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Estúpidos hombres blancos Resea
Estúpidos hombres blancos

Michael Moore
Ediciones B, Barcelona, 2003
288 páginas

Otro estúpido hombre blanco

Por Ben Fritz

Publicado originalmente en Salon.com. Puede leer la versión original en Spinsanity. Publicado por cortesía de su autor.
 
El último éxito de Michael Moore puede que sea el más destacable. En un momento en el que el público sigue apoyando decididamente a la administración Bush –y pocas voces disidentes se han dejado oír– su libro "Estúpidos hombres blancos" está en lo alto de la lista de éxitos de ventas del New York Times por tercera semana consecutiva.
 
Y en un momento en el que los líderes republicanos están usando la popularidad de Bush para equiparar cualquier crítica a la política de los Estados Unidos con la traición, el éxito de Moore debería ser motivo de alegría para cualquier americano amante de la democracia.
 
Debería, pero no lo es.
 
"Estúpidos hombre blancos" está repleto de la sátira mordaz que Moore ha afilado a gran escala desde que la publicación en 1989 de su documental sobre el mal trato de la General Motors a sus empleados en Flint, Michigan, "Roger and Me", se convirtió en un éxito. De ahí siguió a mediados de los noventa con una serie de televisión, "TV Nation", el libro éxito de ventas "Downsize This!" y el documental "The Big One" en 1998, usando en todos ellos su característica defensa del hombrecillo contra las desalmadas grandes empresas americanas. [Nota: mi coeditor Brendan Nyhan y yo ayudamos a traer a Moore al Swarthmore College cuando nosotros estudiábamos allí. La facultad pagó a Moore unos honorarios por su conferencia]
 
Con el éxito de "Roger and Me" también vino una crítica: que se tomó libertades con la verdad, amañando la cronología para conseguir un efecto más dramático. Pero esa crítica no parece haber hecho ninguna mella en Moore, y eso resulta más evidente que nunca en "Estúpidos hombres blancos". En él, se dice a los lectores que diez millones de personas se quedaron sin subsidio por desempleo en la década de los 90 por la política brutal de Bill Clinton. Escribe que cinco sextos del presupuesto de defensa en 2001 se destinaron a la construcción de un único tipo de avión y que la reciente recesión no es más que una maquinación de los ricos para fastidiar a las clases trabajadoras. Y los lectores que acepten esos "hechos" sin cuestionarlos –así como una serie de otras distorsiones altisonantes y chapuceras– serán engañados. La buena sátira debería estar asentada también sobre hechos. Lamentablemente, los datos de Moore están mal una y otra vez, y otra y otra, y una simple consulta a las fuentes que él cita muestra que la culpa suele ser de una investigación perezosa.
 
Tomemos, por ejemplo, su aserto de que "dos tercios de [los más de 190 millones de dólares que el presidente Bush recaudó durante su campaña] provenían de poco más de setecientos individuos". Dado el límite federal de 2.000 dólares impuesto a las donaciones individuales, esta afirmación es obviamente falsa. Para refrendarla, cita el sitio web del Center for Responsive Politics (opensecrets.org) y un artículo de agosto de 2000 del New York Times. Sin embargo, como indica claramente opensecrets.org, sólo el 52,6% del total de 193 millones de financiación de la campaña de Bush provenían de individuos. El artículo del New York Times al que Moore hace referencia en realidad afirma que 739 personas dieron dos tercios del dinero recaudado por el Partido Republicano (que usa para hacer actividades "de partido" que dan apoyo a todos los candidatos republicanos, no sólo Bush) en el periodo electoral de 2000 hasta junio. Sea por malicia o por pereza, el hecho es que Moore confunde el dinero del partido con la financiación de la campaña de Bush.
 
Este patrón –que las propias fuentes que Moore cita vayan demostrando que él está equivocado– se va repitiendo a lo largo del libro.
 
En una discusión sobre los gastos del Pentágono, hace referencia a los "250.000 millones que el Pentágono planea gastar en 2001 para construir 2800 cazas del tipo Joint Strike Fighter" y afirma que "el aumento propuesto para el dinero destinado al Pentágono para los próximos cuatro años es de 1,6 billones de dólares." Para apoyar esta afirmación, hace referencia al sitio web del grupo pacifista activista Council for a Livable World. El propio análisis del presupuesto del año 2001 que hace el CLW, sin embargo, muestra que 250.000 millones de dólares es el coste multianual del programa Joint Strike Fighter, no la cantidad a gastar en un solo año. Los 1,6 billones de dólares, mientras tanto, era la suma total de dinero solicitado por el Pentágono para el periodo 2001-2005. Cubre cinco años, no cuatro, y es una solicitud de presupuesto total, no un "aumento propuesto" sobre niveles de presupuesto previamente solicitados. Ni siquiera debería hacer falta tanta investigación, sin embargo, para determinar que del total del presupuesto de defensa solicitado de 305.400 millones de dólares en 2001, nunca se tuvo la intención de destinar 250.000 millones a la construcción de un único tipo de avión, ni que el incremento de 400.000 millones al año en gasto de defensa jamás fue propuesto.
 
Los despropósitos más desconcertantes de Moore puede que se encuentren en una lista de categorías en las que Estados Unidos ocupa el primer lugar, tales como uso por cápita de energía y partos de madres adolescentes. En una descarada mala interpretación, afirma: "Somos el número uno en déficit presupuestario (como porcentaje del PIB)". Cuando Moore escribió su libro, el año pasado, los Estados Unidos tenían un superávit presupuestario, al igual que en los tres años anteriores.
 
¿Cómo es posible que Moore se equivoque en tantos de sus hechos? Plagiar perezosamente de la prensa y de Internet parece ser el motivo más probable, como pone de manifiesto una lista de cuatro páginas de políticas de éxito presuntamente dudoso del Presidente Bush, incluido el recorte de fondos para bibliotecas y el nombramiento de antiguos ejecutivos para cargos relacionados con la regulación. Todas menos una de las 48 acusaciones aparecen en el mismo orden y con un enunciado muy parecido en una lista que se ha publicado este invierno (antes de que saliera el libro de Moore) en sitios web izquierdistas y que, según el Dr. David A. Sprintzen (citado incorrectamente a menudo, aunque no por Moore, como su autor), estaba circulando por correo electrónico el pasado verano. Demostrando la ausencia de investigación original, Moore incluso reproduce muchas caracterizaciones negativas de individuos llamando, por ejemplo, "oponente de los derechos civiles" al encargado judicial Terrence Boyle (a quien la lista se refiere como un "enemigo de los derechos civiles"), sin contexto alguno de por qué Boyle merece tal calificativo (ciertamente uno tiene que preguntarse si el propio Moore lo sabe).
 
Curiosamente, Moore no cita ninguna fuente para esta lista. Sólo apunta que los lectores "pueden mantenerse al corriente de lo que Bush hizo y hace durante su administración" leyendo la columna de Molly Ivins y los sitios web smirkingchimp.com y bushwatch.com. Los dos últimos publicaron la lista, pero no hasta este invierno, cuando el libro de Moore ya estaba escrito, auque no publicado.
 
Tan preocupante como los frecuentes errores de Moore es la manera distorsionada en que presenta algunas de sus afirmaciones que sí están basadas en hechos reales. Consideren, por ejemplo, esta crítica de Bill Clinton.
 
"Ha sido capaz de dejar a diez millones sin el subsidio por desempleo", escribe en una lista de ataques contra el antiguo presidente. Si bien es cierto que el número de beneficiados por el subsidio disminuyó considerablemente mientras Clinton estuvo en el poder (aunque el número total en junio de 2000 era de 8,3 millones), muchas personas renunciaron a él voluntariamente para ponerse a trabajar mientras la economía crecía por otros motivos. Muchos menos se quedaron sin subsidio por los límites de cinco años que Clinton aprobó en 1996 o por límites estatales más estrictos.
 
Es recurrente la presentación de hechos bastante distorsionados para dar una mala imagen de Bill Clinton en el capítulo "Demócratas, donde dije digo." Moore también se mofa del feminismo de Clinton diciendo que "Clinton aprendió que soltando una buena frasecita feminista, podía arreglárselas para que ni una sola líder feminista criticase la orden que él firmo en 1999 para denegar fondos federales a cualquier grupo extranjero que discutiese sobre el aborto durante las consultas".
 
Moore está en lo cierto respecto a la ley en este punto (aunque Gloria Feldt de la Federación de Paternidad Planificada de América lo criticó). Al acusar falsamente a Clinton de tener una agenda antiaborto, sin embargo, ignora descaradamente que Clinton eliminó en 1993 la llamada "Política de la Ciudad de México" que prohibía la financiación estadounidense de clínicas extranjeras que practicaban o promocionaban el aborto y sólo volvió a aprobarla a regañadientes en 1999 como parte de un acuerdo para pagar casi mil millones de dólares que debía a las Naciones Unidas. Se restableció entonces la financiación en el presupuesto del año siguiente, aunque con concesiones para retrasar su implementación, cosa que Moore tampoco menciona.
 
Para entender de verdad cuan absurdamente Moore retuerce la verdad para favorecer su propia agenda, consideren la descripción que hace de la desaceleración económica. Tras describir los momentos difíciles por los que ha pasado el país en el último año, ofrece a los lectores este análisis:
 
"No hay recesión, amigos. Ni deterioro de la economía. No corren tiempos difíciles. Los ricos están chapoteand o en el botín que han ido acumulando durante las últimas dos décadas, y ahora quieren asegurarse de que nadie pida un trozo del pastel".
 
Olvídense de la sobreinversión durante la burbuja tecnológica, de la brusca caída del gasto de las empresas e incluso de los simples hechos del ciclo económico. Michael Moore tiene la respuesta acertada: "[Los ricos han] decidido lanzar un ataque preventivo con la esperanza de que nunca se os ocurrirá pensar siquiera en sus montones de dinero." No satisfecho con recriminar a los ricos por los desproporcionados avances de sus rentas durante el boom de los noventa, Moore lleva su jerga agresiva hasta el extremo al inventarse una conspiración en la que la elite simplemente creó una desaceleración económica, que él afirma que no existe. Eso no es sátira, es propaganda paranoica.
 
Por ser el éxito de ventas de libros de no ficción de este país, "Estúpidos hombres blancos" ha recibido sorprendentemente poco escrutinio y pocas reseñas serias. Moore es muy querido en Gran Bretaña y una reseña en un programa de la BBC dijo que su libro era "fantástico" y que "tenía mucha investigación". Desafortunadamente, no parece que el crítico lo haya leído mucho, aunque los miles de personas que han comprado su libro seguramente no lo saben.

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