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21 de Junio de 2005

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Rebelion.org apuesta por el patrón oro


Interesantísimo artículo publicado en Rebelion.org sobre las perspectivas de un regreso al patrón oro. Primero nos enteramos de que la plutocracia del eje La City-Wall Street intenta impedir el despegue sideral del oro. Lo cierto es que a la frase no le falta razón. No fueron pocos los economistas que tras la ruptura de Bretton-Woods aspiraron a desmonetizar el oro, creyendo vanamente que al desligarse del oro, su valor se hundiría. El sueño de todo político ha sido desde siempre conseguir que ante sus continuas expansiones monetarias, el valor del auténtico dinero no se apreciara frente al suyo.

Los ejemplos históricos son abundantes; en la Edad Media se retiraba una porción de oro de algunas monedas, de manera que su valor caía con respecto a las no envilecidas. Este fenómeno inflacionario era temido y, en buena medida, reprimido por los soberanos al imponer un tipo de cambio fijo entre las monedas "buenas" y las "malas". La consecuencia lógica era, como prescribe la Ley de Gresham, que las monedas buenas desaparecieron de la economía.

En los tiempos más recientes, la expansión monetaria, y la inflación consecuente, se ha intentado impedir de diversos modos, por ejemplo el control de precios. Así mismo, el precio del oro se ha sometido a todo tipo de restricciones. Inglaterra, después de la Primera Guerra Mundial, no quiso devaluar la libra, fijiendo, por tanto, que el valor del oro respecto a "su" dinero, era inferior al real. Por ello, no me parece que la frase, en absoluto, sea errónea. Los intereses corporativos-estatales intentan reflotar el valor de sus monedas respecto al oro, a pesar de que el envilecimiento es continuo.

La siguiente frase también demuestra una realidad que los teóricos de la liqudez entienden perfectamente: El mundo se encuentra en una zona de fuertes turbulencias financieras y económicas, que obligan a refugiarse en las materias sólidas y menos volátiles, lo que explica en gran medida el precio de casi 59 dólares el barril de crudo. La expansión monetaria provoca un recurso al atesoramiento de activos líquidos, sustitutos del dinero estatalizado. Ese progresivo atesoramiento comporta, lógicamente, un incremento del precio de esos bienes líquidos como es el caso del petróleo o del oro. Este atesoramiento es sólo la consecuencia necesaria de una necesidad de tener dinero líquido bajo control ante unos bajos tipos de interés. Durante el patrón oro, este metal frenaba las reducciones inducidas del tipo de interés a través de un incremento del atesoramiento de oro y una consecuente reducción de las reservas bancarias que, a su vez, limitaba la expansión crediticia (y por tanto incrementaba el tipo de interés)

Hoy ese fenómeno se realiza sólo incompletamente a través del petróleo u otros bienes líquidos. Lo cierto, es que en tanto los bancos no se ven obligados a mantener un porcentaje de oro en sus depósitos, la expansión crediticia puede continuar sin demasiada limitación. El recurso al petróleo o al oro simplemente busca activos realmente líquidos cuya transacción sea veloz sin perder valor.

Aunque un poco exagerada, la siguiente afirmación del artículo no deja de contener un poso de razón: LA FASE TERMINAL del sistema financiero internacional, en particular la miseria de las tres principales divisas mundiales, que hacen agua (el dólar, el euro y el yen), se refleja en el incremento de las materias primas. Hayek, por ejemplo, propuso respaldar las divisas en materias primas pues su valor resulta de mayor estabilidad. El movimiento hacia ciertas materias primas -junto al oro- sólo reflejaría la tendencia del individuo a reutilizar el "dinero" -institución social donde las haya- escapando de las garras estatalistas que pretenden planificar de manera constructivista semejante institución.

Luego, nos enteramos de ciertas opiniones favorables hacia un futurible retorno al patrón oro. Por un lado, Jamie McGeever, de la agencia británica Reuters ("El oro emerge como una divisa a escoger mientras se pandea el euro", 16 de junio), demuestra que "en el lapso en que el euro disminuyó cerca de 4 por ciento, en las tres semanas después del rechazo francés y holandés en sus referenda respectivos, el dólar medido frente a una canasta de divisas se incrementó cerca de 3.5 por ciento, mientras el oro se disparó casi 5 por ciento, para alcanzar 434.40 dólares la onza el jueves"; por otro, el experto suizo Ferdinand Lips, autor de Las guerras del oro, asentó que "en medio de una devaluación global de las divisas, si el petróleo es el rey de las materias primas, el oro es el rey de las monedas", e hizo notar que el "petróleo se encuentra subvalorado y que los productores de petróleo no reciben su real valor al encontrarse atados al dólar" o el economista Marshall Auerback ("¿Juego final de las divisas fiduciarias?", Prudent Bear, 14 de junio) vuelve a la carga para acreditar el retorno de la "respetabilidad" del oro, luego de desmenuzar una a una en forma implacable a las principales divisas del planeta (desde luego que no cita al "superpeso mexicano"), incluida la ilusa libra esterlina, para concluir que fuera del anterior marco alemán, ninguna vale la pena, debido a sus enormes carencias y, sobre todo, a su insostenible sobrendeudamiento, propiciado por la ficticia "economía de activos.

Pero, sobre todo, el futuro del oro como moneda internacional, según el artículo, vendrá del creciente uso que parte de la población mundial, incluidos otros gobiernos, están haciendo de él. Los asiáticos (las poblaciones milenarias asiáticas son ahorradoras consuetudinarias del oro), el Banco Central ruso (que acumula mayores reservas en oro, que alcanzarán 175 mil millones de dólares a finales de año), las monarquías árabes (las seis petromonarquías árabes del Consejo de Cooperación del Golfo coquetean con la idea de vincular sus divisas al oro en lugar del dólar y el euro). De hecho, el autor del artículo llega a despreciar al Banco Central Mexicano cuyos alrededor de 350 seudoeconomistas, parásitos del modelo monetarista, se olvidaron de que el país es el principal productor mundial de plata.

En el éxtasis del artículo, se cita al asistente del Banco Central chino, Ma Delun, por acusar al dolar de tener la habilidad de realizar un déficit crónico comercial con un costo casi insignificante de emitir la moneda. ¿Y en qué economista se basa para realizar tal aseveración? En Jacques Rueff, economista francés seguidor de Ludwig Von Mises: El "abuso sistemático de los hacedores de la política monetaria de Estados Unidos" había sido criticado hace 37 años por el gran economista gaullista Jacques Rueff, quien describió los arreglos de Bretton Woods en beneficio de Estados Unidos como "el maravilloso secreto de tener déficit sin lágrimas". De hecho, Rueff llegó a calificar este hecho como "el pecado monetario de occidente". Así, Rueff sintetizó su crítica diciendo que "dado que estos dólares y estas libras volvían sistemáticamente a sus países de origen después de ser recibidos por las naciones europeas, el funcionamiento de este sistema monetario internacional se convirtió en una especie de juego infantil en el que los niños hubieran convenido que después de cada partida se devolviera la apuesta a los que hubieran perdido" Hasta el punto de que "el sistema de patrón de cambio-oro ha permitido, pues, a los países con moneda internacionalmente prestigiada gozar del maravilloso privilegio de comprar sin pagar, dar sin tomar, prestar sin pedir prestado y acumular déficit sin sufrir sus consecuencias"

Además hay que felicitar al autor por su fino análisis que, en buena medida, se acerca al análisis austriaco del ciclo económico. Así, por ejemplo, destaca el asombroso hallazgo de Richard Duncan (Finance Asia, febrero de 2005) de que en 2003 y en el primer trimestre de 2004, el banco central de Japón creó papel artificial por 35 billones de yens, que equivale a uno por ciento del PIB mundial, y cuya sobreliquidez sirvió, no para la economía nipona, sino para apoyar la burbuja crediticia de Estados Unidos.

Por todo ello, asegura que dadas las turbulencias financieras, el oro regresó como alternativa de reserva bancaria frente a las deterioradas divisas globales, además de que, a juicio de Auerback, "ayuda a que las tasas de interés nominal sean insignificantes en todos lados, aunque suban". Lo óptimo es que en un "mundo de excesiva duda ubicua, el oro sea el activo que no es pasivo de nadie". Efectivamente, el patrón oro, como ya hemos explicado, a través del atesoramiento y la reducción de los depósitos bancarios evita grandes variaciones del tipo de interés provocadas por la expansión crediticia de los bancos y, obviamente, se tiende a establecer un tipo de interés mundial a través del arbitraje financiero.

La conclusión no deja de ser tenebrosa pero verosímil: ALGO ANDA MUY PODRIDO en el circuito financiero anglosajón. Pese a todas las garantías del montaje hollywoodense bushiano de la "seguridad del hogar" contra el terrorismo global, ahora nos salen con que 40 millones de cuentas de la tarjeta de crédito Master Card (otra burbuja de Greenspan) están en riesgo debido a un extraño fraude computacional (The New York Times, 18 de junio). Al unísono, Goldman Sachs, principal banco de inversiones del mundo, con ingresos el año pasado de casi 30 mil millones de dólares, reportó una abrupta caída de 27 por ciento en sus ganancias al segundo trimestre (The Financial Times, 16 de junio), mientras el canciller alemán Gerhard Schroeder amenazó con poner en la palestra durante la cumbre del G-8 el mes entrante, en suelo escocés, la "regulación uniforme global" de los ominosos hedge funds -"fondos de cobertura de riesgos"- (The New York Times, 17 de junio), es decir, el talón de Aquiles de la piratería financiera anglosajona..

La expansión crediticia no respaldada por reservar provoca una crisis de liquidez entre sus depositantes. Los peligros que el artículo describe no dejan de ser la tenebrosa consecuencia del contubernio entre el sector monetario público y las grandes entidades privadas; un capitalismo estatal que todos debemos repeler. Sobre los Hedge Funds me limito a citar al profesor Huerta de Soto: Los diferentes sistemas y organismos de «aseguramiento» de los depósitos que se han creado en muchos países occidentales tienden a producir un efecto que es justo el contrario del que se pretendía con su establecimiento. Estos «fondos de garantía de los depósitos» hacen que la política de los bancos privados sea más imprudente y menos responsable, pues dan a la ciudadanía la falsa seguridad de que sus depósitos se encuentran «garantizados» y de que no es preciso, por tanto, esforzarse en estudiar y revisar la confianza puesta en cada institución, dándose además la íntima seguridad a los banqueros de que su comportamiento, en última instancia, no habrá de perjudicar muy gravemente a sus clientes directos.

Es más, el depósito bancario es un fenómeno no asegurable. La razón es que, como indica Gabriel Calzada: "El asegurador no puede verse afectado por el acontecimiento de una manera sistemática distinta de la prevista en sus obligaciones contractuales" La probabilidad de la ocurrencia del ciclo económico no puede aprehenderse pues depende de un acontecimiento tan imprevisible como es la propia acción humana para expandir el crédito bancario (por no hablar, como señala Huerta, del moral hazard implicado en esos contratos de seguro que, paradójicamente, son la garantía de la imposibilidad de un reparto del riesgo actuarial al provocar un fenómeno que genera la generalizada falta de liquidez en todos los que han contratado el seguro)

Un sabroso artículo por el que felicito a Rebelion.org. Con artículos como este, quizá, comiencen a aprender economía y abandonen las falacias marxistas. En todo caso, aún desde sus errores conceptuales, no puedo dejar de alegrarme de que una parte de la izquierda apoye el regreso del patrón oro (y lo que es mejor, apoye que vuelve de una manera libre y espontánea)

Durante la Guerra de Vietnam, Murray Rothbard no dudó en alcanzar un curioso pacto con los trotskistas americanos. Aparte de la mutua oposición al conflicto bélico, en un venidero referendum, los libertarios rothbardianos votarían a favor del control de alquileres y los trotskistas votarían a favor del patrón oro. Personalmente no me hubiera plegado a votar a favor de una restricción de la libertad, pero como estrategia política (y no olvidemos que la política es el arte de la represión) no deja de ser pintoresca. Ojalá la izquierda se reposicione a favor del patrón oro sin que nosotros tengamos que efectuar lamentables conceciones.

PD: No es la primera vez que Rebelion.org publica un artículo liberal. Puede verse, además, aquí y aquí.

Comentarios

 
uy se les chispoteo, debieran reafirmar su linea poniendo una pd. que diga "que conste que nosotros seguimos creyendo en Stalin, Fidel y Mao como panacea a todo lo anterior expuesto".
Enviado por el día 21 de Junio de 2005 a las 16:08 (1)
Si va a ser cierto que los extremos os tocáis.
Enviado por el día 21 de Junio de 2005 a las 18:11 (2)
Muy buen artículo Juan Ramón.Rothbard ha sido, como todo buen liberal, un hombre de principios. El liberalismo verdadero es un pensamiento de principios y no un electoralismo que se queda pendiente ( y muy asustado) de unos "sacos con unos cuantos votos que vienen de América".. y, en cambio, no le da miedo alguno "meterse en cualquier guerra"..
Enviado por el día 22 de Junio de 2005 a las 11:41 (3)

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