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La Hora de Todos: Agosto 2010

29 de Agosto de 2010

Glenn Beck

Glenn Beck tiene un plan para América. Y no es cualquier cosa, porque es un plan para los próximos cien años. Lo anunció en noviembre del pasado año, como una guinda de una marcha que ha organizado y a la que estaban convocados para concentrarse en Washington todos los críticos con Barack Obama.
 

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25 de Agosto de 2010

Las claves de la historia de los Estados Unidos

¿Cómo responder a este título en sólo 800 palabras? En ningún modo es posible, pero lo he intentado hacer en un artículo publicado en suite101.net. Lo más útil del artículo es la mención a cinco grandes corrientes políticas:

Hay cinco grandes corrientes que explican la evolución política de los EEUU: Republicanismo, federalismo, progresismo, aislacionismo, imperialismo.

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24 de Agosto de 2010

Una sociedad laica

He dedicado mi último artículo de LD a la pretensión del Gobierno de crear una sociedad laica, es decir, una sociedad desinfectada de toda huella de la Iglesia. Lo más interesante del artículo no lo digo yo, lo dice Olegario González de Cardedal en un artículo de El País escrito en noviembre de 2004, preclaro que es el hombre, cuando define en qué consiste la ideología del Gobierno en este campo:

Un tipo de pensamiento y de política se ha propuesto convencer a los ciudadanos de que: la democracia sólo es posible cuando la religión haya sido definitivamente eliminada de lo público; que el Estado sólo es libre cuando se desentiende de las realidades religiosas y de su forma institucional como Iglesia; que la modernidad ha superado la comprensión religiosa de la existencia; que la vida laica, en cuanto a negación de toda referencia trascendente y rechazo de la idea de Dios, es la condición necesaria para una modernización de España; que, por tanto, sólo una ciudadanía comprendida y ejercitada de modo no religioso es capaz de crear una España progresista. Más allá de las minucias políticas y administrativas de cada día, ésos son los presupuestos que están tras ciertos proyectos legislativos: frenar o anular la presencia de un factor católico que se considera premoderno, antidemocrático, antiprogresista.

A este tema le dediqué dos artículos en 2008. Y me temo que tendré que volver en 2011, a tenor de la Ley de Libertad Religiosa, que se llama así por un odio visceral a la ley, a la libertad y a la religión.

En mayo de 2008 escribí O libertad o laicismo, en el que recogía este pellizco del programa del PSOE en las elecciones de ese año:

Los socialistas valoramos la contribución de las confesiones a la deliberación pública en las sociedades democráticas, a su desarrollo ético y cultural, pero dicha contribución debe entenderse siempre subordinada a la soberanía de las instituciones democráticas, al imperio de la ley y, en definitiva, a la voluntad ciudadana mayoritaria.

Es decir, que la Iglesia tiene todo el derecho a hablar de temas sociales, siempre que sea en los ámbitos ético y cultural y, sobre todo, siempre que se atenga a la "voluntad ciudadana mayoritaria". Se dirá que cuando gane el PP las elecciones, la Iglesia podrá expresarse libremente, a diferencia de cuando esté el PSOE en el poder. Nada de eso. Porque lo que dice el PSOE es que la Iglesia representa a una minoría de la sociedad, y la "voluntad ciudadana", que identifican con su propia grey, es siempre mayoritaria.

Por cierto, que el lema de la campaña socialista era "Motivos para creer".

Ya en agosto de ese 2008, le dediqué al tema el artículo Laicismo totalitario:

La razón por la que se hablaba de separar Estado e Iglesia es porque la Iglesia no puede pretender valerse del Estado para imponer sus criterios morales y su visión de las cosas. El ámbito de la Iglesia es la sociedad civil. Pero, por un lado, dentro de la sociedad tiene todos los derechos que los demás, incluyendo, claro está, el de manifestar públicamente sus creencias y su fe. Y, por otro, igual que no se le debe permitir que se valga del Estado para imponerse, lo mismo ocurre con cualquier otra forma de pensar o ver la vida. Y sin embargo lo que pretende el Gobierno es, precisamente, crear nuevos hombres progresistas moldeando las tiernas mentes de los estudiantes. ¿No se imponen desde el Estado campañas con ideas que no todos compartimos? El Gobierno entiende el laicismo no como el respeto escrupuloso hacia todas las formas de pensamiento sino como la erradicación de la Iglesia de la sociedad civil y la sustitución de su mensaje, BOE en mano, por el evangelio progresista.

Y me refería a Educación para la Ciudadanía, todavía no sabía nada de la Ley de Libertad Religiosa. Concluía el artículo:

Detrás de este laicismo hay una pretensión totalizadora; totalitaria, en realidad. Pretende el Gobierno ordenar qué se puede permitir y qué no dentro del desarrollo de la sociedad civil. Y cree que el respaldo democrático le da licencia para moldear a la sociedad a su antojo. Zapatero se lo ha dejado claro a Rouco: no se echará atrás ni permitirá ninguna oposición a su política, una vez aprobada en el Parlamento. Es el secuestro de la libertad por la democracia.

18 de Agosto de 2010

Córdoba en Manhattan (con auto-fisking)

Mi último artículo en Libertad Digital trata sobre la construcción de una mezquita en la zona cero. En él digo que

Para empezar, no es una mezquita, sino un centro cultural, y no se construye en la zona cero, sino a dos o tres manzanas de distancia.

Pero aunque es un centro cultural, al parecer sí va a albergar una mezquita. Y, lo que para el caso es más importante, aunque no está en la zona cero, según me apunta Barcepundit en un mensaje privado,

Creo que no conoces el hecho de que el edificio en cuestión, que era la fábrica de abrigos Burlington, lleva cerrada desde el 11-S... porque cayó el tren de aterrizaje de uno de los dos aviones. Algo cambia la cosa.

Cambia, sí, sobre la cuestión, que trato en el artículo, sobre si es o no una provocación. Porque, como digo en él,

Si la principal razón para prohibirla es que constituye una provocación, dejemos claras sus circunstancias, porque las circunstancias son las que le otorgan valor. Se erigen mezquitas en muchos sitios y a ninguna de ellas se le da esta carga simbólica.

Luego sí podría pensarse que constituye, en contra de lo que yo pensaba, una provocación. Precisemos. Un intento de provocar la indignación de las víctimas. Porque la provocación está siempre en el provocado. Lo digo en el artículo y la razón es clara:

Se le ha sugerido a sus promotores que elijan una ubicación distinta. Dos manzanas, al parecer, no son suficiente distancia. ¿Lo serían cuatro? ¿Cuál es el número de calles suficiente para una provocación tolerable? Es un problema moral harto difícil. Porque la provocación está siempre en el provocado. El que la ejecuta lo hace sabiendo, o no, los razonamientos del ofendido. Debería ser evidente, con sólo plantearse la cuestión, que no podemos conocer las mentes de todos los demás para hacer un cálculo exacto, ni siquiera aproximado, del fine tunning de la provocación. ¿Cuántas indignaciones desata una mezquita y cuántas un centro cultural? ¿Cuántos dejarían de ofenderse con cada calle que se alejase de la zona cero? Una mezquita en el Pentágono, ¿sería mayor motivo de escándalo? Hay una y, por el momento, no ha producido mayor problema.

Construir un centro cultural, con una mezquita dentro, en un solar inutilizado a causa de los atentados del 11-S, ¿es una provocación para las víctimas? Bien podría ser. Podríamos plantearnos que, ante la posibilidad, razonable, de que lo fuera, los promotores deberían haber buscado otra localización. Y que si no lo hicieron es, precisamente, porque querían crear esa indignación en las víctimas y en la sociedad estadounidense.

Este podría ser el caso, pero no invalida el principio de que la provocación está en la mente del provocado y que es muy difícil, si no imposible, calibrarla en la gran mayoría de los casos. Si un militar va de uniforme por la calle y alguien le mata puede decir que el militar “iba provocando”. Eso ha pasado en España. Por esa vía, la de la eliminación de la provocación, podemos acabar virtualmente con todo. Podríamos decir de toda expresión que no nos guste que supone una provocación, un ataque a nuestros sentimientos. Si nos dejásemos llevar por ese principio estaríamos negando la libertad de expresión, y dejaríamos su ámbito a los sentimientos de los más intolerantes.

La actitud contraria, que es la mía, es muy jodida. Defender la libertad de expresión parece un objetivo loable, pero le coloca a uno defendiendo a los individuos y grupos más execrables. Decía desde el extinto Factual en el artículo Genocidios de mal tono:

Es plácida, reconfortante, cómoda, la vida del defensor de las virtudes públicas. La lección de cómo deberían ser las cosas, una vez aprendida, puede ser explicada miles de veces sin perder un ápice de eficacia. Yo soy un poco más canalla que eso, qué le vamos a hacer. Es lo que tiene defender la libertad, que acabas echándole un cable a lo más inmoral, soez y despreciable de la sociedad. ¡Con las buenas compañías que hacen los valladares de la virtud!

Luego sí, defiendo (en su derecho a expresarse y establecerse) incluso a los islamistas que vienen provocando. Dije en Inductores y provocadores:

El argumento de criticar a quien “va provocando” puede servir para prohibir actos que son perfectamente legítimos. Los fascistas tienen todo el derecho a entonar cánticos patrióticos con la bandera preconstitucional en Rentería. No se les puede prohibir porque haya quien se sienta ofendido. Y si alguien responde con violencia, no puede escudarse en que los fascistas "iban provocando". Por las mismas razones por las que un juez no puede exonerar a un violador porque la víctima lleva pantalones vaqueros o minifalda.

Pero (y esta es la cuestión esencial), la defensa de un derecho, o más bien su reconocimiento, no supone una sanción moral. Es decir, yo defiendo el derecho de cualquier ciudadano a establecer su negocio donde quiera, aunque sea una cristalería. Lo dice el editorial de Libertad Digital sobre la mezquita en Manhattan:

Cándido Azpiazu, el asesino de Ramón Baglietto, tiene un derecho legal a montar una cristalería enfrente de la casa en la que vive su viuda, Pilar Elías. Pero sólo una sabandija apoyaría semejante decisión. Es un problema de respeto a las víctimas, no de libertad de establecimiento.

Sólo una sabandija apoyaría moralmente esa decisión. Porque es una acción repugnante. Moralmente. Y legítima. Hay acciones legítimas que son inmorales. Defender su legitimidad no equivale a considerarlas moralmente buenas. Y considerar una acción como inmoral no quiere decir que haya que prohibirla. El editorial condena ambos establecimiento en términos morales ("Es un problema de respeto a las víctimas”). Y precisa que esa condena no la hace en términos de legitimidad o no (“... no de libertad de establecimiento”). Es decir, critica el uso de una libertad, pero no la libertad misma. Esa es también mi posición. De nuevo Inductores y provocadores:

¿Quiere ello decir que no hay provocaciones, que no existe el apremio o la inducción? No. Una cosa es que las respuestas a las circunstancias o a los comentarios o llamamientos de otros no sean automáticas y otra que éstas no tengan influencia. Pero la condena que puedan merecer no se sitúa ya en el ámbito del derecho, sino en el mero juicio moral. Al igual que las provocaciones o inducciones pertenecen al mundo de las ideas y no llegan al uso o la amenaza del uso de la violencia física, la condena que puedan merecer sólo puede ser la expresión de una idea.


Carlos López Díaz critica mi artículo. He rectificado, en esta anotación, en lo que considero ahora que era erróneo en mi artículo. La cuestión de si todos los derechos proceden de la propiedad (y de la auto propiedad) o no, no escribiré ahora porque creo que nos llevaría muy lejos. Dejémoslo en que yo defiendo la libertad de establecimiento, de la que habla el editorial de LD, y ello es suficiente para este caso. Si Carlos considera que ese derecho no debe prevalecer, entiendo que debe ofrecer una razón mayor al hecho de que tal establecimiento constituya una provocación, por todo lo que ya he dicho.

P.S. Carlos me echa en cara lo siguiente:

Estas disputas se complican cuando, además, una de las partes se arroga el monopolio de repartir carnets de liberales, como en esta ocasión ha hecho JCR, pontificando acerca de lo que "un buen liberal sabe por instinto". Yo no sé si mi instinto estará embotado o no, pero manifestaré mi opinión sin cuestionarme el liberalismo de José Carlos, que por otros artículos suyos me parece innegablemente aquilatado. Sencillamente, ser liberales no nos hace infalibles, no nos proporciona un método apriorístico para acertar siempre, porque ese método no existe.

No era en absoluto mi intención repartir carnés de buenos y malos liberales. Ese debate me parece supérfluo y pernicioso y siento haber dado esa impresión. Aprovecho para agradecerte la atención. A tí y al liberal autodidacta.
 

4 de Agosto de 2010

Democracia a la catalana (Y nota a Vizcaíno)

Lo ha dicho Joan Puigcercós, amigos. "Una sociedad democrática avanza cuando prohíbe". Extraordinario. Seis palabras le han bastado para definir en una frase, sujeto verbo y predicado, ¡Tantas cosas! Pues, yendo por lo más filosófico, como le gusta a Puigcercós, estamos, así es, en la plena sustitución del ideal liberal, que es la preeminencia de leyes que favorezcan una igual libertad para todos, frente al democrático, que es la tiranía de la mayoría. Ese ideal, el democrático, avanza a medida que va prohibiendo e imponiendo lo que quiere la mayoría. Si la mitad larga lo puede todo, no hay ley, vieja o nueva, justa o injusta, ni hay derecho legítimo que se le ponga por delante. Este hombre es un Kelsen; justo lo que necesita el nacionalismo catalán.

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Leer más, pero no demasiado. Porque Javier Vizcaíno ha escrito lo que sigue en el blog La trama mediática:

 

Suma y sigue, en El Mundo Salvador Sostres ordeñaba -¡oh milagro de la biología!- el ya cansado toro expiatorio: “Tiene gracia que Cataluña, para afirmarse, la haya tomado con la fiesta española de los toros estando el propio suelo tan perdido de ratas”. Un tal José Carlos Rodríguez, telonero de penúltima fila en Libertad Digital, se atribuía el descubrimiento de la gaseosa: “El programa nacionalista pasa por prohibir a mansalva, prohibir a diestro y siniestro, desde la cuna hasta la tumba y desde el trabajo hasta la alcoba”. Venga ese azucarillo para el escribano.

 

Hombre, Javier, que yo defienda esa idea no quiere decir que se me haya ocurrido a mi o que lo pretenda. ¿Qué tipo de lógica aprendiste en Radio Euzkadi? Déjalo, no respondas.

Y oye, tan avanzados que dicen ser estos en las ideas, pero luego llega el manejo de la intenné, y no saben ni lo que es un enlace.

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2003: Diciembre

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