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Haciendo amigos: Febrero 2004

Bitácora de Mario Noya

28 de Febrero de 2004

Desinformación enciclopédica
Ya saben todos ustedes, apreciados lectores, que El Mundo y Espasa han lanzado en comandita una Gran Enciclopedia Universal. Yo la estoy haciendo: religiosamente, cada martes le doy al kiosquero el cupón de descuento que viene en el periódico y los 10'90 euros de rigor, y él me entrega entonces el volumen correspondiente (han salido nueve; faltan once, creo recordar, más cuatro o cinco tomos complementarios).

Me gusta la factura de la Gran Enciclopedia Universal Espasa/El Mundo: se leen bien las entradas, abundan los mapas (un poco primarios, la verdad y por lo general) y las fotografías; los tomos lucen bien cosidos, y el diseño de las tapas es sencillo y atractivo: arreglao pero informal, diré por aproximación y para que nos entendamos.

Me gusta mucho el continente, vengo diciendo; pero mucho menos el contenido. Ya lo ven ustedes, pacientes y atentos lectores: con estos mimbres, con este andamiaje antirreflectante, ¿quién va a hacer de mí un progre de provecho? Desde luego, no los redactores de la Gran Enciclopedia Universal Espasa/El Mundo. Lo intentan... pero nada, que no puedo; sí, y mucho, indignarme o descojonarme -sin perdón, que diría Cervantes-, según me pille, cuando me echo a la cara algunos de los artículos que perpetran.

Al grano, Mario, al grano. La Gran Enciclopedia Universal Espasa/El Mundo (lo dice Zoé Valdés, y con razón: se riega la bola de que utilizar las mayúsculas en exceso puede resultar cancerígeno; al menos para los textos que las padecen, añado yo; pero a ellos, a los de la Enciclopedia Universal Bla Bla Bla, les gustan las mayúsculas. No les negaremos el caprichito) incluye unos dossieres sobre cuestiones, conceptos o autores que estiman especialmente relevantes los barandas de la Gran Enciclopedia E-te-cé. Suelen ocupar cuatro páginas, sobre fondo azul (el del resto de la enciclopedia es blanco), y llevan sus fotos y sus infografías (si se tercia) y todo. Cada dossier principia con una entradilla que, tal y como mandan los cánones periodísticos, da cuenta sucintamente al lector de lo que le espera líneas abajo. Qué se yo, la entradilla que dedican a la cartografía dice así:


El interés por la representación de la superficie terrestre viene de muy antiguo, pues surgió ya en las culturas mesopotámica, egipcia y china. Con los griegos se constituyó en ciencia y fue perfeccionando sus métodos hasta alcanzar la precisión actual


El dossier del carbón, por su parte, abre con esto:

El carbón mineral está directamente relacionado con los avances tecnológicos que se produjeron a finales del siglo XVIII y parte del XIX. El más espectacular de estos avances lo constituyó la máquina de vapor, el primer convertidor de energía, en este caso de energía térmica en motriz, descubierto por el hombre


No daremos más ejemplos, con este par creo que basta. Las entradillas son, pues, breves (si no, no serían entradillas) y sintéticas; y, cómo decirlo, neutras; vamos, "enciclopédicas".

Al grano, Mario, al grano (bis). Está bien. Sabido lo anterior, me permito reproducir sin comentar la que le endilgan al capitalismo:

"El consumo humano, que en todas las formas anteriores de economía era un fin, para el modo de producción capitalista es un medio, que sirve para alcanzar el verdadero fin: la acumulación de ganancia capitalista"


¡Qué despistado soy: se me ha olvidado dar cuenta del abajofirmante que le ha hecho la entradilla gratis et amore y desde la tumba al redactor de la Gran Enciclopedia Y Lo Que Sigue! Se trata de Rosa Luxemburgo.


Se han encomendado a la Señá Rosa para componer la entradilla; pero el texto principal requiere más cuajo, bien sabemos. La elección, en este punto, es obvia: Herr Karl Marx. De hecho, también lo sacan a pasear en la primera foto que nos echamos a la cara en el susodicho dossier; una foto que parece recoger la salida de unos obreros de una fábrica, a quienes observan unos señores bien vestidos y tocados con sombreros desde la acera de enfrente (si es que eso es una acera). La instantánea es en blanco y negro y es de finales del XIX o principios del XX. El pie de foto dice:


Según la teoría marxista, el capitalismo implica la explotación de la clase asalariada por la burguesía capitalista.


Ya que estamos con los segunes, aportaremos los nuestros. Según Paul Johnson, los conceptos y la metodología marxistas "tienen un fuerte encanto para [los] espíritus carentes de rigor" (Johnson, Intelectuales, pág. 71); según Paul Johnson (v. op. cit., págs. 83 y ss), "los 'hechos' no tienen una importancia central en la obra de Marx", sino que "ocupan un lugar secundario, refuerzan conclusiones previas a las que llegó independientemente de ellos"; en fin, según Paul Johnson, El Capital, la obra cumbre de quien suministra las ideas al redactor del dossier espasiano sobre el capitalismo, "es un sermón enorme y a veces incoherente, una embestida contra el proceso industrial y el principio de la propiedad llevada a cabo por un hombre que había concebido un odio fuerte pero esencialmente irracional contra ambos" (op. cit., pág. 83)

Sigamos con el dossier. Adivinamos por estas líneas que el redactor del susodicho lleva por nombre Jeremías; eso sí, un Jeremías que llora pero que no pierde del todo la esperanza:


Después del derrumbe del socialismo real [vamos avanzando en nuestra investigación: se llama Jeremías pero todos le conocen por El Eufemista], el capitalismo ha perdido hasta su nombre -ahora se denomina economía de mercado- [Así que Jeremías no ve la viga de cemento armado en el ojo propio pero se permite hacer chuflas cuando advierte las pajitas terminológicas que se hace el personal... Vaya, vaya] y se presenta como la única forma racional de economía -al ser el mercado la única forma racional de asignar los recursos- [Hombre, Jeremías: deberías saber que los que presumen de racionales son los socialistas científicos; así les/os ha ido], que garantizaría además la máxima libertad y prosperidad posibles, tanto a los empleadores como a los empleados. Ha desaparecido, al menos de momento, la cuestión de su viabilidad a medio o largo plazo [De momento, Jeremías, de momento: ¡pero todo se andará! ¡Confía en José Luis Sampedro!]


Jeremías, además, sabe que no está sólo:

A pesar del actual dominio de este sistema económico en el mundo, no deja de ser cuestionado por importantes grupos de opinión (políticos, intelectuales, organizaciones no gubernamentales, movimientos obreros y populares, etc.) por sus negativas consecuencias sociales y ecológicas, y por sus efectos nocivos medioambientales


¡Esto es un argumento de autoridad, y lo demás es verso! Pero un servidor, que es muy tiquismiquis, no quiere dejar de advertir que esos "importantes grupos de opinión" sólo existen, y ya es casualidad, en sociedades capitalistas; y que manejan cantidades abracadabrantes de vil metal, gracias a las cuales

- viajan sin demasiados problemas por el ancho y abyecto mundo capitalista,
- hacen unos despliegues publicitarios que pa qué
y, en resumidas cuentas,
- viven como Dios (un Dios algo holgazán y atrabiliario)

Dejo al gentil lector que aún me siga cebarse con la jeremiada de las "negativas consecuencias sociales y ecológicas, y (...) sus efectos nocivos medioambientales" (redunda, Jeremy amigo, redunda, que algo habrá que hacer para matar el tiempo, en esta vida loooocaaaaa...)

He de decir, también, que la prosa de Jeremías es como para llorar ("llorar", "Jeremías". Je je), que hoy es sábado, que pronto viene mi novia... ¡y yo con estos pelos! Así que le daré vida a la cosa (buen Daniel, ¿puedes informarme de si he batido el récord de extensión? Pido perdón, pero es que uno es nuevo, y se está entrenando)

Jeremías dice:

Nadie puede negar la importancia de los cambios económicos y sociales que se han producido con el desarrollo del capitalismo (...), pero son transformaciones que también han significado muchos problemas de graves consecuencias.


Nadie lo niega, Jeremías; pero no será por falta de ganas, ¿eh, compadre?
Y a todo esto, ¿cuáles son esos cambios, Jeremías? ¿Por qué te los callas? ¿Porque no tenías espacio en cuatro páginas para dedicarles al menos un parrafito?


Volvamos con Jeremías, al que hemos dejado con la palabra en la boca:

El primer resultado de la nueva economía es haber sumido en la miseria a gran parte de la humanidad


Con dos cojones, Jeremías. Apuesto las dos manos a que no te has puesto ni colorao al escribir semejante perla. Yo, para qué negarlo, sí, porque soy de aquellos que lo pasan muy mal cuando les acometen ataques de vergüenza ajena. También te diré, para qué negarlo, que he jurado en arameo cuando he visto esa foto en la que tres niñas del Tercer Mundo (¿del subcontinente indio?) están ¿trabajando? a la vera de un ¿río/mar/lago/charca? con un martillo y unas piedras y un recipiente herrumbroso; he jurado en arameo, digo, al ver esa instantánea de la que no das referencias y que no fechas y cuyo pie de foto dice:


El capitalismo, sistema económico imperante en la mayor parte de los países del mundo, presenta también serios inconvenientes. El libre mercado que propugna conlleva desigualdades sociales, un reparto de la riqueza no igualitario y, en algunos casos, la explotación de los trabajadores, cuestion ésta que, en algunos países, afecta también a la población infantil.


La vida es demasiado corta para aprender alemán; imagináos, queridos lectores (¿sigue alguien ahí?), para desentrañar en pleno sábado y con la novia echando fuego por el teléfono el dossier que ha perpetrado Jeremías Espasa del Mundo Mundial. Queda mucha tela que cortar (habla, cómo no, de la de gente que vive "con menos de dos dólares diarios" sin tener en cuenta la paridad de poder adquisitivo en cada país; de que la distancia entre Suiza y Mozambique es de 400 a 1, "cuando hace 250 años la relación entre la nación más rica y la más pobre era de 5 a 16", sin anotar que lo que antes nos hacía iguales era la miseria, y que si Mozambique está como está es porque el capitalismo, por esas tierras y por desgracia, ni está ni se le espera; de que la diferencia entre pobres y ricos en EEUU es abismal, sin decir que los pobres yanquis disfrutan de un nivel de vida envidiable para el 99% de los pobres -y el 50% de las clases medias- del resto del mundo y que la movilidad social en aquel país hace que los pobres que reflejan los censos no sean siempre los mismos), pero hasta aquí hemos llegado.

Si acaso, os diré que, al releer el dossier que Dios confunda, se me ha venido a la mente este pasaje del impagable Tibor Fischer. Pertenece a Bajo el culo del sapo, novela que transcurre en la Hungría paradisíaca de los tiempos del socialismo real. Va por ti, Jeremías, y por tus cuates:


(...) tanto Széll como su padre eran unos mentirosos inveterados. De estar frente a un pelotón de fusilamiento y tener que responder a la pregunta: '¿Quéreis salvar vuestra vida?', se verían obligados a contestar: 'No'
Permítanme que me presente
Me llamo Mario Noya, tengo 27 años, soy de Madrid y estudié (entiéndanme) en las Jaulas Magnas de la Facultad de Ciencias de la Información (sic) de la Universidad Complutense.

El título de mi bitácora no guarda relación, al contrario de los que han elegido mis colegas, con frases, fechas u obras insignes del pensamiento liberal. No. Es una frase que he oído con frecuencia cuando defendía mis ideas o entrevistaba a liberales de pro en el periódico universitario "Menos 25"; a Lorenzo Bernaldo de Quirós, sin ir más lejos: creo o quiero recordar que, cuando andaba titulándola ("Los ecologistas deberían aplaudir la energía nuclear con las orejas", era la frase elegida. La entrevista versaba sobre medio ambiente y desarrollo, y LBQ se despachó a gusto contra las conclusiones de la Cumbre de Johannesburgo y los críticos de Lomborg), alguien se me acercó y me dijo, con los ojos como platos hondos y su poquito de guasa: "¡Tú di que sí! ... ¡Eso! ... ¡Haciendo amigos!".
Pues eso.

Quiero y debo dar las gracias a Daniel Rodríguez Herrera, por invitarme a seguir haciendo amigos desde este sitio.

Así que aquí me tienen, estimados lectores, formando en las filas de los que combaten a los antiliberales, "siempre altivos y numerosos", que diría el gran Adolfo Bioy Casares.

Saludos cordiales

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