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El héroe de los pobres

Por Nick Gillespie
Traducido por Antonio Mascaró Rotger

Entrevistado por Nick Gillespie, el polémico escritor Johan Norberg defiende que la globalización es la mejor esperanza para los países en desarrollo. Publicado por cortesía de Reason.
 
Si hay alguna certeza moral que sostenga el actual movimiento antiglobalización es que las acciones desesperadas (desde manifestaciones algunas veces violentas pasando por quemas en público de cosechas hasta disfrazarse de tortugas marinas gigantes) son necesarias para proteger las tradiciones, los bosques y los derechos humanos en el Tercer Mundo de la rapaz avaricia del Primer Mundo. La izquierda antiglobalización no duda de que cualquiera que esté a favor del libre comercio internacional, los mercados abiertos y el mestizaje cultural que fomentan debe ser un avaricioso bastardo decidido a saquear a los pobres del mundo y a talar hasta el último árbol que quede en el planeta. En la derecha, si George W. Bush sirve de indicación, funciona otro tipo de ceguera: está bien aprobar legislación descaradamente proteccionista con tal de que uno hable de las bondades del libre comercio.
 
Este es el motivo de que Johan Norberg, un sueco de treinta años con raíces en la izquierda anarquista, sea tan importante. Es el autor de In Defense of Global Capitalism (En defensa del capitalismo global), una poderosa defensa moral y económica de la globalización. Norberg lanza retóricos cócteles Molotov tanto a los críticos izquierdistas que, empeñados en que las condiciones laborales y ambientales del Primer Mundo sean un requisito para el comercio libre, condenarían a los países en desarrollo a la pobreza como a los gobiernos occidentales cuya retórica de libre mercado se ve vergonzosamente socavada por aranceles sobre productos textiles y agrícolas, las dos áreas en las que el mundo en desarrollo puede competir realmente.
 
Norberg se centra en la dimensión humana de la globalización, como un mayor y más libre comercio es la mejor forma de ayudar a los desgraciados de la Tierra. Todo un éxito de ventas en Suecia cuando apareció allí en 2001, En defensa del capitalismo global está ricamente detallado y matizado ligeramente a favor de la globalización. Fue traducido al inglés por the Institute of Economic Affairs el influyente think tank londinense. The Cato Institute acaba de publicar una traducción en inglés americano actualizada por Roger Tanner (con la ayuda del Editor Asociado de Reason Julian Sanchez, quien previamente trabajó en el Cato).
 
Norberg, que es miembro del think tank de Estocolmo Timbro, es autor de varios libros anteriores como State, Individual, and Market (2000), A History of Swedish Liberalism (1998) y The Resistance Man (1997), un estudio del escritor sueco Vilhelm Moberg.
En defensa del capitalismo global es un libro obligado sobre lo que es seguramente el principal asunto económico de nuestro tiempo. La globalización ha encontrado en Johan Norberg un portavoz apasionado y persuasivo que bien podría redefinir los términos del debate. De conseguirlo, no sería su primer éxito. A principios de la década de 1990, como miembro de un grupo liberal llamado Freedom Front, Norberg ayudó a organizar ventas ilegales de alcohol para protestar contra las restrictivas leyes suecas. Después de que el grupo alcanzara los 30.000 miembros y después de más de una docena de redadas policiales, los políticos suecos se dieron cuenta de que no podían contener lo que se estaba convirtiendo en un gran movimiento social. Por el contrario, liberalizaron sus leyes, permitiendo a los establecimientos abrir durante más horas. "Ese ha sido mi mayor éxito político hasta la fecha", bromea Norberg.
 
El Editor en Jefe Nick Gillespie entrevistó a Norberg en Washington, D.C., a principios de septiembre.
 
Reason: Su libro se titula En defensa del capitalismo global. ¿Puede resumirnos el argumento?
 
Johan Norberg: El meollo es que el capitalismo y la globalización, con lo que me refiero básicamente a los mercados libres y abiertos y a las instituciones liberales políticas, económicas y sociales que los apoyan, le dan la libertad de elegir a personas de países que jamás había experimentado esto con anterioridad. Si queremos (y deberíamos) defender la globalización, debemos centrarnos en los países en desarrollo, no en nuestros países occidentales. El capitalismo global significa que las personas ya no están sujetas a las decisiones de las elites nacionales, es decir, los monopolios locales, los poderes locales, los políticos, etc. Al hacer que los poderes locales compitan entre sí o al esquivarlos, la globalización da a las personas más libertad para tomar decisiones sobre su propio consumo, comprar productos al extranjero, conseguir las influencias culturales que desean, viajar, conocer amigos y cruzar fronteras.
 
Reason: ¿Qué evidencia hay de que el capitalismo global beneficie a las personas de los países pobres?
 
Norberg: Tome cualquier estadística, cualquier indicador de los niveles de vida en el mundo, y podrá ver el progreso que se ha logrado a lo largo de exactamente el periodo que preocupa a los críticos antiglobalización. En los últimos treinta años, hemos contemplado como se reducían a la mitad el hambre crónica y la extensión del trabajo infantil. En los últimos cuarenta años hemos contemplado como la esperanza de vida alcanzaba los sesenta y cuatro años en los países en desarrollo. Hemos contemplado como los niveles de alfabetización alcanzaban los máximos en la mayoría de países del mundo. Según las estadísticas del Banco Mundial, doscientos millones de personas han salido de la pobreza absoluta (definida como vivir con menos del equivalente a un dólar diario) a lo largo de los últimos veinte años. Es más, el mayor progreso se halla en los países que aumentaron su comercio y contactos con el extranjero.
 
La globalización también ha ayudado extender a las mujeres derechos que durante mucho tiempo estuvieron reservados a los hombres. Entre ellos el emprender un negocio, conseguir una educación, heredar dinero, etc. Un motivo de esto cabe encontrarlo en la mera economía. En una economía competitiva globalizada, las mujeres son un recurso potencial. Ellas son capaces de tener nuevas ideas, de producir, de trabajar. Si se discrimina a las mujeres (o a cualquier otro) entonces la sociedad, o el que ofrece trabajo, pierde oportunidades. Fíjese en la discusión que hay ahora en Arabia Saudita sobre si se debería permitir a las mujeres conducir, lo cual les está actualmente prohibido. Si bien es poco probable que la situación cambie en breve, el mero hecho de mantener esta discusión ya es un avance. Hay quien dice que es extremadamente costoso contratar conductores, a menudo de otros países, para llevar a las mujeres de aquí para allá. Puede verse como la economía básica, el capitalismo básico, crea los incentivos para dar más derechos a las mujeres.
 
Una segunda razón es que todos los bienes, ideas y personas que cruzan las fronteras en la globalización, permiten ver más alternativas a las personas para ver otros estilos de vida. Cuando las mujeres y otros grupos oprimidos en los países pobres ven cómo se trata a sus semejantes en las sociedades occidentales, empiezan a tener ideas sobre cómo desean ser tratados. La globalización es una gran influencia porque personas de todas partes descubren todo tipo de nuevas ideas. Dicen "Vaya, las cosas pueden ser muy diferentes a lo que estoy acostumbrado."
 
Esto no significa que todo sea de color de rosa. La mayoría de las cosas están mejorando en los países en desarrollo, pero hay nuevos problemas, incluyendo el SIDA. Sin embargo, podemos ver como se está acabando con las viejas aflicciones, las viejas enfermedades. La esperanza de vida no se alargaría si las cosas estuviesen empeorando en términos de salud, hambre y medio ambiente. Las pocas excepciones que hay se hallan en el África subsahariana, que precisamente consiste de los países menos globalizados. Ellos tienen la menor inversión extranjera y, en general, la menor libertad política y económica. Más que cualquier otra cosa, necesitan el tipo de crecimiento económico que les permitirá no solamente los caros fármacos contra el SIDA sino también penicilina y vacunas para enfermedades más básicas.
 
Reason: ¿Puede darnos un ejemplo específico de una nación en desarrollo que se haya beneficiado de la globalización?
 
Norberg: Mire Vietnam, que visité recientemente. Tenía la ventaja de que cuando los comunistas se hicieron con el poder allí, realmente implementaron sus ideas. Colectivizaron la agricultura y destruyeron la propiedad privada, con lo que, para mediados de la década de 1980, la gente se estaba muriendo de hambre. Las propias ideas de los comunistas consiguieron hacer lo que las bombas americanas jamás lograron: destruir el comunismo. A resultas de tal fracaso, el gobierno empezó a buscar otros ejemplos, y vieron que Taiwan había tenido éxito globalizándose. Los comunistas en China estaban liberalizando el comercio y las leyes de propiedad y contemplaban un rápido progreso. El contraste es especialmente claro en la península coreana. Es la misma población, con la misma cultura; simplemente tienen dos sistemas económicos muy diferentes. En cincuenta años, uno de ellos ha pasado del hambre y la pobreza a unos niveles de vida propios del sur de Europa. El otro aún se está muriendo de hambre.
 
Viendo todo esto, los vietnamitas decidieron globalizarse. Empezaron a ponerle precio a la tierra y a abrirse a la inversión y al comercio, lo que rápidamente dio resultado. La producción agrícola despegó y les ha convertido en uno de los mayores exportadores mundiales de arroz. Pero también asimilaron la inversión para la producción manufacturera. Han recibido toneladas de inversión extranjera y fábricas que dieron a sus gentes nuevas oportunidades y nuevos recursos que han mejorado sus niveles de vida.
 
Reason: Los críticos dicen que lo que Vietnam importó de veras fueron sweatshops (fábricas de explotación).
 
Norberg: Las "fábricas del sudor" son un estadio natural del desarrollo. Tuvimos "fábricas del sudor" en Suecia en el siglo XIX. Nos quejábamos de las "fábricas del sudor" japonesas hace cuarenta años. Vosotros tuvisteis "fábricas del sudor" aquí [en los Estados Unidos]. De hecho, todavía las tenéis en algunos sitios. Un error que cometen los detractores de la globalización es comparar sus actuales condiciones laborales con los del mundo en desarrollo: "Mirad, estoy sentado en una bonita oficina con aire acondicionado. ¿Por qué deberían trabajar los vietnamitas en esas horribles fábricas?" Pero hay que comparar cada cosa con las alternativas que realmente están disponibles en cada país. El motivo de que los salarios y condiciones laborales sean, en general, inferiores es la falta de productividad, la falta de infraestructura, la falta de maquinaria, etc. Si los trabajadores cobraran salarios propios de EE.UU. en Vietnam, los que les dan empleo no podrían contratarles. La alternativa para la mayoría de trabajadores sería regresar a la agricultura, donde podrían trabajar más horas y conseguir salarios irregulares y muy inferiores.
 
Las "fábricas del sudor" son la forma que tienen los países pobres de aprovechar su ventaja competitiva, que es el trabajo barato. Las multinacionales traen tecnología más moderna, incluyendo cosas como formación y gestión de sistemas, que efectivamente aumentan la productividad. Cuando los trabajadores son más productivos, tienden a ganar más. Este es el motivo por el que en una típica nación en desarrollo, si puedes trabajar para una multinacional americana, ganas ocho veces más que el salario medio. Por eso la gente hace cola para estos empleos. Cuando estuve en Vietnam, entrevisté algunos trabajadores y les pregunté por sus sueños y aspiraciones. El deseo más común era que Nike, uno de los mayores blancos del movimiento antiglobalización, se expandiera para que algún familiar de trabajador pudiese conseguir un empleo en esa compañía.
 
Cuando los sindicatos, los proteccionistas, las empresas no competitivas en los Estados Unidos dicen que no deberíamos comprar a países como Vietnam por sus condiciones laborales, equivocan completamente. Están diciendo: "Mirad, sois demasiado pobres para comerciar con nosotros. Y eso significa que no comerciaremos con vosotros. No comerciaremos con vosotros hasta que seáis tan ricos como nosotros." Eso es totalmente retrógrado. Esos países no se enriquecerán si no pueden exportar productos.
 
Reason: ¿Cuánto contribuye el legado del colonialismo a las condiciones del mundo en desarrollo?
 
Norberg: Es parte del problema, aunque no en el sentido en que generalmente se afirma. Muchos críticos de la globalización dicen que las naciones desarrolladas explotaron y destruyeron los recursos naturales de las antiguas colonias y que esa es la causa de su pobreza. Eso pudo ser un problema en algunos casos, pero lo que vemos hoy es que, muchas veces, cuantos más recursos naturales tiene un país, peor están las cosas para la población en general. Si hay un solo recurso valioso, entonces se desatan fieras luchas de poder para mantenerlo controlado por una pequeña elite. Los sitios sin recursos naturales, tales como Taiwán, Hong Kong y Singapur, han desarrollado economías con bases relativamente amplias, mientras que los países ricos en petróleo o minerales a menudo no lo han hecho. Cuanto más amplia es una economía, más renta y riquezas se esparcen. Lo mejor que le podría pasar al mundo árabe sería que se les acabara el petróleo. Tendrían que abrirse al comercio y un pequeño número de personas no estaría controlando toda la riqueza, como es el caso de Arabia Saudita.
 
Este tipo de centralización económica y política es el legado realmente problemático del colonialismo. Creó nuevos centros de poder muy fuertes en muchos sitios donde jamás habían existido. Podemos ver esto en África. Como el erudito George Ayittey ha mostrado, en muchos países africanos existieron una vez mercados regionales y democracias locales donde el jefe respondía ante su pueblo y debía seguir sus decisiones. Pero cuando los colonizadores aparecieron, crearon estructuras de poder que no respondían del mismo modo. Sacaron recursos y, con la ayuda de pequeños grupos de nativos, se erigieron en ocupantes autócratas del territorio. Cuando se marcharon, las elites locales simplemente se hicieron con las estructuras de poder y se convirtieron en las nuevas fuerzas de ocupación. Simplemente se apoderaron de la maquinaria de poder que los colonizadores habían tras de sí.
 
Eso crea la sensación de que el único modo de mejorar las cosas es hacerse con el poder centralizado para controlar la maquinaria política de un país. Muchos países occidentales exacerbaron este problema al distribuir miles de millones de dólares entre estos centralizadísimos gobiernos de países extremadamente pobres y miserables. Los dirigentes usaron parte de este dinero para ganarse el favor de sus pueblos pero se guardaron la mayor parte para sí mismos y para sus compinches. Todos los que allí vivían pudieron ver que si querían una vida buena para ellos mismos y sus familias, tenían que hacerse con el poder político en lugar de, por ejemplo, emprender un negocio o comerciar.
 
Reason: Sin embargo, como apunta usted, el comercio y la liberalización económica siguen adelante. ¿Por qué ahora?
 
Norberg: Por varios motivos. La razón más importante tiene que ver con el final de la Guerra Fría. Durante la Guerra Fría, estos centros de poder recibían apoyos de fuerzas foráneas, sobre todo de la Unión Soviética y los Estados Unidos. Estos remitían dinero a esos lugares para mantener su influencia dando grandes sumas de dinero a dictadores con muy pocas esperanzas de que se usaría para mejorar las cosas. Sin recibir ese tipo de dinero, los tiranos están pasando épocas más difíciles.
 
Kenia, donde también he estado recientemente, es un perfecto ejemplo de esto. Daniel arap Moi, el viejo dictador, jamás habría durado tanto si no hubiese conseguido tanta ayuda extranjera de los Estados Unidos y de países europeos. Pero a principios de la década de 1990, estos países empezaron a decir: "No seguiremos apoyándote a menos que hagas estas cosas para mejorar tu país". No estoy seguro de que la ayuda externa sea una buena manera de crear políticas liberales, pero lo que sucedió fue que se le retiró el apoyo que necesitaba para mantenerse en el poder. De repente, aparecieron nuevos centros de poder, nuevas fuerzas que empezaron a desafiar a arap Moi. Tuvo que convocar elecciones y, aunque siempre amenazó a las fuerzas de la oposición, al final le derrocaron. A finales del año pasado, ganaron una elección presidencial contra el sucesor que él había elegido a dedo.
 
Ahora hay una nueva situación en Kenia. El gobierno está aplicando reformas en serio, incluyendo la liberalización económica.
 
Reason: ¿Si las ventajas de la globalización son tan obvias, cómo es que hay tanta oposición, especialmente en Occidente? Puede que los trabajadores vietnamitas estén pidiendo a gritos más fábricas de Nike, pero los manifestantes en Europa y Norteamérica están lanzando ladrillos contra las ventanas de los McDonald’s y Starbucks.
 
Norberg: Cuanto más se aleja uno de Occidente, más favorable es la gente a la globalización, hacia más negocios y lazos comerciales con el resto del mundo. Los más acérrimos detractores de la globalización en los países pobres a menudo están financiados por críticos en los países más ricos. Por ejemplo, Vandana Shiva [director de la Fundación Investigadora para la Ciencia, la Tecnología y la Ecología con sede en Nueva Delhi] habla muy en contra de la liberalización económica y de la biotecnología y recibe fondos de muchos grupos occidentales. La mayoría de los auténticos agricultores en el mundo en desarrollo querrían estos nuevos cultivos para poder hacer algo útil.
 
Estos son los viejos grupos que siempre han tenido miedo a la competencia extranjera. Empresas que no serían capaces de vencer a sus competidoras de otros países. En los Estados Unidos, eso incluye a la industria textil, que ha financiado mucha propaganda anti "fábricas del sudor". Sucede lo mismo con los sindicatos que están intentando educar a la gente contra el libre comercio, intentando bloquear los acuerdos del NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte), las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio y cosas similares. Pero también hay nuevos grupos de presión. Estos incluyen ONGs que han estado principalmente interesadas en asuntos nacionales, desde la prevención de riesgos laborales hasta oponerse a las privatizaciones y al outsourcing (contratar otras empresas para hacer lo que antes hacía la propia empresa). En un mundo globalizado, tiene sentido para estos grupos defender sus posiciones ante organizaciones internacionales. Probablemente más que la mayoría, los grupos ecologistas entendieron que les interesa desafiar a las fuerzas globalizadoras. Están acostumbrados a presionar a sus propios gobiernos para prohibir ciertas sustancias, detener los cultivos genéticamente modificados, etc. Entienden que han de llevar sus asuntos ante la OMC y ser capaces de luchar por ellos allí.
 
Puede que todos estos grupos tengan agendas distintas -los sindicatos están interesados en los puestos de trabajo nacionales y los verdes en la calidad del aire- pero están dispuestos a colaborar. No tienen los mismos puntos de vista ni los mismos objetivos. Pero tienen el mismo enemigo.
 
Reason: Hablemos un poco de los grupos ecologistas. En su libro, usted demuestra convincentemente que el desarrollo económico es bueno para el medio ambiente porque los países más ricos tienden a emitir menos polución. Usted señala estudios que sugieren que el crecimiento económico está positivamente correlacionado con un aire y agua más limpios una vez que los países sobrepasan los diez mil dólares per cápita de Producto Interior Bruto (el nivel de Corea del Sur, Argentina y Eslovenia). Usted explica que la mejor forma de limpiar el medio ambiente es llevar los países en desarrollo de una economía preindustrial a una postindustrial tan rápido como sea posible. ¿Por qué no convence este razonamiento a los grupos ecologistas?
 
Norberg: Pienso que hay dos motivos básicos por los que los ecologistas se oponen a la globalización y al desarrollo industrial que esta conlleva. El primero es una auténtica preocupación por el medio ambiente. A muchos ecologistas les importan los bosques verdes, el aire limpio, el agua limpia, etc. De lo que no se dan cuenta es que esta actitud es en sí misma una consecuencia del desarrollo industrial. En nuestros países, a la gente no le importaban estas cosas hace cien años. Las preferencias cambian cuando puedes alimentar a tus hijos y darles una educación. Es entonces cuando uno empieza a preocuparse por estas cosas. Los ecologistas en este sentido meramente proyectan un sentido contemporáneo de estos asuntos sobre países en desarrollo que están donde estaba Occidente hace un siglo. Es un error intelectualmente honesto, uno que puede corregirse con la nueva información y los nuevos datos. Así como hablando con personas de los países en desarrollo.
 
Pero hay otra motivación entre algunos ecologistas. No creo que este punto de vista represente a la mayoría, pero a menudo incluye a los líderes intelectuales de los grupos ecologistas. Estas son personas que a quienes la degradación ambiental per se no les molesta. Lo que hacen es repudiar el proyecto moderno por completo. Se muestras escépticos ante los estilos de vida y las sociedades que hemos creado. Piensan que no hemos alienado de la naturaleza en comparación con el pasado y que es un error ver la naturaleza como una herramienta que los seres humanos pueden usar en beneficio propio y para lo que les convenga. Es una comprensión fundamentalmente estética del mundo evocadora del romanticismo alemán de principios del siglo XIX. Delinea un panorama muy distorsionado del mundo preindustrial como una utopía. En realidad, ese mundo era un lugar en el que la hambruna era lo habitual y no la excepción.
 
Yo fui extremadamente escéptico con la sociedad industrial moderna durante mucho tiempo, así que entiendo estos sentimientos. Si vives en una zona urbana desarrollada y tus principales experiencias de las áreas rurales son de segunda mano, estos sentimientos son muy comprensibles. Te sientes muy triste por los países que se están modernizando y construyendo fábricas y por las personas que comprarán máquinas que hacen ruidos estridentes en vez de, no sé, estar sentado por ahí escuchando el trinar de los pajarillos.
 
Mi actitud cambió a medida que empecé a leer historia y a comprender las circunstancias en las que vivían mis antepasados. El mundo en que vivían distaba mucho de ser ideal. Había hambruna, había niños que se morían durante el primer año de su vida. Y, por supuesto, un trabajo que te partía la espalda, incluyendo trabajo infantil. Eso estaba a la orden del día. Pienso que la mejor forma de refutar este desafío estético romántico a la globalización, a nuestro proyecto moderno, es echando un vistazo en serio a las circunstancias de la sociedad preindustrial.
 
Reason: En su libro, realmente critica a los gobiernos occidentales, muchos de los cuales se pronuncian en ambos sentidos sobre la liberalización del comercio. Quieren acceso sin restricciones a los nuevos mercados pero usan aranceles proteccionistas de manera rutinaria contra los países en desarrollo. Usted llama a esto "la vergüenza del hombre blanco" y señala que "los tributos occidentales con que se gravan las exportaciones de los países en desarrollo están un treinta por ciento por encima de la media mundial."
 
Norberg: Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hemos liberalizado el comercio en la mayoría de áreas. Irónicamente, los principales sitios donde no lo hemos hecho son los textiles y la agricultura, precisamente las dos áreas donde los países pobres pueden competir.
 
En los países desarrollados, los sectores textil y agrícola son grupos de interés muy fuertes con muchos recursos políticos. Pueden meter mucho ruido en el debate público. Sabemos que si abrimos estos mercados a la competencia, tendremos que reestructurar esa parte de nuestras economías. La gente tendrá que cambiar de trabajo y dedicarse a otra cosa. Eso sería doloroso, por supuesto, pero es escandaloso, puesto que esos son precisamente los sectores en los que los países pobres pueden lucirse.
 
Reason: Esto abre una pregunta más amplia acerca de aumentar la globalización. Si las leyes comerciales dependen de los grupos de presión, ¿cómo derrotar esos grupos? ¿Cómo alcanzar ese punto en que los EE.UU. y la UE finalmente abandonen su proteccionismo en los textiles y la agricultura?
 
Norberg: Pienso que lo primero que se necesita es una indignación moral. Es necesario que expliquemos de qué se trata, cuál es el precio para los pobres en los países menos desarrollados. Hay personas muriendo porque en Occidente no estamos dispuestos a cambiar y a practicar ese libre comercio del que tan a menudo hablamos. Hemos de explicarle al público también que no son sólo los países pobres los que pierden con estas políticas. Nosotros también perdemos.
 
Reason: ¿Cómo perdemos nosotros?
 
Norberg: Nos negamos acceso a mejores productos a precios más baratos de otros países. Perdemos porque hemos de pagar miles de millones en subsidios sufragados con impuestos a estos grupos de presión para que ellos no tengan que enfrentarse a la competencia. Los subsidios agrícolas cuestan alrededor de mil millones al día en los países occidentales. Hemos de explicarle a la gente: "Mirad, si tuviésemos libre comercio tendríamos mil millones de dólares más al día. Simplemente porque habríamos abolido los subsidios agrarios." Un estudio que cito en el libro estima que el mundo ganaría cerca de setenta mil millones de dólares anuales con una reducción del cuarenta por ciento del arancel sobre manufacturas, y que el setenta y cinco por ciento de esa ganancia iría a los países en desarrollo.
 
Reason: La OMC se reúne en Cancún y hablan. ¿Qué piensa usted de la OMC, que es el principal objetivo tanto de los antiglobalización como de muchos defensores del libre comercio?
 
Norberg: Es bueno que exista pero se la ha apodado justamente "el trato con el diablo de los librecambistas". La mejor solución para todos sería libre comercio unilateral: simplemente abran sus fronteras. No necesitamos protección frente a los bienes baratos; ¡son exactamente lo que queremos!
 
Desgraciadamente, no vivimos en un mundo perfecto, y en ese caso pienso que la OMC es importante por dos razones. Una es que es difícil combatir los grupos de presión que están en contra de la apertura de los mercados para que accedan otros países. Pero si lo hacemos en negociaciones multilaterales, podemos enfrentarnos a los grupos de presión y decirles: "Bueno, puede que perdamos puestos de trabajo en esos sectores que abrimos a la competencia. Pero a cambio accedimos a nuevos mercados allí". Eso sirve para convencer a los exportadores. Sirve para que los sindicatos, por ejemplo, se pongan de nuestro lado a favor del libre comercio, y eso es bueno. El otro motivo por el que la OMC es buena es que sirve para crear una legislación en el sistema comercial internacional. Nos aferramos a las reformas liberalizadoras para que los políticos no puedan echarse atrás cada vez que van mal dadas en su economía nacional.
 
Estos son los motivos por los que la OMC es importante, pero realmente es un pacto con el diablo, aunque sólo sea porque da la impresión constantemente de que cuando abrimos mercados, cuando nos damos la oportunidad de comprar una más amplia variedad de bienes a mejores precios, estamos renunciando a algo. Pienso que ese es uno de los motivos por los que tenemos una reacción contra el libre comercio. El presidente de los EE.UU. y todo el mundo actúa siempre como si el libre comercio fuese algún tipo de concesión.
 
Reason: Después de los ataques del once de septiembre y de la explicación que les dio Ben Laden, muchos observadores en Occidente sugirieron que hay algo intrínseco en el mundo árabe y en el Islam que les hacen sentir particularmente incómodos con la destrucción creativa que acompaña lo que usted ha llamado el "capitalismo global". ¿Qué opina?
 
Norberg: Hay algo problemático cuando una religión se toma al pie de la letra y cuando se intenta imponer a los demás. Así fue con el Cristianismo y los europeos, que históricamente estaban contentos con irse a Tierra Santa y masacrar a los infieles. Hace cuatrocientos años en Europa, teníamos guerras religiosas. La clave está en que Europa descubrió maneras de tener diversos credos sin matarse los unos a los otros. Fue la secularización lo que salvó a Occidente, y lo mismo ha de sucederle al Islam. La gente no ha de renunciar a su religión, pero han de confinarla a una esfera privada y no intentar imponerla a los demás a la fuerza.
 
Pienso que será más fácil y más difícil para los países islámicos llevar a cabo el proceso de secularización que desarrollaron los cristianos. Es más fácil porque en sus enseñanzas básicas, el Islam es mucho más procapitalista y promaterial de lo que jamás fue el Cristianismo. Jesús iba por ahí diciendo que los ricos son malos y que no les es fácil llegar al cielo. Mahoma, en cambio, era un comerciante. Él mismo era un capitalista, y alaba el comercio en muchos pasajes del Corán. Pero también es mucho más difícil porque Mahoma fue también el creador de un Estado. Él entendía la religión y el Estado como una misma cosa. El gran reto en los países musulmanes y árabes consiste en superar las prescripciones de la teocracia y confinar el Islam a la vida privada.
 
Aunque me alegro de que se haya derrocado a Sadam (es un buen día cuando un tirano es destronado), no pienso que la guerra y la ocupación sean la forma de conseguir esto. La mejor forma es mediante la globalización, mediante la introducción de nuevas ideas, de influencias occidentales, en estos países. Podéis ver cómo esto está sucediendo en Irán. Podéis ver cómo está sucediendo en Jordania y en Qatar y en muchos otros países que tienen mayor acceso a productos y medios de comunicación occidentales.
 
Debido a la globalización, es más fácil ver y leer acerca de las sociedades occidentales, y más y más personas lo hacen. Como comentamos, las mujeres árabes ven que las mujeres occidentales tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Ese tipo de contacto es una gran fuente de inspiración. Lo mismo ocurre cuando ven que podemos expresar nuestros propios pensamientos de manera general, en la cultura y en la música. Esa es la gran esperanza, pienso, para la región. Pero debemos ser muy pacientes porque llevará mucho tiempo. Le llevó mucho tiempo a Japón convertirse en un país productivo y pacífico; le llevó cincuenta años a Corea del Sur el convertirse en algo parecido a una democracia liberal.
 
Pero yo no veo el auge de las fuerzas fundamentalistas en el Oriente Medio como un signo de la fuerza de sus ideas. Es más bien un signo de lo atemorizados que están ante la globalización que ya está en marcha. Los fundamentalistas ven que está creciendo una nueva clase media en estos países y que estas personas están más interesadas en vivir una buena vida, en elegir sus propias vidas y no en seguir literalmente las enseñanzas del Corán. A los críticos de la globalización les preocupa la Disneyficación o McDonaldización de la cultura, de la estandarización tomando el lugar de las "auténticas" tradiciones. Pero es más correcto decir que ninguna cultura se está convirtiendo en dominante. En vez de eso, es el pluralismo, la libertad de elegir entre muchos caminos y destinos distintos, lo que está ganando terreno debido a la globalización y al mayor intercambio.

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