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9 de Diciembre de 2006

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Ecología, ecologismo, derechas e izquierdas


José Antonio Vera ha escrito hoy sábado en La Razón un artículo que titula “La ecología no es de izquierdas” en el que apoya que la derecha tome la iniciativa en la defensa del medio ambiente, que “no se la regale a socialistas y a comunistas”, critica “el ecologismo cavernario de origen bolchevique que milita en movimientos okupas y antiglobalización, que defiende el independentismo rancio, que flirtea incluso con la ‘lucha armada’”, que se puede ser verde y ser liberal a la vez y pone ejemplos de empresas como Iberdrola y Acciona que apuestan por el medio ambiente.

Desgraciadamente, José Antonio Vera mezcla churrras con merinas y confunde conceptos para llegar a una conclusión muy lejana al ideario liberal. Un liberal no puede ser verde, no puede ser ecologista; que no es lo mismo que un liberal no se pueda preocupar por el medio ambiente, igual que se puede preocupar por reducir los niveles de pobreza, o ayudar al prójimo o cualquier otro concepto que la izquierda ha terminado por apropiarse.

La primera gran confusión es la que tiene con dos conceptos que nada tienen que ver, ecología y ecologismo. La ecología es una ciencia, no un movimiento político. La ecología estudia, dicho sea en términos sencillos, las interacciones entre los seres vivos y el medio que les alberga. Es una ciencia relativamente reciente y desde mi punto de vista, muy ambiciosa. El resultado es complejo pues maneja innumerables variables, que se disparan si introducimos el factor humano y que se unen a conceptos propios de la biología, la climatología, la física, la química, la geología... Es un campo de la ciencia que apenas empezamos a entender y en el que lo que ayer era casi seguro, hoy puede verse alterado por nuevos datos o una realidad muy diferente. Evidentemente la ecología es tan de derechas o de izquierdas como lo puede ser la física o la química, o sea nada. José Antonio Vera está hablando del ecologismo, un movimiento político con cierto fondo pseudocientífico que ya forma parte, en mayor o menor medida, de la política intervencionista que padecemos.

En una cosa sí que estoy de acuerdo, el ecologismo no es de izquierdas y Vera nos da dos ejemplos, Jaume Matas o Elvira Rodríguez. En España el PP se apuntó al carro de la defensa medioambiental hace ya mucho tiempo. De hecho, fue Isabel Tocino, ministra de Medio Ambiente del PP, la que firmó el protocolo de Kioto en nombre del contribuyente español, sin más debate que el de los diputados culiparlantes que padecemos. Cristina Narbona sólo sigue la senda que abrió su colega, eso sí, con fuerzas renavadas.

La Constitución española lo deja bien claro, el ecologismo es una necesidad: “todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo” y también deja bastante claro que es el poder público el garante de que todo se cumpla: “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva”. El ecologismo es un deber del estado y esto va más allá de las izquierdas y las derechas, es intervencionismo puro y duro y esto, señor Vera no es liberal, no es nada liberal, puede ser socialista, comunista (aunque los regímenes que así se llaman desmienten en la práctica este objetivo), puede ser conservador o formar parte de cualquier totalitarismo, (el nazismo era un régimen muy preocupado por el medio ambiente, al menos en teoría), pero nunca puede ser liberal. Un liberal no puede ser ecologista.

José Antonio Vera menciona a las empresas Acciona e Iberdrola como ejemplos de que desde el mundo empresarial también se puede apostar por las políticas medioambientales. Eso es simplemente no querer profundizar sobre el tema. Iberdrola, Acciona y otras empresas han apostado por las energías renovables simplemente porque reciben una serie de ayudas que hace el negocio rentable. Las subvenciones que reciben los productores de energías renovables salen de los bolsillos de todos los contribuyentes, incluyendo el del señor Vera, y esto, no lo quiere ningún liberal. Lo querrán los socialistas y los comunistas, lo querrán los conservadores y algún que otro totalitario de medio pelo pero nunca un liberal. Las “ayudas verdes, los incentivos verdes, la iniciativa verde” no son herramientas liberales por mucho que el señor Vera las señale como el camino a seguir.

Desde la perspectiva liberal, la defensa del medio ambiente se planteará desde la libertad, desde los mecanismos del libre mercado, desde la voluntad libre de los ciudadanos que quieren un medio ambiente adecuado y que pagarán voluntariamente por conseguirlo, nunca desde la coacción del Estado, nunca desde esta nueva religión que se llama ecologismo. Que los políticos de la derecha caigan en los cantos de sirena de este movimiento, es un hecho que se viene produciendo desde hace mucho tiempo. El poder mediático de estos grupos coactivos que se llaman ecologistas, les ha hecho variar sus políticas sociales y medioambientales hace décadas. El ecologismo no es solo de izquierdas, no es solo de derechas, es simplemente totalitario.


Comentarios

 
Yo, la verdad, no tengo el tema tan claro, aunque puede que mis dudas vengan más por no distinguir bien entre ecologismo y defensa del medio ambiente, o por imaginarme situaciones concretas que no veo muy claro cómo defender desde un punto de vista liberal.

Por poner un ejemplo extremo: imaginemos que en un terreno de mi propiedad hay un endemismo. La susodicha planta o animal sólo se da en mi finca. Yo quiero edificar. No hay sensibilidad social suficiente por lo que ninguna fundación privada me compre la finca al precio que yo quiero. ¿Qué puede evitar que me cargue el bicho para poder construir salvo el estado? ¿Cómo solucionar este ejemplo desde una perspectiva liberal?
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 13:27 (1)
Siempre se plantean estas situaciones hipotéticas de la misma manera, con la respuesta ímplicita en el enunciado y apelando a cierta perspectiva moral, en este caso la superioridad de la supervivencia del endemismo sobre el derecho de propiedad. Además falta información en cuanto a la naturaleza de esa especie, su situación, la de la propiedad, la naturaleza del propietario y sus/tus ideas (lo siento no te conozco lo suficiente :-)) ... En fin, que pese a ello voy a intentar contestarte.

En primer lugar dudo que un endemismo se circunscriba a una única finca, unas hectáreas, decenas, cientos o miles, da los mismo. En ese caso, construyas o no, a la larga esta más que muerta como especie y poco influirá en el sistema de la zona. Por lo general, y digo por lo general, se situan en zonas relativamente pequeñas, valles, ecosistemas aislados, pero con muchos miles y miles de hectáreas. Luego habría que ver cuál es la situación de esa especie, si de verdad está en peligro o no. Tampoco es muy viable que construyas en toda la finca, siempre habrá sitio para que convivan unos y otros. Pero en caso de que todo eso no sea así y se siga planteando una situación extrema, existe una cosa que se llama diálogo.

El grupo que pretenda salvar la especie puede explicar la situación al dueño, puede intentar llegar a un consenso para que este decida de forma voluntaria tomar otra decisión, pueden buscar una alternativa a la construcción o variar el tipo de construcción, pueden comprar al dueño su finca para así salvar la especie, pueden buscar aliados que le expliquen mejor a este propietario todo lo que ellos no han sabido explicar, pueden incluso hacer pública la situación para que exprimente otro tipo de presiones, no violentas desde luego.

La diferencia está en que el Estado coacciona para que se solucione de una determinada manera esto que planteas, manera que muchas veces no es nada eficaz pese a lo que se transmite a los medios de comunicación. (sigue)
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 20:33 (2)
Evidentemente, existe la posibilidad de que el propietario, tú en el ejemplo, no dé de ninguna manera su brazo a torcer y decida cargarse la planta o matar la lagartija. Bien, es una opción que no descarto, el liberalismo no es un sistema perfecto que tenga respuesta para todo. En eso se diferencia del socialismo, del comunismo, del fascismo o de cualquier otro 'ismo' que nos indican cuál es nuestro final y cómo debemos comportarnos para conseguirlo. Luego viene la realidad y pega tres bofetadas a sus seguidores que, al menos en los dos primeros casos, suelen encargar de encasquetar las consecuencias al capitalismo salvaje en vez de a la aplicación de sus métodos que es lo que suele ocurrir. El sistema no es perfecto y los resultados no tienen porque ser perfectos, gracias a Dios.
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 20:52 (3)
El problema es que situaciones hipotéticas como esta me hacen considerar la necesidad del estado. Al menos de un estado mínimo. Una ley debería evitar esto. La propiedad no sería absoluta. Y me considero liberal.
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 20:55 (4)
Luego está el caso famoso del pastor que fue imputado por delito ecológico por coger un poco de manzanilla en el monte. No sé cómo acabó el tema, pero desde luego mostró, a quien lo quiso ver, que cuando algo/alguien propicia hacer el ridículo de esa manera, es que le falta un hervor, como se suele decir.
Por otro lado, estoy impaciente de ver cómo reclaman todos los ecologistas la reposición del medio ambiente a su estado anterior a la acción humana, para empezar, por ejemplo, reponiendo todas las zonas pantanosas que existían en España 8y así evitamos la desertización): podemos empezar por Ciudad Real y aplicando la ley de Memoria Histórica, se juzga y condena a Alfonso X por delito ecológico (la ciudad y el rey los menciono de memoria, pero el caso es ése).
Porque claro, la etnología ¿forma parte del medio ambiente? Si la contestación es que sí, dentro de la etnología está el modo tradicional de vida del pastoreo, pero claro, el borrego puede comer del monte, incluso manzanilla, pero el pastor no, porque entonces le llega la firme ejecución de lo que a otro borrego bípedo se le ocurrió, incapaz de separar el grano de la paja, y de ver el bosque cuando mira a un conjunto de árboles.
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 21:47 (5)
Se me han bailado los párrafos segundo y tercero del apunte anterior. Lo siento.
Enviado por el día 12 de Diciembre de 2006 a las 21:49 (6)

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