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1812: Diciembre 2008

28 de Diciembre de 2008

Propalestino a fuer de proisraelí

Lo he comentado en más de una ocasión, aunque no sé si también en público: un proisraelí convencido ha de ser también propalestino. Alguien que desea que el único Estado democrático y occidental de Oriente Medio viva en paz debe desear que los palestinos tengan su propio país, gobernado por personas responsables que mantengan a raya a sus extremistas.

En estos últimos años, tanto la sociedad como los políticos israelíes han alcanzado un cierto consenso entre las posturas de izquierdas y derechas del país. Por un lado ya no confían en los palestinos ni esperan nada de ellos; por otro, reconocen que los palestinos han de vivir en un Estado viable y separado de Israel. Existen, por supuesto, sectores de la sociedad israelí que se escapan de ese consenso, que es consenso, no unanimidad. Pero no hay duda de que el Estado de Israel sí tiene la fuerza para controlarlos, como demostró Ariel Sharon con la retirada de Gaza, fruto primero de ese acuerdo tácito entre los israelíes: como deben vivir aparte, nos retiramos; como no esperamos nada de ellos, nos retiramos sin negociar nada.

Evidentemente, desear ese futuro, que sería también el mejor para los propios palestinos, no debe llevarnos a la ceguera. La retirada de Gaza fue mala, al menos a corto plazo, para los propios habitantes de la franja. También para los israelíes que viven al sur del país, que están bajo la amenaza constante de los cohetes Kassam. La respuesta israelí a 3 años de bombardeo constante de las ciudades de la frontera sólo puede calificarse de "inmoral" o de "injusto" por parte de quienes sólo miran el sufrimiento de un lado e ignoran el del otro, como no sea para parecer imparciales cuando condenan a Israel, después de haberse pasado años sin condenar jamás a Hamás.

Lo que tiene este argumento es que es perfectamente reversible. Un propalestino que de verdad lo sea ha de ser también proisraelí. Ha de querer un Estado judío viable y con fronteras estables que quiera la paz y esté dispuesto a facilitar en la medida de sus facultades la creación de un vecino palestino. Pero no verán muchos de estos propalestinos entre quienes se han apresurado a condenar los ataques, por más que se proclamen como tales. Un propalestino de verdad no hablaría de "resistencia" cuando habla de Hamás, que gobierna –es un decir– en Gaza sin presencia israelí, ni apoyaría la "lucha del pueblo palestino", que no hace sino retrasar, cuando no imposibilitar, una solución. Un verdadero propalestino estaría en contra del terrorismo como el más proisraelí de los proisraelíes. El problema es que casi todos los autoproclamados propalestinos son, simplemente, antiisraelíes.

20 de Diciembre de 2008

El asesor científico de Obama y Julian Simon

John Holdren será el director de la Agencia de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca y co-presidente del Consejo de Asesores del Presidente en Ciencia y Tecnología. Entre lo muy poco que se ha dicho de él se han pasado dos datos importantes que destaca John Tierney (vía Instapundit) y que remiten a dos historias bien conocidas por los lectores de este blog y de Liberalismo.org. La primera es la famosa apuesta de Julian Simon y Paul Ehrlich, que relataba así Toni Mascaró:

El lugar fue Social Science Quarterly, donde Simon desafió a Ehrlich con una apuesta. El arma de Simon fue "una oferta pública a tomar 10,000 dólares [...] en mi creencia de que el coste de las materias primas no controladas por el gobierno (incluyendo grano y petróleo) no aumentará a largo plazo." Se trataba de elegir alguna materia prima que uno pensara que tuviese los días contados - cobre, estaño, cadmio, lo que sea- y señalar una fecha cualquiera en el futuro, "cualquier fecha más allá de un año," y Simon apostaría a que el precio de la materia prima iba a ser inferior del que era en el momento de hacer la apuesta.

Es decir, Simon sostenía que, cualquiera que fuese la materia prima elegida, esta se haría más abundante en el futuro y por tanto su precio tendería a abaratarse. Por ello, si alguien apostaba las reservas disponibles de alguna materia prima iban a menguar y, por lo tanto a encarecerse, y así sucedía, Simon se comprometía a pagar el aumento del precio.

Paul Ehrlich se presentó con su esposa y sus colegas John Holden y John Harte para aceptar la sorprendente oferta de Simon "antes de que otra gente avariciosa se apunte." Escogieron cinco metales que a su parecer sufrirían grandes aumentos en sus precios: cromo, cobre, níquel, estaño y tungsteno. Luego, sobre el papel, compraron doscientos dólares de cada uno, para una apuesta total de mil dólares, tomando como índice los precios del veintinueve de septiembre de 1980 y estableciendo un periodo de diez años.

Y se sentaron a esperar durante una década. A esperar hasta el día veintinueve de septiembre de 1990.

El resultado es conocido: los ecologistas apocalípticos pagaron silenciosamente a Simon y siguieron defendiendo sus tesis... a pesar de que la realidad les había desmentido. Sí, Holden continuó pensando lo mismo. Tanto es así que fue uno de los responsables de la ridícula respuesta del Scientific American al libro de Lomborg El ecologista escéptico.

En definitiva, Obama no ha reclutado a Ehrlich, el asesor "científico" de Al Gore, pero es lo más cerca que podría haber estado de hacerlo sin que las alarmas sonaran inmediatamente. Malas noticias para la ciencia, pero excelentes para la politización de la misma.

2 de Diciembre de 2008

"No atacamos el castellano, defendemos el catalán"

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