28 de Septiembre de 2011
Madrid, educación privada y trolas
Daniel Rodríguez Herrera

La idea que se repite incesantemente, como sólo un falso eslogan progre es capaz de reproducirse, es que al desgravar el dinero que unos padres gastan en la educación privada de sus hijos estamos perdiendo vía ingresos unos recursos que, de no "perderse" por esa vía, podrían ir a la escuela pública y así impedir la monstruosa pérdida de calidad que supone que un profe dé a la semana 20 horas de clase en lugar de 18.

Pues no. Alguien que lleva a su hijo a un colegio privado no lo lleva a uno público, ahorrando por tanto a las arcas públicas el gasto que supone esa plaza en una escuela pública. Poder desgravar ese gasto supone un incentivo económico que seguramente suponga para algunos padres la diferencia entre hacer una cosa u otra.

¿Compensa esa rebaja en el gasto la reducción de ingresos? Pues miren, no tengo ni idea. Ahora, ni Pepiño Blanco ni todos los tuiteros y meneantes a quienes les salen salpullidos cada vez que oyen la palabra "Aguirre" lo saben tampoco. Pero la demagogia con lo de la educación pública es, esta sí, gratis. Para mi, el mundo ideal no es aquel en el que todos somos obligados a llevar a nuestros hijos a que el Estado les eduque como a los políticos les interese educarlos, sino uno en el que todo el mundo tiene recursos para llevarlo a la escuela donde les eduquen como prefieran. Pero estoy dispuesto a considerar que la medida le cuesta dinero a las arcas públicas. ¿Están también los demagogos de lo público dispuestos a estudiar si esta medida al final es un ahorro o no?


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