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Ciudades charter

Por Albert Esplugas Boter

Una versión de este artículo fue originalmente publicada en Libertad Digital, 11/2/2010, La alternativa a la ayuda externa: ciudades charter para inmigrantes.

Una ciudad charter es una nueva ciudad creada en territorio deshabitado y con unos fueros o estatutos garantizando una serie de normas que son ejecutadas por un gobierno existente o conjunto de gobiernos. Si la nueva ciudad establece normas atractivas, crecerá y prosperará de forma natural con la entrada de inmigrantes, empresarios e inversiones en infraestructuras.

El proponente más destacado de las ciudades charter es Paul Romer, experto en crecimiento económico de la universidad de Stanford. En su artículo For richer, for poorer para la revista Prospect sintetiza su visión y sostiene que lo que necesitan los pobres de Haití que se han quedado sin techo después de la catástrofe son nuevas ciudades con normas distintas a las que poder inmigrar, construidas y gestionadas por Estados occidentales.

Entre las lentas reformas internas y la recolonización

Muchos países pobres están atrapados en un círculo vicioso de malas normas. Las garantías de los gobiernos a los potenciales inversores no tienen la credibilidad suficiente. Sus líderes pueden combatir la corrupción, establecer tribunales independientes y mejorar las normas sobre los derechos de propiedad, pero estas reformas encuentran resistencia y se implementan muy lentamente.

Una vía más rápida sería imponer un marco normativo funcional desde fuera por la fuerza, como sucedió en el período colonial. Paul Romer señala que hay evidencias de que algunas ex colonias son hoy más prósperas gracias a las normas establecidas durante la ocupación. Pero este beneficio económico raramente compensó los años de dominación y la oposición violenta que provocó. Las intervenciones militares humanitarias solo se justifican en circunstancias extremas. Romer sugiere una opción a medio camino entre los intentos de recolonización y las lentas reformas internas: las ciudades charter.

Ciudades charter administradas por Occidente

Romer explica cómo podría desarrollarse una ciudad charter. Un gobierno en un país pobre invitaría a un Estado occidental a administrar una zona deshabitada fiel a unos estatutos previamente acordados. Personas de ese país pobre y de otras partes del mundo se desplazarían para trabajar y vivir en la ciudad emergente. Las normas de la nueva urbe crearían oportunidades laborales y de inversión, y el hecho de ubicarse en territorio antes deshabitado garantizaría que todos sus residentes han elegido vivir allí con pleno conocimiento de sus normas.

El mundo tiende a la urbanización y, según encuestas de Gallup, 700 millones de personas estarían dispuestas a desplazarse permanentemente a un país que les ofreciera seguridad y oportunidades económicas. En lugar de expandir las barriadas pobres de los grandes centros urbanos en el Tercer Mundo, los inmigrantes podrían ser acogidos en ciudades charter que ofrezcan viviendas de bajo coste, trabajo, un ambiente seguro y normas más eficientes.

Romer apunta que hay amplias áreas deshabitadas en la costa de África sub-sahariana que son demasiado secas para la agricultura. Una ciudad puede crecer incluso en la localización más seca, con ayuda de desalinizadoras y agua reciclada si es preciso. La ciudad no tiene por qué ser directamente administrada por el Estado occidental asociado, pues los residentes podrían ejecutar ellos mismos las normas de los estatutos siempre que aquél retuviera el poder último de decisión.

La experiencia de Mauricio, Singapur y Hong Kong

En la República de Mauricio el tribunal de apelación de última instancia es aún el British Privy Council, el tribunal de la antigua metrópolis inglesa. Romer cita este ejemplo como uno de los muchos tipos de combinaciones posibles en el contexto de las ciudades charter.

En los años 90 Singapur, bajo la dirección del primer ministro Lee Kuan Yew, había experimentado con una idea similar, contribuyendo a crear nuevas ciudades en China e Indonesia que luego ayudaría a administrar. Pero los gobiernos nacionales retuvieron poderes discrecionales que interferían con la gestión de Singapur. Por este motivo sería necesaria la firma de tratados que asignasen explícitamente el control de la ciudad.

Romer considera que la administración de Hong Kong por parte del Reino Unido ha sido el ejemplo más cercano de ciudad charter. China proporcionaba la tierra y la gente, y el Reino Unido las normas para una economía de mercado y una convivencia ordenada. Este escenario no nació de un acuerdo entre los dos países, pero el resultado fue positivo y el éxito de Hong Kong contribuyó a las reformas económicas en la China continental.

Una ciudad charter para los haitianos

Tras el terremoto de Haití, Paul Romer ha sugerido la creación de ciudades charter que acojan a inmigrantes haitianos dispuestos a trabajar y a empezar una nueva vida. La presión competitiva de la emigración también podría acelerar la mejora de las instituciones y las normas en Haití. Si las naciones de la región crearan sólo dos ciudades charter en territorios cercanos, podrían albergar a toda la población.

En respuesta al terremoto el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, hizo una oferta de tierra a inmigrantes haitianos. El gobernante ha dicho que "Senegal está dispuesto a ofrecer parcelas de tierra, incluso una región entera". Pero no está claro que esta posibilidad vaya a materializarse.

Zonas económicas libres y ciudades privadas

Las zonas económicas libres o zonas francas en territorio nacional también permiten la aplicación de normas más eficientes para atraer empresas y capital. El Dubai International Financial Centre se rige por leyes distintas a las del resto del emirato. Un juez británico retirado es el principal responsable de gestionar el derecho anglosajón que rige en los 110 acres de la zona económica libre. El Gobierno de Dubai, ávido por captar inversores, se plantea la administración de la zona en términos puramente empresariales.

En Corea del Sur operan varias zonas económicas libres que ofrecen notables ventajas a los inversores: exenciones y rebajas fiscales temporales en impuestos sobre la renta y beneficios, exenciones en tarifas a la importación de bienes de capital, regulaciones mínimas sobre el uso del suelo para la construcción y ampliación de factorías.

El Gobierno coreano propuso a la empresa americana Gale International la creación de una ciudad comercial, verde y tecnológicamente avanzada, en una de esas zonas económicas libres. Gale ha tomado prestado 35.000 millones de dólares de bancos coreanos para erigir sobre terreno yermo Songdo City, una ciudad de seis kilómetros cuadrados con rascacielos de oficinas, aeropuerto, puerto, residencias y parques. Este distrito de negocios internacional tendrá capacidad para 300.000 personas durante el día, y Cisco se ha sumado al proyecto para desarrollar una tecnología que haga que la ciudad sea "inteligente". Songdo City no estará terminada hasta 2015.

Abu Dhabi también está desarrollando un proyecto similar: Masdar City, una ciudad de negocios diseñada por Foster + Partners que dependerá exclusivamente de energías renovables y no emitirá contaminación.

Comunidades en alta mar

El concepto de ciudades charter enlaza con la iniciativa de Patri Friedman y el Seasteading Institute, que busca aumentar la competencia entre unidades políticas y la experimentación con distintas normas y sistemas legales. En particular abogan por la creación de plataformas o ciudades en alta mar, fuera de la jurisdicción de otros países, abiertas a la incorporación de familias y empresas que acepten las normas de la comunidad.

La soberanía de los Estados termina a 12 millas de la costa, en el océano. Existen jurisdicciones parciales sobre zonas de pesca, recursos marinos etc. pero es concebible establecer plataformas flotantes u otras instalaciones artificiales en las zonas económicas exclusivas o en aguas internacionales, donde al principio sería necesario comprar banderas de conveniencia a los países que propusieran la mejor oferta.

Tanto las ciudades charter de Romer como las comunidades en alta mar de Friedman apuntan en una misma dirección: la creación de nuevas entidades políticas en zonas deshabitadas, con normas atractivas que promuevan la inmigración y la inversión.

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