplegado en su octava y novena (esto empezaba a ser de verdad cansino). Su carácter se volvió, a partir de entonces, más sarcástico y hermético de lo que ya era antes.

Shostakovich pasó por una época de escasa creatividad desde esta segunda amonestación pública hasta la muerte de Stalin en la que apenas compuso nada verdaderamente reseñable salvo el ciclo de canciones de Poesía popular judía, los maravillosos cuartetos de cuerdas nº 4 y 5 y los 24 Preludios y Fugas Op. 87. El resto fue un erial de composiciones de encargo al gusto oficial.

Llamada de Stalin a la casa de los Shostakovich

Un año después de aquella segunda amonestación y público arrepentimiento (a modo de auto de fe) la casa de los Shostakovich recibió el 16 de marzo de 1949 una llamada telefónica proveniente del mismísimo Stalin. Quería convencer a su compositor para que fuera a los Estados Unidos acompañando a una delegación soviética –formada por escritores, directores de cine y científicos– que iba a asistir al Congreso Internacional de la Ciencia y la Cultura para la Paz Mundial en EEUU. Era importante su asistencia y no valían recientes excusas.

En aquellos años de después de la Segunda Guerra Mundial, se acababa de transformar la Comintern en la Cominform (haciendo de los partidos comunistas europeos unas meras sucursales del de Moscú) y se crearía el Consejo de Ayuda Mutua Económica (Comecom). Además, estaba cerca de conseguir la URSS la primera bomba atómica. Había, pues, que difundir la idea de que los movimientos de la URSS eran pacíficos (los soviéticos siempre encontraban tontos útiles en Occidente que, sin estar bajo presiones de todo tipo como los que vivían bajo su bota, les servían también de apoyo ideológico).

Shostakovich trató por teléfono de buscar excusas para no acudir a dicho Congreso tan rimbombante, pero al final no tuvo más remedio que aceptar las peticiones del camarada Stalin. Tras colgar el teléfono, Dmitri y su esposa Nina Vasílievna dieron un suspiro de alivio; no se creían lo que les acababa de suceder.

Viaje a Leipzig y sus 24 preludios y fugas (a la memoria de Bach)

En 1950 fue invitado a Leipzig, en la Alemania del Este, para conmemorar el bicentenario de la muerte de J. S. Bach en la que escuchó mucha música de su adorado maestro. Puede decirse que Bach y Mussorgski fueron sus referentes musicales a lo largo de toda su vida.

También dio algún que otro concierto que tuvo que declarar. Durante los viajes al exterior todo súbdito soviético contaba con ínfimas cantidades de divisa extranjera y el ochenta por ciento de todo lo que ganara en el exterior (fruto de honorarios de conferencias, giras de conciertos, etc.) debía entregarse puntualmente en la embajada soviética más cercana, teniendo derecho a quedarse tan sólo con un veinte por ciento .

A su vuelta de este viaje a Leipzig se vio tentado a continuar la portentosa tradición de la obra bachiana del Clave bien temperado y empezó la construcción de una colección de preludios y fugas en las diferentes tonalidades al modo de Bach pero traducidos a su lenguaje musical particular. El resultado fue el alumbramiento de los portentosos 24 preludios y fugas Op. 87 (febrero 1951) que fueron tildados, cómo no, de música escapista pero que, con el tiempo, se han convertido en la obra de fugas para piano solo más importante del siglo XX. Se han incorporado definitivamente en el repertorio de muchos pianistas contemporáneos (I, II, III).

Adjudicación de un instructor político

Allá por el año 1952 el Partido comunista soviético decidió que todos los artistas tuvieran una formación ideológica adecuada. Para ello debían pasar por una instrucción política dentro de los sindicatos unificados por sectores. Shostakovich, como era ya una celebridad, se le permitió que la instrucción se hiciera en su domicilio. Se le adjudicó, por tanto, un instructor político especial que le formaría en el marxismo ortodoxo.

Todas la semanas debía pasar por la humillante obligación de presentarle a su tutor político un resumen de las lecturas recomendadas; entre ellas se encontraban dos obras de Stalin tituladas Los problemas económicos del marxismo en la URSS (que podríamos rebautizar como ensoñaciones de un dictador con problemas de entropía económica creciente en su entorno) y Marxismo y cuestiones de lingüística (los planificadores públicos no dejan nunca de manosear las instituciones naturales del hombre, va con sus principios).

Muerte de Stalin y Sinfonía nº 10

Stalin murió el 5 de marzo de 1953. Con la desaparición del tirano nuestro compositor se vio liberado de golpe y se sintió (relativamente) libre para componer. Debió ser agradable.

El compositor Prokofiev murió, para su desgracia, el mismo día que Stalin, por lo que Shostakovich se convirtió de hecho en la cabeza indiscutible de la música soviética.

Tras la desaparición de Stalin, parece como si Shostakovich hubiese querido recuperar el tiempo perdido en el terreno sinfónico desde que dejara dicha forma musical en 1945. Compuso el mismo año 1953 su imponente Sinfonía nº 10, contribución sinfónica de un Shostakovich maduro que se sentía liberado (destacaría su segundo movimiento). Sabido es que era la sinfonía más amada de Von Karajan, con pasado filo- nazi durante su juventud. Su interpretación de la misma al frente de la Filarmónica de Berlín con motivo de su viaje a la URSS de 1969 fue verdaderamente memorable. Alemanes, austríaco y rusos sintonizaron de una manera especialmente significativa en aquella ocasión. La música unía eficazmente lo que gobiernos y partidos totalitarios habían envenenado durante demasiado tiempo.

Pero la muerte alcanza también, por desgracia, a la buena gente. Nina, la esposa de Dmitri, física de profesión, murió fulminantemente en 1954 de un cáncer no tratado a tiempo en la estación experimental cerca de Yereván donde estaba desplazada en esos momentos. Shostakovich y sus dos hijos quedaron desconsolados.

En su faceta concertística, Shostakovich compuso seis conciertos (dos para piano, dos para violín y otros dos para violoncelo). En 1957 escribió Dmitri su breve concierto para piano nº 2 en fa mayor Op. 102 (dedicado a su hijo Maxim) generalmente minusvalorado por la crítica moderna por ser intrascendente. No lo creo. Su vena lírica se aprecia mejor que en ninguna otra obra en su delicado adagio. Destacan también sus dos conciertos para violoncelo dedicados a su buen amigo Rostropovich (del primero es famoso su allegreto inicial por su ritmo obstinado escrito a finales de la década de los cincuenta).

En 1958 vino por fin la rehabilitación formal de su música con la época de la desestalinización del régimen. A pesar de habérsele concedido la Orden de Lenin (en 1956), todavía su música estaba proscrita. Eran las consabidas contradicciones del marxismo.

Viaje a Dresde, ingreso en el PCUS y Cuarteto nº 8

En 1960 fue nombrado secretario de la Unión de Compositores Soviéticos y en junio de ese mismo añofue "invitado" a afiliarse al partido comunista soviético (PCUS) para sorpresa del propio Shostakovich. Se sabe que cayó en una crisis de ansiedad aguda que estuvo a punto de desquiciarle definitivamente. Sólo el apoyo de sus amigos logró sacarle de dicha crisis y convencerle para que aceptara dicho gesto para la galería.

Ese verano de 1960 el afligido Shostakovich realizó un viaje a Dresde. Quedó conmovido por la desolación que seguía mostrando la ciudad por los bombardeos de la pasada contienda. Cerca de allí compuso en tan sólo tres días el impresionante cuarteto nº 8en do menor Op. 110 que despunta especialmente de su corpus cuartetístico. Es recopilatorio de mucha de su anterior música tamizada por la dolorosa y personal experiencia de esos años. El propio autor calificaría irónicamente este cuarteto nº 8 de "vicioso políticamente" y sin interés alguno para la sociedad, pero la realidad es que era un cuarteto con una increíble fuerza dramática y supone hoy un hito en la música de cámara contemporánea.

Sinfonía nº 13: último enfrentamiento con la jerarquía cultural soviética

Tras el paréntesis de sus Sinfonías 11 y 12 (más bien a tono con el realismo socialista) llegó en 1962 la demoledora Sinfonía nº 13 en si bemol menor, Op. 113, conocida como "Babi-Yar" por estar sus impresionantes coros de bajos y solos de barítono inspirados en los textos del poeta contemporáneo Yevgeny Yevtushenko de 1961. Se puede considerar una cantata fúnebre más que una sinfonía propiamente dicha. Era su tributo particular a la aniquilación de la comunidad judía de Kiev masacrada el 29 y 30 de septiembre de 1941 por los nazis invasores junto a unidades de la policía auxiliar ucraniana. Además el primer movimiento trataba de la histórica opresión la URSS hacia los judíos, amén de denunciar la posición oficial contraria al internacionalismo. Esto fue una manifestación artística arriesgada. Por descontado esta nueva obra recibió la desaprobación de las autoridades políticas de su país que, tras dos azarosas interpretaciones, prohibieron su ejecución.

Con posterioridad se dejó escuchar esta sinfonía una vez se impuso a poeta y músico el cambiar las respectivas obras para incluir la mención de que también habían muerto en aquellos momentos muchos rusos y ucranianos. Ni siquiera este sincero homenaje a la comunidad judía pudo ser llevado a cabo como Shostakovich hubiese deseado.

El Estado estaba para eso. Para corregir dedicatorias incompletas o inconvenientes. ¡Menos mal que los colectivistas políticos son tan diligentes! La obra se salvó de quedar condenada al fracaso gracias a Rostropovich que, aprovechando una gira por los EE UU, pudo llevarse clandestinamente una partitura de la misma y dársela a E. Ormandy, director de la orquesta de Filadelfia.

Ese año 1962 Dmitri contrae matrimonio con la que sería su tercera esposa, Irina Supinskaia, que supuso un apoyo decisivo en sus últimos años de existencia.

Sendos ataques de corazón y últimas obras

En 1966 Shostakovich era ya intocable; incluso se le nombra miembro del Soviet supremo. Ese mismo año sufre un ataque cardíaco que casi está a punto de llevárselo al otro barrio. Se recupera pero se repliega todavía más sobre sí mismo. Sigue haciendo lo único que sabe, componer, pero recreando un mundo dominado ya por la muerte (cada vez surgían más lazos de unión con su admirado Mussorgski). A partir de ese año 1966 compone sus últimos cinco cuartetos de cuerda, obras maestras absolutas.

La Sinfonía nº 14, Op. 135 de la primavera de 1969 es en verdad un ciclo de once canciones para orquesta, bajo y soprano. Incluye textos de Apollinaire, García Lorca, Küchelbecker y Rilke. Es una obra obsesiva con la idea de la muerte que contiene considerables disonancias, muy alejadas del realismo socialista que se suponía que suscribía y que aún imperaba como doctrina artística oficial. Esta sinfonía estuvo dedicada a su caro amigo Bejamin Britten (otro gran hombre y compositor imprescindible del siglo XX).

Su última Sinfonía nº 15 Op. 141, del verano de 1971 es una obra enigmática y experimental. Hay citas de pasajes de Rossini, Wagner y del propio autor. En muchos momentos es descarnada. Puede considerarse como la continuación de la cuarta ya en época de madurez cercana a la muerte. De hecho, al poco de terminarla sufrió un segundo infarto.

Shostakovich viviría aún unos cuantos años más. Se refugió de nuevo en la música de cámara, la más íntima de todas. Antes de dejarnos escribió sus últimas obras maestras: su sonata para violín (Op. 134), Seis romanzas sobre textos de Marina Tsvietaieva y su Suite sobre textos de Miguel Angel, su cuarteto nº 15 Op. 144 (consistente en una sucesión de seis heladores adagios) y su póstuma sonata para viola (Op 147). Obras todas ellas difíciles pero únicas y sobresalientes.

Existen unas supuestas memorias de Shostakovich recopiladas por el musicólogo Solomon Volkov y publicadas cuatro años después de la muerte del compositor, que revelarían a un disidente oculto. Tienen toda la traza de no ser verdaderas pese a los muchos datos interesantes que contienen.

Pero no era necesario montar esas memorias cocinadas para entender el sufrimiento que padeció. Sus propias obras nos hablan. Son la expresión dolorosa de un alma por expresar su propia voz pese a las constantes limitaciones a que se vio sometida por planificadores culturales que, amparados cobardemente en un poder estatal, pretendían gobernar lo ingobernable.

Bibliografía

  • Mijaíl Àrdov: Shostakovich. Recuerdos de una vida. Ed. Siglo XXI, 2006
  • Krzysztof Meyer: Shostakovich. Su vida, su obra, su época. Alianza Editorial, 1997
  • Gianfranco Vinay: Historia de la música, vol. 11 (siglo XX, 2ª parte). Ed. Turner, 1986
  • Eric Roseberry: Shostakovich. Omnibus Press, 1986

Enlaces sobre Shostakovich en castellano

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