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Seny: Mayo 2005

31 de Mayo de 2005

Se acerca el Día... ¡Viva el capitalismo!
Por increíble que parezca, hay quien lleva unos años organizando el Día Internacional del Capitalismo. El primer domingo de junio celebran en varias ciudades de todo el mundo el espíritu emprendedor y la libre economía, o en sus propias palabras:
En este día, en todo el mundo, damos las gracias a los Productores y Creadores: los grandes benefactores de la humanidad. Les extendemos una mano de amistad, les apoyamos y alabamos sus logros, independencia de pensamiento y su coraje en la búsqueda de sus sueños. Y defendemos el único sistema político que hace que todo esto sea posible.
Se basan en las ideas de Aristóteles, Adam Smith, John Locke, Frédéric Bastiat, Thomas Jefferson, Ayn Rand y Ludwig von Mises, para dedicar un día a dar gracias por el capitalismo. Desde que empezaron, hace unos años, han puesto un gran énfasis en que todas las celebraciones de este día sean no sólo pacíficas sino alegres y positivas.

Además, en cada una de las ciudades participantes, se otorga el Premio Capitalismo a alguna persona que haya destacado en la defensa de la libre economía o que sea un buen ejemplo de ella.

30 de Mayo de 2005

Mao: la historia desconocida
Jung Chang ha conseguido vender más de diez millones de ejemplares de su penúltimo libro, Cisnes salvajes. En él narra los destrozos que el maoismo causó a tres generaciones de su familia.

Ahora leyendo a Jonathan Mirsky en The Independent me entero de que la escritora y su marido Jon Halliday, especialista en archivos soviéticos, acaban de publicar una biografía sobre el sanguinario caudillo chino Mao Tse-tung titulada Mao: The Unknown Story.

La pareja ha dedicado una década a recopilar información en archivos soviéticos y se ha entrevistado con multitud de personas que mantuvieron relación con Mao tanto dentro como fuera de China.

El resultado, cuentan, es una avalancha de datos desmitificadores que muestran a un Mao mentiroso, mujeriego, sádico y genocida. Se explica cómo numerosos episodios bélicos legendarios no fueron simplemente tergiversados sino lisa y llanamente inventados de principio a fin. Se detalla los excesos que cometió en sus turbulentas relaciones familiares y los traumas que causó a esposas y descendientes.

La tesis central de la biografía es que las atrocidades de Mao nada tienen que envidiar a las de Hitler o Stalin. Dice Mirsky:
Infundió temor y obediencia en círculos cada vez más amplios hasta que consiguió algo que ni Hitler ni Stalin jamás habían intentado: volver a millones de su propia gente los unos contra los otros al persuadirles de que había espías, enemigos de clase, contrarrevolucionarios, y antimaoistas por doquier. Había aprendido temprano que más que enviar a las víctimas a los campos o al Gulag, o que torturarles y asesinarles en secreto, lo que realmente aterraba a las masas era contemplar la tortura y la ejecución y hacer de tales actos criminales una virtud revolucionaria.
Habrá que leerla.

29 de Mayo de 2005

Una aclaración sobre los derechos sociales fundamentales
En relación con este escrito sobre los llamados "derechos sociales", un lector me plantea lo siguiente:
Hay una cosa que no me encaja y me gustaría entender. Se defiende el derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada. Nada objetable. La duda está si incluyen también la igualdad. Entiendo que sí si se limita a igualdad ante la ley y a la igualdad de oportunidades. Y es en este último aspecto donde creo que el liberalismo puede chocar en la crítica a algunos derechos sociales.

Para entendernos, si se defiende la igualdad de oportunidades creo que el estado debe garantizar -no necesariamente ejecutar en la práctica- la educación y la sanidad. ¿Por qué? Pues porque ningún niño debería verse condenado a una falta de educación porque sus padres no supieron, no pudieron o no quisieron dársela. Y en cuanto a la sanidad, tampoco nadie debería quedar condenado por una enfermedad -sobre la que uno no tiene control- tal que supere cualquier seguro que pueda contratar. Y las soluciones de la caridad privada no me valen pues dependen del arbitrio del que realiza la caridad, no son un derecho.

¿Si el liberalismo defiende la igualdad de oportunidades no debería defender siempre al menos un estado garantista en estos aspectos? Es que no entiendo las posturas de algunas de las escuelas liberales.

¿Me podrían ustedes aclarar estas dudas o, si este no fuera el sitio indicado, sugerirme alguna dirección donde me aconsejen?
Depende de cómo definamos esa igualdad de oportunidades.

Si la entendemos como una situación de partida en la que todos tengan acceso a unos mismos recursos entonces probablemente defenderemos ese Estado Providencia. Por ese motivo, existen escuelas de pensamiento liberal que defienden un Estado limitado que garantice unas prestaciones mínimas.

Si la entendemos como una ausencia de leyes que privilegian a unos frente a otros, entonces ese tipo de Estado no hace ninguna falta. Por ese motivo, hay otras escuelas de pensamiento liberal que se oponen a que el Estado intervenga en esos asuntos.

El meollo, para este segundo tipo de liberales, radica en que los derechos a la vida, libertad y propiedad privada son perfectamente compatibles con la igualdad ante la ley pero incompatibles con la igualdad de oportunidades entendida como garantía universal a unos determinados recursos. Para que alguien que no tiene un recurso pueda acceder a él por derecho, un tercero habrá de pagárselo sin recibir nada a cambio. ¿A cuánta de su propiedad ha de renunciar Ud. para financiar mis derechos sociales? ¿A cuántos de mis derechos sociales he de renunciar yo para respetar la propiedad de Ud.? Nos encontramos con derechos contrapuestos. Los derechos individuales de cada uno terminan donde empiezan los derechos individuales de los demás, en cambio, los derechos sociales de cada uno se establecen sobre los derechos individuales de los demás. Para que haya titulares de derechos sociales ha de haber titulares de obligaciones sociales. ¿Dónde trazamos la línea que ha de dividir a los dos grupos de ciudadanos? ¿Cómo podemos trazarla sin arbitrariedad?

Como decía en el mencionado escrito, para respetar los derechos individuales:
no hay que hacer nada. Basta con que uno se abstenga de agredir al prójimo: no matar, no esclavizar, no robar. Pero a nadie se le obliga a salvar la vida del otro. A uno no le condenarán si un desconocido con el que jamás ha tenido relación muere.

Sin embargo, para respetar los llamados 'derechos sociales', como el salario mínimo o la educación pública, ya no basta con abstenerse de no agredir; uno ha de renunciar a la libertad de gestionar su propiedad privada. Ya no vive y trabaja para sí sino para los receptores de las ayudas. Por lo tanto, estos 'derechos sociales' no son una prolongación sino una negación de los derechos individuales.
En cuanto a la arbitrariedad, ¿cuál será el nivel al que nos igualará el estado? Pongámonos en la piel del legislador bienintencionado que quiere asegurar esta igualdad de oportunidades. ¿Qué criterios consideramos para determinar si alguien merece recibir o no una determinada ayuda? ¿Quién cobra y quién paga? ¿Y cuánto? Es una cuestión crucial que suele desecharse por tecnicismo. Pero, inténtenlo, pónganse de veras en la piel de ese hombre que ha de solucionar este problema.

¿Qué servicios sanitarios han de cubrirse? ¿Cáncer? ¿Caries? ¿Cambio de sexo? ¿Rehabilitación para drogodependientes? ¿Cannabis terapéutico? ¿Cirugía estética? ¿Acné?

¿Cuán desvalido ha de ser uno para merecer la ayuda? ¿Se mide por dinero? ¿Por necesidad médica? ¿Desesperación? ¿Zona geográfica?

¿Qué educación es la que ha de garantizarse a cada uno? ¿Español, catalán e inglés en Cataluña pero sólo español e inglés en Castilla? ¿Religión para todos? ¿Laicismo para todos? ¿Catolicismo para uno e Islam para otros? ¿Enseñanza gratuita para todos? ¿Enseñanza obligatoria hasta qué edad?

A cada decisión a tomar se encontraran con una nueva maraña de arbitrariedades para que unos cedan y otros tengan.

Los ejemplos son innumerables, obsérvese, como ejemplo final, que un simple cambio en el trazado de las fronteras (v.g. la reunificación alemana o en una eventual disolución de España) puede afectar tan significativamente a lo que razonablemente se considera el bienestar medio, que algunos titulares de derechos sociales pasen a convertirse en obligados sociales. ¡Sin que haya variado para nada su situación personal! Una solución fácil parecería ser la de un Estado mundial. Pero entonces, ¿cuánto baja ese nivel medio razonable para los españoles? ¿Ya no será razonable aspirar a que la sanidad pública nos cure algo más que un resfriado? ¿Qué idiomas serán los elegidos por los legisladores mundiales? Arbitrariedades...

Espero haber aclarado la duda.

9 de Mayo de 2005

La bandera USA ondeó sobre Tripoli

Nos recuerda Robert McHenry en un artículo de TechCentralStation, que el pasado 27 de abril se celebró el segundo centenario de una importante aunque olvidada batalla. Las similitudes con la situación mundial actual son interesantes.

Durante siglos, las flotas mercantes cristianas fueron víctimas del acoso musulmán. Se decía en su época que la carne de cristiano era más barata que la cebolla, tal era la abundancia de esclavos europeos en los mercados del Magreb. Este recuerdo sigue vivo en muchos rincones del Mediterráneo. Es el caso de s’any de sa desgràcia, el año de la desgracia, 1558, cuando miles de turcos saquearon Menorca.

Más tarde, los caudillos del Magreb ofrecieron un “trato” a las potencias occidentales: pagar un tributo por los buques que surcaban el Mediterráneo Occidental o habérselas con la piratería mora, es decir, robo y esclavitud.

En 1797, los jovencísimos Estados Unidos se avinieron a pagar 10 millones de dólares a tal efecto. Ya se sabe, Occidente siempre extorsionando a los pobres del mundo.

Que no sorprenda la relación tan antigua de EE.UU. con el Magreb. Ya en 1777, los reinos de lo que hoy es Marruecos fueron los primeros en reconocer la independencia de las trece colonias.

Como embajador en Francia, Jefferson antes de ser presidente, había abogado por una alianza occidental para acabar con la piratería. Algunos países se mostraron interesados. A otros, sin embargo, la piratería mora les resultaba circunstancialmente provechosa para sus intereses. Fue éste el caso de Francia. La coalición nunca se forjó y los ataques piratas continuaron.

En Mayo de 1801, el Pasha de Trípoli fue depuesto. El usurpador subió de inmediato el montante del tributo. Cuando Thomas Jefferson, ya predidente, se negó a acatarlo, el usurpador declaró la guerra a los Estados Unidos de América.

El presidente Thomas Jefferson decidió luchar, a pesar de que la Armada había sido desmantelada casi por completo después de la Guerra de la Independencia Americana. En agosto, el comodoro Richard Dale, que había luchado con John Paul Jones, bloqueó Trípoli. El bloqueo, pequeño e ineficiente al principio, prosiguió durante cuatro años y gradualmente, con refuerzos de EE.UU. y algunos navíos prestados por el Rey de las Dos Sicilias, se apoderó de las aguas del Magreb. Esa guerra naval es recordada por la atrevida incursión al puerto de Trípoli que lideró el teniente Stephen Decatur en febrero de 1804 para incendiar la fragata americana capturada Philadelphia.

Se hizo esto para evitar la infamia de que un barco mercante americano fuese usado por los piratas contra los Estados Unidos.

En noviembre de ese mismo año, el excónsul americano en Túnez, William Eaton, desembarcó en Egipto con un pequeño destacamento de marines bajo el mando del teniente Presley N. O’Bannon. Con tropas locales irregulares, atravesaron quinientas millas de desierto libio y el 27 de abril atacaron y ocuparon el bastión tripolitano de Derna. Los marines ese día enarbolaron la bandera americana (entonces con 15 estrellas y 15 barras) por vez primera sobre suelo extranjero. Trípoli firmó un tratado de paz el 4 de junio, otros estados del Magreb siguieron el ejemplo. La piratería apoyada por el Estado en el Mediterráneo se había acabado.

Por cierto, la bandera de las 15 estrellas era ésta.

Habría que añadir que, en un primer momento, Jefferson trató de favorecer un golpe de estado en la usurpada corte magrebí.

Dice el autor que ésta fue “la primera vez que los Estados Unidos tuvieron que desempeñar la función no buscada de hacer cumplir la ley internacional a los estados villanos compinchados con terroristas”. Téngase en cuenta que en aquella época los Estados Unidos ocupaban apenas una franja agrícola en la costa este, nada que ver con el gigante continental industrial del siglo XXI. Y que, mientras tanto en el Mediterráneo, esos piratas africanos tenían fastidiadas a las potencias del Viejo Continente. Es decir, no se trataba de una operación “chupada” a lo Tormenta del Desierto.

En conclusión, esta historia nos enseña dos cosas muy importantes:

Primero, los ataques contra Occidente en absoluto implican una ofensa occidental previa. La tristísima historia del abuso a Occidente es larga y repetitiva.

Y segundo, el bueno de Jefferson solucionó el asunto de manera razonable, barata y efectiva. No, no fue una respuesta ideal pero superó en mucho a las demás potencias de la época y no digamos a las actuales. Lo consiguió en buena medida con una pequeña flota (gobierno limitado), tropas irregulares (iniciativa privada) y diplomacia sensata. Y, por supuesto, nada de gastos elefantiásicos, burocracias hipertrofiadas supranacionales ni medidas propias de un Estado Policial.

Por cierto, en 1830, Francia seguía sufriendo el ataque de los piratas (la piratería se había acabado, como dice McHenry, pero sólo para los EE.UU.) así que decidió actuar. Pero en vez de un ataque decisivo à la Jefferson, emprendió una ocupación a lo grande de larga duración cuyos lamentables efectos siguieron notándose durante mucho tiempo. Me recuerda algo.

5 de Mayo de 2005

El Striptease es arte y, por lo tanto, exento de IVA

Esto es lo que ha fallado, informa hoy La Vanguardia en su edición impresa, un juez noruego.

Se ve que el Estado noruego quería cobrarle el IVA a las entradas del Diamond Go Go Bar de Oslo. Pero “el tribunal ha decidido que al striptease le corresponde el mismo régimen de exención que a una ópera, un ballet o un montaje teatral”.

¡Que cunda el ejemplo!

3 de Mayo de 2005

La teoría del caos: dos ensayos sobre la anarquía de mercado

Acabo de leer el panfleto ancap de Robert P. Murphy, Chaos Theory: Two Essays On Market Anarchy. Ofrece ideas interesantes pero no me ha convencido del todo.

El librito, de escasas sesenta páginas, se divide en dos escritos: uno sobre la ley privada y el otro sobre la defensa privada. En ambos casos, la propuesta de Murphy consiste en una sociedad sin Estado en la que las personas se relacionan mediante contratos. El título, precisamente, se refiere al caos resultante que uno esperaría de tal anarquía contractual. Obviamente, el autor sostiene que no emergería el caos destructor sino el orden creativo. ¿Cómo? Asegurándose cada cual de que las relaciones de todo tipo que mantiene con otros estén sujetas a contratos que le resulten satisfactorios.

Esto lleva a Murphy a suponer que los propietarios de terrenos obligarían a los visitantes a llevar una especie de seguro que cubriese los daños que podrían ocasionarles.

Tras una breve descripción de su idea, Murphy se defiende de las objeciones más previsibles o comunes: ¿acaso no se convertirían las agencias privadas en Estados? ¿acaso no se haría con el poder la Mafia? ¿y qué pasaría con los niños?

Pero la cuestión es que Murphy pretende basar este sistema no sobre la ley natural sino sobre contratos de seguro à la Hoppe. Buena parte de las críticas que Murphy ha recibido se refieren a los defectos de este sistema de seguros: la imposibilidad de asegurarse cuando el asegurado controla la situación, la falta de interés del asegurado potencial en contratar el seguro o la situación de desamparo cuando la víctima sea la propia agencia de seguros.

En parte, por tanto, cabe hacerle a Murphy las mismas críticas que Gabriel Calzada ya hizo a Hans H. Hoppe sobre su propuesta de proveer una defensa privada vía agencias de seguros. Argumentos que creo que ya son bastante conocidos por los lectores de liberalismo.org.

¿De hecho, porque obligar al visitante a firmar un contrato o llevar un seguro cuando puede, simplemente, avisársele de las normas de la casa? Como sucede tan a menudo, la crítica de Murphy al Estado es demoledora pero la alternativa concreta sugerida no parece la más plausible. Y es que, como comenta su amigo Gene Callahan, si supiésemos cómo será el mundo perfecto no nos haría falta la empresarialidad, el proceso de mercado, ese constante sistema de prueba y error basado en la libertad. Bastaría con llamar al planificador social.

Por otra parte, Murphy, que no suele destacarse por su moderación, se refrena mucho en la defensa de la libertad de portar armas. No es que defienda el control pero asume que no habrá muchas. Por ejemplo, se despacha el temor a las armas nucleares privadas diciendo que seguramente no las habrá porque la prima del seguro sería demasiado elevada. En parte, tiene sentido pero no creo que sirva para dejar el tema zanjado. Sobre este tema, es mucho más ilustrativa y estimulante la historia de la auténtica bomba de neutrones privada cubierta de chocolate, una historia totalmente real sobre la construcción de una bomba nuclear privada en los EE.UU. hace unas décadas (que merece un post aparte).

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