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18 de Julio de 2004

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Algunos muros todavía no han caído


La ponencia de Solbes fue, como el personaje parecía indicar, soporífera; probablemente, el discurso más insustancial de a cuantos asistimos. De ahí que su detallada exposición no resulte del todo relevante. Aún así, quiero destacar algunos de los errores en los que incurrió, dado que, al fin y al cabo, suelen ser habituales en multitud de economistas de laboratorio.

El primero de ellos se produjo al referirse a las características del capitalismo y, en concreto, al establecer la tajante distinción entre éste y el mercado. El corte carece de fundamento; ciertamente, el mercado puede sobrevivir en el marco del socialismo (mercado negro), y, en este sentido, el general reconocimiento del mercado como marco de la economía podría denominarse capitalismo. Pero este tipo de rígidas diferenciaciones acarrea problemas; podría argüirse que el socialismo no es una imposibilidad teórica si se combina con el mercado negro.

En mi opinión, el mercado negro vendría a ser un sistema capitalista en la sombra, donde los derechos de propiedad son reconocidos entre las partes, aunque el Estado los persiga. Allí donde el mercado no impere, donde la propiedad no exista, estaremos ante el socialismo, pero es vano referirse a sistemas como marcos genéricos. ¿Es España una economía capitalista? Focalizando la atención en el sector turístico probablemente, pero atendiendo a la provisión de justicia, sin duda no lo es. El mercado y, por ende el capitalismo, existe donde concurra la voluntad privada y la libre voluntad de las partes.

El siguiente error fundamental que, conscientemente o no, cometió Solbes fue hablar de la construcción del dinero y del empresario. Ni el dinero fue creado, pues surgió de un proceso de descubrimiento evolutivo, ni la idea del empresario fue construida, pues constituye un faceta categórica del comportamiento humano.

Claro que la mayor perla de Solbes fue hablar de la muerte del capitalismo durante la crisis del 29, "existe un consenso al respecto", señaló. Imagino que Solbes, o el autor de su ponencia, no se habrá leído el America's Great Depression. Peor que eso, es muy posible que ni siquiera conozca su existencia y la sana discrepancia intelectual que inocula en el cerrado debate academicista; o incluso peor, puede que Solbes, en un intransigente fundamentalismo anticapitalista, ignore e impida conscientemente la difusión de cualquier sólida crítica a su simplista tesis izquierdista. Por suerte, Huerta de Soto, el siguiente en intervenir, recordó la inexistencia de un "consenso" al respecto. El 29 supuso (o debería haber supuesto), en todo caso, la muerte del intervencionismo monetario de los Bancos Centrales.

En cualquier caso, Solbes continuó su argumentación señalando que tras la crisis del 29 se produjo una portentosa expansión del Estado, cuyos objetivos iban a ser controlar las palancas de la economía y ¡evitar el imperialismo y la guerra!

No me cabe duda de la primera pretensión; el keynesianismo, con sus risorios modelos agregados, creyó con inocente criminalidad, que la economía, esto es, la vida de millones de personas, podía ser controlada con la facilidad con que se accionaban unas palancas. Se trata de una suerte de mecanicismo lingüístico que induce peligrosamente al intervencionismo del gobernante sabio. Las palancas están para ser pulsadas, en ausencia humana de poco sirven.

La segunda función que Solbes atribuye al megaEstado rooseveltiano de aquellos años es, simple y llanamente, de juzgado de guardia. No ya porque todas las guerras sean causadas por Estados, y en concreto por Estados fuertes, sino porque, pocos años después del 29, acaeció la II Guerra Mundial. Si ésas eran las funciones del Estado mastodóntico post29, podemos concluir que se trata de unos de los fracasos más sonoros de la historia de la humanidad.

Fracaso que los keynesianos sólo entrevieron durante la crisis del petróleo con la ayuda de teóricos neoliberales como Hayek y Friedman. No voy a hacer comentarios sobre este punto, aunque, desde luego, incluso por rigor teórico, deberían empezar los socialistas a distinguir entre Hayek, Friedman y sus distintas escuelas. La pretensión de equipararlos, no sólo denota ignorancia acerca de sus diferencias, sino que entronca perfectamente con el deseo socialista de meter todo el liberalismo en la misma bolsa de la basura.

Y con esta indefinición y desequilibrio ideológico, acaeció el colapso del Muro de Berlín. Según Solbes, el muro de Berlín no supuso ni debe suponer una revisión de la socialdemocracia. Parece que, al menos, a Revel sí que lo conoce. La caída del muro y el desmantelamiento de la URSS constituyen, en realidad, la evidencia empírica que muchos necesitaban para corroborar la imposibilidad del socialismo ya expuesta por Mises 70 años antes. El socialismo, ya hemos dicho antes, supone la inexistencia de propiedad privada en determinados ámbitos; el comunismo soviético universalizó estos ámbitos, la socialdemocracia europea los restringe, pero su imposibilidad sigue en pie. Y con imposibilidad no me refiero, lógicamente, a inmaterialización sino a incapacidad para dar respuesta a los deseos de los consumidores. El socialismo, y la socialdemocracia, fracasaron. Ni tan siquiera Solbes, con su mascarada discursiva, puede ocultar semejante extremo.

El vicepresidente tuvo, en cualquier caso, que efectuar ciertas concesiones. Reconoció que la globalización es positiva y desarrolla las economías nacionales; pero matizó que ataques contra el Estado, como los ejecutados por Thatcher, son demasiado exagerados. El Estado es un garante de la solidaridad y, por tanto, tal y como se está comprobando últimamente, no sólo debe continuar existiendo, sino que debe expandirse.

El tema de la solidaridad, pese a haber insistido en él severas ocasiones, sigue pareciéndome indignante. Si Solbes me roba el dinero y se lo entrega a otro, Solbes no está siendo solidario; ni tan siquiera yo lo estoy siendo, porque mi supuesta acción solidaria no ha surgido de mi libre voluntad. Los actos coactivos no pueden tildarse ni de solidarios ni de insolidarios; esa carga moral surge de la libre voluntad humana. Cuando no es libre, es inútil enjuiciarla con tales patrones.

El recurso a la comprobación empírica de la necesidad de más Estado también se las trae. No ya porque, dada la teorización sobre el cálculo económico, toda subsiguiente pantomima especulativa sea improcedente, sino porque, incluso atendiendo a los hechos concretos, sólo unos anteojos auténticamente rojos podrían conducir a semejante disparate.

Más poder para el Estado, más poder para gente de este tipo. Conmigo que no cuenten, aunque imagino que con su rodillo socializante, poco les importan las opiniones individuales.

Comentarios

 
Juan ramón, qué tal es la labor del profesor de soto, qué tal están sus libros, crees que se le empieza a hacer más caso.
Perdona que te lo pregunte, pero es que lo oigo nombrar mucho.
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:19 (1)
seneca, tu eres gabriel calzada?? si es asi, como que tu mail es 'juanelliberal'?

PS: Perdona por la indiscrecion :P
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:48 (2)
lo digo por el nombre gabriel -- juan
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:51 (3)
Yo no soy gabriel calzada, que más quisiera yo, lo único que tenemos en común es que somos de la misma isla.
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:51 (4)
Y que salvando las distancias,los dos somos liberales
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:52 (5)
aja, es que vi una notacion donde se decia "(sí, seneca, el canario)", pensaba que se referia a que eras gabriel calzada

http://www.liberalismo.org/bitacoras/3/854/

gracias por la aclaracion :)
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:52 (6)
Lógicamente cada día se le hace más caso, es una persona extraordinaria. Sin embargo, su reconocimiento actual todavía está a años luz del que merece.
Enviado por el día 18 de Julio de 2004 a las 22:59 (7)
De Huerta de Soto yo solo oigo maravillas. Quizas sean los transparentes cristales liberales que usais. ;)
Enviado por el día 19 de Julio de 2004 a las 00:14 (8)
Entiendo que no te guste que metas a todos los liberales en el mismo saco pero eso es lo que tu haces con los socialistas y el problema es que con eso ni les insultas como pretendes ni limitas su expansion.
El socialismo hoy dia lo que pretende es que todo este controlado por el Estado.No es que esto sea solidario es que esto es la Justicia y la Democracia.Para ellos el mercado es lo contrario de la democracia y la justicia.No es que lo diga Sanpedro o Saramago es que ya lo decia Marx en su Manifiesto.Claro que hoy dia Solbes no va a nacionalizar la Banca o los "medios de produccion" pero tiene muy claro que el mercado es un mal menor y si pudiera lo suprimiria.
Donde este un Ministerio que se quite una Empresa.Por el bien de los ciudadanos claro y si para eso hay que sacrificar la inflacion se sacrifica y si luego crece el paro pues se propone la jornada de las 25 o 30 horas segun etc
De todas maneras Solbes no tiene credibilidad ninguna porque dice lo que dice segun el cargo que ocupa.
Enviado por el día 19 de Julio de 2004 a las 00:29 (9)
Genial. Tenemos un fascista por ministro de economía.

¿Reformas del Estado? Quizás, pero sin cargárnoslo. ¿El capitalismo? Algo sí, pero sin pasarse. ¿Cuánto le pongo de cada, señora? Pues lo que yo diga, que para eso soy el ministro de economía. (Ministro de la Riqueza, lo hubiera llamado Orwell).
Enviado por el día 19 de Julio de 2004 a las 01:12 (10)
amagi... como osas utilizar la palabra fascista en su auténtico significado...

fascista, o fatxa, eres tú y soy yo...
Enviado por el día 19 de Julio de 2004 a las 14:08 (11)
Solbes es un terrorista contable. Utiliza las cuentas del Estado como explosivo para derribar a sus adversarios políticos. Seguro que ha sido su compañero Rub-al-Qaeda el que le ha esnseñado a detonarlo con una llamada de móvil hecha desde la Moncloa...

P.D.: ¿Será cierto el rumor que se extiende de que han colocado tantas ministras para que puedan lucir en las ruedas de prensa los pendientes que diseña González?.
Enviado por el día 19 de Julio de 2004 a las 20:21 (12)
Un argumento definitivo de los sociatas cuando no quieren discutir algo es lo comentado por Solbes: "Existe un consenso sobre este tema...". Y yo pregunto: Consenso, ¿entre quienes?.
Enviado por el día 20 de Julio de 2004 a las 08:37 (13)

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