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El manantial Resea
El manantial

Ayn Rand
Editorial Planeta, Barcelona, 1968
734 páginas

El individualismo y Ayn Rand

Por Alicia Delibes

Una tarde del mes de agosto, cuando husmeaba en los puestos de una pequeña feria del libro viejo en el pueblo cántabro de Santillana del Mar, me encontré con el manoseado ejemplar de una novela, El Manantial, de Ayn Rand, editada por Planeta en la colección Reno el año 1975. No recordaba haberla leído nunca pero sí que suele citarse como una de las pocas novelas "liberales" que se han escrito, así que no dudé en hacerme con ella y dedicar algún rato de mis vacaciones a saber qué se entiende por novela liberal.

Pues bien, la historia que relata Ayn Rand es casi un tratado sobre el individualismo. Su héroe, Howard Roark, es un arquitecto creador e imaginativo, dispuesto a sacrificarlo todo con tal de no plegarse a la voluntad y a los caprichos de los demás. Sabe lo que quiere hacer y sólo hará aquello que él cree que debe hacer. "La mente es un atributo del individuo. No existe una cosa tal como un cerebro colectivo. No hay una cosa tal como el pensamiento colectivo. Un acuerdo realizado por un grupo de hombres es sólo un compromiso o un promedio extraído de muchos pensamientos individuales. El proceso de la razón debe ser ejecutado por cada hombre solo", son palabras del discurso que Roark pronuncia ante los tribunales al final de la novela y que ofrecen una muestra perfecta de lo que Ayn Rand entiende por individualismo.

Esta actitud del arquitecto irrita profundamente a una sociedad que no acepta ese desprecio de Roark hacia la fama y el poder, pero que, sobre todo, no perdona la impasibilidad del arquitecto ante la persecución, el odio y el rencor que constantemente se le demuestra.

Roark vive inmerso en la sociedad neoyorkina que aparece completamente manejada por un tipo repugnante, Ellworth Toohey, que, cuando tenía sólo 15 años y a través de una muy libre interpretación de Biblia, llegó a la conclusión de que la mejor forma de hacerse rico era convertirse en coleccionista de almas. Ellworth, cuando se da cuenta de que Roark nunca podrá pertenecer a su hermosa y gran colección de voluntades, hará lo imposible por hundir a tan orgulloso e individualista arquitecto. Lo que resulta más difícil de perdonar a Roark es esa actitud suya de vivir completamente ajeno a las intrigas, a las mezquindades y a la codicia de los demás.

Hay además otros personajes en la novela de Rand. Peter Keating, que sin ser demasiado tonto ni mal chico se convierte en un sinvergüenza total llevado de su irrefenable deseo de triunfar. Gail Wynand, el poderoso director del periódico, The New York Banner, criado en las calles de Nueva York, autodidacta y con un tremendo desprecio por sus semejantes. Y la heroína, Dominique Françon, nacida para ser la compañera perfecta de Howard Roark.

La autora de El Manantial nació en 1905 en San Petesburgo. Su verdadero nombre era Alissa Rosenbaum, era la mayor de los tres hijos de un matrimonio de comerciantes rusos que perdieron sus bienes cuando, en febrero de 1917, la revolución bolchevique ordenó la nacionalización de su pequeño comercio. Alissa estudió filosofía en la Universidad de su ciudad natal, San Petesburgo convertida ya en Leningrado, pero alimentó durante toda su juventud el deseo de salir de Rusia. El 26 de enero de 1926 con su título universitario y no más de 50 dólares en el bolsillo abandonó para siempre su país y a su familia para reunirse con unos parientes que vivían en Chicago. Pronto dejó Chicago y marchó a Hollywood donde encontró trabajo como extra de películas. En el rodaje de Rey de Reyes conoció a Frank O’Connor con quien se casó el 15 de abril de 1929.

Su primera novela, Los que vivimos, se publicó en 1936 y es todo un alegato antibolchevique. El Manantial vio la luz en 1943. Enseguida la Warner Brothers hizo de ella una película protagonizada por Gary Cooper y Patricia Neal. Ayn Rand, además de escribir novelas, publicó varios ensayos filosóficos en defensa de lo que llamó "objetivismo" y que ella caracterizaba por la defensa de la razón, del individualismo y del capitalismo. Ayn Rand murió en Nueva York el 6 de marzo de 1982.

Es fácil comprender que en el mundo en el que nos movemos, que tiene una tendencia irresistible por colocar a sus individuos en grupos y colectivos, que no sólo no entiende ni acepta el individualismo, sino que ha conseguido convertirlo en el más grave pecado contra la solidaridad y la tolerancia, se hable poco de Ayn Rand y prácticamente se haya olvidado la existencia de sus obras.

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