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20 de Octubre de 2005

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Talante sofisticado, por Enrique Benavent


El pasado 9 de octubre el malogrado John Lennon hubiese cumplido 65 años, por ello la revista musical británica Q decidió homenajearle en su gala anual concendiéndole un galardón especial. Su viuda, Yoko Ono, acudió a recoger el premio y cual Eris en las bodas de Tetis y Peleo, no dejó escapar la oportunidad de sembrar discordia. La autoproclamada artista de vanguardia sorprendió al mundo desvelando que su esposo sufría crisis de confianza en su talento, y se preguntaba "¿por qué otros siempre cantan las canciones de Paul y nunca las mías?". Yoko, que mantenía con Lennon una curiosa relación edípica (Mother Superior, la llamaba John), en su papel de madre le consolaba diciéndole que las canciones que él componía eran "más sofisticadas que las simplonas de su colega".

A diferencia de Lennon, que era un músico genial, y advertía la calidad de las composiciones de McCartney -de ahí sus celos profesionales- la intelectual vanguardista japonesa no sabría distinguir en un pentagrama una corchea de una cagadita de mosca. Pero de todos es sabido que cuando uno se ha ganado fama de progresista, intelectual y vanguardista, ya puede pontificar sobre lo divino y lo humano desde la infabilidad de la que siempre ha gozado la izquierda exquisita.

La clave está en el adjetivo sofisticado. Sofisticado como sabe cualquier persona medianamente instruida, que no es el caso de Yoko, viene de sofista. Y los sofistas, al contrario que Sócrates, quien solo pretendía ser un philósophos (amante de la sabiduría), se consideraban sabios y se dedicaban al arte de la retórica, herramienta de persuasión cuya eficacia no depende de la veracidad, sino de la verosimilitud. "Apariencia de sabiduría y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos... y serán fastidiosos de tratar, al haberse convertido, en vez de sabios, en hombres con la presunción de serlo" se lee en el Fedro de Platón. No hay mejor definición de la vaciedad que subyace al discurso de la progresía militante, de la que Yoko es solo un botón de muestra. Un discurso que en nuestro país ha generado una de las mayores calamidades que se han abatido sobre nosotros: esa perniciosa LOGSE que tanto gusta a Zetapé. Talante sofisticado.

Comentarios

 
ZP ni siquiera alcanza la categoría de sofista, estos eran brillantes, como comparara a gorgias o protágoras con chiquito personaje.
Enviado por el día 20 de Octubre de 2005 a las 23:52 (1)
Libertario y connaisseur de John Lennon; eres el amo, Juan Ramón.
Enviado por el día 21 de Octubre de 2005 a las 05:09 (2)
John Lennon era un utópico incorregible, que soñaba una humanidad hermanada, pero era también un gran creador de música popular.

Era un niño grande que buscaba a su mamá y echaba en falta la figura de un padre que le abandonó de niño. Luego llegó esa fama abrumadora que le sepultó en una montaña de dinero más grande que la del Tío Gilito y le rodeó de admiradores entusiastas (y otros que fingían su entusiasmo) dispuestos a servirle incondicionalmente (o a mostrar esa disposición).

Y en estas circunstancias hizo una elección de pareja nefasta, más a la altura de su necedad soñadora que de su talento musical, tan hermanados ellos.

La aparente indiferencia, esquiva, de la Ono, y su exotismo asiático, le parecieron, a él que era el centro del mundo occidental, una irresistible seducción.
Enviado por el día 21 de Octubre de 2005 a las 09:24 (3)

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