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10 de Septiembre de 2004

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Para leer en vísperas de la Diada (II)

José Luis Vila-San-Juan dice: "Cataluña juró rey, en primera instancia, a Felipe V, quien le concedió toda clase de privilegios, respetando además los que ya tenía".

José Luis Vila-San-Juan dice: "`Representantes catalanes´ no se pusieron del lado del archiduque hasta que tuvieron un pacto, bien atado, con Inglaterra".

José Luis Vila-San-Juan dice: "Fue, entonces, parte de Cataluña la que se sublevó contra Felipe V".

-Una vez en el trono [fue proclamado rey de España el 16 de noviembre de 1700, en Versalles], Felipe V no tardó en anunciar su visita a Aragón y Cataluña, convocando sus Cortes (...) Las Cortes catalanas se reunieron del 12 de octubre de 1701 al 14 de enero de 1702 (...) Felipe V se mostró sumamente comprensivo y político para atraerse a los catalanes; a tal punto que un testigo de la época, Macanaz, escribía en sus memorias: "Los catalanes consiguieron todo lo que deseaban, porque ni a ellos les faltó cosa por pedir, ni al rey cosa que concederles, y así vinieron a quedar más independientes del rey que lo es el Parlamento de Inglaterra".
(Marcelo Cap de Ferro. "Historia de Cataluña". MES Euroliber, Barcelona, 1967. Citado en José Luis Vila-San-Juan, "Mentiras históricas comúnmente creídas II", pág. 219. Planeta, Barcelona, 1996)

-[Los catalanes] obtuvieron la esperada concesión de poder comerciar con América, el establecimiento de un puerto franco en Barcelona y la organización de un Tribunal de Contrafueros [cuya misión era examinar las denuncias sobre las extralimitaciones de los funcionarios reales].
(JL VSJ, op. cit., 219)

-Hasta que se firmó el secreto Pacto de Génova, el 20 de junio de 1705, el principado de Cataluña, con todos los beneficios que le había adjudicado Felipe V (...), no abandonó al rey que gobernaba desde Madrid.
(JL VJS, op. cit., p. 223)

El mencionado pacto fue suscrito por Mitford Craw, embajador en Italia de la reina Ana de Inglaterra, y los catalanes Antoni de Peguera i Aymerich y Domingo Perera. VJS afirma -p.225- que era "un verdadero tratado de adhesión de Cataluña a la Gran Alianza, o sea, la declaración de guerra del principado a Felipe V [las cursivas son suyas]". "(...) para el buen amante de la Historia -añade líneas más adelante VJS- ninguno de ellos [Peguera, Perera y sus compinches] significaba nada: ni Generalitat ni Consejo de Municipio, que eran las dos instituciones autonómicas con que, entonces, contaba Cataluña (o Barcelona)".

-Cuando las tropas [del archiduque] entraron en Barcelona, tras mes y medio de asedio, cometieron muchos desmanes, tras haberle jurado [como] Carlos III de España [en el transcurso de las Cortes catalanas celebradas del 5 de diciembre de 1705 al 31 de marzo de 1706]
(JL VLS, op. cit., p. 227)

El gobierno del archiduque en Cataluña no fue nada satisfactorio: represión implacable contra los contrarios, malversación, favoritismo y detalles absolutistas; todo ello fue provocando el desencanto de muchos catalanes.
(Antoni Ferret. "Compendi d'Història de Catalunya". Claret, Barcelona, 1989. Citado en JL VLS, op. cit., p. 227).

Felipe V no fue un rey impuesto por Castilla, de la misma manera que la guerra de Sucesión no puede leerse como una guerra entre Castilla y los reinos de la periferia (...)
(Fernando Gª de Cortázar. "Los mitos de la historia de España", p. 145. Planeta, Barcelona, 2003)

José Luis Vila-San-Juan dice: "No es seguro que la mayoría de los catalanes, en la guerra de Sucesión, fuesen austriacistas".

-El tópico de la adhesión en masa de Cataluña a la bandera del archiduque viene a quedar desmentido por la abundancia de confiscaciones de bienes que éste dispuso para castigar a sus enemigos en el Principado.
[...]
El archiduque aparece apoyado por una serie de impulsos de tipo contestatario: figuras descontentas de las últimas épocas de la monarquía austríaca y personajes quejosos; incluso, muchas veces, en plan de que el segundón de una familia se va con el archiduque, mientras el heredero sigue a Felipe V. De modo muy especial, en las ciudades y territorios que son tomados por Carlos de Austria, el pueblo menudo está anheloso de novedades y desórdenes, de los que piensa sacar algún provecho, revuelto con figuras altas y bajas deseosas de aventuras.

(Pedro Voltes, "Historia inaudita de España". Plaza & Janés, Barcelona, 1984. Citado en JL VLS, op. cit., pp. 221-223)

-Así pues, cuando por primera vez las flotas aliadas [esto es, partidarias del Archiduque] se presentaron en Barcelona (mayo de 1704) tuvieron que retirarse sin haber podido lograr las esperadas influencias dentro de la plaza. Y el virrey y la corte de Madrid expresaron su agradecimiento a las autoridades catalanas.
(JL VLS, op.cit., p.223)

-[La causa austracista no puede] identificarse con el sentir de toda Cataluña. Hubo una Cataluña borbónica como hubo un Aragón borbónico, una Valencia borbónica o una Castilla nobiliaria partidaria del archiduque Carlos de Habsburgo (...) La fiebre austracista que se apoderó de la minoría dirigente de Barcelona o las agitadas tierras de Vic no fue compartida por todas las ciudades ni rotuló con igual frenesí toda Cataluña. Lérida se resistió a la capitulación y a la proclamación del archiduque y estuvo muy poco tiempo bajo las armas de los aliados, de la misma manera que Gerona fue proclive al pacto y al abandono de las armas, o que muchas comarcas del Pirineo y del interior se mantuvieron fieles a Felipe V.
(Fernado GC, op. cit., p. 145)

-Los austracistas catalanes no sólo luchaban por sus derechos históricos, también por las "libertades de España", ni componían un bloque homogéneo sino un partido atravesado de diferencias y, a menudo, de intereses contrapuestos. La división entre los seguidores fieles al pretendiente y la nobleza y la burguesía barcelonesa fue total desde 1707, y el tiempo, con los vaivenes de la guerra, la fue agravando. El Consejo de Ciento -órgano asesor del municipio de Barcelona- tuvo planteamientos mucho más radicales que la Generalitat, controlada por una nobleza cada día más alejada de los laureles austríacos, y de hecho el gobierno de Cataluña no fue suprimido por Felipe V, como se ha dicho y repetido tantas veces, sino por el propio Consejo de Ciento, en pleno mandato austracista.
(Fernando GC, op. cit., p. 147)

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