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Economía

Por Daniel Rodríguez Herrera

Sin duda, las mayores críticas al liberalismo se centran en el liberalismo económico, también llamado capitalismo, acusado de cruel e injusto. Sin embargo, el capitalismo es una consecuencia lógica de la libertad individual. Y, al contrario que el socialismo, la teoría económica liberal no se basa en una creación de un fantástico sistema creado a partir de la nada. Se basa en la observación de las causas de la riqueza.

Hazlitt dividió las instituciones básicas de la economía capitalista en cinco, fuertemente relacionadas: propiedad privada, mercados libres, competencia, división de trabajo y cooperación social. Vamos a estudiarlas una a una, y ver su mutua dependencia.

Sin propiedad no puede haber libertad individual, pues coloca al colectivo que posee ese derecho (el Estado, la comunidad local) en posición de ejercer la mayor de las coacciones: el hambre. No es, tampoco, ninguna institución artificial, pues está imbuida en los instintos de buena parte de los mamíferos, nosotros incluidos. Además, es el mayor incentivo que existe para trabajar, como bien se ha encargado de demostrar el propio régimen soviético.

El libre mercado no es más que la libertad de cada uno de disponer e intercambiar como mejor desee su propiedad privada. Es inseparable de la propiedad privada; pues sin poder disponer de lo que es nuestro como mejor deseemos, ¿cómo podemos seguir diciendo que es nuestro? Las personas, escogiendo y consumiendo, forman a través de sus elecciones lo que se ha dado en llamar sistema de precios, que no es más que el resultado de millones de decisiones comerciales individuales.

En cualquier sistema de libre comercio las preferencias de los consumidores crean la competencia entre los productores. Éstos bajarán los precios y sus propios costes e intentarán aumentar la calidad de su producto, no de servir al público, sino de no ser echado del mercado por él y poder seguir obteniendo un beneficio. Algunos autores parecen considerar esto como una guerra despiadada entre compañías, pero es más aproximado compararlo con una pugna deportiva. De hecho, cuanto más mejora un rival en el mercado, más obliga a sus competidores a mejorar.

El recurso económico más escaso es siempre el hombre. Y para aprovechar mejor los recursos humanos está la división del trabajo. La mejora tecnológica y la existencia de dinero permiten a cada hombre realizar un trabajo más específico, compartiendo el producto del mismo con los demás, en lugar de dedicarnos todos a hacer de todo. El aumento en la productividad y la riqueza casi siempre puede estudiarse como un aumento de división de trabajo. De este modo, la agricultura y ganadería, casi la única actividad productiva durante la mayor parte de la historia de la humanidad, ahora emplea a una ínfima parte de los trabajadores en un país desarrollado. Esa fuerza de trabajo extra ha ido a parar a la creación de nuevos bienes y servicios que mejoran la vida de sus conciudadanos.

Por último, e inseparable del anterior, está la cooperación social. Es evidente que la división de trabajo no podría existir sin ella, pues ésta sólo es practicable cuando las personas pueden compartir el fruto de su trabajo. Además, permite que esa cooperación se produzca, no por el desinteresado amor hacia la humanidad que no cabe suponer en toda persona, sino por el propio interés. Esto lo hace más efectivo y realista.

En este punto, vamos a detenernos sobre el aserto inicial. ¿Es justo este sistema? Las críticas sobre él siempre se han centrado en la idea de que el propietario explota al trabajador y se queda con el producto de su trabajo. Esta idea se basa en el pensamiento de que todos deberían poseer lo mismo, en la igualdad de resultados. No obstante, dicha igualdad es incompatible con la libertad, pues obliga a un ente externo a "reasignar" recursos y repartir riqueza. Esto ataca a la misma base del sistema capitalista, la propiedad privada, y en consecuencia la productividad y la prosperidad que proporciona caen más cuanto mayor sea esa intromisión.

Conclusión

He querido realizar esta introducción al ideario liberal desde un punto de vista ético. No obstante, muchos liberales realizan un enfoque opuesto, juzgando el liberalismo por su eficacia. Visto desde ese punto de vista, podríamos haber comenzado estudiando el sistema económico para terminar examinando los principios éticos, llegando a las mismas conclusiones. Ambas perspectivas son perfectamente complementarias. El libre mercado es éticamente superior a sus alternativas y la libertad individual es eficiente.

Sin embargo, es evidente que aquí no están todas las respuestas. En el resto de nuestro sitio encontrarás muchas de ellas a la vez que, seguramente, infinidad de nuevas preguntas. Si no encuentras lo que buscas, consulta los foros. Pero no esperes una contestación categórica a todo, porque seguramente no la tiene nadie. No somos Marx.

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