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20 de Septiembre de 2006

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La izquierda es lo que tiene, incluso en Hungría

Andan estos días muy revueltos los húngaros desde que se filtró a la prensa una conversación privada del primer ministro Ferenc Gyurcsany, del MSZP (también es casualidad la terminación del acrónimo) de tendencia socialdemócrata. Según la filtración, Gyurcsany admite haber mentido durante año y medio sobre la situación económica del país con el fin de ganar las elecciones de abril y que finalmente ganó con el 48% de los escaños. En palabras del propio político, "lo hicimos todo en secreto para que no se publicara nada antes de las elecciones".

Tras la victoria, el gobierno socialdemócrata húngaro tomó medidas económicas muy en la línea intervencionista, como era de esperar, introduciendo nuevas cargas impositivas para, según ellos, poder ingresar en la fase previa al ingreso al euro entre 2007 y 2009 y adoptar esta moneda entre 2009 y 2011. Al pueblo soberano no le ha sentado muy bien este ejercicio práctico de teoría goebbelsiana por lo que ya llevamos tres días de manifestaciones y violentos choques entre policía y manifestantes. Choques en los que no hay que descartar que alguno quiera sacar más tajada de la que debería sacar, es decir la dimisión del mentiroso y el anuncio de nuevas elecciones legislativas. No es la primera ni será la última vez que la izquierda usa la mentira de manera tan burda y útil para ganar unas elecciones. Sin lugar a dudas, si este político húngaro de nombre complicado se hubiera llamado Rodríguez y hubiera nacido en España, lo mismo era presidente de gobierno. No creo que haya hecho mucho más de lo que nuestro entrañable ZP hizo después del 11 de marzo. Vamos, que a falta de nuevos descubrimientos, sus mentiras son mentirijillas casi bienintencionadas si las comparamos con lo que por estas hispanas tierras respiramos. ¡Si hasta parece que es él el que ha filtrado la conversación!

Cabe preguntarse cuál es la razón de este tipo de comportamientos. La corrupción y el ansia de poder sería una aproximación no carente de sentido y contenido, pero eso explicaría cualquier tipo de corrupción, venga de donde venga, de derechas y de izquierdas, de arriba y de abajo. Mientras el Estado siga otorgando privilegios a algunos y agrande sus círculos de intervención entre la sociedad, siempre surgirá, y no necesariamente por egoísta interés, alguien que se lucre de la desgracias ajenas, incluso de las desgracias que no son tales sino una de las muchas neuropatías que padece la Sociedad del Bienestar.

Quizá para entender esta tendencia de las izquierdas a mentir y manipular para conseguir sus objetivos habría que buscar en su naturaleza utópica. La izquierda busca el jardín del Edén, la sociedad ideal en la que nadie sufra, en la que nadie sienta ni padezca, la sociedad perfecta, la organización perfecta. Ese objetivo utópico, lejano pero desde su perspectiva alcanzable si todos nos comportamos de una determinada manera, es la base de dos de sus pilares de actuación, la ingeniería social cuyo objetivo es preparar intelectualmente a la muchedumbre para lo que le espera y el relativismo moral que lleva a usar cualquier método posible para alcanzar el poder, incluida la mentira y la falsificación de la realidad.

La ingeniería social tiene su máximo exponente en la educación pública que no nace precisamente en un contexto marxista y socialista sino en el nacionalista. Fue Bismarck, si mis conocimientos no fallan, el que empezó a introducir este nuevo servicio público en su adorada Prusia. Semejante herramienta era demasiado poderosa para que no se convirtiera en esencial para el Estado, sobre todo si este es expansivo y tremendamente intervencionista. Hoy mismo, la educación pública es un elemento esencial en cualquier campaña electoral hasta el punto de que desde posturas no demasiado extremistas se vitupera la educación privada de la que se dice que es clasista e incluso peligrosa. El relativismo moral es algo que no todo el mundo termina de captar sobre todo si los que lo practican son del bando en el que se milita. No voy a caer en el tópico de "todos los políticos son iguales", porque sería una tremenda injusticia, pero sí creo que todos los políticos juegan en un tablero con las reglas amañadas, donde la moral que se lleva es la políticamente correcta y donde la ética individual importa poco si lo que se quiere es conseguir resultados electorales.

Si a la mentira unimos el caudillismo, esa impronta que tienen los aprendices de tirano, que les lleva a sentirse llamados por un ser superior, llámese Dios o la Historia, para llevar a cabo una magna obra que los ciudadanos no llegamos a entender en todos sus vericuetos, entonces podemos entender a personajes como el primer ministro húngaro o otros más cercanos a nosotros, como el mismísimo ZP que está dispuesto a alcanzar la paz con ETA, ganar la Guerra Civil setenta años después e instalar en el mundo un orden nuevo que ha querido bautizar como Alianza de Civilizaciones, que terminará no sólo con el terrorismo islámico sino con todo tipo de conflicto presente y futuro. Dios nos coja confesados, pero la izquierda es lo que tiene.

Comentarios

 
Eso mismo hizo el ex canciller alemán con las cifras macroeconómicas antes de ser reelegido. A veces me sorprende lo dispuestos que están los ciudadanos de las nuevas democracias a hacer valer sus derechos, aunque de forma un tanto tumultuosa.
Enviado por el día 20 de Septiembre de 2006 a las 22:03 (1)
Si el relativismo moral en que se encuentra la izquierda permite usar cualquier método técnicamente posible para alcanzar el poder la falsificación de la realidad y la mentira sistemática están muy abajo en el ranking de las posibles acciones a realizar. Otros habrán llegado ya mucho más lejos, tanto como para que no quepa imaginar la difusión voluntaria de tal estrategia más allá de un muy reducido petit comité.
Enviado por el día 21 de Septiembre de 2006 a las 17:57 (2)
ya pero nos olvidamos que hay mucho gili... dispuesto a creerles las mentirijillas a esos señores y ano pasarles ni una a los conservadores o liberales de derecha o como se les quiera llamar y sino miremos a españa, con las guerras por eje. Alguien dice algo ahora de la del Líbano, donde están los pacifistas, donde cristina del valle o miguel bosé o pilar bardém, lo que demuestran del tipo de mier.. que está fabricados
Enviado por el día 21 de Septiembre de 2006 a las 21:07 (3)

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