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Seny: Agosto 2003

30 de Agosto de 2003

¿quién será..., será...?
No lo sé.
Por estos cibermundos de Dios, me he encontrado con esta chorradita:

El lunes, España va a tener PP para Rato, los socialistas se irán al caRajo-y los nacionalistas van a sufrir un tirón de Oreja

Veremos...
Pesadillas Made In USA
Aprovechando que mi malvado vecino de bitácora nos cuenta historias aterradoras, voy a contarles que Fernando Díaz Villanueva nos cuenta que Adolfo Rivero Caro le cuenta que le cuentan esta historia que no tiene desperdicio...

Hechos convenientemente olvidados



En 1969, un grupo de Panteras Negras decidió que un compañero Pantera Negra llamado Alex Rackley necesitaba morir. Rackley era sospechoso de deslealtad.



Primero le ataron a una silla. Una vez inmovilizado, sus amigos le torturaron durante horas a base de, entre otras cosas, echarle agua hirviendo por encima.



Cuando se hartaron de torturar a Rackley, Warren Kimbo lo sacó afuera y le metió una bala en la cabeza.



El cadáver de Rackley fue encontrado más tarde flotando en un río a unas 25 millas a norte de New Haven, Connecticut.



Tal vez, llegados a este punto, sientan ustedes curiosidad por saber qué sucedió a esos Panteras Negras. En 1977, apenas ocho años después, sólo uno de los asesinos estaba todavia en prisión. El que disparó, Warren Kimbo, consiguió hacerse con una beca para Harvard, y llegó a hacerse buen amigo del mismísimo Al Gore. Más tarde, se hizo decano asistente en el Eastern Connecticut State College. Casi nada ¿eh?



Siendo un radical de los años 60, uno puede meterle una bala en la cabeza a alguien y, al cabo de unos años, ¡llegar a decano asistente de un college! ¡Esto sólo sucede en América!



Erica Huggins fue la dama que sirvió a los Panteras el agua hirviente para la tortura del Sr. Rackley. Algunos años después, la Sra. Huggins fue elegida para una junta educativa en California.



¿Cómo diantre creen ustedes que puede ser que estos asesinos se salieran con la suya tan fácilmente? Tal vez, se debió, en parte, a los esfuerzos de dos personas que salieron en defensa de los Panteras. Estas dos personas, de hecho, llegaron hasta el extremo de cerrar la Universidad de Yale con manifestaciones en pro de los Panteras Negras acusados durante el juicio.



Una de estas personas no era otro que Bill Lan Lee. El Sr. Lee, o Sr. Lan Lee, o lo que sea, no es el decano de ningún college. Él no es miembro de ninguna junta educativa en California. Él es ahora el jefe de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, nombrado ni más ni menos que por Bill Clinton.



Muy bien, entonces ¿quién era el otro defensor de los Panteras?



¿Es este otro notable defensor de los Panteras un miembro de alguna junta educativa en la actualidad?



¿Es este otro apologista de los Panteras un decano asistente en algún college ahora?



¡No, nada de eso!



El otro defensor de los Panteras era, como Lee, un radical estudiante de derecho en la Universidad de Yale, por aquel entonces. Ella es ahora conocida como la "mujer más lista del mundo". No es otra que la senadora Demócrata por el Estado de Nueva York - nuestra antigua primera Dama, la increíble Hillary Rodham Clinton.



Y ahora, como suele decir Paul Harvey "ya conocen ustedes el resto de la historia".



¡Que corra la voz! Esto merece la más amplia cobertura. ¡Recordadlo también, si y cuando ella se presenta para Presidente!



(Sabéis que lo hará . . . .)


Por lo que he podido averiguar, hay quien duda de que el Sr. Kimbo llegara a decano asistente o de que esas manifestaciones en Yale consiguieran cerrar la universidad. Lo que nadie pone en duda es que se cometió un asesinato a sangre fría y que Doña Hillary apoyó a los asesinos. Pero, en fin, ¿qué sería de los rojos sin asesinatos de por medio? Bueno, de ahí viene la expresión ¿no? Del color rojo de la sangre de sus víctimas. Y, es bien sabido, que si la izquierda adolece de algo es de la perpetua necesidad de víctimas. Burgueses, proletarios, hombres, mujeres, ancianos, niños, europeos, asiáticos, campesinos ricos, pobres inválidos, católicos reaccionarios, homosexuales afeminados, blancos, negros... ¿qué más da? Carne de cañón. ¡Hay que sacrificarse por la sociedad, camaradas! Chachi, pues que empiecen ellos a poner el cuello. Es su turno. ¿Se escaquean? Me lo temía.
Empecemos la Tercera Guerra Mundial
Las palabras 'individualidad' y 'libertad' no son simplemente sucios vocablos, son profanidades. La individualidad es el eufemismo de la codicia. Libertad significa pedófilos, traficantes de drogas y terroristas haciendo lo que les viene en gana y motoristas ebrios a toda velocidad acribillando niñitos de roseados mofletes como en un juego de bolos. La libertad para todos es entendida en general como la libertad de los viejos para morir de hipotermia en solitarias chozas y la libertad de las madres solteras de vagabundear por las calles bajo la lluvia acunando sus cargas, rogando por la caridad de los extraños. 'Privacidad' significa tener algo que esconder.
Así se expresaba hace apenas dos años el liberal británico Dr. David K. Carr en un inspirador ensayo corto titulado Let's Start World War Three (Empecemos la Tercera Guerra Mundial: Las ideas son nuestras bombas y las palabras nuestras balas).
Carr expresaba una visión diametralmente opuesta a la de Fukuyama. La guerra por la libertad del ser humano no está ganada. La última batalla no ha sido librada todavía y hasta el rabo todo es toro. Los enemigos siguen ahí afuera dale que te pego con sus andanadas totalizadoras. Pero como ya advirtieron hace mucho veteranos de esta guerra tan curtidos como Frédéric Bastiat o Ayn Rand, lo que hace falta para que venza el Mal no es que los malos se esmeren sino que los buenos se dejen acobardar.
El intrépido individualismo y el espíritu aventurero de los anglosajones está muerto y lo que lo ha substituido es una combinación realmente repugnante de aversión al riesgo, neurosis sanitaria, auto desprecio y nauseabunda sentimentalismo. El famoso labio superior firme se ha transmutado en uno inferior en permanente tembleque.
Dije que esta guerra es por la libertad del hombre. Pero es que sin ésta nos quedaríamos sin sociedad. Aquí nos lo jugamos todo.
Lo que estamos presenciando es la gradual retirada de la Ilustración; la disminución de cada confiado instinto que dio luz a la civilización occidental. Amenos que detengamos esta tendencia, nos arriesgamos a quedar congelados en ámbar o, peor aun, en algún estado medieval de campesinado acurrucado, temblando ante el estruendo de trueno.
Esto, para cualquiera que sea capaz de visualizar el potencial humano que la libertad desata, es inaceptable.
Esto no puede seguir así. No podemos seguir batiéndonos en retirada y cediendo el paso a los ecologistas, marxistas y femiNazis simplemente porque hacerlo hace la vida más fácil. Amenos que contraataquemos pronto nos encontraremos con que la vida, lejos de ser fácil, no valdrá la pena vivirla. No es suficiente tener simplemente la razón. Tener la razón no significa necesariamente que vayamos a prevalecer.
Puesto que tenemos la razón ¡a usarla y a por ellos!
Las ideas son nuestras bombas y las palabras nuestras balas. Usadlas a discreción. Desafiad cada unánimemente rojiverde suposición flatulenta que os encontréis; degollad cada vaca sagrada, no dejéis sensibilidad alguna indemne, reventad cada pompa y desinflad cada ego. Que cada insulto despectivo y cada aullido de mofa silbe alrededor de vuestras cabezas pues nosotros somos eléctricos y temibles y terribles. Comemos relámpagos y masticamos truenos. Llevamos protecciones de uranio y sólo pueden herirnos si nos dejamos.

Perded amigos si es necesario y haced enemigos si tenéis que hacerlo. Después de todo, es la guerra y tendrá que haber bajas así que ofended, ofended y volved a ofender. Dejadles boquiabiertos y con los ojos desorbitados ante vuestra audacia. No hagáis prisioneros ni ofrezcáis cuartel. Que lloren y chillen y se retuerzan y corran y, cuando finalmente enarbolemos nuestra bandera sobre su ciudadela, nos sorprenderá cuan endebles e insustanciales eran ellos en realidad.

El día-D acecha. Debemos prepararnos para entrar en el meollo, o no será sólo la libertad lo que podrá perderse sino la esencia misma de lo que nos hace humanos. Fracasad y un Milenio de Tinieblas se nos vendrá encima. Triunfad y viviréis para contarles a vuestros nietos lo que hicisteis en la guerra.

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