liberalismo.org
Portada » Bitácoras » Todo un hombre de Estado » Las ¿contradicciones? de un liberal

27 de Junio de 2005

« Bienvenido a la blogosfera liberal | Principal | Secesión »

Las ¿contradicciones? de un liberal


Dice nachfrost en mi último post sobre las manifestaciones pro-familia que: Mientras los liberales de este país no empiecen a olvidarse del añorado nacionalcatolicismo apañados estamos. Y desde luego, consciente de ello eres, puesto que pasas de puntilla por estos argumentos, que no te dignas ni a discutir. Para ello me remite a una réplica de, a su vez, mi crítica a un artículo de Akin donde proponía ilegalizar la Iglesia.

Antes de desmenuzar el post, con todo, analicemos el comentario. Primero, ignoro qué tendrá que ver el liberalismo con el nacionalcatolicismo. Segundo, los liberales no tienen que olvidarse de nada porque, en tanto que liberales, nunca han defendido la injerencia de la Iglesia en el poder del Estado, so pena de convertirse en Estado y por tanto enfrentarse a los liberales. Tercero, no sólo los liberales se han olvidado (o más bien, nunca han tenido presente) de la fusión de la Iglesia y el Estado, sino que una parte significativa de la Iglesia también ha tenido presente la necesaria separación; empezando por las monedas del César, continuando por el dualismo gelasiano y llegando al actual Papa: No es propio de la Iglesia ser Estado o una parte del Estado, sino una comunidad de convicciones.

Y ahora sí, examinemos el post sobre las "contradicciones" de un liberal. Primero, se me acusa de simplista por Tildar a la izquierda de totalitarista o defensora del pensamiento único es una generalización que se suele aplicar también a la derecha, y que en cualquiera de los dos casos es simplista. No hay un sólo argumento para generalizar de esa manera. Ejemplos históricos los hay para las dos afirmaciones, pero siempre hablando de deformidades tanto socialistas como de derecha reaccionaria, curiosamente, integradas las últimas en lo más granado de la sociedad eclesiástica.

Como es lógico, todo dependerá de las definiciones que adoptemos de izquierda y derecha. Particularmente me adscribo a la propuesta de Kuehnelt-Leddihn, de ahí que sostenga que la izquierda tiende hacia la igualdad más absoluta, hacia el odio a la diversidad, hacia el pensamiento uniforme y, por tanto, hacia la represión para conseguir violentar la naturaleza humana, tal como haría el sádico Procrusto. Por ello mismo no puedo aceptar que el totalitarismo sea una deformación de la izquierda, sino su expresión más depurada. Por ello mismo no puedo aceptar que el reduccionismo moralizante del anquilosado conservadurismo estatal sea una deformación de la derecha, sino otra forma de izquierda. La derecha se mueve a través de las tradiciones que evolucionan libremente para adaptarse a la sociedad humana; que no vienen impuestas desde arriba sino que se convierten en los mejores mecanismos para los fines humanos. No se trata de instituciones opresivas, mantenidas a través de la represión militar, sino de la persuasión y de la conveniencia. No se trata, como decía el propio Kuehnelt-Leddihn, de conservarlo todo, sino de conservar lo bueno.

Mientras que la primera tendencia (el "progresismo") parece reconocer como justo lo que es nuevo, la otra (el "conservadurisrno" o "integrismo") al contrario, no tiene por justo sino lo que es "antiguo", considerándolo como sinónimo de la Tradición. Sin embargo, ni lo "antiguo" como tal, ni lo "nuevo" en sí, son los que corresponden al concepto exacto de la Tradición en la vida de la Iglesia.

En este contexto hay que señalar el extraño hecho de que desde hace un siglo, aproximadamente, la reflexión de la teología católica sobre el concepto de tradición tiende calladamente a identificar tradición y progreso, es decir, a interpretar la idea de tradición por la de progreso, ya que no concibe la tradición como el depósito fijo de los comienzos, sino como el dinamismo de la inteligencia de la fe que impulsa hacia adelante.

Vaya, ¿quién es el hayekiano teólogo detrás de estos textos? ¿Quién anticipa de una manera tan magistral la teoría de la eficiencia dinámica de las instituciones del muy liberal Jesús Huerta de Soto? ¿Algún marginado estudioso sin importancia? Pues se trata del mismísimo Benedicto XVI, cuando todavía era cardenal.

La sociedad eclesiástica a la que alude el autor es una comunidad de creyentes, entre los que se encuentra gente de todos los tipos y de todas las ideologias (otra cosa es que algunos creyamos que los valores fundacionales de la Iglesia, en especial la dignidad humana, la acerquen al liberalismo, basado en esa misma dignidad), pero en ningún momento puede afirmarse que la Iglesia, en tanto que Iglesia, haya dado pie al totalitarismo. Cuando la Iglesia se acercó demasiado al Estado se corrompió y dejó de ser "una comunidad de convicciones", dejó de ser Iglesia, para imponer una determinada fe. Sin salirnos de Ratzinger: Con esto no se pretende negar que este equilibrio haya sido perturbado con frecuencia y que en el Medievo y en los inicios de la Edad Moderna no se llegara a veces a una fusión de hecho entre el Estado y la Iglesia, fusión que deformó la exigencia de la fe acerca de la verdad, debido a la coerción y a la caricatura de un auténtico esfuerzo por conseguirla. O, sobre todo, cuando afirma enérgicamente que: Es muy importante no suprimir esta distinción: la Iglesia no debe erigirse en Estado ni querer influir en él como un órgano de poder. Cuando lo hace, se convierte en Estado y forma un Estado absoluto que es, precisamente, lo que hay que eliminar. Confundiéndose con el Estado, destruye la naturaleza del Estado y la suya propia.

Sigue el autor del post diciendo que: El ideal de la izquierda no es el pensamiento único. Es la igualdad. El problema es que en la izquierda radical tal ideal de igualdad se impone sobre los de libertad y fraternidad. Un liberalismo abierto y dialogante (por favor no confundir dialogante con el pseudodiálogo ZP), lucha para lograr un equilibrio tenso pero eficaz entre esos tres valores.

El pensamiento único, ciertamente, se me antoja como un pensamiento igual, en el que todos piensan lo mismo. Por su parte, el liberalismo no busca equilibrar nada; no es misión del liberalismo conseguir que los hombres sean iguales o que se consideren hermanos. Esta tarea, en todo caso, podría encomendarse a la Iglesia y a las distintas religiones y siempre desde las convicciones libres. El liberalismo no puede pretender construir una sociedad balanceada, donde el kilo de libertad pese lo mismo que el kilo de igualdad o de fraternidad; el liberalismo se basa en el respeto de las decisiones libres del ser humano, no se postula sobre si el individuo debe aislarse o detestar al género humano, sólo prescribe la iniciación de la fuerza. Y la fuerza no puede conseguirse ni para conseguir la igualdad ni la fraternidad.

Curiosamente, el autor del post plantea algo así como una moralización masiva de la sociedad a través del poder estatal. Todos deben ser hermanos y tenerse por iguales en un mundo libre; el Estado liberal debería imponer semejantes valores. Lo curioso es que este extremo, realmente conservador y anquilosado, es rechazado como germen del totalitarismo por una persona tan supuestamente conservadora como Ratzinger. Él mismo nos recuerda que "Cristo no vence al que no se quiere dejar vencer. Él vence sólo por convicción. Él es la PALABRA de Dios" (las mayúsculas son de Ratzinger). Se trata, pues, de un convencidísimo rechazo de la iniciación de la fuerza para imponer las convicciones morales que, en cambio, el autor del texto sí está dispuesto a inculcar a través de una "deformación", ahora sí, del liberalismo.

El artículo continúa diciendo: No se consigue desmontar el argumento de que una ética basada en lo divino es incapaz de regir una sociedad abierta. La historia nos ha dado muestras continuas de que la religión, en particular para occidente la iglesia católica, ha sido el bastión esgrimido para azotar a los débiles, a los hambrientos y a todos aquellos que osaran poner en cuestión el poder establecido.

Esta párrafo carece por completo de sentido. Los liberales iusnaturalistas no basamos la ética en Dios. Como nos recuerda Rothbard, Hugo Grocio fue taxativo: Cuanto hemos señalado sería válido aunque admitiéramos lo que no podemos admitir sin la máxima maldad, esto es, que Dios no existe. O incluso: De la misma manera que Dios no puede hacer que dos por dos no sean cuatro, no puede que lo que es intrínsecamente malvado no sea intrínsecamente malvado.

Y, por otro lado, se me antoja absolutamente ridiculo asegurar que la Iglesia ha sido un azote de los pobres, cuando como el propio Juan Pablo II se ha cansado en recordar, la Iglesia es principalmente una Iglesia de los pobres. El principio central de la Iglesia católica es la caridad, no sólo material, sino también espiritual; "El amaros los unos a los otros como yo os he amado". La Iglesia instituyó las colectas de los ricos hacia los pobres, el cuidado de viudas y huérfanos o las misiones "humanitarias" para salvar a enfermos y epidémicos.

Luego, el autor vuelve a confundir los términos: Pero decir que la única alternativa a la ética cristiana es un relativismo ético es entrar en el simplismo del nuevo papa, que puso a muchos los pelos de punta con sus no-razonamientos de la homilia prepapal.

Obviamente nadie ha sostenido que la alternativa a la ética cristiana sea el relativismo ético. Ni yo ni por supuesto Benedicto XVI. Otra cosa es que "la fe cristiana se ha revelado como la cultura religiosa más universal y racional. La fe cristiana sigue ofreciendo hoy día a la razón el sistema fundamental del conocimiento moral que desemboca en una cieta evidencia o constituye el fundamento de una fe moral razonable y sin el que ninguna sociedad puede subsisitir". No creo que haya que entender revelar como una revelación divina, sino como una evidencia histórica; evidencia que no prueba, sino que ilustra algo perfectamente discernible mediante la razón. Si el hombre es sistemáticamente atacado y vilipendiado, si no se respeta la dignidad humana y todo cuanto puede conseguir con ella (su propiedad), la estructura política se colapsará. Sin unos ciertos criterios éticos que delimiten la importancia de la vida y libertad humanas, así como del subproducto de la misma, su propiedad, no es posible ningún tipo de cooperación social. La demostración de estas intuiciones éticas fue plasmada hace 85 años por Ludwig von Mises en su teorema de la imposibilidad del socialismo.

No son los liberales los que tienen fe en una serie de valores "caídos del cielo", sino que, en todo caso, son los socialistas los que se aferran al irracionalismo revelado de Marx. Y el liberalismo no se asienta sobre semejantes valores porque sean los valores de que transmite la Iglesia, sino porque son los valores que necesariamente brotan de la naturaleza humana.

Sigamos: Basta con leer un poco para encontrar modelos muy serios, propuestas éticas flexibles pero no dejadas al calor de la mayoría y que sin embargo también disuelven el peligro totalitario de una moral revelada, eterna y que no busca sino imponerse a toda costa. La declaración universal de los derechos humanos puede tener unas raices históricas que se hunden en el reconocimiento de unos derechos no escritos, naturales, que quizás hundan sus raíces en la moral cristiana, pero que son enunciados precisamente en un contexto que busca acabar con los abusos de un poder habitualmente generado por el uso indiscriminado de la fuerza y sancionado por los poderes eclesiástico.

La contradicción de este párrafo es soberbia. Primero asegura que quizá los derechos humanos hunden sus raíces en el cristianismo, cuando a todas luces así es (al menos en el caso de los derechos humanos que se corresponderían con los derechos naturales y no con las atribuciones positivas); luego sostiene que la finalidad de esos derechos humanos, de impronta cristiana, es limitar el poder y la coacción del Estado, poder y coacción respaldados por la Iglesia. ¿Pero no habíamos dicho que los valores cristianos, de los que la Iglesia católica es en gran medida depositaria, tenían como intención limitar y evitar la coacción estatal?

El problema va más allá. La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento que sólo contiene derecho positivo, es una Declaración de los Estados que deciden autolimitarse. Son los asesinos los que aseguran que no volverán a matar; los ladrones los que prometen no volver a robar; los delincuentes los que intentan expiar sus culpas mediante grandilocuentes declaraciones. Pero si aceptamos que el Estado deba limitarse porque existe una Declaración, ¿no estamos implícitamente aceptando que el Estado no tendrá por que limitarse cuando tal declaración no exista o tenga un contenido distinto? La necesidad limitativa del Estado no proviene de un documento que el propio Estado suscribe, sino de imperativos anteriores.

Por eso la Iglesia, como uno de los depositarios de esos valores universales racionalmente deducibles, no puede desentenderse completamente de la labor del Estado. De la misma manera que los liberales protestamos cuando el Estado aumenta los impuestos o restringe la libertad, la Iglesia debe impedir las violaciones de la libertad, debe tratar de inspirar al Estado en el respeto a sus valores inmanentes. Ratzinger repite por enésima vez que donde la Iglesia se convierte en Estado desaparece la libertad, pero, también, donde la Iglesia queda suprimida como instancia pública o públicamente relevante, la libertad decae, porque allí el Estado reclama para sí, de nuevo, la función de la ética. En el mundo profano, poscristiano, el Estado presenta esa instancia no bajo la forma de autoridad sagrada, sino como autoridad ideológica; el Estado se convierte en partido y, puesto que no se le puede oponer ninguna otra instancia como cometido propio, el Estado termina haciéndose totalitario. El Estado ideológico es totalitario; pero se hace ideológico cuando no existe frente a él ninguna autoridad libre y públicamente reconocida.

Esta idea de Estado moralizante no es distinta a la idea hayekiana de Estado teleocrático que, según el propio autor, derivaba en totalitarismo. Proponía, por ello, un Estado nomocrático, que no impusiera ningún fin al individuo, ni conviertiera al ser humano en un medio del Estado. Pero la sociedad nomocrática no implica una sociedad carente de valores, sino una sociedad donde éstos no se imponen. Y dado que el ser humano necesita valores, y dado que los liberales creemos que esos valores deben descansar en convicciones libres, será prioritario que, entre otras instancias, la Iglesia se convierta en un referente de esos valores de los que históricamente ha sido depositaria. Si la Iglesia abnegara por completo de la custodia de esos valores, el Estado monopolizaría ese papel, no a través de la voluntariedad, sino de la fuerza. Por ello, La Iglesia tiene que expresar sus exigencia respecto al derecho público y no puede replegarse al mero ámbito del derecho privado. Por consiguente, debe estar atenta a que el Estado y la Iglesia permanezcan separados y que la pertenencia a la Iglesia mantenga claramente su carácter voluntario.

No se trata de que la Iglesia legisle en un sentido positivo, sino de evitar que el Estado cometa, mediante la ley, atropellos a la ética, a los derechos naturales. Si los liberales hemos asumido tal tarea, ¿por qué no debería hacerlo la Iglesia? ¿Por qué se ha de solicitar a la Iglesia, autoridad moral principal de más de 1000 millones de personas, que se repliegue sobre ella misma y no intente limitar el poder estatal para garantizar la dignidad humana y las convicciones libres de los individuos?

Así, el autor asegura que: Es cierto que un modelo ético no necesita ser refrendado por todos de manera universal para funcionar. Entre otras cosas porque eso es del todo imposible. Pero precisamente por ello, la Iglesia y sus poderes terrenales han impuesto durante siglos tales modelos morales por la fuerza, el castigo y el miedo. Leyendo cualquier artículo vinculado a la Iglesia estos días se aprecia la nostalgia, la indignación, al no poder interferir en las disposiciones del gobierno.

La tarea de la Iglesia, en palabras del propio Papa, no es imponer unos modelos morales, sino fundamentarlos en la libertad. Precisamente por ello, no me ha parecido en absoluto contradictorio criticar, como católico y como liberal, la desacertada estrategia de la jerarquía en relación con la reforma del Código Civil; se trata de una caso donde parte de la Iglesia se equivoca al creer que las instituciones deben ser salvaguardadas por el poder político y, por tanto, la Iglesia debe influir en la configuración que el Estado hace de esa institución. En realidad no hay nostalgia, sino el asumido deber de influir al poder político, no desde el Parlamento, sino desde la sociedad. Recordemos cómo antes Ratzinger recordaba que la Iglesia no debe "querer influir en el Estado como un órgano de poder"

El problema, repito, es que se lo intenta influir en un sentido erróneo. Pero aún así, ¿qué sentido tendría criticar a la Iglesia por pretender que el Estado regule el matrimonio en un determinado sentido (es decir, no por el sentido concreto, sino por la pretensión de intentarlo) y, en cambio, dar palmas cuando los homosexuales presionan (y no estoy hablando del más que dudoso lobby gay) al gobierno para que configure la institución matrimonial en otro? ¿Es qué los algunos homosexuales no han interferido en la configuración de la voluntad política?

Eso es precisamente lo que criticamos los liberales, que toda relación social deba someterse a los dictados y entresijos del poder político. Y de ahí que cuando la Iglesia no ha abandonado ese perverso juego esté, en mi opinión, equivocándose profundamente.

Con todo, el autor no parece estar de acuerdo con mi critica a sus ideas: la Iglesia es libre de salir a la calle y tratar de dar a conocer su repulsa ante determinadas acciones del gobierno. No seré yo quien critique eso, y si que puede verse cierta inclinación al pensamiento único en el que trata de impedirlo. Sin embargo, el problema es otro: no se trata aquí de entablar una discusión ante los poderes reales. Cuando todo está reglado de una forma única, revelada, la manifestación pública de la protesta es simplemente un "apaño" ante la imposibilidad de imponer la Verdad.

La manifestación pública de la protesta es el camino asumido por la Iglesia para influir en el poder político. Sería absurdo pretender que la Iglesia tomara el Parlamento para ello; el catolicismo, repito por enésima vez, descansa en convicciones libres, pero ello no significa que pueda abnegar de los derechos naturales de los que su tradición es depositaria. Si lo hiciera caería en la trampa del relativismo, en el absurdo de no tener la firmeza necesaria para defender al hombre del poder político; en sustituir a Dios por la omnipotencia estatal, en cuanto los criterios de éste sustituirían la dignididad humana que, para los católicos -aún cuando resulta racionalmente deducible y, por tanto, independiente de la cuestión divina- en última instancia, todo, incluida la dignidad humana y sus derechos, procede del Padre. Los derechos humanos no están sujetos al mandamiento del pluralismo y la tolerencia, sino que son el contenido de la tolerancia y la libertad. Privar a los demás de sus derechos no puede ser un contenido de la justicia ni de la libertad.

No se trata, en definitiva, de imponer la verdad, sino de defender la dignidad humana con uñas y dientes y de dar a conocer la palabra de Dios que, por la propia naturaleza voluntaria de la fe, no puede ser impuesta. Y es que los derechos humanos no se imponen, sino que son inherentes a él. La Iglesia sólo influye al poder político, por tanto, para evitar que esos derechos se violen; al margen de ello, la adscripción a la fe es libre.

Esto, extrañamente, es lo que reposa en el fondo de la propuesta del autor del blog que critica mis contradicciones: Un modelo liberal ha de proponer una ética mínima de convivencia, donde se respeten unos derechos mínimos que aparezcan positivados en las leyes. Pero ha dejar abierto el camino para que cada uno se atenga a un determinado despliegue normativo, que sólo tendrá como límite las propias leyes. La Iglesia diferencia, como ya he expuesto, claramente esos dos ámbitos. Otra cosa es que, en ocasiones, las materias que integran cada uno de esos ámbitos no queden claras. A mi juicio que el Estado deba monopolizar el matrimonio no está, en absoluto, en la naturaleza humana; y en tanto que no lo está carece de sentido toda discusión ulterior sobre cómo debe este Estado configur el matrimonio. Pero evidentemente la vida, la libertad y la propiedad privada sí lo están y, por tanto, la Iglesia debe intentan interferir en el Estado para que no los viole. En otras palabras, mientras el matrimonio es una institución social que evoluciona, la libertad es un derecho del ser humano que no admite configuración arbitraria por un tercero, sino que debe ser racionalmente aprehendida y comprendida.

Prosigue el autor señalando que: Desde la izquierda no hay un sólo modo de conocer la verdad. Esa es la izquierda dogmática, muy similar en contenido, alcance y consecuencias catastróficas a la derecha más radical. Derecha en la que se encuadra la Iglesia política y gran parte de sus fieles. Evidentemente la Iglesia no pretende, como tú afirmas, orientar la acción del gobierno; trata de implementar al máximo sus beneficios y su influencia en la sociedad

Y aquí entramos en una cuestión que, nuevamente, Benedicto XVI trata con exquisitez. Es incompatible afirmar que el ser humano tiene unos derechos previos al Estado y, al mismo tiempo, sostener que no existe la Verdad: Hoy día preferimos hablar de valores que de verdad para no entrar en conflicto con la idea de tolerancia y el relativismo democrático. Pero la pregunta planteada más arriba no se puede eludir con esa dislocación terminológica, pues los valores derivan su inviolabilidad del hecho de ser vedaderos y corresponder a exigencias y preguntas verdaderas de la naturaleza humana.

Los derechos naturales son creíbles en tanto que vedaderos, en tanto que verdaderas consecuencias de la dignidad del ser humano, en tanto que vedaderos fundamentos de una sociedad libre y próspera. Y la Iglesia en este sentido no está imponiendo un dogma -y, por supuesto, no estaría imponiendo un dogma distinto al de los liberales-, sino que está haciendo valer los derechos de los seres humanos. Otra cosa es que, desde luego, la Iglesia intente expandir su influencia en la sociedad, pero no a través de resortes políticos, ya que siempre que lo intente será criticable desde el mismísimo punto de vista de la Iglesia.

Pero, claro está, si lo que le pedimos a la Iglesia es que se repliegue en ella misma y aguarde su extinción, es que no tenemos ni idea acerca de la Iglesia católica y de cualquier religión en general. La Iglesia tiene la misión de expandirse, de anunciar la palabra de Dios. Pero ni el anuncio ni la palabra son sinónimos ni de imposición ni de fuerza. La libertad de las convicciones es la que les dota de valor moral y de importancia a los ojos de Dios, también desde la propia perspectiva católica; no sólo eso, no se trata solamente de que la fe haya sido difundida de una manera libre, sino de que sea una fe consciente, una fe orgullosa de sí misma, una fe que vaya a los fundamentos mismos de su existencia. No se trata de aborregar al pueblo, sino de convencerlo, de cultivarlo, de hermanarlo. Así, por ejemplo, Ratzinger afirma que: Cuando nosotros, como creyentes de nuestro tiempo, oímos decir, quizás no sin envidia, que todos nuestros antepasaos de la Edad Media eran, sin excepción, creyentes, haríamos muy bien en echar una ojeada detrás de los bastidores, guiados por la moderna investigación histórica (...) [que] nos enseña que para muchos la fe cristiana era solamente un esquema preconcebido de vida que por lo menos les ocultaba tanto como les mostraba la, a su juicio, ardua y auténtica aventura del "credo".

La expansión de la influencia de la Iglesia, por tanto, para la propia Iglesia, no tiene que efectuarse con la apariencia de un modo de vida cristiano, sino con la exploración individual y profunda del concepto de fe.

Afortunadamente, el autor no pretende acallar a los católicos, sino más bien, parece equivocarse acerca de la auténtica misión de la Iglesia: Sin embargo, desde el momento en que no puede convertir esa influencia en obligación, no entiendo porque se ha de evitar que los católicos se manifiesten o critiquen todo lo que quieran. Otra cosa es quitarles todos los vergonzosos privilegios de los que gozan actualmente, un bochorno para cualquier democracia liberal que se precie.

Nadie, empezando por el Papa, pretende imponer la fe. Otra cosa es que, efectivamente, la Iglesia debería terminar de separarse del Estado, también en la financiación, pero no olvidemos que ello debe ir, por coherencia argumental, asociado a una radical eliminación de cualquier otra subvención a ONGs, sindicatos, partidos políticos y asociaciones diversas. Lo que no tiene sentido es que se esté dispuesto a financiar cualquier asociación cultural marginal y, en cambio, se impida a la Iglesia acceder a la financiación pública. No estoy diciendo, para evitar suspicacias, que la financiación de la Iglesia deba ir aparejada a la de otras entidades (es decir, que el cese universal de la financiación pública sea condición sine qua non para dejar de financiar la Iglesia) sino que cualquier que defienda, como yo lo hago, el fin de la transferencia del expolio ciudadano a la Iglesia debe, necesariamente, por coherencia, defender el mismo criterio para cualquier otro tipo de asociación.

En el siguiente párrafo el autor pierde completamente el norte, pues intenta mostrar la desprotección que genera la no regulación estatal del matrimonio: Finliza la argumentación mostrando que el matrimonio ha de ser una institución fuera del estado, esto es, de caracter moral. Eso implicaria, por poner un ejemplo habitual, que un empleado no pudiese dejar su trabajo y acudir a cuidar de su cónyuge, enfermo en el hospital, sin miedo a ser despedido. Por no hablar de cuestiones como embarazos, que dejarían totalmente desprotegidos a los empleados frente a los empresarios. El matrimonio como entidad civil y de derecho es uno de los pilares fundamentales de un Estado de derecho.

Estamos, desgraciadamente, ante un ejemplo de clásica demagogia intervencionista. De la misma manera que no es necesario que el Estado imponga las vacaciones por ley para, en los casos en que así se deseara, los empresarios, como hacen ahora, las ofrecieran descontadas del sueldo (que nadie se crea la parodia de las "vacaciones pagadas"), tampoco habría problemas para que esos casos se encauzaran a través de un contrato. Es más, lo que permite ejercer presión para que así sea, es la certeza de que abandonado un trabajo, se podrá encontrar rápidamente otro. Si se impone por ley una serie de beneficios, el empresario que no esté dispuesto a asumirlos buscará, sin duda, la menor oportunidad para que quienes hagan uso de ellos acaban despedidos. Con la salvedad de que las enormes barreras al despido (y, por tanto, a la contratación) que existen actualmente, impiden una eficaz recontratación.

Y si en el anterior párrafo el autor había perdido el norte, en el siguiente desbarra totalmente: Y aquí, donde asoma el liberal radical es donde más absurda parece la defensa de la Iglesia como entidad política. ¿Cómo es posible defender la enseñanza de la religión es las escuelas públicas? ¿Cómo es posible que parte del dinero recogido por Hacienda vaya a parar a una entidad de carácter privado? ¿Cómo es posible aceptar que el Estado haga préstamos a una entidad privada a fondo perdido? ¿Cómo es posible que un liberal radical acepte todo esto y pase de puntillas ante tales contradicciones? Así es la derecha española: patética. Resulta dificil, por no decir imposible, aunar una política económica de corte liberal extremo con una ideología nacionalcatólica que busca la máxima injerencia en el estado.

Creía que hablábamos sobre liberalismo y no nacionalcatolicismo. Más que nada, porque el nacionalcatolicismo, como hemos visto, ni es liberal ni, para desgracia del autor del post, católico. El nacionalcatolicismo ataca tanto los fundamentos ácratas del liberalismo, como las convicciones libres sobre las que descansa el catolicismo. Y si una parte de la jerarquía defiende la educación pública deberemos criticarla como liberales y, en su caso, como católicos. Es, por tanto, simplemente ridículo que se planteen semejantes contradicciones. Por ignorancia del liberalismo y del catolicismo. Porque liberalismo+catolicismo no es igual a nacionalcatolicismo, sino a una especie de socialismo que dice hacer suyos los valores católicos, pervirtiendo su fundamento libre y voluntario.

¿En cuántas contradicciones hemos incurrido? Yo diría que en ninguna, porque una de las primeras lecciones que debería aprender un liberal es a distinguir entre los derechos y la moral. Defender la libertad no significa sancionar todo aquellos que, en el uso legítimo de esa libertad, pueda hacerse. Lección que, dicho sea de paso, sí ha sido interiorizada, si bien no muchas veces con el adecuado ejercicio, por la propia Iglesia. Pero señalar que ser católico y liberal implica una suerte de contradicción, es similar a señalar que ser liberal y madridista, liberal y vegetariano o liberal y ecologista, resultan incompatibles. Es decir, estaríamos totalizando y absolutizando la adscripción a la libertad; estaríamos negando, en el fondo, la misma esencia de la libertad que es la elección.

La única contradicción que, en todo caso, veo, no es la mía, ni la de los liberales católicos, sino la de todos aquellos que tildan a la Iglesia de conservadora cuando en el aprendizaje de esta lección fundamental, les lleva clarísimamente la ventaja.

Comentarios

 
De la capacidad o incapacidad crítica de Rallo creo que nadie tiene dudas por aquí, ni siquiera Manu.

Se han acostumbrado a juzgar la Iglesia como estructura de poder, siguiendo groseramente la teoria marxista de la alienación. Noticia bomba: hay creyentes. A millones.

Ya veremos que pasará cuando las periferias de las grandes capitales españolas estén sembradas de mezquitas en vez de parroquias. La tan cacareada "modelica transición española" hubiera sido muy distinta sin la buena voluntad y el esfuerzo de la universidad la izquierda obrera y tambien los religiosos. A cada cual lo suyo. El tiempo pondrá a cada cual en su sitio.

El problema educativo de España es absolutamente pavoroso, pero la religión católica tampoco puede servir como amaestramiento de los millones de recién llegados. No es eso. Religión es exponer que hay un señor en la historia que era el hijo de Dios. No se puede imponer ni siquiera en aras de la paz social.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 17:23 (1)
De lo mejor entre lo mejor que has escrito tio.

Saludillos
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 17:34 (2)
Tiene su coña, Rallo, que te acusen de ser poco menos que un colaboracionista del nacionalcatolicismo y que tu les desmontes el argumento citando a Ratzinger. Eres de lo que no hay. Saludos.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 17:39 (3)
Cuando al afán polemizador se le une una brillante inteligencia y unas precisas lecturas, salen “cosas” como Rallo. Un auténtico placer para el raciocinio.

Quedan claros así, de forma diría que definitiva, aspectos tales como la diferenciación entre la moral y el derecho, el papel necesario de la Iglesia en la primera y el fin único del liberalismo, que es el segundo.

De forma accesoria, también los lelos habituales, que opinan sin saber nada del personaje, apreciarán no sólo la finura intelectual del actual Papa, si no también su amor por la libertad, que se manifiesta en su claridad de ideas y en su recelo estatal.

Este post, por otra parte, debiera ser leído en una plenaria de la Conferencia Episcopal.

Amigo, aunque es difícil superarse dado el nivel que has alcanzado, lo haces día a día.

Has soltado un post simplemente sublime. Enhorabuena y gracias por compartirlo.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 17:42 (4)
Rallo, disculparás que yo no te adule, pero es que no comparto muchas cosas de las que hablas, no tanto en la "ctitica a la critica" que haces sino en cuestiones referidas al liberalismo, que ya otro dia con mas tiempo intentaré explicar. Pero eso si, no puedo marcharme sin decirte una cosa: bastante me chirriaba durante todo el texto la apropiación que haces de la palabra "liberales" como si hablases en nombre de todos o como si dicha palabra tuviese un significado univoco, pero ya cuando hablaste de los fundamentos ácratas del liberalismo crei desvanecerme pq va a resultar que ahora el liberalismo se reduce a los ancap. En fin, que espero tener tiempo para comentarte alguna cosilla. Gracias
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 18:19 (5)
Este es un matacuras de la última ola.

Es bastante pasmoso comprender que lo que se lee del unidimensional (muy acertado, a veces creo que hacen autocrítica, de la de verdad, sin querer) es lo de siempre: "fascista el que me lleva la contraria" (ahora toca "nacionalcatólico", uno de la nutrida colección de insultos). O sea, el estado mete su enorme maquinaria de coacción para imponer la moral progre (la última son las concesiones audiovisuales a progres pasadísimos en régimen de monopolio, la que toca a continuación es la "educación para la ciudadanía en los institutos) y cuando alguien protesta ¡pues que ese es malvadísimo porque quiere imponer sus tesis!

En serio, todos estos progres me dan la impersión de trileros de la palabra, de esos que se empeñan en "explicarte" que el tío que te da una leche con el puño en realidad es la víctima, que fue el malvado neoliberal o nacionalcatólico o simple derechista (póngase el insulto que corresponda) el que metió la cara a toda velocidad en la mano cerrada del pobre progresista.

Y lamento repetirme, pero cada vez me parecen más enfermos moralmente.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 18:26 (6)
"pero ya cuando hablaste de los fundamentos ácratas del liberalismo crei desvanecerme pq va a resultar que ahora el liberalismo se reduce a los ancap."

¡Hombre, ya llega un cátedro de arrabal para ilustrarnos!

Yo creo que se reduce a que nos amenazas seriamente con hacerte un par de pajas mentales en público con ancap o si él. Te agradecemos que tardes.

Sin acritud.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 18:36 (7)
Rallo eres un fenómeno. Un regalo para el intelecto.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 20:28 (8)
Después de leer un post como este uno sólo piensa en seguir aprendiendo, escuchando y leyendo, al darse cuenta de su gran ignorancia :D

Y en esa ansia de saber, y haciendo gala de mi recien conocida ignorancia simplemente quería plantear una duda esperando, como me ha pasado tantas veces en este post, encontrar una respuesta perfectamente lógica y que ni siquiera se me había cruzado por la cabeza.

Rallo habla de que el matrimonio debe quedar dentro del ámbito moral, y nunca del estatal. Me parece que desmonta perfectamente la excusa de los días libres por enfermedad del cónyuge (que yo tenía como una gran razón para regular relaciones de convivencia ;) )... Sin embargo, no acabo de ver por qué razón el Estado no debe proporcionar un mecanismo como la pensión de viudedad que permite o facilita la renuncia parcial o total de la vida laboral de uno o de ambos miembros de la pareja para un bien como la procreación y el cuidado de los hijos.

Creo que ese tipo de intervencionimo del Estado no difiere del intervencionismo en favor de la vida o de la propiedad privada, ya que busca proteger otro aspecto fundamental de la naturaleza humana como es su tendencia a la perpetuación y a la educación de su descendencia.

¿Algún comentario del que aprender :D ?
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 20:38 (9)
Bueno imore, el debate que planteas es el de ¿pensiones por reparto o por capitalización? Personalmente me postulo clarísimamente por las segundas: http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/2515/

Básicamente la razón es que la viuda no está cobrando las pensiones que proceden de los intereses o rentas de la riqueza que ella o su marido han ido acumulando durante toda su vida laboral, sino que vienen de las generaciones presentes. Esto podría parecer justo, pero no es viable. Cuando la estructura de población tenga un perfil más envejecido, no podrá sostenerse. Con lo cual las viudas de entonces se quedarán sin pensión.

La pensión de viudedad, en realidad, es un muy mal sustitutivo (habida cuenta de su efímera cantidad) del seguro de vida. La cuestión, por tanto, no es abolir las pensiones de viudedad, sino que pasen al ámbito privado por dos razones: a) para que aumenten en cuantía y b) para que sean realmente estables.

Planteate la siguiente cuestión: ¿cuántos jóvenes de 25 años esperan realmente percibir una pensión pública? ¿Y cuántas viudas futuras, por tanto, cobrarán la pensión? ¿Es éste el sistema de bienestar que queremos?
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:01 (10)
1º Respecto al concepto de izquierda que aquí se maneja (he leido el texto del link): "Particularmente me adscribo a la propuesta de Kuehnelt-Leddihn, de ahí que sostenga que la izquierda tiende hacia la igualdad más absoluta, hacia el odio a la diversidad, hacia el pensamiento uniforme y, por tanto, hacia la represión para conseguir violentar la naturaleza humana..."=> Esto es insostenible, 1º pq los conceptos de Izquierda y Derecha politica (!) son conceptos que nacen con la revolucion francesa, pero segun la idea que aqui se manjea podriamos calificar de izquierda a los Espartanos o a los Reyes Catolicos, lo cual sería absurdo. 2º-Pq a lo que se calificaba como derecha era al Antiguo Regimen de "el trono y el altar" y hoy en dia la derecha se define negativamente en funcion de los partidos autodenominados de izquierda, partidos que descienden de la izquierda comunista y socialdemocrata principalmente, pero esto no significa que tales partidos "de derechas" lo sean, sino que reciben dicho nombre por exclusion de los considerados como izquierda 3º- Pq izquierda no es un concepto unívoco, no hay una izquierda que nos oblige a hacer gradaciones de mas o menos izquierda (como usted mismo decia: el psoe es mas izquierda que el PP) sino que Izquierda politica es un concepto que engloba confusamente a diferentes tendencias que surgieron y se separaron con el tiempo, pero con la caracteristica comun de intentar aplicar la racionalidad a la vida política, eliminando el "poder divino" que el monarca recibia de dios. 4º- Pq no se puede englobar lo que el autor considera como bueno en un término y dejar las "lindezas" para definir al contrario 5º-Violentar la naturaleza humana? Deberiua explicar usted que naturaleza es esa.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:11 (11)
6º"La derecha se mueve a través de las tradiciones que evolucionan libremente para adaptarse a la sociedad humana; que no vienen impuestas desde arriba sino que se convierten en los mejores mecanismos para los fines humanos. No se trata de instituciones opresivas, mantenidas a través de la represión militar, sino de la persuasión y de la conveniencia"-> ¿las tradiciones evolucionan libremente? Serán las de los pueblos nunca sometidos quizás,pq otros muchos hubieron de cambiar las suyas o simplemente desaparecieron.La realidad es que la historia humana,incluidas sus tradiciones, tienen dificil explicación si excluimos las "represiones militares".¿Hemos de entender que la derecha es entonces una aspiracion mas que una realidad existente?O ¿acaso existe unicamente en las denominadas sociedades libres?No encontraremos una sola sociedad humana que haya "evolucionado libremente" (esto no se muy bien que significa,de ahi el entrecomillado) y cuyas instituciones se hayan adoptado por persuasion;la conveniencia, esto es, el exito de las tradciones/instituciones explica mucho mejor su pervivencia,pero en modo alguno exlcuye la coaccion o imposicion de las mismas(como por otra parte es obvio,dado que para existir un Estado ha de producirse la apropiacion de un territorio y una "homogeneizacion" de sus habitantes en muchos niveles y sin duda la posibilidad de represion es una buena persuasion)
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:28 (12)
1º No sería absurdo dado que, en caso contrario, las palabras carecerían etimológicamente de sentido y caerían en profundas contradicciones, como demuestra el autor.
2º Lo que propone precisament Kuehnelt-Leddihn es una redefinición de los términos para hacerlos realmente útiles.
3ºLa izquierda sí tiene un conjunto de características comunes en torno a la igualdad, creo que en eso no hay duda. Y si favorece la igualdad es que repudia la diversidad.
4º Simplemente atiende al significado etimológico de izquierda y derecha tal y como ha evolucionado a través de la institución del lenguaje. Lo cual me parece del todo correcto; sí usted cree que lo bueno para el ser humano es el intervencionismo y la planificación socialista, demúestrelo y podrá encuadrarse en la derecha, esto es, en lo que es bueno para el ser humano.
5º La naturaleza humana que tiende hacia la diversidad, precisamente Kuehnelt-Leddihn lo explica en otro artículo: http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/2603/
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:29 (13)
7º-" Por ello mismo no puedo aceptar que el totalitarismo sea una deformación de la izquierda, sino su expresión más depurada. Por ello mismo no puedo aceptar que el reduccionismo moralizante del anquilosado conservadurismo estatal sea una deformación de la derecha, sino otra forma de izquierda."=> hablar de expresion mas depurada denota tu idea univoca de izq. de la cual existirian derivaciones mas "amables", pero a la cual identificas finalmente con la dictadura, habria que volver aqui a considerar si Ivan el terrible era de izquierdas o solo son d izqds si es a partir de 1789? Gracias
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:31 (14)
6º En realiad la derecha acepta la evolución de las instituciones como el paso del latín a las lenguas romances y estás a sus formas más depuradas. O la adopción internacional del patrón oro. O las formas de derecho consuetudinario. Los seguros también son otro tipo de institución que se ha ido adaptando y mejorando a lo largo del tiempo, sirviendo de mejor manera los intereses humanos. Al principio era impensable el seguro por suicidio y hoy existe.
A lo que se opone la derecha es a ese proceso de homogeneización del que habla usted y que precisamente sólo se justifica en la existencia de un Estado del que la derecha recela. Invierte la causalidad, la gente debe ser reprimida para mayor gloria del represor mayor, lo cual es absurdo desde un punto de vista derechista-liberal.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:32 (15)
1º No sería absurdo dado que, en caso contrario, las palabras carecerían etimológicamente de sentido y caerían en profundas contradicciones, como demuestra el autor->pero aqui no definimos palabras, sino conceptos, y el concepto de izq politica no puede aplicarse retroactivamente mas que a modo de analogia barata.
3ºLa izquierda sí tiene un conjunto de características comunes en torno a la igualdad, creo que en eso no hay duda. Y si favorece la igualdad es que repudia la diversidad-> Si yo le dijera que considero al liberalismo como izquierda quizás no opinase lo mismo, y sobre la diversidad ellos mismos (los autodenominados de izquierda) dicen apoyarla y le darian otra definicion de igualdad que no se refiere al igualitarismo: Algunas de las corrientes de izquierdas efectivamente se centraron en el 2º principio de la revolucion, mientras que otras, como el liberalismo lo hicieron en el 1º. Enlazando con esto, le aseguro que por su definicion, todo el mundo se considera de derechas, una definicion muy elastica me temo. Y para hacerlos utiles deberiamos superarlos (los conceptos) dando una cumplida explicacion de los mismos, solo que esto es demasiado largo y queria comentar otras cosas de su post, asi que para otra ocasion xD
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:38 (16)
"De la misma manera que Dios no puede hacer que dos por dos no sean cuatro, no puede que lo que es intrínsecamente malvado no sea intrínsecamente malvado"--> ergo, no es dios xD
Dices: "Si el hombre es sistemáticamente atacado y vilipendiado, si no se respeta la dignidad humana y todo cuanto puede conseguir con ella (su propiedad), la estructura política se colapsará" Luego, hay que defenderse, hay una estructura politica a la que defender.
"Sin unos ciertos criterios éticos que delimiten la importancia de la vida y libertad humanas, así como del subproducto de la misma, su propiedad, no es posible ningún tipo de cooperación social"---> Me gustaria que me comentases como se consigue esto... si hay gente que no está de acuerdo esperaremos pacientemente a que se convenzan?
"La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento que sólo contiene derecho positivo, es una Declaración de los Estados que deciden autolimitarse"-> Es obvio que los Dchos Humanos son pura metafisica, sin embargo el "solo derecho positivo" me asombra, que significa eso de "solo"?
"La necesidad limitativa del Estado no proviene de un documento que el propio Estado suscribe, sino de imperativos anteriores."--> que son?

Ahora me tengo que ir, gracias por conestar, ah y piense que si le leo es pq considero que no pierdo el tiempo, pero no me es posible realizar un comentario para dar una palmadita, me gusta mas la polemica, siempre que sea de buena voluntad. Un saludo.
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 21:51 (17)
Muchas gracias, eaco por la contestación. De nuevo me ha gustado la respuesta pues me ha hecho eliminar algunos prejuicios que adoptaba como ciertos y que me impedían ver con claridad.

Sin embargo, mi pregunta no iba tanto por la pensión en sí, sino sobre cualquier tipo de medida a nivel estatal orientada a proteger la procreación y la educación de la prole.

Es decir, si se justifica el obligar a participar a todos de la protección, cuidado y educación de las nuevas generaciones, así como de garantizar estas, del mismo modo que todos participamos del gasto para la protección de la propiedad o de la vida.

Con respecto a las pensiones, me surge una duda: Aceptando el envejecimiento de la población y el mantenimiento de las pensiones por aquellos que trabajan y no por los que perciben la pensión: ¿Qué hace pensar que ese hecho cambie al pasar de público a privado el sistema de gestión de las pensiones?
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 22:04 (18)
Ratzinger, puedes hablar de estructura política o de sistema social, en cualquier caso sin propiedad se derrumbará.

Los derechos pueden delimitarse consuetudinariamente o por agencias de seguridad privadas que, en caso de conflicto, recurriesen al arbitraje (dando, por tanto, origen a una norma consuetudinaria) Así podría funcionar un sistema sin Estado; en un sistema estatal se ha de exigir que el Estado se reduzca cada vez más, en especial, en el ámbito de los derechos positivos.

Que la Declaración de los Derechos Humanos es sólo derecho positivo se debe a que originariamente su legitimidad procede de la aceptación por parte de los Estados, esto es, sus principales infractores. Los imperativos anteriores son, claro está, derechos naturales.

Imore, el sistema público y el sistema privado no tienen nada que ver. Un sistema público se basa en que las generaciones jóvenes pagan su pensión a las generaciones envejecidas. En el sistema privada, cada persona ahorra y capitaliza su ahorro. ¿Qué significa capitalizar? Se invierte esa renta y se percibe un interés. La inversión de la renta incrementará la producción en la sociedad (la inversión, por ejemplo, puede plasmarse en máquinas más productivas), con lo que toda la sociedad se beneficiará a través de unos precios más bajos.

El sistema no puede colapsarse dado que cada cual se paga su pensión, ahorrando y capitalizando durante toda su vida laboral. Es indiferente cual sea la estructura productiva, pues la pensión de las generaciones adultas no descansa en las generaciones jóvenes, sino en la riqueza acumulada y en la rentabilidad que esa riqueza genere.

En otras palabras, se ha de permitir que la contribución a la seguridad social pueda ser invertida por cada persona en su jubilación, en lugar de ser gestionada por el Estado (quien NO la invierte, sino que la traslada a los pensionistas)
Enviado por el día 27 de Junio de 2005 a las 22:25 (19)
Te felicito por esta inteligente crítica realizada con tiempo, entusiasmo y coherencia. Me alegra comprobar que te alejas claramente de algunos energúmenos que me tachan de progre o izquierdoso sin, supongo, haber leido demasiados post de mi blog, probablemente ninguno. En este momento me resulta imposible contestarte con el rigor que te mereces, pero me comprometo a hacerlo en breve, si es posible esta misma tarde. Avisaré con tracback pues contestaré en mi blog. Por cierto, no conozco al tal Kuehnelt-Leddihn, pero mirando un poco por la red, ¿no será el Kuehnelt-Leddihn que defiende la monarquía contra la democracia? No me parece eso muy liberal, creo. Sin embargo, trataré de leer un poco más sobre ese autor para no caer en el pecado mortal de ser un "pedante google" (en micaso "pedante wikipedia".
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 08:08 (20)
Sí, es el mismo. No creo que sea antiliberal defender la monarquía o la democracia, dado que son sistemas políticos que, para ser liberales, deberán respetar la libertad. Aparte Kuehnelt-Leddihn contrapone monarquía a tiranía. Mi opinión sobre el tema está aquí: http://www.liberalismo.org/articulo/233/
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 10:31 (21)
¿ Es posible una sociedad liberal sin familia católica? ¿ sin religión alguna? ¿sin iglesias?
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 15:18 (22)
¿Como va a haber una Sociedad liberal en la que se prohiban las iglesias? Prohibido prohibir.
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 15:36 (23)
Es posible una sociedad liberal sin Iglesias, siempre que la decisión de que nos las haya sea tomada libremente, por individuos libres.

Desde el momento en el que alguien quiere "fundar" una religión, o tomando alguna "revelación" del pasado o de su propia historia presente, opta por construir templos, y realizar cultos, sean los que sean, atrae seguidores (libremente), etc., por ser libre esa sociedad, existirá una religión.

Creo que esto es obvio.

Saludillos
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 15:53 (24)
Henry Hazlitt escribió el libro "Los Fundamentos de la Moralidad" (en inglés), donde queda claro que hay todavía moralidad más allá de la religión. Claro que sí.
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 16:35 (25)
Por otra parte, primera vez en mi vida que leo la expresión "ideología nacionalcatólica...", una expresión que no tiene nada que ver con personas como nuestro autor.
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 18:14 (26)
Siento que hayan llegado estas horas de la noche y no me haya sido posible contestar tu post como se merece, con detenimiento y tranquilidad. Por desgracia, mañana tampoco será posible, y tendré que esperar al miércoles para poder hacerlo. En este tiempo, probablemente este post quedará en las entrañas de tu bitácora. Me gustaría, si fuese posible, cuando llegase el momento que notificases en éste que he contestado, más que nada para seguir con lo que me parece un diálogo fructífero tanto por lo escrito por tí como en algunos comentarios. Individuos, en cambio, que escriben ciertos comentarios que me acusan de progre, quemaiglesias y tonterias por el estilo pueden abstenerse. Está claro que en ellos puede más la ideología que los argumentos.
Sinceramente, he de pedir disculpas si he sido malinterpretado o no me he explicado con claridad respecto a lo del nacionalcatolicismo. LA referencia explícita al mismo se debe a que, claramente, por muchas citas de Ratzinger que pongas, las demandas de la Iglesia son, digas lo que digas, intentos de injerencia en el Estado, no simplemente constituirse en un grupo de presión como muchos otros; y por tanto la diferencia con el nacionalcatolicismo es tan sólo cuestión de grado. Con eso lejos de acusarte a ti de defender un nacionalcatolicismo que no sea el que impregna la Iglesia, al menos la española que es la que más conozco. La cuestión de la enseñanza de religión en nuestros centros públicos es un claro síntoma de ello, por no hablar de aspectos financieros del concordato. Cuando la conferencia episcopal se ha de reunir frente al gobierno de un estado democrático amenazando y buscando prebendas a cambio de estabilidad y poca guerra, poco sentido tiene hablar de una iglesia liberal. Y es que esta es la cuestión de tu nuevo comentario: desde luego, pretender que la Iglesia es una entidad de caracter liberal me parece ya completamente ridículo. Agradecería enlace al artículo de Ratzinger.
Enviado por el día 28 de Junio de 2005 a las 21:56 (27)
Primero, yo no he dicho que la Iglesia sea liberal, sino que no es incompatible ser católico con liberal. No hay ni contradicción ni incompatibilidad, especialmente cuando, por coherencia católica y liberal, se siga criticando a la jerarquía cuando quiera dominar el Estado.
Segundo, por ello mismo, la práctica de la Iglesia será censurable, no desde presupuestos liberales, sino incluso desde presupuestos católicos. Y estos presupuestos católicos quedan reiterados recientemente: http://www.elmundo.es/elmundo/2005/06/24/internaci...
Tercero, el nacionalcatolicismo no es catolicismo, pues intenta fusionar Iglesia con Estado, lo cual simplemente atenta contra la base misma del dualismo católico.

No hay enlace al artículo de Ratzinger, son citas extraídas de varios de sus libros: "Iglesia ecumenismo y política", "Introducción al Cristianismo", y "Verdad, valores, poder"
Enviado por el día 30 de Junio de 2005 a las 12:17 (28)
No tiene ningún sentido, lo digo por el artículo que enlazas, aprobar el laicismo del estado para luego hacer referencia a las raices éticas del mismo, por supuesto, de carácter católico y cuanto más estrictas mejor. Si ratzinger se refiere simplemente a que no veamos prelados en los ministerios, poco valor tiene tal supuesta modernización. Es una contradicción absoluta. Al intentar hacer aparecer a la Iglesia como un cuerpo no político y que no se interesa por influir en los gobiernos democráticos, es cuando me da la sensación de que estás intentando hacer pasar a la Iglesia por institución liberal.
Por otra parte, tampoco he dicho en ningún momento que no se pueda ser católico y liberal a un tiempo. Lo que no se puede ser es liberal radical y católico que acepta la doctrina de la Iglesia en su carácter de intervencionismo y parasitismo.Me alegra tu respuesta porque parece que estamos de acuerdo, lo malo es que hablas de los católicos como si estos constituyesen la jerarquía católica.
El nacionalcatolicismo no era una corriente segregada de la Iglesia ni nada por el estilo. Era la Iglesia en España. Y ni aún entonces la Iglesia buscaba instituirse como Estado. Así que las declaraciones de Ratzinger en ese sentido no me tranquilizan nada. La Iglesia no necesita ser Estado para participar del poder político. Pero claro, si introducimos, como tú haces, la diferenciación entre nacionalcatolicismo, una instancia política, con catolicismo, entidad religiosa, en lugar de con Iglesia o jerarquía eclesiástica, poco vamos a aclararnos. De lo que se trata es de ver en qué se parece ese nacional catolicismo a las prebendas e influencias, reales o deseadas, que se gasta la jerarquía eclesiástica. Creo, por desgracia, que en demasiadas cosas. ¿A qué te refieres con dualismo catolico? ¿Ciudad del hombre vs Ciudad de Dios? Pareces una persona muy culta, así que sabrás que tal separación es, teológica y políticamente discutible para la jerarquía eclesiástica.
Enviado por el día 30 de Junio de 2005 a las 13:26 (29)
Ya tenéis la contestación en mi blog. Siento haber tardado tanto. Absténgase energúmenos y trolls, si es posible. Sigo sin entender el trackback de esta bitácora, pero no lo intentaré de nuevo por si sale cincuenta veces como la última vez. Aquí está la dirección:
http://unidimensional.blogspot.com/2005/07/liberal...
Enviado por el día 5 de Julio de 2005 a las 12:02 (30)

No se admiten ya más comentarios.

Usuario Contraseña  
Web alojada en Ferca

Mapa del sitio Mapa del sitio
Texto normal Texto grande