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Microcrédito

Por Pedro Schwartz

Los salones de la Fundación Rafael del Pino estaban llenos de un público de voluntarios de ONGs, profesores de Universidad, banqueros y empresarios, para oír a Muhammad Yunus, el inventor del sistema de microcréditos para los más pobres de los pobres. El profesor Yunus consiguió entusiasmar a su auditorio con el éxito del Banco Grameen, que fundó en 1976 en Bangladesh sobre la base de un principio entonces revolucionario: que es posible prestar sin garantía ni aval a quienes no tienen donde caerse muertos, porque en su inmensa mayoría devolverán puntualmente principal e intereses, por pundonor y decencia, pese a no haber firmado contrato alguno ni temer que los arrastren ante los tribunales.

El montante de los préstamos es por término medio de 75 dólares y no pasa de un máximo de 300 dólares si es para construir o mejorar la vivienda. La devolución es por plazos semanales, siempre a interés simple: los créditos para la educación, al 5%; para reconstruir la vivienda, al 10%; y para microempresas, al 20%. No hay préstamos al consumo, pues la casa, para pobres que quieren que sus hijos estudien, que cultivan un huerto o tienen una vaca o unas gallinas en el corral, que producen prendas con una máquina de coser, son un lugar de inversión y trabajo.

Quizá lo más reconfortante del sistema creado por Yunus es que, en un país musulmán, el 95% de los 2,5 millones de prestatarios de su banco sean mujeres, pues la experiencia ha demostrado que son más cuidadosas que los hombres en la administración del dinero. El préstamo a la madre de familia garantiza mejor el cuidado de la nueva habitación familiar, la presencia de los hijos a la escuela pública, el cuidado y buen uso de los animales o máquinas comprados para la microempresa. El banco Grameen tiene abiertas 1.175 sucursales, también administradas por mujeres, en 41.000 pueblos de Bangladesh. El total de los créditos pendientes es de 192 millones de dólares con una tasa de devolución del 98,45%.

La idea de Yunus se ha extendido ahora a 28 países del Tercer Mundo, desde Bolivia hasta Zambia, pasando por Kosovo, pese a las dificultades de aplicarla en circunstancias sociales muy distintas. Incluso en Bangladesh, el banco Grameen ha pasado por situaciones comprometidas, como las catastróficas inundaciones de 1998, que tuvieron a la mitad del país bajo el agua durante diez semanas. El banco se endeudó para ayudar a sus clientes, pero ya pudo devolver enteramente este préstamo extraordinario al reanudar sus deudores la devolución de los créditos.

Para mí, el detalle más revelador del encuentro fue la opinión del profesor Yunus sobre las ayudas públicas, los subsidios de paro y pobreza. La superación de la pobreza, dijo, exige devolver la dignidad a los necesitados, mostrando confianza en su honradez y laboriosidad, ofreciéndoles un mínimo capital para invertir en sus hijos, su hogar o su empresa, dándoles los medios para producir algo que la sociedad esté dispuesta a comprar. El subsidio, añadió, engancha y corrompe. En los pasillos se oyó decir a un hombre de empresa: "¡Yunus es un verdadero liberal!"

© AIPE

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