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Orden Natural: Mayo 2009

27 de Mayo de 2009

Ser pro-empresa no es ser liberal, ni es suficiente: carta abierta a los socialcristianos, democratacristianos y conservadores
 
Por esos azares de la vida, quienes se autodenominan "de izquierda" nos han colocado en el mismo saco (¿la centroderecha? ¿la derecha?) a ustedes y a nosotros los liberales clásicos (libertarios). Esta carta es para decirles, de una vez por todas, que nos incomoda tanto como a ustedes que nos confundan. Si bien nosotros somos radicales, instransigentes y bastante audaces (entiendase como quiera esto último) creo que nadie se ha detenido a decirles un par de cosas que sólo nosotros podemos, ya que nadie, en su sano juicio nos pondría en una "izquierda" plagada de socialistas, ecologistas y otros enemigos de Occidente y la civilización industrial. En los fines podemos ser parientes muy cercanos, pero es en los medios donde me concentraré sobre todo.


Valga decir que es cierto, los liberales manchesterianos o hispanos no tenemos mucho que ver con los liberales decimonónicos (afrancesados) en eso de obsesionarse con atacar a la religión o a la iglesia y mucho menos en los afanes estatizadores de aquellos. Pero en realidad las diferencias filosóficas son mucho más importantes que las programáticas para todo efecto. Nosotros vemos al ser humano como poseedor de una naturaleza que no depende en absoluto en la existencia del alma, y que se distingue por medio de la razón del resto de seres vivos. No le vemos como fundamentalmente defectuoso ni condenado a nada. Por eso no pensamos que su vida debe dedicarse a expiar una supuesto pecado original o a aplacar la ira de los dioses sacrificando su vida y energías. Pensamos que ser felices aquí en la Tierra es no sólo posible sino la más noble meta de todo individuo. Y pensamos que ver los valores humanos en acción (propósito, productividad, creatividad, autoestima, generosidad, valor, lealtad, etc) es fuente suficiente de felicidad. Es por eso que el liberalismo es una doctrina de "vive y deja vivir". Como dijo el gran libertario y literaro H.L. Mencken "Puritanismo: el miedo insoportable a que alguien, en alguna parte, sea feliz". ¿Siguen siendo puritanos?

Ahora pasemos al plano de la Ética. Ahi es donde nos topamos con otra diferencia entre ustedes y nosotros. Nosotros creemos que con unas pocas normas razonadas es posible la coexistencia pacífica y mutuamente enriquecedora en sociedad. Eso nos evita a los liberales tener que depender de la fé en un texto sagrado o un ente sobrenatural para que nos diga qué está bien y qué está mal. Sabemos que el uso de la fuerza contra otros seres humanos está mal. Sabemos que forzarle a hacer con su persona y su propiedad lo que no haría voluntariamente está mal. Los fines, que quede muy claro, no justifican los medios. Uds. pensarán que la diferencia no es tan grande en este tema. Lamento decirles que sí, lo es. Donde uds. creen que ponen "moderación" y "centrismo" al combinar Estado y Mercado, están aceptando una premisa esencialmente perversa. Permítanme explicarme. El brillante sociólogo Franz Oppenheimer clasificó las formas de ganarse la vida como la producción, la colonización de recursos sin dueño, el intercambio y la herencia, como formas pacíficas y basadas en tratos libres entre individuos. A aquellas las llamó "los medios económicos". Tal vez ahora entiendan por qué el liberalismo tiene un énfasis que raya en obsesión, con la Economía. Dado que los seres humanos pasamos buena parte de nuestras vidas trabajando para el disfrute y otra parte disfrutando los frutos de lo creado, los liberales queremos asegurarnos de que la riqueza socialmente disponible sea bien habida. Pero Oppenheimer también clasificó las formas agresivas, fraudulentas e invasivas de ganarse el sustento. Les llamó "los medios políticos". Y para rematar, este lúcido sociólogo llamó al Estado "el aparato de los medios políticos". En suma, lo que Oppenheimer sugiere y los liberales abrazamos, es la idea de que el Estado sobre todo si excede el rol de (supuesto) garante de la vida, la propiedad y los contratos, es su principal amenaza. No cabe ser "moderados" o "centristas" cuando se trata de los atropellos y los abusos. No necesitamos mezclar relaciones pacíficas con relaciones agresivas para "no ser extremistas". No necesitamos tolerar un poco de violaciones de derechos "para no ser radicales". No es necesario mezclar comida con veneno para parecer "sensatos" y "flexibles". ¿Se volverán uds. más tolerantes en lo que es asunto de cada uno y menos tolerantes con los abusos del Estado?

Para terminar y como consecuencia de todo lo anterior, quiero urgirles frontalmente a que abandonen la doctrina del Mercantilismo. Aquella dice que "hay que impulsar a la empresa privada". Nada más equivocado que eso. A la empresa privada (los productores), sólo se le puede "impulsar" (o pervertir, sería más honesto) a costa de las familias e individuos (los consumidores). Cada vez que uds. salen orgullosos de las salas de negociación de un TLC "porque negociaron bien", los libertarios tenemos la obligación de decirles que están usando medios ilegítimos (el Estado o comportamientos mafiosos) para mantenerse como el proverbial zorro que cuida el gallinero. Si uds. negocian "mal" o no negocian, vendrán empresas, capitales y productos mejores y más baratos de afuera. Pero ya que los consumidores estamos dispersos por definición, nadie negocia por nosotros. Cada vez que ustedes logran un privilegio gremial (por ejemplo, que sólo los arquitectos puedan firmar planos) los que pagan la cuenta de tener menos alternativas y depender de un oligopolio, somos todos los demás. Cada vez que ustedes rescatan bancos en aprietos o a cualquier otra industria impidiendo que se hagan responsables de sus errores o tropelías, la cuenta la pagamos todo el resto de nosotros. En otras palabras, si el énfasis está en el empresario y no en el público, o la soberanía (cuánto, con quién y cómo comerciar) reside en el Estado y no en el individuo, lo que tenemos es una economía Mercantilista. Una en que quienes tienen conexiones obtienen privilegios a costa del resto. Es una economía así la que crea desigualdades no basadas en el esfuerzo, es una economía así la que frustra a los emprendedores sin conexiones, es una economía así la que expulsa a millones al exterior. No es una economía de libre mercado o Capitalista; no trae bienestar general, ni desarrolla a un país.

Como pueden darse cuenta, ser pro-empresa no es ser pro-mercado. No es liberal. No es suficiente.


Juan Fernando Carpio
Mayo 26 de 2009

15 de Mayo de 2009

¿Y quién dice que el liberalismo puede darse el lujo de ser hegeliano?

El muy comentado (e interesante como siempre viniendo de quien viene) artículo de Pablo Molina sobre los ancaps como votantes naturales de ZP, me deja la siguiente reflexión:

No creo que un mal gobierno (régimen) ayude a ir a la libertad, porque la gente no es liberal. Por ende no razona "ah, el Estado no sirve", lo que piensa es: "ah, hay que cambiarle sus administradores"

El artículo es muy bueno, pero tiene un non sequitur fatal: que de la torpeza de ZP la gente pase al liberalismo.

El liberalismo, como todo en política, es una decisión. No es un asunto determinista. No hay un destino liberal. No estamos condenados a ser esclavos ni condenados a ser libres, ni condenados a ser pobres ni condenados a ser ricos. La libertad mplica todo el tiempo la enseñanza y adopción generalizadas de unos valores: de una actitud filosofica que hay que sembrar.

Es cierto, con Aznar puedes demostrar que el mercado lo hace mejor y con ZP que el Estado no sirve. De todos modos, ambos son ilustraciones que requieren ya de un cierto consenso interpretativo.

El problema es cuando queremos creer que porque la evidencia está ahí, la mente poco entrenada del ciudadano promedio concluirá lo que nosotros quisieramos que concluya. Pues no, no cabe esperar la libertad como "proceso histórico" pues es más bien accidental en la historia humana. Coincidieron ideas, líderes y momentos para los escasos experimentos puros e incluso para los sistemas mixtos actuales, de todos modos hace falta una defensa activa cada día. Los liberales no podemos asumir que el colapso de un Estado lleva al colapso del concepto del Estado. Una conclusión así sólo la saca un liberal frente a tal acontecimiento y buscará otras formas de gobierno (que no el Estado-Nación, que hay que abolir). Si todos (o los suficientes) fueran liberales sacarían esa conclusión, pero si lo fuesen ya de por sí el Estado no hubiera florecido tan campante.

Nada es automático en esta batalla por la libertad.
 



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