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El valor del papel moneda: una explicación alternativa

Por José Ignacio del Castillo

En la Teoría del dinero y del crédito Ludwig von Mises se enfrenta y resuelve la siguiente aparente paradoja: el dinero es demandado (la gente está dispuesta a entregar bienes para obtenerlo) no por lo que es en sí, sino por lo que éste puede comprar. Pero para poder comprar, el dinero tiene que ser demandado. Dicho de otro modo, la gente ha de estar dispuesta a entregar bienes para obtenerlo.

Mises, siguiendo a Menger, advierte que en su origen el dinero tiene que ser algo que tenga un valor intrínseco, una utilidad directa, para ser demandado. Más tarde, a esa primera demanda "no monetaria" se irá sumando la demanda "monetaria" propiamente dicha. La gente irá teniendo más y más en cuenta el valor de cambio de ese activo más que la propia utilidad directa que el mismo puede reportarle.

Así Mises articula el teorema regresivo del dinero: el dinero se demanda hoy por la experiencia histórica de lo que ha venido pudiendo comprar últimamente. De esta forma el dinero genera su propia demanda. Hasta aquí el teorema regresivo de Mises es esencialmente verdadero, aunque requiere las matizaciones que la teoría de la liquidez y de la especulación aportan. La pregunta que se hace el que acepta dinero –es decir, quien entrega bienes a cambio de algo que no pretende utilizar y sí volver a intercambiar– no es "¿Cuánto pudo comprar aquello que hoy obtengo?" sino "¿Cuánto podrá comprar?". Lo que pudo comprar ayer es un elemento a ponderar, pero no el único.

No voy a extenderme en este punto con el que creo que Mises y sus seguidores estarían plenamente de acuerdo, sino con un punto controvertido dentro de la teoría austriaca: la explicación del fenómeno del papel moneda o "dinero fiat", aquel medio de cambio generalmente aceptado que no es una mercancía, ni un título representativo de una mercancía, sino un papel que jurídicamente no obliga a nada a su emisor y al que las autoridades conceden la facultad de extinguir las obligaciones.

Mises, en una aplicación extensiva del teorema regresivo del dinero toma la teoría cuantitativa del dinero de David Ricardo (que ignora la diferencia en la naturaleza del medio de intercambio y se fija exclusivamente en su cantidad) y explica el fenómeno de la siguiente manera:

  • El papel moneda es en su origen un título-valor que representa la obligación de su emisor, normalmente un banco, de entregar una determinada cantidad de metal precioso a su presentación.
  • Poco a poco la gente se acostumbra a utilizar los billetes como dinero.
  • En un determinado momento el emisor incumple su promesa, pero la gente lo sigue utilizando y aceptando sin más preguntas, pues tiene costumbre de hacerlo y la memoria del poder de compra que hasta entonces ha tenido.
  • Sólo en el caso de que el emisor, ahora con las manos libres, inunde el mercado de dichos papeles y a causa de que la teoría de la oferta y la demanda también es aplicable al dinero, descenderá el valor de dicho papel moneda, en un proceso inflacionario que eventualmente puede acabar con el colapso de todo el sistema monetario.

A mi juicio sin embargo, la explicación del valor del papel moneda inconvertible a través del teorema regresivo del dinero es como poco incompleta y en términos generales inexacta. En la segunda parte de este comentario veremos por qué.

El papel moneda como pasivo sui generis de los bancos de emisión

F.A. Hayek publicó en 1976 un trabajo titulado La desnacionalización del dinero. En este libro Hayek propone una sugestiva alternativa a los monopolios de los bancos centrales estatales. Un sistema de dineros de emisión privada en competencia que, en realidad consisten en pasivos emitidos por banqueros particulares respaldados por "cestas de mercancías" que garantizan un valor mínimo a dicho dinero. Esta obra es generalmente ignorada por la corriente principal de la Escuela Austriaca. Rothbard la despachó de forma displicente argumentando que Hayek no había tenido en cuenta y probablemente ni siquiera había comprendido el teorema regresivo del dinero. En realidad, Hayek iba nuevamente muy por delante de Rothbard en la comprensión de los fenómenos monetarios.

No nos extenderemos ahora en analizar el modelo propuesto por Hayek, muy similar al que hoy existe en el mundo. Personalmente lo considero un modelo intrínsecamente inestable y tal vez inviable a largo plazo porque es imposible mantener cambios fijos entre mercancías o activos financieros de naturaleza y liquidez distintas. Pero hacemos mención a este trabajo de Hayek porque en él se ofrece una explicación mucho más completa y realista sobre la naturaleza del papel moneda.

Sobre la base de este trabajo de Hayek y de los escritos de Benjamín Anderson, otro autor austriaco, proponemos una explicación alternativa y esperamos que más completa:

El papel moneda al principio fue una deuda. Dicha deuda podía ser reembolsada a la vista (billete de banco) o en un momento futuro con devengo de intereses (letra o pagaré). El valor de dicho papel coincidía con el valor de la corriente actualizada de cobros que representaba. Así, mientras el billete mantenía su convertibilidad cotizaba cerca de la par, mientras que la letra o el pagaré tenían un precio que coincidía con el valor actual de los cobros a que daba derecho.

En determinados momentos de la historia (el actual es uno de ellos, aunque de una duración anormalmente larga), el emisor del papel moneda, no pudiendo o no queriendo cumplir sus compromisos, declaraba la inconvertibilidad de su papel; es decir, la suspensión del pago de sus deudas. Además amparándose en el poder coactivo del estado, declaraba que ese papel era dinero y tenía poder para saldar las deudas.

Es posible que, como dice Mises, la gente menos perspicaz no advirtiese el sustancial cambio en la naturaleza del papel que había pasado de ser el título que daba derecho a una cantidad determinada de metal precioso en un momento cierto del tiempo, a ser la deuda impagada de un insolvente que no cumple sus compromisos. Pero es evidente que gran parte de la gente sí habría advertido el cambio. ¿Por qué habrían de seguir utilizando mala moneda cuando existía una buena? ¿Realmente no les importaba nada la calidad del bien utilizado como medio general de intercambio? La gente acepta el dinero como pago precisamente porque éste no se deprecia e incluso puede revalorizarse entre las dos operaciones de venta y compra. ¿Sería realmente el papel moneda un buen instrumento para servir de puente hacia el futuro?

La explicación más plausible y completa entendemos que es la siguiente: en cuanto el emisor del papel moneda incumple, el valor de este papel moneda cae de precio en relación con el metal precioso o divisa cuyo pago ya no está garantizado. El emisor del papel no obstante, intentará que dicho papel siga siendo utilizado en los intercambios y que conserve un valor suficientemente alto. Para conseguirlo utilizará los siguientes instrumentos:

  • Los activos del Banco del Estado y también del resto de bancos del sistema. A fin de cuentas estos bancos son poco más que concesionarios en un sistema de crédito estatal monopolizado.
  • El poder discrecional de dictar leyes y decretos. Normalmente el papel moneda irá acompañado de la prohibición de tener, intercambiar libremente o exportar oro y divisas; de la obligación de informar y en su caso "repatriar" las inversiones en el extranjero; de la declaración de nulidad de las cláusulas valor oro en contratos presentes y futuros así como del establecimiento del curso forzoso (la obligación de aceptar el papel como pago de las obligaciones). Un papel moneda sin el acompañamiento de dichas normas es prácticamente inconcebible. Se echa a faltar la discusión y explicación de tales medidas en buena parte de los textos monetarios austriacos con las referidas salvedades de Hayek, Benjamín Anderson y algunos otros teóricos de la liquidez.
  • Los activos de los súbditos del país que pueden ser expropiados vía impuestos.

Son estos mecanismos en manos del emisor los que dan contenido y valor al papel moneda.

Probablemente si el emisor del papel ve caer excesivamente el cambio de su dinero fiat en el mercado libre intervenga y utilice parte de sus reservas para sostenerlo. Aun en el caso de no intervenir directamente, la existencia de dichos activos puede hacer que la gente acepte el papel a un cambio no demasiado bajo. En efecto, el emisor podría retomar el compromiso de la convertibilidad en cualquier momento y el cambio sería superior. No es por casualidad que los "especuladores" observan atentamente las declaraciones de los banqueros centrales y la evolución de sus reservas.

La prohibición de tener oro y divisas cumple una doble misión. Por un lado se elimina al más potente competidor a la hora de servir como depósito de valor y por tanto como instrumento de cambio indirecto. Como explicaba Hayek en unas reflexiones sobre el incumplimiento de la ley de Gresham, la mala moneda sólo expulsa a la buena si un edicto establece un precio mínimo para aquella y uno máximo para esta. En cualquier otro caso la gente optará por la buena. El ejemplo más evidente es que el proceso de mercado seleccionó el oro y no el "queso verde keynesiano" como dinero. Por otro lado de la prohibición de la tenencia de oro y divisas se sigue la obligación de ceder estos a un ridículo precio al Banco emisor que así ve aumentar sus activos de reserva.

La prohibición de la cláusula valor oro significa la prohibición legal de utilizar el oro como dinero alternativo.

La prohibición de exportar oro constituye un intento de impedir que los súbditos reaccionen ante el establecimiento del precio máximo del oro expresado en términos de papel moneda. Un precio máximo prohíbe al vendedor, pedir por su mercancía un precio superior al legalmente fijado. Como esta prohibición no rige en el extranjero porque el poder coactivo del estado desaparece más allá de sus fronteras, el vendedor envía su mercancía fuera, allí donde esta consigue un mejor precio. Es por ello que las leyes de precios máximos siempre han debido completarse añadiendo la prohibición de exportar los productos básicos (alimentos, materias primas) sobre las que estas se establecían.

El temor mercantilista a que un país se quedase sin metal precioso, alimentos básicos o materias primas tiene su origen en los efectos que sus propias leyes de precios máximos producían.

La declaración del curso forzoso es por último el intento de dotar de valor al papel moneda a través de la fuerza de las pistolas. Si el papel no está respaldado por los propios activos, que sean los activos de otros los que se lo den. El papel moneda tendría en ese caso una naturaleza parecida al papel de pagos al estado: algo que para el caso de un estado en completa bancarrota se muestra patéticamente insuficiente para mantener por sí mismo el valor de toda la masa monetaria.

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