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Riqueza y pobreza Resea
Riqueza y pobreza

George Gilder
Instituto Estudios Económicos, Madrid, 1984
385 páginas

Las razones de la riqueza

Por Daniel Rodríguez Herrera

Este libro se puede considerar como un himno al capitalismo, que explica con claridad las ventajas de la libertad económica y ofrece un perfecto resumen de la llamada Economía de la Oferta, la teoría bajo la que sustentó Reagan su programa económico.
 
Gilder comienza su obra protestando por la falta de voces que defiendan el capitalismo por sus virtudes, y no sólo por ser el sistema menos malo de entre los posibles. Es necesaria la conciencia de que el capitalismo es un sistema moral. Para solucionar esa carencia camina por la acera contraria al objetivismo: el capitalismo es dar, entendiendo que la esencia del dar no es la falta de cualquier expectativa de retorno, sino la de uno predeterminado. Y esa es también la base teórica de la economía de la oferta: la base de la riqueza está en promover -es decir, dejar de impedir- que los emprendedores puedan llevar a cabo sus ideas y ofrecerlas a los demás.
 
La riqueza consiste en activos que prometen un flujo de renta en el futuro. Ni el petróleo ni el oro español son riqueza si no se convierten en activos duraderos como industrias, puertos, escuelas, carreteras, etcétera. Son, en todo caso, fortuna. La riqueza es, por ejemplo, lo que crean los inmigrantes que se han convertido en prósperos comerciantes, pese a ser etiquetados como pobres por las autoridades. La pobreza, por tanto, es sobre todo una enfermedad moral, consistente en negar el único camino para salir de ella, el que pasa por el trabajo, la familia y la fe en el futuro.
 
Todo individuo y toda sociedad caminan a caballo entre el riesgo y la seguridad. Toda comunidad étnica o religiosa especialmente exitosa ha dispuesto de mecanismos internos de seguridad que han permitido a sus miembros arriesgarse más, ofrecer más y ser más prósperos. El seguro cumple la misma labor. El welfare podría ayudar en el mismo sentido siempre que tenga la importancia justa para que no fomente la pobreza que desea eliminar.
 
Para superar la crisis, Galbraith y compañía propusieron fijar precios y salarios y aumentar impuestos. La respuesta política llegó por parte de la curva de Laffer y su corolario: que a menores impuestos, mayor inversión, mayor crecimiento y mayor recaudación. Eso fue lo que hizo Reagan… y Aznar: promover la oferta, es decir, el ingenio y la creatividad.
 
La lucha en el sistema capitalista no es una lucha de clases, sino entre el pasado y el futuro. Todo gobierno planificador tiende a ponerse al lado del orden establecido y en contra del desarrollo creador. El intelectual considera que el problema está en el riesgo y la incertidumbre y que el gobierno debe organizar la economía y hacer un mundo tranquilo y predecible. Pero nada de lo que mejora nuestras vidas es predecible y todas las mejoras se deben al ingenio y la voluntad humana. Para superar los desafíos que el futuro nos plantea hace falta creer, recobrar la fe en la suerte y la providencia, en el ingenio de los hombres libres.
 
Con estas ideas, George Gilder compone un libro ameno y, en ocasiones, emocionante, especialmente cuando nos cuenta las historias de hombres ejemplares que siguieron esa receta del éxito. Un libro que nos muestra una imagen del capitalismo difícil de contemplar en la deformada visión que nos venden los medios de comunicación.

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