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2 de Septiembre de 2008

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El pis de Maruja Torres

Uno de los atributos más marcados en la vida del progre profesional es la de ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. Ahí donde va, debe ser el centro de atención de la concurrencia. Cuando la reunión en sí versa de algún tema técnico es irrelevante que éste no tenga ni puñetera idea de lo que está hablando, su simple verbo, su gracia primigenia, su superioridad moral será suficiente para que el que desconoce el asunto babee con profusión y el sabio asienta, pensando que tiene a tan alta personalidad de su parte y que si se equivoca, es lo de menos.

La progre de la que estoy hablando es en este caso Maruja Torres, la misma que calificó como hijos de puta a todos los votantes del PP y no le tembló el pulso. En este caso Maruja Torres ha visitado la Expo de Zaragoza para enseñar cómo aprendió a ahorrar agua cuando cubrió el conflicto del Líbano. Parece ser que la escritora (cada uno es muy libre de calificarla como quiera, yo no he tenido el gusto de leer su obra, ni literaria ni periodística) ha ido a sermonear sobre el uso conveniente del agua ante el “inminente” cambio climático:

Cuando hago un pis cargado por la mañana no tiro de la cadena, espero varias horas con la ventana abierta. Yo no me ducho cada día, no soy tan guarra como para necesitar ducharme cada día. Yo me hago abluciones”.

No me digan que no da un poco asquito. Desconozco si esta señora tiene o no pareja de hecho o por lo religioso, o invitados, pero tener que oler el amoniaco interno de la Torres porque a la buena mujer no le sale tirar de la cadena, es como para entrar en el retrete pero a depositar la comida de la tarde. Por muy traumático que haya sido su experiencia en el Líbano se me ocurren maneras mucho más “limpias” de usar menos agua, como ponerla a su coste o, en plan más ecologista, poner una botella llena en la cisterna.

Lo de la ducha lo entiendo más, hay mucho progre que le gusta el lado salvaje de los humanos y sostiene que la ducha es un exceso de esta opulenta y decadente sociedad de consumo. Más de uno aprovechará para satisfacer alguna perversión sexual siguiendo los consejos de la Torres. De todas formas, lo de las abluciones está bien, es una palabra que se usa poco, desde que algún cabrón capitalista inventara la ducha, y es bueno que se vuelva a tener esa costumbre. Que nuestros bisabuelos, abuelos y padres lucharan toda su vida para dejar de practicar todas las mañanas el ritual de la ablución, y del baño del domingo, y ahorraran dinero para instalar en su casa una decadente ducha, es inaceptable. Lo insinúa la Torres y lo que insinúa la Torres, va a misa… pero a misa negra.


Comentarios

 
respetemos las costumbres de la muy guarra.
Enviado por el día 2 de Septiembre de 2008 a las 20:22 (1)
Si a mí sus costumbres me importan un comino, respeto las suyas tanto como respeto al que le gusta saltar a bomba en una pocilga. No sé, incluso desde la perspectiva de la filosofía que impregna este sacacuartos que es la Expo, a base de dinero público y promoviendo políticas estatistas, hay gente mucho más técnica y "sabia". Vamos, esto es algo así como coge el dinero y corre.
Enviado por el día 2 de Septiembre de 2008 a las 20:43 (2)
... y yo lo de la Torres y su ventana abierta en invierno y las abluciones en verano voy y me lo creo ¡ja!
Enviado por el día 3 de Septiembre de 2008 a las 20:08 (3)

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