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13 de Octubre de 2008

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Proezas del Nobel

Huelga decir que, premio Nobel tras premio Nobel, este galardón no deja de devaluarse para convertirse, salvo honrosas excepciones, en una palmadita en la espalda al stablishment. Uno podía tener la esperanza de que, en la coyuntura actual, se premiara a algún economista (no necesariamente austriaco) que hubiese estudiado con cierta profusión la problemática de los ciclos económicos. Pero no, parece que a Krugman, el etorno candidato junto con Barro, ya le tocaba la hora.

Pues nada, felicidades. Ahora bien, esperemos que la aura de prestigio que inevitablemente revistirá al economista a partir de ahora no nos lleve a creernos ni una coma sobre sus teorías del ciclo, porque sería catastrófico.

Hace diez años, Krugman trató de elaborar una crítica a la teoría austriaca del ciclo económico sin habérsela leído o sin haberla entendido (posiblemente una mezcla de ambas). Una lectura de este panfletillo permite, al menos, detectar cinco errores fundamentales (muchos otros de bulto) que, a continuación, pasaré a describir. Antes, resumiré brevemente su crítica.

Krugman dice que la teoría austriaca es una teoría de la sobreinversión. Así, a los tiempos de euforia en las inversiones, necesariamente han de seguirle los tiempos de liquidación de las inversiones excesivas. Sin embargo, en su opinión, Keynes ya demostró que toda caída en la inversión debería llevar aparejada un incremento del consumo que, por tanto, mantendría la economía en equilibrio. Si esto no sucede es simplemente porque todos los agentes de la economía intentan incrementar sus saldos de caja durante la fase alcista del ciclo, lo que precipita la crisis (se reducen tanto consumo como inversión). La teoría austriaca ni explica por qué todos los inversores intentan incrementar sus saldos de caja, ni por qué la crisis va asociada a un desempleo estructural, ni por qué han de existir recursos ociosos, ni por qué las recetas keynesianas que intentan incrementar el consumo para estabilizar la economía (ya sea con políticas fiscales o monetarias) no son recomendables.

Bueno, repito: Krugman ni conoce ni ha entendido la teoría austriaca. De lo segundo no se desprende una gran perspicacia económica, de lo primero tampoco demasiada honestidad. Vayamos con los errores:

1. La teoría austriaca es una teoría de la sobreinversión.

Esto es erróneo. La teoría austriaca del ciclo es una teoría de malas inversiones. La diferencia no es baladí: no es que se haya invertido demasiado, sino que se ha invertido demasiado en algunas líneas productivas al tiempo que se han dejado otras desatendidas.

Krugman sólo ve dos macroagregados: el consumo y la inversión (dentro del primero estarían los gastos en los bienes de consumo y dentro del segundo el gasto en los bienes de capital); no se plantea que la inversión puede estar compuesta por muy heterogéneos bienes de capital y que en lugar de ser una masa homogénea, sea tan heterogénea que componga una estructura productiva muy compleja cuyos desajustes internos nos aboquen a la crisis.
Y esos desajustes han sido provocados porque los planes de inversión no estaban respaldados por ahorro real, sino por saldos monetarios a cuya disponibilidad no se había renunciado. Esto apalanca la economía en ciertas líneas (como la vivienda), sin que existan los bienes complementarios de capital que permitan sostener esa estructura productiva. Vamos, que ahora mismo no tenems un problema de que hay demasiadas industrias, sino que hay demasiadas industrias de construcción y DEMASIADAS POCAS de materias primas. ¿Es esto lo que considera Krugman una SOBREinversión?

2. Las recesiones suceden cuando la mayor parte de los individuos intentan incrementar sus saldos de caja.

Imaginen que me rompo la pierna y caigo al suelo en medio de una carrera. El observador externo puede decir que he perdido la carrera porque me he roto la pierna o porque me he quedado tendido en el suelo. Las dos explicaciones son ciertas, aunque concentrar nuestra atención en que estoy en el suelo puede parecer un poco superficial.

Con la explicación de Krugman sucede algo parecido. El problema no es que súbitamente los individuos deseen incrementar sus saldos de caja. El problema es que esos saldos de caja se encuentran inmovilizados en proyectos de vencimiento a muy largo plazo y, por tanto, si se desean incrementan los saldos de caja, necesariamente han de liquidarse esos proyectos a largo plazo. Simplemente el dinero no puede estar en dos sitios a la vez... a menos que el banco central comience a crear nuevo dinero. Pero, de nuevo, esto tiene poco recorrido: la intervención del banco central prolongará la expansión (los saldos de caja seguirán acudiendo a inversiones a largo plazo, precisamente porque son más rentables que guardarlos bajo el colchón) lo que crea un desajuste entre los planes de los agentes.

Los individuos que creen tener saldos líquidos (ahorradores forzosos) disponen de ellos para utilizarlos en adquirir determinados bienes, mientras que los inversores están produciendo otros bienes con un período de maduración muy superior. Los factores productivos están concentrados en producir bienes que los tenedores de saldos líquidos no quieren y, por tanto, hay una distorsión en los precios relativos de los bienes de capital que debe corregirse. Los bienes que se han sobreproducido tienen que caer de precio (como la vivienda) y los que se han infraproducido tienen que subir (materias primas), para que se recoloquen los factores.

Que los individuos huyan hacia los saldos líquidos puede deberse a dos posibilidades: o bien desean gastarlos (en aquellos bienes infraproducidos) o bien desconfían de la solvencia del banco (precisamente porque sus activos están muy sobrevalorados y tienen un período de recuperación muy superior a sus deudas). En ambos casos, la causa última es idéntica: es necesario forzar una reestructuración productiva y un ajuste de los precios relativos que se ajuste a los deseos de los tenedores de la liquidez.

Pero más importante incluso que esto es que si los bancos no estuvieran arbitrando tipos de interés no tendría por qué producirse ninguna crisis ante un aumento de los saldos de caja. Como recordó Rueff, o bien los individuos demandan más saldos de caja para gastarlos de alguna forma alternativa o bien los demandan por sí mismos (por ejemplo, para atesorar valor). En el primer caso, los factores productivos se redigirián hacia los nuevos bienes y en el segundo caso hacia la producción de dinero, véase, hacia las minas de oro.

El problema surge cuando el sistema se ha apalancado fraudulentamente y el aumento de saldos de caja no puede satisfacerse por los bancos, de modo que el banco central tiene que "inyectar liquidez", retrasando la liquidación de estructuras productivas insostenibles.

3. No hay motivo para que haya recursos ociosos

Krugman cree que una teoría de la sobreinversión no puede explicar por qué, tras dar de baja en los balances las malas inversiones, hay que dejar las plantas sin utilizar. En otras palabras, Krugman no entiende cómo puede haber recursos ociosos por muy malas que sean las malas inversiones.

Pues muy sencillo: los factores productivos que se necesitan para seguir utilizando esas malas inversiones son necesarios en otras líneas productivas más urgentes (aquellas en las que se ha infrainvertido). El problema es que esas otras líneas necesitan financiarse con ahorro y probablemente no haya suficiente ahorro en la sociedad como para invertir en esas líneas. La sociedad tiene que reducir su consumo, las empresas deben reinvertir correctamente sus beneficios o, como explicaré en el siguiente punto, los trabajadores deben aceptar reducciones salariales.

Creo que este ejemplo del último boletín de coyuntura es bastante ilustrativo de por qué sí tiene sentido que existan recursos ociosos:

Imaginemos que una empresa de taxis triplica su parque de vehículos mientras que la cantidad de gasolina no aumenta con lo que el precio tenderá a subir. Si la subida es suficientemente considerable, la empresa de taxis tendrá que subir las tarifas y no todos los antiguos usuarios podrán pagar el nuevo precio. Como consecuencia, una parte del nuevo parque de automóviles quedará inutilizado (ocioso). El problema no está en que la gente no quiera viajar en taxi, sino que no quiere viajar al nuevo precio necesario para rentabilizar la compañía tras la subida del petróleo.

Sería un error creer que a la empresa de taxis hay que salvarla promoviendo que los consumidores paguen el precio más alto (ya que en ese caso, otras empresas sufrirían de una reducción en la demanda); más bien la solución pasa por invertir en producir gasolina y en abaratar su precio para que todo el parque de taxis vuelva a funcionar de manera rentable.

El problema, por consiguiente, no es que se esté consumiendo demasiado poco, sino que se está ahorrando demasiado poco como para poder incrementar la inversión en los bienes complementarios de capital necesarios para que toda la capacidad productiva siga en funcionamiento.

4. Hayek dice que todo el desempleo es friccional

Este es uno de los ejemplos donde Krugman demuestra no haber leído a Hayek. Según Krugman, en la teoría austriaca el desempleo sólo tendría lugar durante el tiempo de transición entre unas industrias (las malas) y otras (las buenas). Por consiguiente, tendría un carácter meramente friccional y no estructural. Vamos, que Hayek niega el equilibrio con desempleo keynesiano.

Aquí el problema es plantearse cuál es el horizonte temporal del que habla Krugman. Por supuesto, puedo estar de acuerdo en la afirmación de que todo el desempleo es friccional (cosa que Hayek nunca sostiene) si tenemos en cuenta ue las buenas industrias hacia las que tienen que acudir los trabajadores TODAVÍA no existen. Dicho de otra manera, sí es una cuestión de trasladar a los trabajadores a las industrias infradesarrolladas, pero primero será necesaria una inversión para la que, hoy por hoy, no existe ahorro.

Hayek, de hecho, sostiene que el desempleo es consecuencia de la falta de capital para invertir y emplear a los trabajadores. Esto, obviamente, por dos motivos: primero, porque el simple hecho de despedir a un trabajador de una industria superflua es un modo de ahorrar (el trabajador deja de percibir un salario con cargo al escaso capital de la industria que tiene un uso prioritario en otras partes) y segundo, porque muchos trabajadores no desean experimentar recortes salariales drásticos como los que requeriría el traslado (el capital de las nuevas empresas, a falta de un incremento del ahorro del resto de agentes económicos, es muy reducido y por tanto no puede pagar aun grandes salarios).

5. Las crisis se combaten con más gasto, no con más ahorro.

El absurdo de esta frase es obvio. Si faltan bienes complementarios de capital, no tiene sentido que el poco ahorro de la sociedad sea succionado y despilfarrado por el Gobierno (ya sea con incrementos del gasto público o con políticas inflacionistas que traten de favorecer un mayor endeudamiento y una mayor inversión en líneas improductivas).

Sin embargo, esta conclusión es simplemente el corolario lógico de todos los errores anteriores. Como no comprende que hay malas inversiones por expansión excesiva de ciertos sectores y atrofia de otros debido al apalancamiento fraudulento de los bancos (arbitraje de tipos de interés) no entiende que sea necesario generar un amplio volumen de ahorro (dejando, por ejemplo, bienes de capital sin utilizar y despidiendo a trabajadores) para invertir en las líneas de producción complementarias de las que adolece la economía.

Dado que sólo ve que la inversión cae sin que el consumo se aumente correlativamente para compensar el equilibrio del PIB, la política pública obvia es aumentar sea como sea el consumo, aun a costa de dilapidar el ahorro.

Por eso las recetas keynesianas son tan peligrosas: parten de una profunda ignorancia económica y nos llevan hacia la dirección incorrecta.

Un Nobel a la altura de muchos otros.

Comentarios

 
Lamentable y descorazonador. Quizás el único alivio es que el Nobel tiene un desprestigio cada vez mayor. Es evidente que la única "resaca" (como llama él a la teoría del ciclo austríaca) es la que el keynesianismo ha dejado en muchos economistas y que les hace incapaces de comprender la conexión entre la macroeconomía y la microeconomía.

El repentino deseo de todos los agentes por demandar más dinero, que inexplicablemente provoca las crisis tras un periodo expansivo, es el razonamiento que deja satisfecho a todo un premio Nobel. Solución: démosles lo que quieren y aumentemos la cantidad de dinero, así evitaremos el colapso... tantos años, y siglos, de conocimiento para seguir diciendo cosas así... se le hunde la moral a cualquiera.

Me gustaría escucharle ahora a ver qué opina tras el desastre causado por inflacionistas como Greenspan y otros imitadores. Encima, con la ignoracia que reina en este mundo, su capacidad para confundir será ahora mayor... su palabra será como palabra de Dios... que éste nos pille confesados.

Saludos

Enviado por el día 13 de Octubre de 2008 a las 17:20 (1)
Éste era el notas que decía que la economía había crecido porque se había gastado mucho en armamento o algo así.
Enviado por el día 13 de Octubre de 2008 a las 20:14 (2)
La extrema derecha controla la Casa Blanca, el Congreso, gran parte del poder judicial y una buena parcela de los medios de comunicación. Esta extrema derecha está en el poder, lo hace mal (Bush es el peor presidente de la historia de Estados Unidos) y además miente a los ciudadanos. Entre sus objetivos figuran una distribución regresiva de la renta y la riqueza y la doctrina de la guerra preventiva. Conspirando en la oposición durante los años noventa, en los que Bill Clinton los marginó, los neoconservadores pretenden "un país que carezca básicamente de una red de seguridad social, que confía sobre todo en su poderío militar para imponer su voluntad en el exterior, dotado de escuelas que no enseñen la teoría de la evolución aunque sí religión, y probablemente un país en el que las elecciones sean poco más que una mera formalidad".

Tan rotundo diagnóstico ¿pertenece a un gurú de la extrema izquierda universitaria? ¿Es el rebelde Noam Chomsky su autor? No. Es Paul Krugman.
Enviado por el día 13 de Octubre de 2008 a las 22:50 (3)
jaja este tio es un cara....

te habla de corporaciones y cospiraciones, cuando fue asesor de Enron en el 99 jajaja

se les tendria que caer la cara de verguenza...

y a los que otorgan el principe de asturias también....
Enviado por el día 14 de Octubre de 2008 a las 07:25 (4)

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