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20 de Noviembre de 2006

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Psst, ¿quiéres un riñón?

Presento la traducción (apresurada) de un polémico artículo en The Economist sobre la compra-venta de riñones. Gary Becker ya habló sobre el tema en su momento generando un interesante debate del que se hizo eco incluso el Telediario de La Primera de TVE -aquí no puedo aportar más prueba que mi testimonio como teleespectador-. Daniel Rodríguez Herrera acaba de tocar el tema hace unos días. Si bien el artículo de The Economist es más moderado -y más acorde con mi posición personal, habla sólo de el mercado de riñones y no de el de órganos en general-, la polémica está servida. Tal vez tenga algo (o mucho) que ver con ello la poco célebre Economía de la repugnancia (pdf).


Psst, ¿quiéres un riñón?


El estado debería permitir a la gente comerciar con sus riñones, no condenarlos por ello.

Si fueran otro producto cualquiera, el mercado operaría con su mágia habitual: la oferta respondería a los precios elevados desplazandose hasta equilibrarse con la demanda emergente. Pero los riñones humanos no son una mercancía corriente. Comerciar con ellos está prohibido en la mayoría de países. Por ello la oferta depende ampliamente de la caridad de los sujetos: algunos desean donar uno de sus riñones sanos mientras están vivos (a un riesgo mínimo para su salud); otros están de acuerdo con que se usen sus riñones cuando mueran. Como era de esperar si el altruísmo es el único incentivo, la oferta es insuficiente.

El riñón es objeto de un silencioso drama internacional. En tanto que la población del primer mundo vive y engorda más, las colas para obtener un riñón están creciendo rapidamente: a una tasa del 7% anual en los Estados Unidos, por ejemplo, donde el año pasado murieron 4.039 personas esperando uno. Los médicos están permitiendo el transplante de riñones más viejos y lentos. Los pacientes ricos están comprando riñones a personas pobres y desesperadas en un mercado negro que empiezan a prosperar. Un pez gordo, broker, pronto va a probar suerte en Sudáfrica. Los vendedores clandestinos de riñones tienen escaso seguimeinto médico por lo que los compradores suelen contagiarse de hepatitis o sida y ambos deben soportar las consecuencias de una cirugía chapucera.

El modelo iraní
Dada esta situación, la mayoría de países están optando por la peor de las políticas posibles. El estado considera a sus ciudadnos responsables para donar sus órganos. Algunos países europeos, incluyendo a España, elevan la oferta un poco presuponiendo el consentimiento al trasplante de órganos tras la muerte, siempre que no se haya especificado lo contrario. Sea moralmente correcto o no presuponer su consentimento, no resuelve el problema de la escasez de oferta, ni en España ni en niguna otra parte. Por otra parte, si tan sólo el 0,06% de los estadounidenses sanos de entre 19 y 65 años cediese uno de sus riñones, el país acabaría con las listas de espera.

La manera de favorecerlo pasa por legalizar la venta de riñones. Eso es lo que Irán ha hecho. Una organización oficial de pacientes supervisa las transacciones. Los donantes obtienen entre 2.000 y 4.000$. Las listas de espera se han terminado.

Mucha gente encontrará la idea de la venta de órganos repugnante. No obstante, a día de hoy existe un mercado con los órganos de gente muerta. Hay empresas que hacen millónes en él. Parece perverso, por tanto, excluir a los individuos. Es más, ceder un riñón es tan seguro como las frecuentes -y voluntarias- cirugías estéticas y tratamientos de belleza (no es más peligroso que una liposucción, por ejemplo) lo que marca una diferencia con la donación de otro tipo de órganos. En los Estados Unidos se pueden comprar bebés a madres de alquiler, y el riesgo de morir alquilando tu útero es seis veces mayor que el de vender un riñón.

Con la regulación adecuada, un mercado de riñones sería una gran mejora para el presente y triste estado de las cosas. Se podría revisar si el vendedor está enfermo o se droga, y se le daría el cuidado adecuado tras la intervención. Los vendedores podrían recibir, por ejemplo, un seguro de salud como parte del pago. - lo que abarataría los costes porque los donantes monitoreados apropiadamente parecen vivir más que la típica persona con dos riñones. Los compradores obtendrían mejores riñones de manera más rápida. Ambos, vendedor y comprador mejorarían su situación frente al mercado negro, donde buena parte del dinero va para los intermediarios.

El instinto suele ser mejor guía que la lógica. Pero en este caso, la intuición de que vender partes del propio cuerpo no está bien lleva a cuantiosas muertes prematuras y mucho sufrimiento. La respuesta lógica, en este caso, es la humana.


Publicado en paralelo en Escepticismo y Libertad.


Addendum: Sally Satel explica con mayor rigor y detalle la posibilidad de un mercado de riñones. Virginia Postrel lleva tiempo analizando el tema en su blog (gracias, Claudio). 

Referencias

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Comentarios

 
Posiblemente sea lo más lógico y justo, pero me quedo helado con estos temas.
Enviado por el día 20 de Noviembre de 2006 a las 23:43 (1)
Y yo. Inyectar liquidez en el mercado de organos es un paso que no me deja tranquilo. El dinero es goloso, y cuando se junta con cuesiones de vida o muerte de este calibre, no me fio de nadie.
Enviado por el día 21 de Noviembre de 2006 a las 01:17 (2)
A mi me pasa lo mismo... pero el caso no es si produce repugnancia comerciar legalmente con los órganos sino que una vez abierta la puerta de los trasplantes el dinero, se quiera o no, entra en juego.

No es lo mismo negarse a aceptar un hecho repugnante que el tal hecho se esté ya produciendo y con peores consecuencias que si se hiciese dentro de la legalidad, mas o menos regulado, cuanto menos mejor, y que dé garantías y beneficios al donante y al receptor.

Y si resulta repugnante que un pobre no tenga ya mas remedio que llegar a vender sus órganos para sobrevivir él y su familia el problema no es la venta de órganos sino la pobreza en la que se encuentra. Por tanto, si alguien se molesta con algo del tema debería ser con esto, con la pobreza extrema. Pero para ello hay que buscar soluciones que mitiguen la pobreza no que impidan a los pobres ganarse un poco de dinero con lo único que tienen, su propio cuerpo.
Enviado por el día 21 de Noviembre de 2006 a las 09:00 (3)
Artículo en The Economist:
"...en los Estados Unidos, por ejemplo, donde el año pasado murieron 4.039 personas esperando uno."

Qué barbaridad. Por un buen precio, alguien hubiera podido vender su riñon sin problemas y el comprador...hubiera salvado su vida y estaría muy contento. No te preocupes, Kantor, que debe ser bastante difícil engañar con riñones (son transacciones limpias nomás). No es para quedarse "helado": Los trasplantes de riñones son una gran cosa.

Artículo en The Economist:
"El instinto suele ser mejor guía que la lógica."

Ja, ja, qué bestia.

Enviado por el día 21 de Noviembre de 2006 a las 16:59 (4)
Bienvenido de vuelta, Andrés.

Espero que nos tratemos tan bien como en la vida real cuando estuve en Madrid. =)
Enviado por el día 24 de Noviembre de 2006 a las 16:35 (5)

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