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Areopagítica: Octubre 2008

19 de Octubre de 2008

A Blanco le asquean los blancos


Lo siento mucho por el Atlético de Madrid, pero no porque ayer perdiera el derbi ante el Real Madrid en el Calderón, en el último minuto y de penalti (justo en este caso); eso es algo temporal, durará una semana a lo sumo y si la suerte les acompaña, hasta se podrán vengar en el Bernabeu.

Si lo siento es porque entre sus aficionados tienen al mismísimo Pepiño Blanco (perdona Pepiño que te llame Pepiño, pero es que José o Don José lo uso con gente con más enjundia intelectual y personal y no necesariamente en este orden) y como buen forofo desorejado ha dicho en pleno palco del Calderón que “es que siempre he sido del Atlético, tengo un asco al Madrid que no lo puedo ni ver”.

Mira Pepiño, no es que se te tenga que recriminar que tienes asco al Real Madrid, seguramente muchos forofos del fútbol lo tienen por sus equipos rivales y no es cuestión de ir satanizándolos, cada uno tiene asco a lo que quiere y puede y se lo coma con patatas.  Lo que pasa Pepiño es que tú eres quien eres y no te puedes permitir tener asco en público a algo que para muchos españoles es algo que les permite salir de una rutina, algunas veces angustiosa, y tener dos horas de alegría a la semana y unas cuantas charlas en el bar al día siguiente.

Pero Pepiño, como además eres mala persona y no lo disimulas, tienes la desvergüenza de hacerlo en la palco de tu equipo y decirlo con la desprecio que tienen los politiquillos que juegan a dictadores de salón revestidos de una piel de oveja demócrata. Si la personalidad de la gente se vislumbra en los pequeños detalles, en aquellos que no cuidan por           que no les dan importancia, éste nos da una idea de la verdadera dimensión moral del personaje.

18 de Octubre de 2008

Comisario Gallardón


El socialismo, el de todos los partidos, se instala poco a poco en la sociedad y siempre lo hace justificándose. Los políticos socialistas, los de todos los partidos, usan con demasiada frecuencia el deber moral porque saben que a la larga termina convenciendo, una idea que surge como novedad, como algo práctico y termina convertido en deber y dogma. Y los políticos socialistas, los de todos los partidos, sonríen porque ya tienen una pequeña parcela de poder que antes pertenecía a los ciudadanos.

Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez es alcalde de Madrid y no tiene nada que envidiar a los políticos más socialistas, incluso podría plantearse que algunos políticos socialistas tienen mucho que envidiar a Gallardón. Su último invento es crear el comisariado de usos adecuados relacionados con el reciclaje. Todavía recuerdo cuando el reciclar, el separar las basuras según ciertas categorías administrativas, era una opción voluntaria, puede que aconsejable, incluso necesaria para muchos, pero nunca obligatoria. O al menos, si era obligatoria, la gente se la podía saltar sin temor al castigo.

Dentro de esa línea especialmente intervencionista que le caracteriza, el ayuntamiento de Madrid a través de su concejala de Medio Ambiente, Ana Botella, acaba de presentar la nueva Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos y de Gestión de Residuos  por la que los inspectores municipales podrán revisar los contenedores de basura de las comunidades de vecinos y sancionar con multas de hasta 750 euros a las que no separen en origen los diferentes residuos.

Los regímenes socialistas se caracterizan en que los ciudadanos trabajan para el sistema y no al revés. Es deber de los madrileños hacer el trabajo que considere Gallardón porque si no es así, somos unos egoístas, unos incivilizados y no sé muy bien cuántas cosas más. La cuestión no es si el reciclaje está bien o mal, si es adecuado o no, si es útil o inútil, la cuestión que está en entredicho en la libertad de la gente, la libertad de elegir si quiere o no quiere hacerlo. El Comisario Gallardón nos acaba de hacer más socialistas, como si no fuera poco lo que hay.

17 de Octubre de 2008

Españoles, Franco ha muerto. ¿O no?


Cuando Franco murió yo tenía 8 años. Fue un día triste. No porque el dictador hubiera muerto, sino porque cuando en el colegio nos dijeron que teníamos en día libre, descubrí al llegar a casa que en televisión lo único que se veía en la pantalla era gigantescas colas de ciudadanos que esperaban para ver su cadáver. Los españoles, cientos de miles de españoles que no dejaron de hacer cola horas y horas, sufriron durante unos días un ataque agudo de necrofilia política en toda regla y estoy seguro que muchas de las lágrimas derramadas fueron sinceras.

 

Franco murió en la cama como lo suelen hacer los grandes dictadores. Franco murió en la cama porque la mayoría de los españoles lo quiso así y es que una dictadura tiene su base en el pueblo al que sojuzga y la mayoría de los españoles eran franquistas, pasiva o activamente, aunque luego muchos, en un ataque de ecologismo político, se reciclaron. El quintacolumnismo español es francamente decepcionante; poniéndome escatológico, yo diría que es la mierda perfecta. Durante décadas sólo unos pocos se atrevieron a proclamarse antifranquistas y los demás parece que lo sufrieron en silencio, o mejor dicho, lo “sufrieron” aprovechándose de los regalos del régimen del que sacaron todo lo que pudieron, hábito que siguieron desarrollando con éxito en la democracia.

 

Para la izquierda, Franco siempre ha sido más útil muerto que vivo. Franco se ha convertido en un arma perfecta para arremeter contra una derecha lanar e idiota que, con un complejo que se perpetúa entre las generaciones, es incapaz de contestar a la izquierda y mostrarle sus muertos, sus genocidios y sus miserias. Franco, aunque no se lo crean, es más de izquierdas que de derechas y no tiene el carné del PSOE porque quedaría extraño. Franco está siempre en la boca de la izquierda y si me dieran un céntimo por cada vez que un militante izquierdista lo ha nombrado en los últimos treinta años, es posible que compitiera directamente con la fortuna de Bill Gates.

 

Ahora, el juez de los GAL, el segundo de Mr. X, el ínclito, hipócrita y payaso profesional (dicho sea con todo mi respeto para los payasos) Baltasar Garzón ha pedido el certificado de defunción del mismísimo Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios y la inutilidad patente y criminal de la II República. Pues debe ser que no formó cola como muchos españoles obedientes de la época y no vio el cadáver del cantamañanas del Ferrol. Porque Franco cantaba por la mañana, por la tarde y por la noche y la mayoría de los españoles bailaban al ritmo que marcaba, incluida la quinta columna.

 

Franco vive porque la izquierda lo quiere así, es lógico que Garzón pida su certificado de defunción, yo tampoco me fiaría mucho.

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2003: Diciembre

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