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Ecologismo: el nuevo Nostradamus

Por Alberto Illán Oviedo

Lo reconozco, cada vez que viendo la televisión escucho algún ecologista explicando los grandes males que hoy en día están castigando a la Madre Tierra, se me abren las carnes. Es tanto el mal que hacemos y tanto el bien que recibimos de nuestra amada Naturaleza que hacerle esto es una auténtica... Afortunadamente la razón tiene en mí más peso que la emoción. El ecologismo actual es como una especie Oráculo de Apolo que sólo supiera profetizar grandes desastres. Un Nostradamus con muy mala leche.

La ecología como ciencia es relativamente moderna y aún está desarrollándose. La gran cantidad de variables que maneja, desde las climatológicas a las biológicas, físicas o geológicas y especialmente las energéticas, incluidas las de origen externo al planeta (el Sol es la fuente de vida en la Tierra, no debemos olvidarnos), hacen de esta ciencia una de las disciplinas más complejas que ha desarrollado el hombre. Los grandes avances en el desarrollo de la informática han permitido crear programas de simulación que permiten conjugar una gran cantidad de estas variables y, en función de los resultados, establecer futuros escenarios.

Sin embargo, estos programas, como creaciones humanas, tiene fallos de concepción, simplificaciones, y en algunos casos están contaminados con las ideas que a priori el científico, influido por su ideología o por presiones externas que poco tienen de científicas, manipulan la herramienta hasta conseguir llegar a conclusiones adecuadas. Si algo hay claro en la ciencia es que nada es seguro y en la ecología mucho menos.


La mentira

Los efectos del cambio climático que maneja el International Panel on Climate Change de la ONU están basados en modelos informáticos de los años 70, como denuncia Patrick J. Michaels, profesor de estudios ambientales en la Universidad de Virginia y científico adjunto en el Marshall Institute, en Washington, DC. Es evidente que los modelos informáticos han cambiado mucho a lo largo de 30 años como demuestra la gran cantidad de videojuegos que enganchan a pequeños y mayores. El interés de la ONU en seguir usando este tipo de tecnología para tomar tan importantes decisiones no deja de ser, cuanto menos, sospechoso.

El mismo Michaels nos informa que en 1995, en una reunión en Ginebra, anterior al Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global, se anunció algo que sorprendió a todos los asistentes: la existencia de modelos climáticos que simulaban de manera exacta a la verdadera atmósfera, dando de esta manera credibilidad a los pronósticos catastrofistas sobre el cambio climático. La revista Nature se vio obligada a publicar un artículo mostrando que la información citada por la ONU estaba incompleta y que, cuando todos los números se tomaban en cuenta, la correlación desaparecía. A finales de septiembre de 2002, nos desayunamos con la noticia de que Ecologistas en Acción denunciaba que unos científicos alemanes habían descubierto en la cercanía de la burgalesa central nuclear de Garoña, en España, un pez con graves alteraciones genéticas. El mismo grupo implicaba a la revista Science. Ecologistas en Acción debió rectificar y reconoció que todo era un invento y que tal informe no existía. La razón de lanzar esta falacia era que "habíamos tratado el asunto en varias reuniones y decidimos que sería un buen golpe de efecto difundir esta información y desmentirla unos días después, probablemente coincidiendo con la marcha contra la central de Garoña, prevista para el próximo domingo".

Esto nos lleva a una de las grandes manipulaciones del ecologismo, todo vale para convencer de sus tesis. La mentira y la manipulación son actividades, hasta cierto punto, normales en las organizaciones ecologistas, que al contar con el beneplácito de los medios escritos y sobre todo audiovisuales, pueden "permitirse" este tipo de maniobras. Y es que para los medios, a una buena causa siempre se le pueden perdonar ciertos excesos.


La violencia

En la antiliberal sociedad en la que vivimos el imperio de la ley es un objetivo aún por cumplir y determinados colectivos tienen bula mediática para saltársela, siempre y cuando sea por una buena causa: impedir el cambio climático, conseguir la paz en el mundo, impedir una guerra, luchar contra la pobreza, etc... Las acciones que activistas de Greenpeace y otros grupos, cuando intentan evitar determinas actividades, y los circos que montan cuando se encadenan a trenes, centrales, edificios, etc, son un tipo de violencia que podríamos denominar de baja intensidad, con la que pretenden forzar a las personas a cambiar sus hábitos, sus costumbres y, lo peor de todo, sus voluntades. No deja de ser comparable al "terrorismo de baja intensidad" de los aberchales, y una evolución lógica de las mal llamadas "protestas pacíficas" que Gandhi puso tan de moda en la independencia de la India. La violencia no se ejerce sólo con las armas de fuego de los malvados ejércitos yanquis, un verde con unas cadenas puede poner en peligro a muchos ciudadanos. Temo el día que algún convoy de combustible nuclear sufra un grave accidente por la acción de estos descerebrados radicales, aunque ya se sabe la culpa será de los que transportan el material.


¿Pseudorreligión o pseudociencia? Sólo poder

El ecologismo es una corriente política y social con una "base" científica sin el rigor que debiera mantener, comparable a otras que han existido y existen en el mundo. Está alimentada por la necesidad de las personas de buscar una calidad de vida personal y social y por la ignorancia de las mismas personas en estos temas que, bien por que no se tiene tiempo, bien porque no se tienen ganas, bien por ambas razones, buscan doctrinas salvadoras, llenas de verdades absolutas que no haga necesario pensar demasiado y que permita tener tiempo para dedicarse a otras tareas. En este sentido tiene cierto paralelismo con las morales impuestas de algunas religiones.

Los grupos ecologistas son "lobbies" con un poder tan fuerte, o incluso más, que algunos industriales y/o económicos. Es un movimiento internacional, ideológico, capaz de hacer cambiar políticas en los países en los que tienen capacidad para llegar al poder o que convenientemente manipulado por sátrapas y dictadores de tres al cuarto, se convierte en un arma que golpea a las sociedades occidentales, donde la libertad de expresión y la de crítica, nuestro más preciado bien, funciona como un instrumento en nuestra contra. Un ejemplo de ello sería como han conseguido que muchos países ratifiquen el protocolo de Kyoto o la llegada al poder en Alemania de mano de los socialdemócratas.

No deja de ser significativo, que una vez en el poder el discurso se suaviza y muchas de sus reivindicaciones históricas se postergan en el tiempo hasta que la situación las permita. Es el caso de las centrales nucleares, que si bien se desmantelarán en el futuro, esto no será a corto plazo. ¿Alguien ha dicho a los alemanes quién va a pagar el aumento del precio de la energía y cómo va a afectar a la calidad de vida del motor de Europa?


Mesianismo

Esto nos lleva a otro de los elementos de los sistemas demagógicos. El ecologismo identifica los problemas, generalmente de gran calado y las consecuencias tremendas para la humanidad y el planeta. A continuación, identifica las soluciones dejando claro que son las únicas posibles y que sólo de esa manera nos podremos redimir: sólo si cedemos nuestra voluntad a nuestros salvadores estaremos seguros. Pero es importante que en todo ese discurso no aparece para nada el elemento económico, es más, si alguien le echa en cara dicho argumento, la réplica que dan es siempre la falta de voluntad política, la presión de los "lobbies", los industriales o los grupos de poder económico, que en ningún momento quieren el bien de los demás. Esta virtud es sólo de los movimientos solidarios como las ONGs, los movimientos antiglobalización, la izquierda progresista y, como no, los ecologistas.

Yo vengo a salvar al hombre, yo sólo tengo la verdad, el que cree en mi se salvará.... son palabras que no me extrañaría ver en algún discurso ecologista, son los mensajes de la nueva religión de la Madre Tierra.


Conclusión

El cuidado de la Tierra es un tema muy serio como para ser tomado a la ligera. Se deben tomar las medidas necesarias para que la actividad humana no la dañe gravemente ya que, de momento, es nuestra casa y no podemos irnos a vivir a nuestra segunda vivienda, allá por Plutón. Pero este cuidado no debe dañar gravemente a la sociedad humana, no debe dañar gravemente a las personas. Se debe hacer sobre bases reales y científicas, no sobre bases apocalípticas. Si se tomaran medidas como algunas de las que se proponen desde el ecologismo en cosas como, por ejemplo, la producción de energía, los sufrimientos, muertes y hambrunas que se produciría serían exorbitantes para todos los países. Especialmente en el Tercer Mundo, mucho menos adaptable y de sociedad más rígida que el primero.

Esta repercusión económica es una de las cuestiones que el discurso ecologista debe tomar por los cuernos. Lo que creo es que si alguna vez lo hiciera, no sobreviviría.

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