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Ética y moral de la libertad de armas

Por José Carlos Rodríguez

Un hombre con un arma puede controlar a cien sin ellas.
Vladimir Ilych Lenin


Este año marcará un hito en la historia. Por primera vez una nación civilizada tiene un completo registro de las armas. Nuestras calles serán seguras, nuestra policía más eficiente y el mundo seguirá nuestro liderazgo en el futuro.
Adolf Hitler, 1935


Todo buen comunista debería saber que el poder político crece en el cañón de un arma. El partido comunista debe controlar las armas.
Mao Tse Tung



La naturaleza de las armas

En el curso de mis reflexiones sobre el valor de la libertad y las razones para defenderla he logrado deshacerme de alguna de mis incoherencias, en las que veía conflictos entre este ideal y otros que son también importantes para mí. Sí, la libertad es siempre deseable, pero ¿hasta el punto de dejar que dañe al medio ambiente? ¿Hasta el punto de no perseguir el tráfico de drogas, con las muertes que produce? He de decir en mi descargo que nunca permití que mi amor a la libertad quedara traicionado por otro tipo de consideraciones. Además me desembaracé de estas y otras alucinaciones con acopio de honradez intelectual y algunas buenas lecturas. Sólo un asunto me ha hecho vacilar en la defensa de la libertad individual, y es el que se refiere al derecho de poseer y portar armas. Y el argumento que me llevó a ello ha sido principalmente de carácter ético.

Lo primero que debemos hacer notar es cuál es la naturaleza del arma, que es doble. Desde luego es ofensiva, ya que ese es el propósito inmediato para el que son creadas. Su propio diseño les hace medios adecuados para hacer daño a un tercero, de las formas más diversas y en distintos alcances, según el arma de que se trate. Pero una de las características de los individuos es que son capaces de descubrir nuevos usos en los medios con los que cuenta, y muy pronto se descubrió que su propio carácter ofensivo le confiere otro defensivo, del que es inseparable. La simple amenaza del uso de un arma, o el hecho de dar a conocer que se posee, son medios perfectamente adecuados para defenderse, ya que los posibles invasores se dan cuenta del peligro en el que pueden incurrir si, finalmente, dan el paso de realizar una acción violenta contra quien está armado. Por tanto, las armas tienen un doble carácter, uno ofensivo y el otro defensivo.

A ello hay que añadir que lo importante no son los medios, sino el uso que se haga de ellos1. La posesión de un arma no predispone a un uso ofensivo de la misma. Además, su uso defensivo no necesita ser llevado hasta sus últimas consecuencias. Un estudio afirma que en los Estados Unidos se hacen cerca de tres millones de usos defensivos de las armas de fuego sin necesidad de realizar un solo disparo. La otra cara de este razonamiento es la comprobación de que hay medios que no están especialmente destinados a un uso armamentístico o dañino y, sin embargo, se le confiere este fin. El gas no es esencialmente malo, pero su uso resultó letal en manos del gobierno nacional socialista en Alemania. En España, las muertes de mujeres a manos de sus esposos o compañeros se realizan con todo tipo de utensilios que podemos encontrar en cualquier hogar.

Por otro lado hay una distinción entre dos tipos de armas que, como ha destacado correctamente Murray Rothbard, tiene importantes consecuencias éticas, y es la que hace referencia entre aquellas que pueden discriminar el objeto de su acción y las que no. Entre las armas de destrucción discriminada y las de destrucción masiva. Mientras que las primeras pueden ser dirigidas sólo hacia quienes han invadido nuestros derechos o amenazan con hacerlo, las segundas no pueden limitarse a ese objetivo, por lo que también acabarían con la vida de numerosas víctimas inocentes que no han iniciado ninguna acción ofensiva contra quien las usa, sin que lo pueda evitar. Por tanto su uso será siempre injusto, independientemente de la voluntad de quien lo ejerza. Las armas de uso discriminado son las propias de los individuos y las de destrucción masiva, de los estados2.


Razones éticas en favor de la libertad de armas

Hechas estas primeras consideraciones se puede iniciar la defensa de carácter ético de la libertad de armas, que se sustenta, por paradójico que parezca en un principio, sobre la base del derecho a la vida. Este derecho no puede ser enteramente abstracto, sostenido sobre sí mismo, ya que el mismo mantenimiento de la vida depende de las acciones que tomemos para preservarla. A diferencia de las plantas y animales, las personas tienen la capacidad de utilizar la razón y seguir un curso de acción u otro, del que dependerán tanto las posibilidades de mantener su vida como la calidad de la misma. El carácter no automático de la lucha por la vida implica que el derecho a la misma no es distinto del de tomar las medidas que el individuo considere necesarias para mantenerla y mejorarla. Si se le limitan las posibilidades de acción, si se le prohíbe luchar para mantenerse, el derecho a la vida se vacía de contenido; se le niega, al final, el mismo derecho a vivir, que es el de procurarse los medios para mantenerla.

El hombre se enfrenta a peligros constantes, unos provenientes de la naturaleza, otros de la vida en sociedad. Por ello, una de las tareas más esenciales de la actividad humana es la protección contra esos peligros, o esas amenazas. Dentro del ámbito de la sociedad, es un hecho que se cometen crímenes contra las personas y sus derechos. Puesto que el derecho a la vida y a lo que ha obtenido con su actividad es entera y exclusivamente suyo, el derecho a defenderlas también. Puede ejercerlo él directamente, como titular del derecho a su propia defensa, o puede, por otro lado, contratar un servicio de protección de un tercero. Pero el de la defensa, como el resto de los derechos esenciales de la persona, es privativo e inalienable.

El siguiente paso es el que va del derecho a la defensa al de la propiedad y uso de las armas, sobre el principio de que el ejercicio de los derechos comprende el uso de los medios que el actor considere más adecuados al mismo. En el caso de la defensa, las armas de uso discriminatorio se ajustan idealmente a ese propósito. Las armas son el mejor y, en ocasiones, el único medio adecuado para la defensa frente a una acción violenta. Del mismo modo que la negación del derecho a seguir los pasos que aseguran la propia vida vacía de contenido y anula el derecho a la misma, la negación de acudir a los medios adecuados para defenderse supone la negación del derecho de autodefensa. En definitiva, la prohibición del derecho a portar y usar armas supone una negación sustancial del derecho a la vida.

El derecho a las armas no tiene como tal ningún objetivo, ya que se sustenta por sí mismo. Pero apunta a la desaparición de los criminales, de los que viven de violar los derechos individuales, de los cuales el de portar armas sirve como defensa. Pues si la ley prohíbe la posesión de armas, sólo quienes no la respetan dispondrán de ellas. Los datos recogidos en varios países, especialmente en los Estados Unidos, muestran que cuanto mayor es la libertad de armas menor es el índice de delincuencia3.

Por otro lado, la libertad de armas tiene un alcance mayor que el de la lucha contra el crimen y que deriva del hecho de suponer un medio eficaz contra la tiranía. Esta idea ha sido expuesta por los pensadores más diversos. Muchos autores se han percatado de que una república no podría durar sin una ciudadanía armada. Podemos citar a Aristóteles4, Cicerón, Maquiavelo, el Padre Mariana, Montesquieu, Beccaría, John Locke, Sydney… Miremos como ejemplo a lo que pensaban los Padres Fundadores de Estados Unidos, los que crearon la Constitución que ha sido, seguramente, la mayor fuente de libertad de la historia. Patrick Henry afirmó: "guárdese con celosa atención la libertad pública. Sospéchese de quien se acerque a esta joya. Desafortunadamente, nada podrá preservarla sino la fuerza más descarada. Si abandonas esa fuerza, estás arruinado… El verdadero objetivo es que todo hombre esté armado… Que cualquiera que sea capaz, posea un arma". El modelo de Thomas Jefferson para la Constitución de Virginia (que en su versión definitiva recoge la primera y mejor Declaración de los Derechos del Hombre) rezaba: "A ningún hombre se le privará del uso de las armas en su territorio o en su hogar". John Adams habló a favor de las "armas en manos de los ciudadanos, para que sean utilizadas a la discreción… en la autodefensa privada". La libertad de armas es sostén de otras libertades. De ahí la lucha contra su uso.

Los liberticidas también se han dado cuenta de la relación entre la libertad de armas y el resto de libertades. Un conspicuo defensor del control de armas, Adolf Hitler, afirmó prudentemente que "El error más tonto que podríamos cometer sería permitir a las razas sometidas la posesión de armas. La historia demuestra que todos los conquistadores que han permitido a las razas sometidas la tenencia de armas estaban preparando su caída al hacerlo. De hecho, iría tan lejos como para afirmar que proveer de armas a los perdedores es condición sine qua non para el derrocamiento de toda soberanía". Esta afirmación demuestra, además, que el propio Hitler había reflexionado sobre un asunto que le concernía directamente y llegó a una conclusión razonable y premonitoria de nuevas situaciones análogas5. Otro gran líder del socialismo del siglo XX, éste del bando comunista, Joseph Stalin, dijo que "Si la oposición se desarma, bien está. Si se opone a ello, la desarmaremos nosotros mismos". Heinrich Himler apuntó que "Los alemanes que deseen utilizar armas deberían afiliarse a las SS o a las SA. Los ciudadanos ordinarios no necesitan las armas, ya que la posesión de armas no resulta de utilidad al Estado".

Hagamos un breve repaso a la historia del siglo XX para darnos cuenta de la relación entre tiranía y control de armas. En 1866 y 1911 se reformó el artículo 166 del código penal en Turquía para acabar con la libertad de armas, y este último cambio facilitó al estado acabar con entre un millón y un millón y medio de armenios entre 1915 y 1917. La tiranía comunista en Rusia acabó formalmente con la libertad de armas en el artículo 182 del código penal en 1929. De hecho habían violado ésta junto con otras libertades desde 1917, abriendo paso a un genocidio de 20 millones de vidas. El doce de abril de 1928 se aprobó en Alemania la Ley de Armas y Municiones, reforzada en un sentido mucho más progresista, diríamos hoy, el 18 de marzo de 19386, como parte de la aplicación del programa socialista de Hitler. Su régimen acabó con la vida de 7 millones de personas, si nos limitamos a las muertes debidas a la pura represión.

Con el régimen de Hitler no desapareció la ideología contraria a la libertad de armas, ya que el nacional socialismo no es la única ideología liberticida. La llegada al poder del partido comunista chino le permitió hacer uso de la reforma del código penal de 1935 que acababa con la libertad de armas, acabando con la vida de 65 millones de personas. La prohibición del uso de las armas se reforzó en China a partir de 1966. El Decreto 36 de 25 de noviembre de 1871 restringió el uso privado de las armas en Guatemala, que quedó prohibido desde 1964. Cuatro años antes se había iniciado una auténtica persecución contra los indios mayas que cesó en 1981, con el resultado de la pérdida de 100.000 vidas. En 1955 se decretó la Ordenanza de las Armas en Uganda, que se reforzó en 1970, a las puertas del inicio de una masacre dirigida contra los católicos que se inició el año siguiente, logrando extinguir a 300.000 de ellos. Los artículos 322 a 328 del código penal de Camboya, reformados en 1956, permitieron al régimen de los Jemeres rojos acabar con dos millones de personas sospechosas de haber recibido alguna educación, un cuarto de la población total del país, en el curso de cuatro años, de 1975 a 1979.

Ni en los Estados Unidos ni en Suiza son imaginables estas atrocidades, y sus sistemas democráticos están fuertemente asentados, no ya por la acendrada creencia democrática de esos pueblos, sino porque los ciudadanos cuentan con los medios para defenderse si se produjera un ataque a la democracia y sus libertades7.

La capacidad de defensa de una comunidad armada frente a otra agresora puede ser más poderosa de lo que podamos pensar en principio. Merece la pena recordar el caso del barrio judío en Varsovia, especialmente en palabras de Theodore Haas, superviviente del campo de concentración de Dachau: "Para mí no hay duda de que se podría haber salvado a millones de vidas si a la gente no se le hubiera lavado el cerebro sobre el control de armas, y hubiera estado bien armada. Quienes odian las armas siempre quieren olvidar la sublevación del gueto de Varsovia, un ejemplo perfecto de cómo un grupo medio hambriento de judíos tomaron 10 armas y echaron a los nazis". La misma persona reflexiona diciendo "Antes de que Adolf Hitler llegara al poder había un mercado negro de armas, pero el pueblo alemán estaba tan acostumbrado a cumplir la ley que nunca consideraron la compra de armas sin registrar. Los alemanes creían sinceramente que sólo los gamberros poseían armas. ¡Qué tontos fuimos! Sólo me aterroriza ver cómo el Gobierno, los medios de comunicación y varios grupos políticos en Estados Unidos están luchando por la misma idea".


Razones morales en favor de la libertad de armas

Aunque el argumento definitivo en defensa de la libertad de poseer y utilizar armas es el ético, hay motivos morales que refuerzan esta defensa que no deben dejarse de lado. La libertad es favorable a las virtudes morales, ya que su ejercicio está inextricablemente unido a la responsabilidad individual. Ambos valores fomentan la dignidad del individuo y la igualdad entre todos ellos en el juicio moral de su comportamiento, una idea típicamente occidental. También se fomenta el apoyo a los débiles y la solidaridad personal. Un fenómeno conocido de antiguo dentro del estudio de la libertad de armas es el denominado "buen samaritano"; y consiste en que las comunidades con libertad de armas son más proclives al socorro del vecino, en situaciones de apuro. Un reciente libro recoge que "Un estudio de los ciudadanos que han salvado a víctimas de crímenes o han arrestado a criminales violentos ha hallado que esos "buenos samaritanos" eran dos veces y media más probable que fueran armados a que no lo fueran"8.

El caso de la libertad de armas no es distinto. Se sabe, por ejemplo que las comunidades sin restricciones en el uso de la libertad de armas son más proclives a la solidaridad en la defensa de los vecinos y al apoyo de quienes son más débiles. Valga como ejemplo lo que ocurría en dos de las ciudades del oeste americano (Aurora y Bodie) más conocidas en el siglo XIX por la violencia y el crimen, pese a que los niveles de estos males nos parecerían, con los cánones actuales, sorprendentemente ridículos. En estas ciudades, las mujeres podían pasear por delante del salón, o por las más oscuras calles, con total libertad, seguras no ya de que no serían violadas o agredidas, sino de que ni el más zafio de los rufianes les dirigiría una mala palabra, ya que sabía a lo que habría de enfrentarse. No hacía falta que ninguna de ellas se tomara la molestia de defenderse9.

Otra de las consideraciones morales que cabe formular en favor de la libertad de armas es la de la igualdad. En Estados Unidos, una de las libertades negadas por los blancos racistas a los negros es la de tenencia de armas, no fueran a defenderse de los ataques de los más radicales. Las leyes les han negado el derecho a defenderse hasta que la 14ª Enmienda garantizó a todos los ciudadanos, incluidos los esclavos libertos, a todos los derechos constitucionales. Entre estos está el que asegura la Segunda Enmienda, el de tener y portar armas. La ideología de supremacía de la raza blanca logró entonces nuevos éxitos y se impusieron gracias a la presión de estos grupos las primeras legislaciones de control de armas. El deseo de controlar la población negra es el principal motivo de esta legislación restrictiva. El Ku Klux Klan se encargaba de hacerla efectiva, haciendo batidas por las casas de los negros, a los que desarmaba para así dejarlos indefensos.

Es también el caso de las mujeres. Un slogan de un grupo feminista reza así: "El hombre y la mujer fueron creados iguales y Smith & Wesson se ha asegurado de que permanezcan así". Smith & Wesson hace referencia a una marca de armas de fuego. Otra frase famosa es la de "Dios creó a hombres y mujeres y el Coronel Colt los hizo iguales". Como prueba de que estos lemas no están lejos de la realidad, se puede ofrecer el caso que se produjo cuando un pavoroso aumento de las violaciones en Orlando, Florida, llevó en 1966 al Ayuntamiento a lanzar una campaña de enseñanza a las mujeres a utilizar las armas de fuego, que alcanzó a 2.500 personas. El número de violaciones decreció en un 88% al año siguiente (la única ciudad de los Estados Unidos en que decreció este tipo de delito) y los robos a las personas un 25%. No se produjo ni un solo disparo. Cinco años después de la implantación del plan, el número de violaciones era un 13% menor que antes del plan, mientras que en las zonas metropolitanas de ciudades cercanas había crecido en un 306%.

En definitiva, las armas son un método eficaz, inmediato y barato para la defensa personal, que es más necesario para las minorías más indefensas, las que cuentan con menos medios y a las que llega con menos efectividad la protección de la policía.

No se agotan aquí las razones que se deben esgrimir en favor de la libertad del uso de las armas, ya que desde un punto de vista estadístico está demostrado que las armas salvan vidas y son el medio más eficaz contra los crímenes. Pero esa es materia de otro artículo.

1Séneca recordó que "la espada nunca mató a nadie. Es un instrumento en las manos del asesino".
2George Orwell, en su obra You and the Atomic Bomb, de 1945, escribió que "los rifles, los mosquetes, las ballestas y las granadas de mano son armas inherentemente democráticas. Un arma compleja hace al fuerte más fuerte, mientras que un arma sencilla –en la medida en que no haya respuesta a la misma- da garras al débil". La idea de Murray Rothbard se puede encontrar en "La Ética de la Libertad", Madrid, Unión Editorial.
3Esta relación ha sido especialmente estudiada por John R. Lott en su "More Guns, Less Crime", University of Chicago Press, Chicago. Segunda edición, Julio 2000.
4"Los oligarcas y los tiranos desconfían de la gente, y por tanto les privan de sus armas".
5La causa del control de armas tiene también sus mártires. Wilhem Frick, ministro del interior del Tercer Reich, autor de la regulación que se menciona en la nota siguiente, fue ejecutado en 1946 en Nurenberg.
6"Queda prohibida a los judíos la adquisición, posesión y porte de armas de fuego y de munición, así como de porras y armas punzantes. Aquellos que posean armas y munición han de entregarla a la autoridad local de policía". Regulación contra la posesión de armas por Judíos, 11 de noviembre de 1938. En 1935 ya se habían iniciado los cambios legislativos en contra de la libertad de armas.
7Maquiavelo afirmó en El Príncipe, escrito en 1532, que "los suizos están bien armados y disfrutan de una gran libertad". Así ha sido hasta la actualidad. El mismo autor señaló que "Roma permaneció libre durante cuatrocientos años y Esparta durante ochocientos, aunque los ciudadanos estaban armados en todo momento; pero muchos otros estados que han sido desarmados han perdido sus libertades en menos de cuarenta años". Por otro lado, después de los párrafos anteriores se entiende mejor la frase de Mahatma Ganghi: "Entre las muchas fechorías que el Imperio Británico en la India, la historia mirará la de privar de armas a toda una nación como la más negra de todas ellas".
8Armed. New Perspectives on Gun Control. Gary Kleck & Don B. Kates. Prometheus Books, Nueva York, 2001.
9Robert A. Heinlein ya afirmó que "Una sociedad armada es una sociedad educada". Este ejemplo muestra cómo en una comunidad en la que los individuos pueden defenderse por sí mismos, los sectores en principio más débiles pueden contar con defensa.

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