18 de Agosto de 2010« Democracia a la catalana (Y nota a Vizcaíno) | Principal | Una sociedad laica » Bitácora de José Carlos Rodríguez
Córdoba en Manhattan (con auto-fisking)Mi último artículo en Libertad Digital trata sobre la construcción de una mezquita en la zona cero. En él digo que Para empezar, no es una mezquita, sino un centro cultural, y no se construye en la zona cero, sino a dos o tres manzanas de distancia. Pero aunque es un centro cultural, al parecer sí va a albergar una mezquita. Y, lo que para el caso es más importante, aunque no está en la zona cero, según me apunta Barcepundit en un mensaje privado, Creo que no conoces el hecho de que el edificio en cuestión, que era la fábrica de abrigos Burlington, lleva cerrada desde el 11-S... porque cayó el tren de aterrizaje de uno de los dos aviones. Algo cambia la cosa. Cambia, sí, sobre la cuestión, que trato en el artículo, sobre si es o no una provocación. Porque, como digo en él, Si la principal razón para prohibirla es que constituye una provocación, dejemos claras sus circunstancias, porque las circunstancias son las que le otorgan valor. Se erigen mezquitas en muchos sitios y a ninguna de ellas se le da esta carga simbólica. Luego sí podría pensarse que constituye, en contra de lo que yo pensaba, una provocación. Precisemos. Un intento de provocar la indignación de las víctimas. Porque la provocación está siempre en el provocado. Lo digo en el artículo y la razón es clara: Se le ha sugerido a sus promotores que elijan una ubicación distinta. Dos manzanas, al parecer, no son suficiente distancia. ¿Lo serían cuatro? ¿Cuál es el número de calles suficiente para una provocación tolerable? Es un problema moral harto difícil. Porque la provocación está siempre en el provocado. El que la ejecuta lo hace sabiendo, o no, los razonamientos del ofendido. Debería ser evidente, con sólo plantearse la cuestión, que no podemos conocer las mentes de todos los demás para hacer un cálculo exacto, ni siquiera aproximado, del fine tunning de la provocación. ¿Cuántas indignaciones desata una mezquita y cuántas un centro cultural? ¿Cuántos dejarían de ofenderse con cada calle que se alejase de la zona cero? Una mezquita en el Pentágono, ¿sería mayor motivo de escándalo? Hay una y, por el momento, no ha producido mayor problema. Construir un centro cultural, con una mezquita dentro, en un solar inutilizado a causa de los atentados del 11-S, ¿es una provocación para las víctimas? Bien podría ser. Podríamos plantearnos que, ante la posibilidad, razonable, de que lo fuera, los promotores deberían haber buscado otra localización. Y que si no lo hicieron es, precisamente, porque querían crear esa indignación en las víctimas y en la sociedad estadounidense. Es plácida, reconfortante, cómoda, la vida del defensor de las virtudes públicas. La lección de cómo deberían ser las cosas, una vez aprendida, puede ser explicada miles de veces sin perder un ápice de eficacia. Yo soy un poco más canalla que eso, qué le vamos a hacer. Es lo que tiene defender la libertad, que acabas echándole un cable a lo más inmoral, soez y despreciable de la sociedad. ¡Con las buenas compañías que hacen los valladares de la virtud! Luego sí, defiendo (en su derecho a expresarse y establecerse) incluso a los islamistas que vienen provocando. Dije en Inductores y provocadores: El argumento de criticar a quien “va provocando” puede servir para prohibir actos que son perfectamente legítimos. Los fascistas tienen todo el derecho a entonar cánticos patrióticos con la bandera preconstitucional en Rentería. No se les puede prohibir porque haya quien se sienta ofendido. Y si alguien responde con violencia, no puede escudarse en que los fascistas "iban provocando". Por las mismas razones por las que un juez no puede exonerar a un violador porque la víctima lleva pantalones vaqueros o minifalda. Pero (y esta es la cuestión esencial), la defensa de un derecho, o más bien su reconocimiento, no supone una sanción moral. Es decir, yo defiendo el derecho de cualquier ciudadano a establecer su negocio donde quiera, aunque sea una cristalería. Lo dice el editorial de Libertad Digital sobre la mezquita en Manhattan: Cándido Azpiazu, el asesino de Ramón Baglietto, tiene un derecho legal a montar una cristalería enfrente de la casa en la que vive su viuda, Pilar Elías. Pero sólo una sabandija apoyaría semejante decisión. Es un problema de respeto a las víctimas, no de libertad de establecimiento. Sólo una sabandija apoyaría moralmente esa decisión. Porque es una acción repugnante. Moralmente. Y legítima. Hay acciones legítimas que son inmorales. Defender su legitimidad no equivale a considerarlas moralmente buenas. Y considerar una acción como inmoral no quiere decir que haya que prohibirla. El editorial condena ambos establecimiento en términos morales ("Es un problema de respeto a las víctimas”). Y precisa que esa condena no la hace en términos de legitimidad o no (“... no de libertad de establecimiento”). Es decir, critica el uso de una libertad, pero no la libertad misma. Esa es también mi posición. De nuevo Inductores y provocadores: ¿Quiere ello decir que no hay provocaciones, que no existe el apremio o la inducción? No. Una cosa es que las respuestas a las circunstancias o a los comentarios o llamamientos de otros no sean automáticas y otra que éstas no tengan influencia. Pero la condena que puedan merecer no se sitúa ya en el ámbito del derecho, sino en el mero juicio moral. Al igual que las provocaciones o inducciones pertenecen al mundo de las ideas y no llegan al uso o la amenaza del uso de la violencia física, la condena que puedan merecer sólo puede ser la expresión de una idea. Estas disputas se complican cuando, además, una de las partes se arroga el monopolio de repartir carnets de liberales, como en esta ocasión ha hecho JCR, pontificando acerca de lo que "un buen liberal sabe por instinto". Yo no sé si mi instinto estará embotado o no, pero manifestaré mi opinión sin cuestionarme el liberalismo de José Carlos, que por otros artículos suyos me parece innegablemente aquilatado. Sencillamente, ser liberales no nos hace infalibles, no nos proporciona un método apriorístico para acertar siempre, porque ese método no existe. No era en absoluto mi intención repartir carnés de buenos y malos liberales. Ese debate me parece supérfluo y pernicioso y siento haber dado esa impresión. Aprovecho para agradecerte la atención. A tí y al liberal autodidacta. ComentariosEs raro el asunto; hay detalles raros en los protagonistas y en la misma venta del edificio (terreno) a Cordoba Initiative. El vendedor que dice que cayo el tren de aterrizaje de uno de los aviones sobre su edificio (!) es un magnate judio (Steven Pomerantz). Uno se pregunta si no sera agente o aliado de los servicios israelies, porque uno no cree que cayo ningun tren de aterrizaje a traves de su techo y porque es raro que le vende a Cordoba Initiative (sabiendo lo que era eso) su propiedad por el precio regalo de 4.5 millones de dolares, cuando hace algun tiempo pedia 18 millones de dolares por lo mismo, y porque pienso que deben haber miles de otros inversores en todo USA que felices le hubieran pagado este precio regalo a Pomerantz por ese edificio en Manhattan para venderlo por mas despues. (Que precio regalo, ni que no tuviera plata para arreglar su edificio!)
Y logicamente cualquiera piensa que hay un intento de provocacion porque toda la reaccion que se dio era muy predecible, no? El edificio de Pomerantz fue comprado por el y otro magnate judio en 1968 y vendido el 2009. No se por que Pomerantz dejo la propiedad abandonada despues de 9-11; sera que no tenia un buen seguro? Bonito fuera que la prensa le preguntara esto y de paso que piensa sobre todo el asunto. Todas las preguntas duras van a Cordoba Initiative ahora.
Por otro lado y en justicia con la iniciativa, si realmente no se pretendia construir una mesquita y aunque un centro cultural musulman resultase algo bastante parecido, es mucha mala fe afirmar que una "mesquita" es lo que se pretende, pues es lo que se sigue afirmando todo el tiempo. Dirás que es un periódico judío, Tranquilocomp; pero qué buenos son los servicios secretos israelíes, que consiguen que hasta los judíos muertos sigan trabajando para ellos:
>The building at 45-45 Park Place had been on the market for years with a sale price that at one point was $18 million. It was owned by Stephen Pomerantz, who died in 2006. His widow, Kukiko Mitani, said she was in debt and desperate to unload the property even at a bargain price of $4.8 million to El- Gamal. > >She said she thought El-Gamal wanted to build condos, not a mosque — but he should build whatever he wants. No se admiten ya más comentarios. |
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