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Maquiavélico cine español

Por Alberto Illán Oviedo

El cine americano

Me gusta el cine americano. Sí, ya sé que puedo parecer un esquirol, dada la terrible crisis que ahora sufre nuestro cine español, tan querido, pero qué le voy a hacer. Soy así. Y es que desde pequeñito he admirado a personajes como Bogart, Bacall, Grant, Wayne, Stewart, Hepburn, Stanwyck, Lemmon, los Marx y un infinito elenco de actores y actrices que hicieron que las noches de los sábados fueran maravillosas, en una época en la que las salidas nocturnas me estaban vedadas.

Aún recuerdo la primera vez que vi en televisión ‘Centauros del Desierto’ (en la versión original ‘The Seachers’). No debía tener más de 11 años. Pero con sólo ver la primera escena, en la que se abre una puerta y se vislumbra un árido paisaje, tan de John Ford, el Monument Valley (atinadamente llamado ‘Ford’s Country’), uno ya sabe que va a asistir a un peliculón.

Porque no podemos olvidarnos que John Ford hizo cine americano. El mejor director de todos los tiempos hizo cine en EEUU. Y también lo hicieron Griffith, Walsh, Hawks, Cukor, Huston, Kapra, y Mankiewicz e incluso europeos como Wilder, Lubitsch, Preminger, Wells o Hitchcock. Que encontraron en Hollywood un hogar, temporal o definitivo.

El cine americano de esa época destilaba épica, ilusión, esfuerzo, creatividad. Y es cierto que, a la vez, se creaba lo que se ha dado por llamar como la maquinaria de Hollywood, la industria del cine, pero eso de momento importaba poco. No es un hecho muy conocido el que muchas de las grandes productoras que aparecen en las primeras décadas del siglo XX, son de origen judío. Que fueron ellos los primeros que vieron que este extraño teatro irreal atraía a mucha gente que cansados de sus desgracias, necesitaban un lugar donde olvidarse de la rutina.

También fueron judíos los que decidieron que la soleada California sería la sede de sus empresas. Por dos razones, la primera porque ahí la electricidad era mucho más barata y la segunda porque el tiempo era mejor y las interrupciones en los rodajes eran menores. Parece que estos avispados hombres de negocios percibieron que el ahorro de costes era primordial para su actividad. Y las estrellas de la pantalla, actores y actrices, pronto empezaron a ser reconocidos como personajes populares. Curiosamente con escándalos parecidos a los actuales. El famoso y mudo actor conocido como Fatty (Roscoe Fatty Arbuckle), fue implicado en un escándalo sexual con una menor. Por lo visto en un siglo no hemos cambiado demasiado.

Los actores pasaron pronto a ser las mega-estrellas que conocemos actualmente, aunque hacían más películas por, comparativamente, menos dinero. No es extraño que al echar un vistazo a la filmografía de actores como Bogart o Stewart, se compruebe que rodaban varias películas en un mismo año. Los empresarios cinematográficos se hacían verdaderas jugadas entre ellos: se quitaban actores y actrices, se implicaban en sucios negocios, luchaban algunas veces de forma ilegal por exhibir sus películas en los mejores cines, pero poco a poco crearon una industria, un negocio que llenaba la ilusión de los espectadores. Las productoras nacían y morían con los éxitos y los fracasos cinematográficos.

Hubo otros que se percataron que además del negocio de la producción, estaba el negocio de la distribución. Los empresarios empezaron a comprar, transformar y abrir locales y teatros que convertían en cines, creando cadenas que exhibían las películas por todo el país, por todo el mundo.

Una vez un periodista europeo preguntó a un ya veterano John Ford que qué intentaba lograr con sus primeras películas. El pensativo director le miró con su único ojo bueno y le contestó: "un cheque, a ser posible con fondos", y se quedó tan contento. Todo el contenido intelectual que el pretencioso redactor quiso darle a la conversación se esfumó. El mejor director de todos los tiempos sólo quería un poco de dinero. Para poder iniciar su próxima película. Y supongo que también desearía un buen guión y unos buenos actores y creer en lo que estaba haciendo. Y para eso tenía que pelearse, pelearse con los productores, con los actores, y con la familia si era necesario. Eso es lo que quería y eso es lo que hizo. Él y muchos como él.

La historia del cine americano es la historia de una lucha. La lucha de miles de empresarios que arriesgaron su dinero en películas, sin ninguna seguridad de éxito y que cada vez implicaban mayores gastos, y no siempre porque los actores cobraran demasiado. Buscaban temas que motivaran a las gentes a gastarse su dinero en los cines, que los llenaran. Porque necesitaban dinero para la siguiente producción. Lo mismo que los actores, los directores, los guionistas, los extras, técnicos...

Y he querido hacer este homenaje al cine ‘made in USA’, no sólo porque me guste, sino porque en ningún momento he nombrado la palabra ‘Estado’ ni ‘Subvención’; ni siquiera ‘Cultura’.


La crisis del cine español

Hace poco la Academia del Cine ha hecho públicos los datos sobre la exhibición de películas en los cines españoles durante el año 2002. Los resultados, según la Academia, son descorazonadores. Las películas españolas están perdiendo protagonismo frente a las americanas. La crisis se cierne sobre el cine español. Llevémonos todos juntos las manos a la cabeza, tirémonos de los pelos y gritemos a la vez: vade retro, Satanás. Hay que exorcizar a los espectadores del demonio yanqui.

Pero aportemos los datos que han creado tanta alarma. Primero según datos de la SGAE y del Ministerio, en el año 2002, de las 10 películas más vistas, sólo una era española. Y si miramos las primeras 25, nada menos que 21 son americanas. La que más recaudó fue ‘Spiderman’ con más de 22 millones de euros. La segunda ‘El Señor de los Anillos II’ de director neozelandés pero con dinero americano. Casi 17 millones, pero en menos de un mes de exhibición. Ni siquiera puedo imaginar el éxito de la tercera parte, apoteósico. En tercer lugar con casi 16 millones, ‘Star Wars, El ataque de los Clones’.

Por allá, en el puesto ocho, la entretenida comedia musical ‘Al otro lado de la cama’, película que he de reconocer que me ha gustado pero que desde mi punto de vista copia el modelo del musical americano, de gran éxito en los años 50. Casi 11 millones de euros recaudó. En cuanto al cine español, después de la nombrada, se sitúa ‘El hijo de la novia’, coproducción con Argentina con algo más de 5,5 millones y la exitosa ‘Hable con ella’, de Almodovar con 5,156 millones, con un Globo de Oro, premio antesala de los Oscar.

En cuanto a cuota de pantalla, el cine español acumula el 17,82% del número de películas, frente al americano que aporta el 39,65% y el Europeo, el 34,18%. Por recaudación el cine USA, toma el 70,04% de la misma mientras que el español sólo el 13,60%. El número de espectadores se ha reducido de 146.810.000 en 2001 a 120.735.000 en 2002, es decir un 17,76% menos.

Según ya datos de la Academia de Cine, la taquilla del cine español ha perdido un 32% y sólo se ha embolsado 75 millones de euros. Se ha reducido la cuota de mercado por la falta de películas de éxito. Se ha pasado de 26,6 a sólo 15 millones de espectadores. El 82,4% de las productoras sólo han hecho una película y el 2,9% cuatro o más.

Interesantes datos. Que como todos los datos se analizan como a cada uno le da la gana para llegar a conclusiones tomadas a priori. Pero lo que más interesante me parece son las explicaciones que se han dado para justificar las conclusiones del informe:

  • Como el incremento del precio de las entradas está por encima del IPC, los espectadores se desaniman y no van.
  • El mercado es imperfecto y no se permite la igualdad de oportunidades y la diversidad de ofertas. La oferta está saturada por los distribuidores.
  • Las fuertes inversiones del sector de la exhibición le impiden negociar ya que el margen de negociación se ve afectado por el excesivo endeudamiento.
  • Las televisiones han dejado de comprar material a las distribuidoras.
  • Las diez primeras distribuidoras son extranjeras y controlan el 90%.
  • El mercado es reducido pues sólo el 50% de la población va al cine.
  • Juan Echanove llega a decir que el doblaje de las películas es un problema ya que favorece que las personas vayan a verlas.
Con estas razones se augura una crisis para el 2003, menor número de rodajes, estrangulamiento de los costes, menor inversión de los canales y menor recaudación internacional.


Más cara que espalda

Si algo me llama la atención es la ausencia de autocrítica. No hay ni una referencia a una posible falta de calidad de las películas, ni siquiera una referencia a la posibilidad de que los temas que las productoras y directores eligen no sean los más adecuados a los gustos de los españoles. Esto me recuerda cuando, hace unas elecciones generales, al ser los resultados de IU especialmente malos los dirigentes, creo recordar que en esa época estaba Julio Anguita, dijeron que el electorado ‘no había entendido el programa’. ¿No sería que no lo habían explicado bien?, ¿no sería que no era del agrado de los electores? ¿No será que el cine español es un muermo, con todo mi respeto?

No soy ningún experto conocedor del mercado cinematográfico y todo lo que voy a decir me lo dicta el sentido común y mi interpretación de los datos y declaraciones de los afectados.

En primer lugar, el cinematográfico no es un mercado perfecto, ni aquí ni en los EE UU. Hay empresas que dominan en estado de cuasi-monopolio ciertas áreas del sector pero eso no sería un problema si estuviéramos en un mercado altamente liberalizado. Simplemente la situación tendería a un equilibrio. El caso es que no lo estamos. Se dice que el cine español recauda poco, comparado con el americano. ¿Se han incluido en esa recaudación las subvenciones que se reciben? Porque en ese caso, el supuesto 50% de la población que no va al cine sí pasa por taquilla. Cuando paga sus impuestos.

Si la gente va a ver películas americanas, será porque gusta de verlas. Yo no conozco a ninguna persona que me haya jurado que un sicario de la Paramount le ha obligado a ir a ver la última película de Harrison Ford. Si no van a ver películas españolas será porque no les gustan, aunque sí he visto en la televisión a actores y directores pidiendo más protección, en forma de subvenciones para sus películas, tan intelectuales ellas.

Pero seamos serios, en realidad sí que hay un mercado de gente que le gusta ver películas españolas. En Madrid, que es donde vivo, existen gran cantidad de salas que exhiben películas en versión original, españolas, europeas y algunas americanas del llamado cine de autor. El problema está en que la cantidad de personas que va es muy bajo comparado con el que asiste a las mal llamadas ‘comerciales’. Si la situación fuera al revés, sería ‘Spiderman’ o ‘El Señor de los Anillos’, los que se pelearían por una minúscula cuota de mercado frente a ‘Hable con ella’ que ocuparía semanas y semanas los cines más céntricos o los recién construidos en centros comerciales y de ocio. Si las productoras ‘controlan’ el mercado es porque son las que venden los productos que la gente quiere y son los clientes los que les otorgan esa fuerza.

Si aún no están convencidos, deberían mirar los discos más vendidos durante el año 2002, lista que también ha aparecido en la prensa hace poco. En los 20 discos con más ventas, sólo 3 son extranjeros pero todos latinos. ¿Estamos ante el imperio de las productoras o los artistas españoles, que no dejan que personajes como Clapton o Springsteen no triunfen al nivel que ellos se merecen? ¿A que en este caso parece absurdo? ¿A que ahora sí que es bueno que Bisbal y Ubago ocupen los dos primeros puestos?

En uno de los episodios de la estupenda serie de dibujos animados ‘Los Simpsons’ (americana para más señas), frente a la mansión del avaro dueño de la central nuclear donde trabaja Homer, el señor Burns, desfilaban unos soldados con un aspecto que recordaba al de la Guardia Real del Palacio de Buckingham. Al caminar decían: ‘lo mío, pa’mí’, ‘lo mío, pa’mí’... Pues por qué será que los intelectuales españoles me recuerdan mucho al señor Burns. Los actores y las actrices temen que la crisis del cine español sea aprovechada para rebajar sus salarios. No por favor, bajar los sueldos de los actores no. Que se bajen el resto los sueldos o que se obligue a los españolitos a ir más al cine, o que se recaude más impuestos para recibir más subvenciones y ayudas. Pero que me toque MI sueldo. Yo soy solidario y progresista. Pero no soy idiota. Y señor Echanove, ya veo que le quiere quitar su forma de trabajo a los actores de doblaje al pedir que no se doble ninguna película americana. ¿O es que ellos no comen?

Si la gente ha ido menos al cine lo ha hecho en todas las películas, el número de filmes en 2001 fue de 1.831, en 2002 sólo de 1.700. Es posible que la gente dedicara menos dinero para actividades de ocio o que las productoras recibieran menos dinero de los que suelen encargarlas trabajos como son las televisiones, ¿no explicaría esto mejor que una crisis en el cine español?

Pero, ¿hay crisis en el cine español? Cada trimestre pueden verse en los diarios y semanarios los resultados que periódicamente suelen dar las grandes y no tan grandes empresas españolas y extranjeras. Últimamente, por eso de la crisis latinoamericana y la de la nueva economía, los beneficios no son demasiados buenos. Eso para un experto en economía porque cuando a mi madre, que la mujer ya tuvo bastante en trabajar después de la guerra y pocos estudios tiene, le digo que tal banco o tal eléctrica ha ganado no sé cuántos miles de millones de pesetas, se echa las manos a la cabeza. Por más que le digo que ha sido un 27% menos, me dice que si estoy tonto. Que de dónde he sacado que hay crisis. Pues para mi que estos cineastas tan ‘progres’ cada vez se parecen más a sus ‘enemigos’ capitalistas. Me han abierto los ojos y me han enseñado cifras pasadas y presentes. Resulta que la famosa crisis del cine español radica en que éste ha sido el segundo año que más recaudación han sacado. Un 36% menos, de unos 110 a unos 70. Y en espectadores el tercero de la última década. El señor Botín, don Emilio, se apunta seguramente a ese tipo de crisis en estos momentos tan malos. Y el señor Botín es muy listo..., no invierte en cine.

Otro elemento miserable de esta supuesta e inexistente crisis radica en la superioridad moral con la que estos subvencionados titiriteros se expresan ante las televisiones y radios que hacen de amplificadores para sus desmanes. No es extraño que más de una centena de los actores y actrices más conocidos en España hayan firmado algunos de estos manifiestos contra la guerra, el liberalismo, el gobierno de derechas o cualquier otro supuesto infortunio que nos aqueja. ¿Con qué derecho se autodenominan intelectuales algunas personas que apenas tienen el bachillerato, que apenas han terminado los estudios elementales, por haberse dedicado a salir en algunas series televisivas? El haber recitado, en el mejor de los casos, alguna estrofa de Lope de Vega en algún teatro, no es necesario ni suficiente para considerarse intelectual. Ni siquiera haber escrito un libro basta para considerarse experto en economía, política internacional, política nacional, terrorismo, geografía, historia e incluso cocina de diseño.

Y ya que hemos hablado del efecto amplificador de las televisiones, saben ustedes que en las cadenas nacionales, la película española más vista durante el año 2002, es ‘El Calzonazos’, en TVE1, en el puesto 21, dentro del programa ‘Cine de Barrio’. ¿No hay cierta hipocresía de estas cadenas que apoyan de boquilla al ‘maltrecho’ cine español y luego programan en el mejor horario películas yanquis? Por no haber, no hay ni una europea. O es que aquí también las productoras yanquis imponen a las televisiones poner las películas americanas cuando ellos quieren.

Y puestos a denunciar un monopolio, porque no denunciamos el monopolio de estos vagos del cine que siempre son los mismos en las películas españolas, que no dejan que nadie se manifieste en ideologías extrañas a sus ‘progres’ mentalidades. Y podríamos entrar en la distribución a las salas y en la producción en la que hay muy pocas empresas españolas. Todo esto daría para otro artículo. O para un libro.


Mi humilde solución

Pues la solución ya se sabe cuál es. Que desaparezcan las subvenciones. Que se peleen por conseguir el dinero. Que vendan ideas a mecenas interesados y que creen una industria cinematográfica parecida a la de Hollywood. Verán como así sí que venden películas. Que eso ya lo hizo Ford.

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