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La Hora de Todos: Septiembre 2005

30 de Septiembre de 2005

Liquidez y teorías del dinero
El dinero es una de las instituciones básicas de la sociedad. No es posible la división del trabajo y del conocimiento en cierta complejidad sin el dinero, que en realidad no es sino un aspecto más de una sociedad en desarrollo. Es necesario entenderlo para entender muchas de las manifestaciones más importantes de una sociedad libre y en especial de una que lo es parcialmente.

Varios artículos del Juan de Mariana están prestando atención a esta institución, y definiendo algún aspecto concreto. Antes de referirme a estos artículos querría hacer una distinción que hace Mises sobre las distintas teorías del dinero, que son de dos tipos.

1) Teoría cataláctica: Es la que toma al dinero como parte de los fenómenos catalácticos, es decir, del intercambio voluntario de bienes y servicios. El dinero es una institución que surge de la sociedad, o mercado.

2) Teorías no catalácticas: Las demás. El dinero es un fenómeno autónomo, cuyo valor no procede, luego no depende, del mercado. El extremo de las teorías no cataláctias es el cartismo, la pretensión de que el dinero es una creación arbitraria, como arbitrario es el valor. Se puede fijar, por tanto, por el Estado.

La teoría de la liquidez es la única plenamente cataláctica. Para acercarnos al concepto de liquidez, nos podemos dirigir al artículo de Juan Ramón Rallo Utilidad marginal y liquidez:
Menger afirmó que el dinero surgió espontáneamente, como una generalización del bien económico más líquido. Pero, ¿qué era la liquidez? Para definirla, observó que todo producto pujaba en el mercado entre dos precios, el precio ofrecido al que se quería comprar y el precio pedido al que se quería vender. Cuanto mayor era la cantidad de bienes comerciada, mayor era el margen (spread) entre ambos precios. Pues bien, para Menger un bien era más líquido que otro cuando su spread aumentaba más lentamente conforme incrementábamos la cantidad.

En realidad, Menger no tenía necesidad de hablar de márgenes y spread. Había ya desarrollado el instrumental analítico suficiente como para definir liquidez en términos más precisos. Y es que, como hemos visto, la utilidad de un bien siempre decrece conforme aumenta su cantidad. Por tanto, necesariamente, el margen entre sus precios tiene que incrementarse. Una parte tendrá que ofrecer a la otra cantidades crecientes del bien, ya que la utilidad del bien recibido disminuirá conforme le ofrezcan una mayor cantidad. Sólo cuando los bienes líquidos entran en escena, una parte (el comprador con dinero) no necesita ofrecer a la otra (vendedor sin dinero) una función creciente del bien, pues la utilidad marginal del dinero disminuye muy poco a poco.

Así, diremos que un bien es más líquido que otro cuando su utilidad marginal disminuya más lentamente. Por supuesto, un tipo de dinero será de mayor calidad que otro cuando sea más líquido.

La teoría de la liquidez es aprehensible en términos de acciones humanas, de preferencias y valores. Se puede inteligir a partir del concepto mismo de liquidez, íntimamente unido a otros que forman el corpus de la teoría económica (valor, tiempo, incertidumbre, intercambio...). Pero al igual de esos otros conceptos no entra en el patrón matemático. La teoría cuantitativa del dinero surge de la pretensión de llevar una espuria concepción "científica" a la economía, queriendo hacerla mecánica, matematizable. Pero lo importante no es la cantidad sino la calidad del dinero, que consiste en su cualidad de bien líquido.

Curiosamente, para desembarazarse de la cualidad esencial del dinero, lo que hacen es otorgársela toda, para negársela al resto de los bienes. Con ello consiguen una diferenciación esencial entre el dinero y el resto de los bienes, que nada tiene que ver con la realidad del mercado. La liquidez es una cualidad más de los bienes, que se da en ellos en mayor o menor grado. Como explica Adrià Pérez, en Liquidez y teoría cuantitativa del dinero:
La premisa de la teoría cuantitativa del dinero, al estilo de los modelos neoclásicos del equilibrio, consiste entre otras cosas en considerar que existe el dinero por un lado, y el resto de bienes por el otro, claramente diferenciados, uno con liquidez absoluta, y los demás sin ningún tipo de liquidez. Esto constituye un error que implica no poder desarrollar una teoría del dinero (monetaria) y del crédito (de los ciclos) cercanas a la realidad.

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Por un lado se cae en el error de creer que manejando la cantidad de dinero es suficiente para administrarle un valor. Y por otro, al no tenerse en consideración dicha categoría se olvida el hecho de que no sólo el dinero es líquido, los demás bienes también. Si bien, al igual que como con el valor, la liquidez no consiste en cantidades o medidas, sino en grados o clasificación.


Por eso la teoría cuantitativa desconoce la esencia del dinero y cae en contradicciones fundamentales. Algunas de ellas las señala el propio Rallo en La cantidad no es lo importante:

Para estos economistas, el dinero surge como una especie de acuerdo social consciente, generalmente sancionado por el gobierno. No es necesario, por tanto, que el dinero tenga algún valor anterior, basta con que la gente sepa que todo el mundo lo aceptará. Sin embargo, este argumento tiene un grave error. ¿Por qué alguien va a aceptar como contrapartida de unas mercancías valiosas un bien que no vale nada? Desde luego los cuantitativistas responderán que el valor del dinero procede de la certeza de que si yo lo acepto otro lo aceptará más tarde, pero, ¿cómo puedo tener esa certeza? ¿Quién finalmente va a estar dispuesto a quedarse con un bien desprovisto totalmente de valor? Al final, los cuantitativistas caen en un círculo vicioso: el dinero circulará porque circulará (o, en el peor de los casos, porque el Estado pondrá “todos los medios a su alcance” para que circule por la fuerza).

 

29 de Septiembre de 2005

David Kopel

Antes que nada querría pedir perdón por la vaguería bloguera, pero no doy abasto. El título de esta anotación viene por un e-mail que he recibido del propio David Kopel agradeciéndome las anotaciones y artículos que he escrito sobre los suyos.

Me informa de que en su página tiene una sección en español (que yo no había advertido) en la que hay dos anotaciones mías: Kopel sobre las leyes de armas ocultas y el reciente Tiranicidio y derecho a las armas en Escocia e Inglaterra.

También ha enlazado mi artículo La fiebre manipuladora de Michael Moore (por cierto), que está basado en gran medida en su artículo cincuenta y nueve falacias de Fahrenheit 9/11.

Por último incluye un artículo de APIE sobre el primer año de Clinton y un buen artículo escrito junto con Eugene Volokh (en cuya bitácora colabora) en el que explica los escasísimos casos de accidentes de niños con armas, por un lado, y por otro de qué modo las armas en casa salvan vidas. El artículo se llama Un arma cargada en casa puede salvar a sus hijos.

He leído el libro editado por él Gun Control & Gun Rights, que es muy bueno. Y tengo muchas ganas de leer The Samurai, the Mountie, and the Cowboy: Should America Adopt the Gun Controls of Other Democracies?.

Actualización: Se me olvidaba, tiene su propia bitácora, y edita un newsletter sobre la Segunda Enmienda, al que me he apuntado.

27 de Septiembre de 2005

En defensa del capitalismo global
Séneca me ha preguntado más de una vez para cuándo la edición en español de In Defense of Global Capitalism. La buena noticia está en la imprenta, y legará en breve en los comercios del ramo. Edita Unión Editorial.

25 de Septiembre de 2005

La Pobreza
No suelo postear mis artículos, pero con este voy a hacer una excepción. Es mi último comentario en el Juan de Mariana, y se titula La pobreza. Lo comento, porque recoge de la forma más condensada y sucinta posible mis ideas sobre esa cuestión.

Explica cómo la sociedad está basada sobre la producción y la oferta, que a su vez depende del comportamiento de cada uno. Puesto que la pobreza se remedia con riqueza, ésta depende de la producción y en última instancia del comportamiento individual, no es de extrañar que los programas de atención a los pobres, la caridad, se haya centrado más en la reforma moral y del comportamiento que en la provisión de bienes.

Por otro lado ha surgido una ideología errada, que ve en las recomendaciones morales meras palabras surgidas de prejuicios, sin que se haga nada concreto, material, para satisfacer las necesidades de los más pobres. Este segundo punto de vista no se centra en el comportamiento, sino en las necesidades. Y puesto que éstas son potencialmente ilimitadas, las soluciones a la pobreza montadas sobre esta idea (Estado de Bienestar) están condenadas al fracaso.

18 de Septiembre de 2005

¡Lo que nos cuesta mantenerlos pobres!
El último artículo de Cristina Losada es mejor aún que habitualmente. Hay autores que no suelo anotar por no convertirlos en autores sindicados de esta bitácora. Cristina Losada es uno de ellos. Merece la pena todo el artículo, pero destaco un par de cosas:

Gandhi, el pacifista que puso en marcha en la India un movimiento de masas que acabaría en degollina, vivía con su séquito de mujeres devotas gracias a la generosidad de unos cuantos comerciantes. El hombre era vegetariano, pero sibarita, de forma que entre esto y lo otro, la cuenta salía por un pico. Uno de sus mecenas describió una vez la situación con esta deliciosa paradoja: “Se necesita mucho dinero para mantener pobre a Ghandi”. Que viene a ser lo mismo que sucede hoy entre los países ricos y los pobres. Cuesta un riñón mantenerlos en la miseria.

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La ayuda puede ser un recurso puntual, pero como procedimiento sistemático no es abono para el crecimiento, sino esterilizador del terreno. El dinero y las mercancías que introducen se cuelan como un virus destructor en los mercados locales, sentencian al campesinado y a otros productores, alimentan a las cleptocracias y no estimulan la emergencia de la seguridad jurídica e institucional que se precisa para el desarrollo. Las conciencias bienpensantes de los países prósperos quedan aliviadas, pero los pueblos receptores aprenden a ser mendigos y no independientes. Es lo que llevaba a Shikwati a exclamar, cuando la cumbre del G-8 se disponía a aumentar la ayuda a África, “por el amor de Dios, detened eso”.

Katrina arrasa el periodismo
Arcadi Espada, hoy:

Supongo que ya debe de estar empezando a escribirse un libro veraz sobre el paso del Katrina por la ciudad de Nueva Orleans. Sus conclusiones no van a alejarse mucho de este patrón: el correcto funcionamiento de los sistemas de previsión meteorológica, la buena respuesta de las autoridades ante el desastre y la falta de solidez de algunas infraestructuras claves en una ciudad tan frágil. Tal vez el libro se refiera, asimismo, al periodismo. Están, primero, las sobrecogedoras estupideces de la prensa militante, que adjudican el Katrina al calentamiento global o al neoliberalismo con parecido rigor a los que adjudicaron el tsunami a la mano de dios sobre los infieles. Está la innoble candidez de la prensa socialdemócrata (con el Times al frente) que se sorprende de que en Nueva Orleans se salvaran los ricos antes que los pobres. Pero está, sobre todo, la multiplicación de la información dispersa, tipo Fabrizio del Dongo en Waterloo. No es cierto que la información dispersa haya nacido con los blogs. La información dispersa es la que los medios llevan practicando desde que un periodista puso la alcachofa debajo de los morros del primer ungido. Hace mucho tiempo. Sólo que los blogs han multiplicado exponencialmente el fenómeno. Durante mucho tiempo el mandato principal de las redacciones modernas ha sido historias, historias, historias. Ya las tienen. Cien mil. Cada hombre con su historia. Esta proliferación ligada a la militancia política y a la demagogia moral ha contribuido a aumentar artificialmente la magnitud de la catástrofe. Y artificialmente quiere decir esto: de los diez mil cadáveres que yacerían bajo las aguas de Nueva Orleans a los 519 que yacían. También el tiempo de las historias ha pasado para el periodismo. Ahora sólo se trata de que escoja entre una teoría unificadora de lo real o una teoría unificadora de la propaganda. Entre el reportaje o el publirreportaje.

Queda poco que añadir. Para mí el problema del periodista es el criterio. Puesto que la información es compleja y no hay una verdad unívoca, el periodista tiene que fijarse un criterio sobre las cosas. Pero lo que no puede permitir es que ese criterio se sobreponga al respeto humilde por la verdad. Tres palabras estas últimas que son, parece, desconocidas en gran parte de la profesión.

15 de Septiembre de 2005

Doing Business 2006
El Banco Mundial tiene un indicador de lo más útil: Doing Business, que ofrece datos sobre los
grados de regulaciones empresariales y su cumplimiento. Los indicadores Doing Business comparan 155 economías. Indican los costes para las empresas derivados de la regulación y pueden ser utilizados para analizar regulaciones específicas que favorezcan o restringan la inversión, la productividad y el crecimiento.
El planteamiento es muy interesante, porque intenta acercarse al punto de vista real de las decisiones de las empresas. Además les sirve de guía a ellas para tomar decisiones, y en consecuencia sirve de nuevo acicate para que los países que estén interesados tomen las medidas adecuadas para favorecer que los capitales creen riqueza.

Los ámbitos de regulación que abarcan son:
1) Crear una empresa
2) Obtener licencias
3) Contrataci&ón y despido de trabajadores
4) Registro de la propiedad
5) Obtenci&ón de cr&édito
6) Protecci&ón de los inversores
7) Pago de impuestos
8) Comercio entre fronteras
9) Cumplimiento de los contratos
10) Cerrar una empresa
11) Características económicas
El listado de empresas en las que es más amable hacer negocios revela que el número uno no es Hong Kong (que de todos modos ocupa el séptimo puesto), sino Nueva Zelanda, a la que siguen Singapur, Estados Unidos, Canadá, Noruega, Australia, Hong Kong, Dinamarca, el Reino Unido y Japón, décimo. Les siguen Irlanda e Islandia. España está en el puesto 30, con buenas posiciones en las categorías de obtener crédito (29), comercio entre fronteras (10) o cerrar una empresa (16), mediocridad en ontención de licencias (50) y en creación de empresas (86) y susoenso absoluto y vergonzante en la contratación y despido de trabajadores, en que somos el país 150 del mundo. Para que luego digan que Franco ha muerto.

En los puestos más vergonzantes, donde poco menos que se sacan la pistola si piensas crear una empresa, están la República Democrática del Congo, Burkina Faso, África Central, el Chad, Sudán, Níger, Togo y la República del Congo. Por cierto que a excepción de Sudán, donde no hay datos, todos nos superan en la regulación laboral.

12 de Septiembre de 2005

Ayuda externa y crecimiento en África
¿Porqué ocurre esto?



Johan Norberg toma este gráfico de un artículo de Fredrik Erixon, economista del Timbro, titulado Why Aid Doesn't Work. La ayuda no funciona, es cierto, y Erixon explica alguna de las razones.
En parte porque no se ha gastado como se pretendía que se hiciera. En lugar de poner en marcha inversiones, el dinero ha sido gastado en gastos corrientes y consumo público, lo que a su vez ha llevado a un sector público en rápido crecimiento en la economía. No es necesario decir que ello ha fortalecido otras tendencias socialistas en la economía y la inversión se convirtió, en muchos países en desarrollo, en una actividad gubernamental.

No solo eso, explica Fredrik Erixon. Esa fuente de dinero sin control ha favorecido la corrupción, en la que estaban implicados los propios donantes, como no podía ser menos. En los países de destino de la ayuda, se creaba un clientelismo que reordenaba los esfuerzos locales a la obtención de rentas no generadas, y no a la generación de rentas y acumulación de riqueza, que es el camino de huida de la pobreza.

Por otra parte, lo que no cuenta el artículo es que en muchas ocasiones, cuando una ayuda se dedica a la inversión no solo no crea riqueza, sino que la destruye. Cuando se quieren crear o potenciar determinados sectores económicos, se hace de espaldas al mercado, es decir, de espaldas a las verdaderas necesidades. Luego esas primeras inversiones acaban abandonándose, porque se tienen que mantener en el tiempo, lo que exige un capital de reposición. Como ese capital no existe y nadie quiere destinarlo allí, porque en ese lugar no es necesario, al final se ha creado una falsa ilusión, se han destinado recursos escasos y necesarios a sitios donde no se necesitan, y en lugar de crear riqueza en muchas ocasiones se destruye.

Por otra parte, si la apertura al exterior y las reformas económicas han permitido que centenares de millones de personas escapen de la pobreza en Asia, África es un ejemplo de todo lo contrario:
Mientras que varios países asiáticos comenzaron a abrirse al comercio y a la inversión extranjera directa, las políticas que crearon los tigres asiáticos y los milagros asiáticos, muchos países africanos adoptaron un modelo de autarquía económica, cerraron las fronteras, y regularon la economía doméstica hasta niveles absurdos. Apenas puede ser sorprendente que esta estrategia de desarrollo haya fallado estrepitosamente.

Algo sabemos los españoles de esa diferencia. El régimen de Franco siguió los futuros consejos de aislarse de la globalización (impuesto, bien es cierto, en parte por el exterior) y el resultado fue varios años de miseria y de hambre con mayúsculas. La parcial, pero decidida apertura al mundo exterior y las reformas de 1959 (inspiradas en el milagro alemán), permitieron que de 1960 a 1990 España fuera el país de mayor crecimiento medio del mundo, detrás de Japón (dato que recuerdo, pero cuya fuente ignoro por completo).
Erixon propina a quien más lo necesite un bofetón de sentido común:
La cuestión no es si los países ricos se pueden permitir dar más ayuda a los países en desarrollo. Es obvio que sí pueden. La cuestión es si esa ayuda puede reducir la pobreza promoviendo el crecimiento económico. Por desgracia, la historia de la ayuda muestra que no se puede. Ni parece que los líderes mundiales, por no mencionar a Bob Geldof y otros activistas, tengan idea alguna de cómo la ayuda que se presta puede ser más efectiva.

Y acaba con cuatro recomendaciones: Las más interesantes son las dos primeras y la tercera:
* No gastar más dinero en ayuda al desarrollo.
* Retirar dicha ayuda a los países que no están siguiendo políticas económicas sanas y que fracasan en la erección de instituciones democráticas y transparentes.
* Los países ricos deberían abrir inmediatamente sus mercados a las exportaciones de los países pobres.

El tercero consiste en asistir en las reformas internas, lo que también es razonable.

11 de Septiembre de 2005

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2003: Diciembre

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