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13 de Octubre de 2008

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La responsabilidad de las NIC en la crisis

En 2005, Jorge Valín denunciaba de este modo las nuevas Normas Internacionales de Contabilidad (NIC):

No nos extrañe ver en unos años casos como los de Enron aquí y en Europa. La culpa no será del Capitalismo ni del libre mercado, sino de un sistema de contabilización perverso que el estado ha impuesto por mandato obligatorio y que sólo incentivará la desconfianza del inversor, inestabilidad financiera y las crisis económicas.

Al final no han sido Enrons (o mejor dicho, la liebre no ha saltado por los múltiples Enrons que shaya habido y sigan habiendo), sino que la reforma ha contribuido a inflar aun más el ciclo económico. Como ya advertía Huerta de Soto en 2003:

Conculcar el tradicional principio de prudencia y obligar a contabilizar a valores de mercado, dará lugar a que, según las circunstancias del ciclo económico, se inflen los valores de balance con una plusvalías que no se han realizado y que, en muchas circunstancias, puede ser que no lleguen a realizarse nunca. El artificial «efecto riqueza» que esto puede generar, especialmente en las etapas de auge de cada ciclo económico, inducirá en muchas ocasiones a la distribución de beneficios ficticios o meramente coyunturales y, en suma, al consumo del capital de la nación, en detrimento de su sana estructura productiva y de su capacidad de crecimiento a largo plazo.

 

Aun recuerdo alguna discusión sobre las NIC, donde algunos, ilusamente, defendían el nuevo estándar contable que superaría los anacrónicos principios tradicionales sin que nuestras críticas estuvieran realmente fundadas. Como en tantas otras ocasiones, los ingenieros sociales siguen equivocándose. 

La perversión de las normas contables es sólo un paso más en todo un masivo esquema de expropiación de la riqueza por parte del Gobierno y de los bancos. Como dice Antal Fekete en un reciente artículo: "No era el patrón oro per se lo que los políticos y los aventureros financieros querían eliminar. Sobre todo, eran los principios contables y morales sobre los que se apoyaba, especialmente cuando se aplicaban a los bancos".

La reforma de las NIC tenía un objetivo claro: sustituir el criterio tradicional contable de "coste histórico" y del principio de prudencia por el de "valor razonable".

Resumidamente, el coste histórico implica contabilizar el valor de un activo según su coste de adquisición. El principio de prudencia matiza el coste histórico añadiendo que cuando el activo se deprecie de valor deberá contabilizarse inmediatamente, mientras que cuando se aprecie de valor sólo podrá contabilizarse cuando la ganancia se realice.

Así, si compro una casa por 100 um y al año siguiente puedo venderla por 130, no anotará esas 30 um como mayor valor del activo. En cambio, si la casa se deprecia a 90, sí rebajaré su valor en el balance. La ganancia de 30 um no se tiene en cuenta hasta que la casa efectivamente se vende, en cuyo caso se registra como una ganancia de capital.

Por el contrario, el valor razonable trata de reflejar en el balance el valor de mercado al que podría venderse el activo. Así, si esa misma casa puede venderse por 200 um, se contabilizará una revalorización de 100 um y, por tanto, una ganancia.

La diferencia es fundamental. La contabilidad surge como un instrumento para evitar los consumos de capital, es decir, para evitar que se repartan ganancias (reduciendo los fondos propios) que no son más que revalorizaciones artificiales de los activos. Tengamos en cuenta que, especialmente los activos financieros, derivan su valor presente del flujo futuro de caja que va a generar ese activo. El precio de adquisición de un activo refleja un "fondo de comercio" donde se recogen esas expectativas futuras. Que las expectativas varíen (por ejemplo, revalorizando la acción) no implica necesariamente que finalmente se cumplan; de modo que repartir valor presente (contante y sonante) por anticipación de valores futuros, puede llevar a la descapitalización de la empresa.

En cambio, si las ganancias sólo se computan cuando se realizan, los fondos propios quedan inatacados. Las expectativas se disfrutan cuando se cumplen.

El cambio de los estándares de contabilidad durante la última década ha supuesto la puntilla definitiva del sistema bancario. Los bancos deberían haber quebrado hace años, no ya por su iliquidez estructural, sino porque sus fondos propios procedían simplemente de un capital inflado de valor. Es decir, la práctica bancaria de reducir artificialmente los tipos de interés generaba burbujas de activos contra las cuales los bancos prestaban dinero. Estos préstamos hipertrofiados aparecían en sus balances como activos que iban aumentando de valor (especialmente en una dinámica de bajadas de tipos, donde el valor actual de los activos sube) y que, por tanto, permitían aflorar ganancias contables que recapitalizaban aparentemente a los bancos. Sin embargo, los bancos se estaban descapitalizando porque repartían dividendos y asumían gastos con cargo a unas expectativas de revalorización de los activos que nunca iban a cumplirse (debido a que presuponían un volumen de ahorro creado artificialmente por el arbitraje de tipos de interés).

Ahora, cuando esos activos están regresando a sus valoraciones reales, los bancos aparecen como lo que eran y son: empresas insolventes. Nadie quiere proporcionarles la liquidez para atender sus deudas a corto a unos precios de activos desmesuradamente elevados.

Parece que los bancos, y la reforma de las NIC, se olvidó de la diferencia contable esencial entre el devengo y el flujo de caja. El primero simplemente reconoce un ingreso  y el segundo un cobro. En un sistema de dinero fiduciario que trabaja con un grado de apalancamiento enorme, el devengo no tiene por qué coincidir cuantitativamente, ni de lejos, con el cobro. Precisamente porque no hay liquidez suficiente, cuando se acude a rescatar activos inflados con la expansión crediticia, necesariamente se ha de hacer al descuento. Y así muere los bancos que sólo sobrevivían por su autoengaño contable.

Vemos, en definitiva, como la transformación de plazos, el abandono del patrón oro y la modificación de los estándares contables han provocado uno de los mayores consumos de capital de nuestra historia. Los dos primeros han generado una brutal expansión crediticia que ha elevado el precio de los activos de la sociedad, lo que ha permitido, gracias a las nuevas NIC, contabilizar ingresos ficticios contra los que se realimentó la expansión crediticia (por ejemplo, con segundas y terceras hipotecas sobre el equity value de los inmuebles).

Ahora toca pasar cuentas. ¿Cuándo piderán perdón los arrogantes ingenieros sociales y financieros que nos han abocado a la crisis?

PD: Por cierto, que alguien les explique todo esto a estos.


Comentarios

 
A propósito ¿Que pasa con Huerta de Soto? Veo en todos los medios a toda clase de mindundis y pseudoeconomistas opinar sobre la crisis, salvo honrosas excepciones (aqui no incluyo al autor del pretencioso informe Recarte, consejero de Caja Madrid), menos al que posiblemente hoy sea el mejor economista que existe en el mundo; el premio Nobel se lo dejamos para Krugman.
Enviado por el día 13 de Octubre de 2008 a las 14:18 (1)
Hay una cosa que no entiendo. Los activos que tienen los bancos no cambian de valor. Las deudas de los clientes con el banco siguen siendo de la misma cantidad, aunque puede que el activo al que han dedicado el credito si se devalue. El banco en principio no tendria porque asumir perdidas si el credito se sigue pagando. Y si deja de pagarse tengo entendido que se mete en morosidad y el banco tiene que provisionarlo.

Si entiendo lo que dices para otras empresas pero en el caso de los bancos no me queda muy claro
Enviado por el día 14 de Octubre de 2008 a las 12:55 (2)
Antoniojesus,

Sí cambian de valor. Por un lado, si han adquirido titulizaciones o productos estructurados (como ha sido el caso en EEUU), estos activos cotizan en mercados. Por otro, las bajadas de tipos de interés incrementan el valor de los activos, ya que sus flujos futuros de caja son descontados a un tipo menor.

Por último, el mecanismo fundamental, de todas formas, es que el aumento de precio de las viviendas permite conceder hipotecas más cuantiosas y, a su vez, obtener una mayor cantidad de financiación cuando esas hipotecas infladas se descuentan en el banco central. Dicho de otra manera, a partir de un mínimo ahorro, se maximizan el número de activos que pueden obtenerse.
Enviado por el día 14 de Octubre de 2008 a las 13:05 (3)
pero en el caso de los bancos españoles parece que no han comprado activos estructurados (al menos eso dicen) si no que se han dedicado a la banca convencional.

aprovecho para preguntarte otra cosa. Ahora que el BCE va a prestar al 3,75 todo lo que los bancos quieran y el euribor sigue por encima del 5%, ¿ese punto y pico de diferencia se lo quedan los bancos como beneficios?
Enviado por el día 14 de Octubre de 2008 a las 13:19 (4)
Ya, en el caso de los españoles la influencia no es tanto de los derivados como de los dos otros puntos.

Sobre tu pregunta, no necesariamente. No toda la financiación que necesitan los bancos se obtiene del BCE, por tanto el spread, más que un beneficio, indica una prima de riesgo:

http://revista.libertaddigital.com/por-que-el-euri...
Enviado por el día 14 de Octubre de 2008 a las 13:37 (5)

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