Pensar por ideas: Abril 2005Bitácora de Andrés H. Gil von der Walde
19 de Abril de 2005Sobre la posición política de los profesores universitarios.
No dejen de leer el artículo de Daniel Pipes que publica hoy Libertad Digital en el suplemento de Exteriores:
Nota: He intentado seguir el enlace que lleva a la investigación sobre la posición política de los profesores universitarios norteamericanos pero no me funciona. La verdad es que no sería mala idea reproducir el estudio tal cual entre nuestros docentes. No porque la respuesta no sea evidente, sino por cuantificarla... (¡¡¡a que da miedo!!!) 18 de Abril de 2005Conferencia del politólogo Giovanni Sartori
Espero que disculpen lo parco de mis palabras, y que no introduzca lo poco que conozco sobre el politólogo Giovanni Sartori (en concreto dos libros: “La sociedad multiétnica” y “¿Qué es la democracia?”) pero es que la hora se me ha echado encima. En cualquier caso, esta anotación cumple una función exclusivamente de recordatorio: Hoy, día 18 de Abril, Lunes, a las 12:00 AM, C/ Julián Romea, en la Universidad San Pablo CEU, Madrid, tendrá lugar una conferencia del mentado politólogo auspiciada por la FAES. Yo espero poder asistir, dado que no tengo prevista la llegada de ningún técnico cenizo que me ocupe toda la mañana, tal y como me ocurrió el viernes con la conferencia de Huerta de Soto. Una cita para reflexionar sobre lo que es justo.
Tras una larga y acalorada charla en torno a lo que académicamente podríamos denominar como “teoría de la justicia”, y una vez se hubo llegado a la conclusión de lo improbable que resultaría conseguir explicitarla a día de hoy, me vino a la cabeza un pasaje curioso del texto divulgativo del muy particular economista neoclásico Xavier Sala-i-Martín, dónde narra una paradoja sobre la concepción habitual que tiene la gente de lo que es y lo que no es justo. No se la pierdan, es ideal para cualquier debate de sobremesa con intransigentes que se niegan a abandonar las trincheras de lo políticamente correcto...
Yo tengo mi opinión personal de por qué la gente opina, en general, de manera tan curiosa. Pero antes de decirla prefiero conocer su opinión al respecto. 16 de Abril de 2005¿Desea obtener el documental "Globalization is good" de Johan Norberg?
Vía Juan Freire
Esto mismo le viene ocurriendo a Johan Norberg desde hace unos dos años, cuando la televisión británica emitió su documental “Globalization is good”: ha intentado obtener los derechos sobre su obra para divulgarla y le ha sido imposible. Ahora anuncia “I am being shared” con cierta alegría, lo que ha de entenderse como que hay dos sitios que están distribuyendo su documental por internet gratis. Siguiendo el enlace (o la anotación de Juan Freire), leemos las propias palabras de Norberg al respecto: ACTUALIZACIÓN (por Daniel): Para bajarse el documental, hay que conseguir un cliente de Torrent, por ejemplo BitTornado y bajarse un fichero .torrent del documental. Luego, instalamos y arrancamos el BitTornado y nos pedirá un fichero .torrent, que será el que nos acabamos de bajar. Entonces se conectará y empezará a bajarse el fichero. Si da error, lo mejor es cerrar el cliente y volverlo a abrir: la solución informática estándar. Como ya viene siendo costumbre... muchas gracias Daniel. 15 de Abril de 2005Una nota de Juan Antonio Rivera
Ya he comentado que estoy encantado leyendo la obra de Juan Antonio Rivera, filósofo liberal de una calidad expositiva tremenda y de un conocimiento desconcertante, capaz de hacerte viajar desde la filosofía, hasta la teoría de juegos, desde la economía neoinstitucionalista a la teoría del caos... sin que puedas despegar los ojos del libro. Donpimpon, que al parecer era la única persona de este foro que lo conocía previamente, ha hecho una síntesis muy buena de su obra en los comentarios de mi anterior anotación. Es más que recomendable su lectura puesto que él ya se ha leído con aprovechamiento toda su bibliografía (y yo, que apenas lo estoy descubriendo, no). En cualquier caso, quería destacar una de tantas magníficas frases que le he leído a este señor hace apenas unos segundos. Es parte de una respuesta dentro de un rifirrafe que mantiene con un “intelectual” de la revista “Claves”. Espero que les guste.
14 de Abril de 2005Conferencia de Jesús Huerta de Soto mañana.
Con motivo de la entrega del Adam Smith Award a Jesús Huerta de Soto, Catedrático de Economía política de la Universidad Rey Juan Carlos, el pasado día 18 de Febrero, Gabriel Calzada, director del Instituto Juan de Mariana, profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos y representante del CNE para España y Latinoamérica, escribió una breve nota sobre la trayectoria política del insigne Catedrático, dentro del artículo de elogio que le dedicó tras la obtención del prestigioso premio. Aprovecho ahora para reproducir dichas notas biográficas dado que mañana a las 12:00 AM la FAES nos brindará con una conferencia en torno a la crisis del socialismo impartida por Jesús Huerta de Soto. De esta manera espero llamar lo suficiente la atención de todos nuestros lectores y animarlos en la medida de lo posible a que asistan.
Mañana día 15 de Abril, a las 12:00 AM, C/ Julián Romea, en la Universidad San Pablo CEU. Y el Lunes 18, a la misma hora y lugar, Giovanni Sartori, profesor de Columbia University y experto en el sistema democrático. Escribió hace poco el polémico libro “La sociedad multiétncia”, muy recomendable. Juan Antonio Rivera, un filósofo liberal, español y en activo
No hace mucho (más o menos un mes) que terminé de leer el libro “Lo que Sócrates diría a Woody Allen” quedando muy satisfecho y gratamente sorprendido. Lo uno, porque es un libro de introducción a la filosofía de lo más ameno. Lo otro, porque citaba continuamente a autores liberales sin el menor rubor. Hayek, Sowell, Nozick, Rawls o Mises se pasean por las notas de sus páginas además de tantos otros autores próximos al liberalismo que se intuyen en sus explicaciones. El libro es una introducción a la filosofía a través del cine. Con películas como Casablanca, El coleccionista, La naranja mecánica, teléfono rojo ¿volamos hacia Moscú? o Matrix el autor se sumerge en explicaciones de moral y psicología que a nadie dejarán indiferente. Muy sugerente es, por ejemplo, el título del capítulo basado en Matrix: “La preferencia ética por vivir en un mudo real”. Por todo ello aprovecho para recomendar encarecidamente la lectura del libro. Sin embargo, y por el otro lado, el contenido de ideas más o menos liberales (incidamos en el “más o menos”) es amplio y muy bien situado. Llama mucho la atención la inclusión en un libro divulgativo (ganador del Premio Espasa al mejor ensayo en 2003) una defensa tan encarecida de principios morales y utilitaristas claramente liberales, cuando los filósofos y demás intelectuales españoles de nuestro tiempo nos tienen acostumbrados a un pensamiento socorrida y odiosamente correcto en todas sus publicaciones e intervenciones. Por sus páginas pasan también autores no liberales pero no por ello menos interesantes. Destacaría la presencia importante de el filósofo noruego Elster o de O. Hirschman, autores ambos tremendamente interesantes. Por otra parte, que nadie se confunda por este elogio que hago del libro. Es un texto divulgativo de filosofía y a tal materia está consagrado. Lo digo como aviso para todos aquellos que acudan a él intentando informarse o formarse sobre el liberalismo. No es desde luego la lectura más recomendable. Pues bien, tan satisfecho quedé tras la lectura del libro que he indagado un poco más sobre el autor. Ahora sé que piensa publicar una segunda parte del libro, exactamente con el mismo formato: filosofía transmitida a través de grandes obras del cine, sólo que ahora se ocupará de cuestiones políticas y metafísicas (tal vez en este segundo libro se moje más y mejor con el ideario liberal contemporáneo). Pero lo que más me ha sorprendido es su trabajo académico para la revista “Claves de razón práctica”, del Grupo PRISA (ay, no, éste) y codirigida por Frenando Savater. Hoy he pedido tres números que contienen artículos suyos en la biblioteca de la facultad. Los títulos: “De la sociedad cerrada a la sociedad abierta”, “Mercado frente a solidaridad” y “¿Es realmente bueno el bien común?”. He de decir que he quedado completamente sorprendido. Son defensas coherentes, doctas y razonadas de distintos puntos del pensamiento liberal contemporáneo. Cita profusamente a Hayek, Berlin, Popper, Oakeshott, Mises, Rawls o Friedman y tienen un carácter plenamente divulgativo muy amable. Por supuesto a nuestros austriacos y a los liberales “estrictos” (iusnaturalistas, anarcocapitalistas y demás compañeros) les resultará en el mejor de los casos un blandengue (en el peor, otro miembro más de la tropa socialista), pero eso no obsta para que vaya a estar muy atento en lo próximos días de sus publicaciones y artículos. Ya os contaré. ¿Son el comercio y la división del trabajo responsables de la evolución de homo sapiens?
Vía The Economist Existen numerosas tesis que intentan explicar la desaparición de el hombre de Neandertal hace aproximadamente 30.000 años. Parece haber evidencia suficiente como para postular que su extinción está vinculada con la llegada de homo sapiens y la coexistencia de ambas “especies”: neandertal había sobrevivido con éxito 200.000 años antes de encontrarse con nuestro ancestro directo, y tras el encuentro, sobrevivió “apenas” 10.000 años más. El debate entre los antropólogos hoy en día está en torno a qué factores desencadenaron la superioridad de sapiens frente a neandertal. No es ésta cuestión fácil dado que se supone que neandertal era tan inteligente como sapiens y además, tenía la capacidad de hablar. Algunas de las teorías explicativas que más éxito han cosechado son las que defienden que sapiens tendría herramientas más sofisticadas que le darían ventaja tanto a la hora de cazar como en los enfrentamientos violentos entre ambas especies. Otras defienden que la capacidad para el pensamiento simbólico de sapiens (manifestado en el arte rupestre) podría haber derivado en mejores sistemas de comunicación y de coordinación. Sin embargo, nadie hasta ahora había defendido que la superioridad de sapiens se debiera al comercio y la especialización del trabajo, dos ideas fundamentales de la smithiana riqueza de las naciones. Pues bien, eso es precisamente lo que hace Jason Shogren y su equipo de investigación de la Universidad de Wyoming, en un paper del Journal of Economic Behaviour and organisation. Describe como una de las actividades que hace 40.000 años sapiens había desarrollado y neandertal no (al menos no contamos con signos que lo verifiquen) era el comercio. Se han encontrado numerosas pruebas que dan fe del intercambio (o especulación en el espacio) como herramientas hechas con materiales ajenos a la zona de su hallazgo así como joyas hechas de conchas en lugares muy lejanos al mar pertenecientes a sapiens. También se han encontrado evidencias de división del trabajo entre los distintos miembros de un clan, como artesanía con distintos cometidos prácticos o espacios con diferentes usos dentro de sus viviendas. Shogren postula que dicha división habría resultado en que los cazadores más eficientes se habrían especializado en dicha actividad, mejorando substancialmente sus resultados mientras que el resto se habría especializado en crear útiles y artesanía. Después, comerciaban entre ellos quedando ambas partes mejor satisfechas. Siguiendo con esta teoría, la distribución de la carne cazada habría sido mayor lo que mejoraría la nutrición de sapiens favoreciendo la fertilidad. Dado que la oferta de carne era limitada, la mejor especialización y distribución de sapiens habría actuado en detrimento de neandertal, que, incapaz de distribuir mejor entre sus poblaciones la carne que restaba, habría disminuido su natalidad. Para explicar todo este proceso el equipo de investigación ha desarrollado un complejo modelo informático de crecimiento de la población que atiende a numerosas variables, destacando sapiens en él únicamente en las habilidades de comercio y especialización. Los resultados del modelo en torno al tiempo que tardaría neandertal en desaparecer al entrar en contacto con sapiens son bastante satisfactorios: entre 2.500 y 30.000 años según el valor que se atribuya a las distintas variables. Por lo que sabemos, neandertal se extinguió hace 10.000 años. Sobra decir que este modelo no prueba absolutamente nada, sin embargo sí es una hipótesis válida que entra en juego contra las explicaciones tradicionales. Y además, tiene bastante fuerza dado que atiende a una de las actividades intrínsecamente humanas (la gestión de recursos escasos). Si además, lo hace a través de unos principios probados como fuente de riqueza de las naciones, ¿qué más podemos pedir?. Más información en: 6 de Abril de 2005Sobre el famoso vídeo de la FAES
Hoy he visto por fin el famoso vídeo de las FAES sobre el 11-M y días posteriores. Ya se que mis compañeros de Red Liberal han analizado extensamente y, seguro que con más acierto, todo lo que de él se deriva. No pretendo, por tanto, intentar añadir ninguna nota nueva o especialmente relevante sobre el tema; sin embargo, sí daré mi opinión particular. Con un breve vistazo a mi bitácora cualquiera se dará cuenta que me interesa poco o nada comentar la actualidad. No sólo porque ya existen grandes expertos en Red Liberal sino porque lo considero de alguna manera una pérdida de tiempo. Esta es una opinión personalísima y con ella no pretendo distanciarme de nadie. Como dicen varias bitácoras amigas “I’m a proud blogger of Red Liberal”, y aprecio mucho la labor que tantos bloggers desempeñan en RL. Remarco que se trata de un aprecio sincero porque puedo garantizar que leo religiosamente RL a diario. Sin embargo, yo espero aportar algo distinto desde una bitácora diferente, aunque no por ello mejor ni más útil. Digo todo esto porque por primera vez voy a comentar algo “de actualidad”. Paradójicamente, voy a comentar sobre la actualidad cuando ésta ya no es noticia, ya no es actual. Y para colmo va a ser un comentario tan breve, que tal vez hubiera sido mejor que lo dejase en los comentarios de las bitácoras de algunos de mis compañeros de Red Liberal. En cualquier caso, ahí queda: Estoy bastante molesto por la naturaleza del vídeo que han publicado las FAES. Que no se me entienda mal: no estoy molesto por lo mismo que la mayoría de la gente, esto es, que si manipulación, que si generalización, que si ocultación de partes del relato... Yo en esto estoy parcialmente con los amigos de Batiburrillo, aunque creo que Iñigo Saenz de Ugarte también tiene su parte de razón. Lo explico: creo que la estrategia propagandística es una especialidad del tejemaneje político altamente rentable. La izquierda ha obtenido importantísimos réditos de la propaganda, hasta el punto de conseguir, por ejemplo, que dictaduras genocidas que van en contra de la naturaleza del ser humano y del sentido más común pasen por románticos sueños utópicos en pos de la igualdad. No sólo eso, sino que todavía hoy se atreven a decir que existe una pretendida superioridad moral de la izquierda sobre el resto de opciones sin que surja espontáneamente una carcajada sonora. Sin embargo, y a pesar de que se trata de propaganda, estoy muy insatisfecho con el vídeo por dos motivos: El primero de ellos es que creo que este tipo de vídeos jamás los debería de producir un Think Tank que pretende ser tomado en serio, más con la dimensión y los medios de FAES. Yo hubiera esperado un profundo análisis sociológico con los mejores especialistas en cada materia que dilucidara punto por punto las claves sociopolíticas del atentado y su posterior repercusión. No propaganda. Lo que se espera de un Think Tank es un análisis original y diferente por parte de personas dedicadas a la investigación de los fenómenos sociales, no un vídeo propagandístico que requiere exclusivamente para su producción de medios y algo de talento. Me cuesta compaginar a las FAES que invitan a charlar a Giovanni Sartori o a Jesús Huerta de Soto, con las FAES de la propaganda sobre el 11-M. Sinceramente, esperaba otra cosa. ¿Esto quiere decir que hay que renunciar a la propaganda?. Ni mucho menos. Creo que es fundamental dentro de la vida y el juego democrático. Podría haber cualquier tipo de organización satélite del PP al estilo FAES dedicada a la propaganda política. Lo que no es correcto es quemar la reputación del centro ideológico y de pensamiento de un partido por intentar emplear las tácticas de la propaganda política de manera original. Todo esto me lleva al segundo motivo por el que estoy disgustado con el vídeo: que no creo que sea especialmente efectivo. Como defiende Iñigo, el núcleo duro de los seguidores de cada partido recibe estos mensajes de forma entusiasta, porque confirma sus peores sospechas. Sin embargo, los votantes moderados, que los políticos dicen que son mayoría en España, tuercen el gesto. Creo que esta propaganda es muy ruidosa pero poco convincente. A las personas que ya conocían la información del vídeo y la manejaban como relevante, no les sirve de nada más que de autoconfirmación. Sin embargo, el resto de personas tienen a su alcance, y con un esfuerzo similar, mucha información en el sentido contrario. Y no hay que olvidar que la figura de Aznar ha adquirido cierto carácter peyorativo en los últimos tiempos. Yo no estoy diciendo que esté justificada, digo que existe. Mal asunto es que su fundación presente un vídeo que, por simple, es tan atacable desde tantos flancos. En este sentido, creo que el vídeo le pone en bandeja la propaganda a la Ser de Polanco. ¿y que hay de la propaganda?. Creo que hay maneras mucho más sutiles y efectivas (que al final, es lo que cuenta) de transmitir la información que se maneje como relevante. Iñigo pone el ejemplo de “las frases encadenadas” que emplea el gobierno Bush en EEUU. Yo no soy ningún conocedor del marketing político pero he de admitir que, a primera vista, me parece más efectivo este método que el de FAES. Tal vez un último motivo para no estar contento con el vídeo sea, como entiende Rajoy, que perjudica más que beneficia. Que la propaganda de FAES elimina votantes potenciales en vez de crearlos. Por ello ha pedido a la Fundación que deje de emitir vídeos de la misma naturaleza. Yo no entraré a valorar este extremo, aunque creo que tiene su parte de verdad. Hay que remarcar que en la propaganda el fin no es relatar objetivamente lo que de verdad ocurrió (labor de los especialistas que debería de tener FAES trabajando), sino aderezar la realidad para que la gente vea las cosas bajo puntos de vista similares y coincidentes con los de cierta opción política. Y en este sentido creo que el vídeo de la FAES ha cumplido bastante mal su función. Vaya, al final no ha sido tan corto el comentario... Una crítica al cuento de la liebre y el erizo propuesto "desde el exilio"
La sociedad abierta popperiana, haciéndose eco de la realidad plural de los seres humanos, entiende que existe un abanico de posiciones éticas y morales tan amplio como número de personas haya, y que obligar a los demás a regirse por un código de valores que se supone mejor que el resto, no sólo es una muestra de fatal arrogancia, sino que es el germen de todo totalitarismo; sin embargo, reivindicar la diferencia como un valor no lo convierte a uno en un relativista. Existen unos valores propios, que se han alcanzado tras una reflexión más o menos profunda, y que se entienden como válidos para afrontar la vida individual y social, en contraposición a los del resto. En este sentido parece lógico y deseable que los padres transmitan a sus hijos aquellas posiciones éticas y morales que estiman como las mejores, por supuesto, siempre respetando la pluralidad de ideas. Los cuentos siempre han sido un vehículo inigualable para la transmisión de valores a los niños pequeños. Los liberales, que tenemos un ideario sensiblemente diferente al de una gran mayoría de miembros de la sociedad, intentamos (o intentaremos) por lo general cuidar de la educación en valores de nuestros hijos (los que los tengan, que no es mi caso) de manera especial, enseñándoles a ver el mundo desde un punto de vista minoritario y diferente. Así lo entiende también Luis I. Gómez de la bitácora compañera de Red Liberal “Desde el exilio”, que ayer Lunes comentaba cómo, haciendo buen uso de las virtudes de los cuentos, intentaba explicar a su hija lo que es ser liberal. Pues bien, este comentario nace de la lectura de dicho post y tiene la intención de discrepar en algunos sentidos. Lo hago, por supuesto, desde el mayor de los respetos y consciente de la posibilidad de que me equivoque. Quede claro, para las mentes más perversas, que en ningún momento estoy tratando de decir a Luis cuál es la mejor manera de educar a un hijo en los principios del liberalismo, o me estoy arrogando la virtud de decidir qué es y qué no es liberalismo. Simplemente expreso mi opinión para que quede como una muestra de sana discrepancia, paso fundamental para el posible enriquecimiento de un futuro debate. Es imposible continuar con la lectura de este post sin antes conocer el instructivo cuento de Luis. Es breve y ameno, por lo que les invito encarecidamente a que le echen un ojo atento. Tras la lectura, cada uno habrá obtenido unas conclusiones distintas. Resultaría muy interesante que tras ambas lecturas, los comentaristas expongan sus conclusiones, previsiblemente diferentes a las de Luis y las mías. Yo entiendo que el cuento de Luis no expresa en sus líneas de manera clara la esencia del liberalismo, y que induce a una confusión importante. Luis quiere enseñar a su hija que no debe de optar por defender al erizo sino a la liebre, a pesar de que normalmente todos toman partido por el erizo. La verdad es que su justificación a mí no me convence demasiado, y desde luego no creo que sea la mejor narración para defender la ética liberal y el capitalismo. Eso si, imagino que habrá a quién le haya parecido de lo más ilustrativa. Situémonos, como la narración obliga, en el reino animal. Tenemos erizos y liebres. Las liebres con piernas largas y hermosas que les permiten correr velozmente, y los erizos con piernas cortas que se lo impiden. Su nacimiento bajo una condición u otra se debe exclusivamente al azar. No existe ningún mérito por parte de las liebres que les permita correr más, ni ningún demérito de los erizos que los condene a la lentitud. Todo se debe a la obra y gracia de la diosa suerte. Nótese que su nacimiento va a condicionar de por vida las actividades que podrán desempeñar. Se lo dice claramente la liebre al erizo, que le reprocha que pasee por el campo y no emplee sus piernas para algo “más productivo”. Al fin y al cabo, por mucho que se esfuerce el erizo, sus piernas nunca serán tan buenas como las de la liebre para la carrera. Mejor que no pierda el tiempo con falsas ilusiones. Esta misma idea se repite en la moraleja, en la que se explica como los piernas largas juegan una función social tanto o más importante que los piernas cortas. Al circunscribir el cuento al ámbito de las liebres y los erizos, se genera una sensación de pertenencia involuntaria e irreversible a un estamento dentro del reino animal. El erizo ya puede esforzarse todo lo posible y más por ejercitar sus piernas, que jamás correrá más que la liebre más vaga y desentrenada. La analogía piernas largas, piernas cortas, lleva implícita un condicionamiento insuperable desde la cuna. Es el azar el que predetermina quién nace liebre, y quién erizo sin que nadie pueda hacer nada por cambiar su naturaleza. Además, dicha naturaleza condicionará irreversiblemente y para toda la vida el conjunto de elecciones posibles de cada individuo. A mi esta disquisición sobre las liebres y los erizos me recuerda mucho más a una explicación “estructuralista” de la sociedad que a una liberal. Los marxistas sostienen, por ejemplo, que los trabajadores se ven obligados por las circunstancias a vender su trabajo a los capitalistas así como estos últimos se ven obligados por la competencia a explotar a los trabajadores. En el ejemplo de las liebres y los erizos, al igual que en el análisis estructuralista, el nacimiento condiciona la pertenencia a un estamento, a una clase social. No se puede hacer nada por evitarlo y por mucho que uno se esfuerce, estará destinado para toda su vida a realizar unas actividades y no otras. Las estamentos son compartimentos estancos e infranqueables. Ya nos lo advierte la moraleja: los piernas largas tienen su función social, también fundamental. La envidia de los erizos no debe obligar a las liebres a ceder espacio dentro de las labores para las que ellas están mejor dotadas por naturaleza, y que éstos harían de manera menos productiva. A mi juicio sólo le falta a la historia un ingrediente para ser la defensa perfecta de una cosmovisión marxista de la sociedad: que la función en la que son productivos los erizos, por tener las piernas cortas, sea una que redunde en beneficio directo de las liebres. Digamos que esta es la lectura que hago con buenos ojos, intentando introducirme en el contexto de su explicación, y situándolo en el entorno de las ciencias sociales; sin embargo, si leyese el cuento en cualquier otra circunstancia no dudaría ni un segundo en apoyar al erizo. Podríamos narrar análogamente la misma historia, con un chulito acomplejado y un paralítico que nació con las vértebras dañadas. El chulito acomplejado se burla, arrogantemente (como la liebre), de la incapacidad de nacimiento para andar del paralítico. Éste, muy ofendido porque es consciente que por más que se esfuerce jamás podrá andar en su vida, reta al chulito a una apuesta similar, engañando con alguna treta al acomplejado. Sin entrar en una discusión de los porques, me merece mayor oprobio burlarse de un paralítico, que el que éste engañe al desalmado que hace chanzas de su naturaleza. No es otra cosa lo que hace el erizo con la liebre, y tal vez esto explique en parte porque la inmensa mayoría de la gente opta por defender al erizo. Ahora explicaré por qué creo que los parámetros del cuento no se ajustan de la mejor manera a un orden social liberal:Los liberales defienden que existan desigualdades de riqueza y de posición social. La causa principal de dichas diferencias es la actividad económica normal. En efecto, en la economía de mercado algunas personas ganan mucho, otras poco, y otras pierden; sin embargo, la economía de mercado a diferencia del resto de sistemas sociales, no premia el linaje sino la capacidad de producir algo que tus conciudadanos valoren. Si ofreces algo que la gente no quiere o no le interesa, sea un trabajo, sea un producto, automáticamente eres expulsado del mercado. Mientras mejor captes las necesidades de tus conciudadanos, mayor será tu éxito. En el cuento, la carrera veloz estaba predeterminada para las liebres, siempre hijas de otras liebres, independientemente de lo que hicieran los erizos, siempre hijos de otros erizos. El cuento, como los sistemas estamentales del medioevo, premia el linaje, y así como los siervos nacían y morían pegados a un terruño, los erizos siempre tendrán que sufrir su condición de piernas cortas sin poder dedicarse a la carrera. No parece demasiado difícil extrapolar este modelo al sistema de partido único en el que los privilegios dependen directamente de tu cercanía al partido. Esto no parece a primera vista demasiado justo. Es cierto que el mercado no evita (ni debe evitar, a mi entender) que existan personas mejor dotadas económica o intelectualmente. Estas dos características podrían convertir a sus poseedores en liebres potenciales, sin embargo discrepo para ambos casos. Para el primer caso: no sólo las personas especialmente inteligentes (lo suficiente como para ser un condicionante tan radical e infranqueable como el de las piernas largas) son estadísticamente escasísimas sino que un elevado coeficiente intelectual no garantiza ningún resultado. Me encanta una frase, juraría que de Einstein, que dice “mi éxito es 10% de inspiración y 90% de dedicación”. Existen multitud de determinantes del éxito mucho más poderosos que la inteligencia, y que pueden ser adquiridos en forma de conocimiento fundamentalmente práctico (sin desdeñar el teórico) como la empresarialidad, el trato con las personas, o la capacidad para intuir lo que la sociedad espera de uno. No parece que la inteligencia, a pesar de colaborar a la desigualdad, lo haga hasta el límite que plantean las piernas largas y las cortas. Para el segundo caso (la gente rica), he de discrepar también. Todos somos conscientes de que nacer en una familia rica puede acarrear ventajas como asistir a colegios y universidades privados, garantizar la estabilidad psicológica con especialistas, o manejar una cantidad de dinero importante para las inversiones en satisfacer a tus conciudadanos; sin embargo, en el mercado el dinero vuela. Si no se le da un buen uso, todas las ventajas que puede aportar potencialmente se esfuman. Esto se debe a que el mercado premia el esfuerzo bien orientado, el “talento” por decirlo de alguna manera no demasiado correcta. Y puesto que el hijo de un rico no tiene porque tener más “talento” que el hijo de un pobre (por más que asista a colegios privados y maneje grandes herencias), la economía de mercado terminará dando los privilegios a quién mejor satisfaga las necesidades de sus conciudadanos con su “talento”, permitiendo a los hijos de las familias pobres prosperar. El cuento bajo ningún concepto deja abierta la posibilidad de que el desgraciado erizo, al igual que el hijo pobre, prospere. Por naturaleza tiene y tendrá las piernas cortas. Por otra parte, no considera la posibilidad de que la riqueza se pierda por mal invertirla o mantenerla ociosa, o que la ventaja intelectual se desperdicie. Las liebres, independientemente de lo que hagan, siempre tendrán piernas largas y veloces. Por muy vagas que sean, siempre correrán más que los erizos. Por suerte, el capitalismo no premia la cuna sino el esfuerzo bien orientado. Digo el esfuerzo (bien orientado) porque considero que es la clave del éxito. Por supuesto que soy consciente de que el dinero y la inteligencia son condicionantes muy importantes para el éxito, sin embargo, jamás hasta el punto del cuento. Dentro de la relativa homogeneidad en términos intelectuales, formativos y económicos de las sociedades occidentales, el éxito viene garantizado por el esfuerzo personal bien orientado (no sirve de nada esforzarse mucho en hacer una zanja con una cuchara). El capitalismo es justo (absténganse los iusnaturalistas de lanzarse al teclado) porque genera oportunidades a todas las personas de prosperar dependiendo exclusivamente de su esfuerzo personal. A diferencia del resto de sistemas económicos o políticos, el capitalismo tiene la virtud de disolver la clase, el estamento social, y de premiar el esfuerzo por hacer algo que le interesa a los miembros de la sociedad. Es una constante a lo largo del texto que las liebres están en su posición debido a su idoneidad para el puesto. Las liebres, con sus piernas largas, serían aptas para unas funciones que les serían vedadas a los erizos. La analogía tiene un regusto tremendamente platónico, en el que, según la naturaleza de cada persona, ésta debería desempeñar la función de gobernante-filósofo, soldado, o sostenedor de las otras dos clases. No es casualidad que el arquetipo de sociedad cerrada, opuesta a la sociedad abierta popperiana, sea la platónica. La proposición de que hay unas personas capaces de determinar cuáles son las necesidades de los ciudadanos y de racionalizar cuáles son las personas, por su naturaleza, más indicadas para satisfacerlas, además de ser el principio de todo totalitarismo, está completamente refutada. El mercado es un transmisor mucho más eficiente de la información pertinente sobre las necesidades de los ciudadanos y sobre quién las satisface mejor. En otras palabras, las liebres no nacen sino que se hacen (en función de su esfuerzo) y la cuna es la peor manera de determinar la idoneidad de alguien para desempeñar que puesto. Es significativo que sea el largo de las piernas, algo con lo que se nace y que no se puede cambiar, el atributo que venga a representar el porque de las diferencias o desigualdades de riqueza y de desempeño. De hecho condiciona todo el cuento. Las liebres seguirán siendo de patas largas aunque no se esfuercen. Parece un elogio a la Duquesa de Alba frente a Amancio Ortega, a Lady Di frente a Madonna. He de decir también que, dado que las liebres nacen mejor dotadas para la carrera, el cuento genera una ética del no-esfuerzo. Como la inteligencia, la pericia o la riqueza determinan qué posición vamos a tener y cuál es el techo al que podemos aspirar, mejor no esforzarnos demasiado. Va a servir de poco. Quisiera decir también que hubiera preferido que el erizo, cuando la liebre le dice que no malgaste su tiempo paseando porque sus patas se pueden emplear para algo más eficiente, le hubiera contestado que él se autorrealiza como mejor le viene en gana y que le importa un pito si pasear es más improductivo que otras actividades. Para finalizar la anotación he de decir que he estado pensando en un cuento que, desde mi punto de vista, transmitiera algunos de los principios más importantes del pensamiento liberal. He estado dándole vueltas a una versión aderezada del célebre cuento de “los tres cerditos”, pero aún estoy madurando la idea. Tal vez la exponga más adelante. 3 de Abril de 2005Sobre la reacción y los reaccionarios
Anteayer, en el transcurso de una divertida y relajada sobremesa en la que la despreocupación por el tiempo, la conversación, el té y el humo de una buena pipa te ayudan a paladear la llegada del fin de semana, alguien comentaba como uno de esos profesores vanidosos, soberbios y pedantes había disertado sin posibilidad de réplica (no porque teóricamente no la hubiera...) sobre el liberalismo y sus consustanciales tintes reaccionarios. ¿No es ésta una música que evoca algún recuerdo en la mayoría de nosotros?, ¿a quién no le han llamado reaccionario, entre otras lindezas, cuando ha intentado defender alguna tesis a contracorriente, mientras el resto se blindaba en lo políticamente correcto?. El término reaccionario tiene innegables connotaciones negativas. De hecho, una consulta al diccionario (al María Moliner) nos remite inmediatamente a términos como “apostólico”, “carca” , “carlista”, “cavernícola” (!!!), “retrógrado” o “conservador”. Los autoproclamados progresistas lo saben, y por eso la suelen emplear con la solemnidad que el término merece. Esta no es una anotación destinada a dejar las ideas de tal o de cuál en calzoncillos. Quiero decir que no voy a mostrar de manera contundente la desvinculación del liberalismo con la mal llamada reacción. Mi intención es muy distinta: proponer la actualización del término “reacción” con un doble finalidad, a saber, una reivindicación política, y un enriquecimiento semántico. Veremos que la voz reaccionario, en su significado original, se ajusta mejor a la realidad política e ideológica de hoy, además de ser representante de un ideal muy sano de la sociedad abierta y la democracia. Por otra parte, considero que el movimiento estratégico que ha llevado a cabo la izquierda a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, vilipendiando y envileciendo a sus oponentes políticos, a degenerado en la transmutación semántica de multitud de términos, amén de haber originado cierta perversión denotativa. Esto último puede sonar un tanto deconstructivista, pero en realidad es algo mucho más de nadar por casa. Propongo que hagamos un viaje hasta finales del siglo XVII, en concreto hasta la Cátedra de matemáticas de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Allí se encontraba un hombre de largos cabellos plateados destinado a revolucionar las Ciencias Físicas. No hacía mucho que había publicado, ante la insistencia de un joven astrónomo llamado Halley, su Philosophiae Naturalis Principia Matematica, obra por la que pasaría inapelablemente a la historia. Ésta, su Opus Magnum, contaba con tres volúmenes en los que trataba de manera novísima los fundamentos de la mecánica de sólidos. Universalmente famosas son sus tres leyes del movimiento de los cuerpos, recogidas en el primero de los tomos. La tercera de las leyes venía a decir que, cuando dos cuerpos interactúan, la acción del primero lleva aparejada siempre una reacción del segundo, con la misma intensidad y distinto sentido. Corría 1687. La resonancia de la obra desbordó las fronteras de la ciencia pura e invadió tantos otros ámbitos de la vida y sociedad de la época, siendo evocado lo aprendido para el análisis de la historia o de la realidad social. Dicha influencia se extendió a lo largo del siglo siguiente, el de la Luz, por todo el continente derivando en lo que bien podríamos llamar newtonianiso, en honor al autor de la obra. Bajo dicha influencia, pensadores como Montesquieu escribirían, por ejemplo: “sucede con las partes de un Estado lo mismo que con las partes de este universo, eternamente relacionadas por la acción de unas y la reacción de otras”[i]. Se generalizó así la dialéctica de la acción y la reacción, aplicándose a los aspectos más variopintos. Es de nuestro interés el que, por ejemplo, la propuesta de una tesis novedosa (la acción), podía llevar emparejada una idea diametralmente opuesta (la reacción, que se comporta con la misma fuerza pero en sentido contrario), y en estos términos se expresaba. No se atribuía, por tanto, en su origen ningún sentido despectivo al término “reacción” sino que más bien se refería a la parte que reaccionaba de la realidad natural o social ante un fenómeno previo de la misma naturaleza. Parece que fue en la Revolución francesa cuando comenzó la transformación semántica del término. Puede observarse, por ejemplo, en un panfleto juvenil de B. Constant (Des reactions poltiqués) la denuncia de la reacción contra los jacobinos que, en su opinión, podrían generar a su vez excesos peores. En este caso, la reacción se convertía en algo “no saludable”. Mejor es que no se produzca “reacción” ante la “acción” jacobia, porque pudiera que degenerase en una re-reacción todavía peor[ii]. En cualquier caso, esto no parece suficiente para concebir al término “reacción” (y a la realidad que representa) en algo peyorativo; falta un matiz: la fe de la Ilustración en la marcha inexorable de la historia hacia el progreso, esto es, que el mero despliegue del tiempo trae la mejoría del hombre. A la luz de la historia del siglo XX la afirmación anterior puede parecer ridícula. No obstante ha estado fuertemente arraigada a lo largo de todo el siglo pasado en los campos más dispares. Es más, se podría decir que nosotros mantenemos esa misma fe respecto de las democracias occidentales, y que no imaginamos que, de seguir las cosas en la misma trayectoria, vaya a haber ninguna involución sino más bien progreso. Paradigmático es el caso de Kuhn y la filosofía de la ciencia (nunca mejor dicho), que con la publicación de su obra The Structure of Scientific Revolutions cambió radicalmente la concepción que de ésta se tenía, cuando mostró que la historia de la ciencia no es, ni lineal, ni siempre hacia adelante. Corría 1962. Hace dos días. Retomando nuestro viaje, hemos de decir que Constant tenía la fe de que la revolución francesa era un elemento más del designio fundamentalmente progresista de la historia. Se podían deplorar los “excesos” de la revolución, como lo hacía el propio Constant, y sin embargo deplorar aún más a quienes se oponían al progreso del hombre. Por ejemplo, Burke y su oposición a la universalización de los derechos del hombre, sería un buen representante de la reacción, de aquellos que quieren hacer marchar hacia atrás el reloj. Esta idea calará hondo en su tiempo, y se extenderá hasta el nuestro, siendo hoy en día la pretendida imagen del reaccionario contemporáneo. En efecto, si leemos la definición de “reaccionario” del diccionario (María Moliner) difícilmente podremos estar más de acuerdo con ella: ideología o actuación contraria a las reformas progresistas. ¿Dónde surge el conflicto?. En el secuestro de la palabra progresista por parte de la izquierda. Medio siglo de propaganda intensiva en las democracias occidentales ha logrado que la izquierda se autoproclame “progresista” y que, cuando se hable de progreso, automáticamente se piense en un movimiento de los llamados de izquierdas. Con los ojos de hoy es sencillo observar como la izquierda, no sólo se ha vuelto tremendamente conservadora, buscando continuamente volver a estructuras socioeconómicas y culturales completamente superadas, sino que ha sido, fundamentalmente en el último tercio de siglo, un movimiento claro en contra del progreso. Su oposición, por ejemplo, a la eliminación de la injerencia del Estado en el aparato productivo a través de empresas públicas[iii], al equilibrio del presupuesto, a las modernas políticas contra el desempleo, o al reajuste del poder de las organizaciones sindicales serían muestras ejemplares de oposición a medidas que han traído inapelablemente bienestar y riqueza mayores. En este sentido, y siguiendo la definición actualmente aceptada de reaccionario, no sería difícil concluir que en muchos aspectos tenemos una izquierda reaccionaria. (por suerte, en muchos otros aspectos evoluciona a posiciones inimaginables para ellos mismos a diez años vista). Sin embrago, el término nunca se expresa en este sentido. Ésta es, como decía la principio, una perversión denotativa que ha conseguido que, un vocablo destinado a denunciar a aquellos movimientos contra el progreso como tales, se haya convertido en una atributo aplicable exclusivamente a aquellos movimientos que no son de izquierdas. Y para más INRI, un atributo manifiestamente negativo. El vocablo ha degenerado y se ha convertido en un mero adjetivo peyorativo para descalificar al oponente, perdiendo su riqueza original. Decía que el motivo de esta anotación era proponer la vuelta al significado original del vocablo. En efecto, la sociedad abierta popperiana, arquetipo de la concepción social liberal, se caracteriza por la ausencia de dogmatismo y por la necesaria confrontación de ideas, reivindicando como un valor la diferencia. Más bello, y más democrático es que ante una idea, aparezcan siempre varias “reacciones” con la misma o mayor fuerza y en sentidos contrarios. La salud de la sociedad abierta depende directamente de blindarla contra el totalitarismo. El dogmatismo, sea del signo que sea, ha sido siempre y en todo lugar el paso previo a la aniquilación de la libertad, y sólo la “conversación” que diría Oakeshott, entre personas de opiniones distintas garantiza no caer en la cerrazón liberticida. La reacción debería de ser la expresión manifiesta de que la sociedad abierta funciona, y no un adjetivo peyorativo. Se puede incluso recuperar la dialéctica decimonónica y autoproclamar nuestras ideas como las del progreso. Sin embargo, la sana confrontación de ideas no debería de tardar en mostrar la imposibilidad del acierto completo. Siempre queda algo interesante por decir, y muchas veces se encuentra en boca de nuestro adversario. No hay nada más positivo para la libertad y para el progreso que la continua evolución de las ideas enfrentadas en un movimiento de tesis, antítesis y síntesis, y por eso, la deriva peyorativa que ha sufrido el término reaccionario, tras el siglo de los totalitarismos, es hoy más perniciosa que nunca. Parece correcto entonces, que nos esforcemos por devolver a la reacción al lugar que le corresponde en el altar de la libertad y la democracia. [i] Citado en Hirschman, A. O. (1991 ; 19) “Retóricas de la intransigencia”. México: Fondo de cultura económica. Archivo2008:
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