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31 de Julio de 2004

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Bitácora de Mario Noya

Marx y su plusvalía


La teoría de la explotación marxista ha sido una de las campañas de marketing más éxitas de la historia de la humanidad. Marx recogió la caduca teoría del valor-trabajo ricardiana y, retocando la teoría de costes smithiana, concluyó que el capitalista obligaba a trabajar al proletario más horas de las que necesitaba para reproducir los medios que permitieran su subsistencia, un rebufo de la teoría malthusiana de la ley de bronce de los salarios, quedándose aquél con la diferencia o plusvalía.

Esta teoría tiene enormes y múltiples deficiencias. La primera de ellas es creer que el valor es objetivo, una sustancia, una materia. El problema de Marx es que no vivió el auge del subjetivismo y del marginalismo, sino que se encerró en la más funesta decadencia de la Escuela Clásica. No es necesario entrar aquí a discutir su insoluble armonía entre su teoría del valor y su teoría de los precios (que tan bien señala Bohm-Bawerk en La conclusión del sistema marxiano) baste apuntar que no son los costes los determinantes de los precios, sino a la inversa. Es la valoración de los bienes de orden inferior, de su escasez y apetencias relativas, lo que determina el valor de los bienes de orden superior. El ser humano valora, en primer lugar, aquellos bienes que están más cercanos a la satisfacción de sus necesidades; los medios necesarios para conseguir éstos sólo serán valorados en función del valor que se les otorgue.

La teoría salarial de Marx también es harto incorrecta. Primero porque es incapaz de distinguir salario, beneficio e interés, como la más vanguardista doctrina austriaca ya ha hecho. Es incorrecto pensar que esa supuesta plusvalía equivale al beneficio del capitalista, praxeológicamente es un error. El interés es la diferencia existente entre fines y medios (el bien de consumo final no será igualmente valorado a todos los bienes superiores necesarios para su obtención, su valor estára esparcido y, por tanto, será descontado), mientras que el beneficio procede, única y exclusivamente, de corregir los errores previos de la acción humana, de corregir las discrepancias entre los precios del bien de consumo final y el de sus factores productivos.

Pero, aparte, como bien señala George Reisman, es el capitalista quien genera, en un principio, el beneficio puro, beneficio del que brotan los salarios. El esfuerzo humano se convierte en trabajo cuando se dirige conscientemente hacia la obtención de medios con los que satisfacer fines; el espíritu empresarial es quien conduce este proceso y, quien por tanto, transforma el esfuerzo en trabajo y quien comparte una porción de su beneficio con quien le ha ayudado a llevar a cabo su proyecto.

Tampoco fue capaz de describir Marx cuáles eran los medios necesarios para la subsistencia del proletario, que dependían, en todo caso, de las circunstancias históricas. Se cubrió bien las espaldas de esta manera, ya que podía tildar cualquier remuneración salarial de no estar nunca por encima de ese mínimo existencial, pues ello dependía del estadio histórico. Semejantes consideraciones brotan nuevamente de ignorar la naturaleza subjetiva del valor; es cada individuo quien define cuáles cree que son los medios necesarios para su "subsistencia" física y psíquica. Pero no podíamos pedirle a un clasicote como Marx que comprendiera todo esto. La losa de un siglo de doctrina falseada pesa demasiado.

¿Y cuál es el motivo de todo este rollo? Básicamente, esta noticia de Libertad Digital. ¡Pobres proletarios explotados!

Comentarios

 
Excelente una vez más, Rallo. Por cierto, ¿ganará la demanda el trabajador "discriminado por la edad"?
Enviado por el día 31 de Julio de 2004 a las 18:10 (1)
:) No deja de ser una suerte envidiable para una secretaria en Google, peor si resultara ser como esa secretaria que tenía Ludwig von Mises en N.Y. Su esposa le preguntó a von Mises porqué no la despedía de una buena vez, y él respondió, ¿quién más podría querer contratarla?



Enviado por el día 1 de Agosto de 2004 a las 12:44 (2)

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