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15 de Septiembre de 2004

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Desde Rusia, con pavor

La situación en Rusia me preocupa. Los pequeños, ligeros, casi insignificantes avances hacia la democracia parlamentaria dados desde la desaparición de la Unión Soviética, apenas si han fraguado y la tradición totalitaria de ese enorme imperio parece tomar las riendas y con la aprobación de muchos. Mi preocupación también es egoísta, si fuera otro país no me despertaría tanta desconfianza pero es que Rusia tiene cabezas nucleares y muchos de ellas fuera de control. Es más, Rusia tiene como única fuerza disuasoria esa fuerza nuclear porque su ejercito, su marina y su aviación convencional están en el dique seco, está para el desguace y sus soldados y militares anticuados e inexpertos tienen demasiado poder. En 1.995, Noruega lanzó un cohete meteorológico avisando por los cauces adecuados a las autoridades rusas. Dicho lanzamiento fue confundido por los militares rusos como un ataque con misiles, debido a las fases que el cohete iba soltando. La burocracia había fallado. Estuvimos a dos minutos de que se contestaran con misiles, atómicos por supuesto. Estuvimos a dos minutos de la destrucción mutua asegurada. Después del incidente, se establecieron protocolos adecuados entre las potencias para evitar situaciones como la relatada pero mi duda está en si un gobierno alterado por un ataque terrorista como el de Beslan puede caer de nuevo en más errores como este. Demasiados miles de misiles.

Parte de la prensa rusa, la oposición e incluso Colin Powell han criticado las medidas tomadas por Putin pero esto no ha hecho reflexionar a este ex - KGB y ya se habla de golpe "antifederalista". Moscú ha decidido elevar los gastos militares cuando el Fondo Monetario Internacional le advierte de una alta inflación para el año que viene. Rusia no se puede permitir más ejército porque no puede pagarlo, en todo caso debería desguazarlo, vender la chatarra que pueda y reducirlo hasta que se consiga una fuerza menor pero más efectiva. Pero eso es demasiado para el estilo ruso, siempre unido a lo esperpéntico, a los grandes gestos pero no a la eficiencia, siempre viviendo en el idealizado y maravilloso pasado imperial, tanto soviético como zarista. Rusia por esa vía sólo puede aspirar a potencia regional o a dictadura mundial.

No se debe abandonar a Rusia pero no se la puede alentar. Personajes como Gorbachov no pueden permitirse 'entender' a Putin en todas sus medidas. Ya escribí ayer que esto me recuerda a la República de Weimar. Es posible que Putin no sea Hitler, pero un empobrecimiento aún mayor de la población, una sociedad abandonada a mafias y antiguos grupos de poder, un pasado basado en el comunismo soviético tan lejano al concepto del individuo, de los derechos humanos, puede ser el caldo de cultivo perfecto para que no uno sino miles de Hitlers se estén educando preparados para tomar el mando de este atómico país. Y Occidente sería su objetivo.

Comentarios

 
Los pobres rusos nunca conocerán la libertad.
Enviado por el día 16 de Septiembre de 2004 a las 15:36 (1)

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